24 Mayo 2012
Me gustaría que las cosas funcionaran, pero no es así.
Que por una vez, siquiera por una, las cosas salieran bien.
No. Tampoco es eso, exactamente, lo que quiero. Ó... A veces las cosas, casi milagrosamente, salen bien. De repente, funcionan. Y... Y luego es casi peor. Porque todo vuelve a ser como era. Y todo va mal. Ó no va de ningún modo, que es casi algo peor.
Y me gustaría ser capaz de lamentarme, pero es que ya no lo soy. No soy capaz.
Me terminé por acostumbrar a que las cosas simplemente no funcionen en mi vida. Y ya está.
Y da igual cuando decido luchar contra ello. Da igual. Hay cosas que simplemente no tienen solución, y punto. Y todo lo demás son autoengaños. Son un autoengaño los plazos que doy..., que me doy, realmente, porque no hay nada ni nadie más. En lo más íntimo, siempre he sabido que cualquier cosa sólo me incumbe y me importa a mí. No hay 'plazos que dar' a nadie. Simplemente, es que en realidad no hay nada, porque a nadie más que a mí le importan algunas cosas. Y ya está.
A veces... A veces claro que me rebelo. Me rebelo contra las evidencias. Y me pregunto porqué algunas cosas no funcionan ni van a funcionar, por mucho empeño que ponga en ello. E intento verme desde fuera... y es entonces cuando aún lo entiendo menos. No entiendo porqué llevo toda la vida siendo yo quien termina por ceder, por adaptarme. Por tener que entender a todos y comprenderlo todo y que den igual mis deseos ó mis necesidades. A estas alturas, ya ni siquiera sé cómo se piden algunas cosas, simplemente. A estas alturas, ya unicamente cuando estoy sola es cuando puedo actuar como a mí me apetezca y hacer las cosas cuando soy yo quien quiero que se hagan y como yo lo desee. Y aunque nunca me gustó estar sola, me acostumbré: es mi parcela, mi única opción para actuar a mi aire.
Fuera de ahí, todo es adaptarme y ya está.
Adaptarme a todo. Conformarme con las miguitas y terminar viéndolas como un festín, un inmerecido festín que se me otorga.
A estas alturas de la vida, ya estoy acostumbrada. Estoy acostumbrada a que las cosas no salgan bien, a que lo que en un momento creo un regalo no pase de ser un espejismo. Estoy acostumbrada a no tener nada y a saber que nunca tendré ya algunas cosas. Estoy acostumbrada a querer a quien no me quiere: son demasiados años y demasiadas veces y demasiadas equivocaciones. Estoy acostumbrada a ponerlo todo y hasta a veces, en esos momentos de puro espejismo, creerme que esta vez sí, que esta vez me rebelé y que las cosas saldrán bien porque esta vez, sólo ésta y por fin, las cosas serán diferentes porque al fin me lo he ganado. Pero no. Pero tampoco.
Estoy acostumbrada, sí. A darlo todo sin esperar nada, porque siempre ha sido de ese modo, porque aprendí a no merecer nada, a que en mi vida nunca fuese un intercambio. Sólo en mi trabajo sí era algo similar: yo ponía de mi parte y, a cambio, recibía una remuneración. Pero ni en eso supe ser, nunca, egoista. Y siempre puse mucho más de lo que recibí, y jamás pedí lo que seguramente me correspondía. Y me daba igual, y me dió igual, porque en realidad sí recibía algo por lo que hacía. Y eso me parecía tan y tan raro, tan excepcional... que con qué derecho podía reclamar algo más... Con qué derecho arriesgarme a perder aquello que tan extraordinario me resultaba...
Y en todo lo demás siempre me conformé. Y me conformo. Y cuando alguna vez creí que, en fin, que podría ser de otro modo..., al final no lo era.
Y desde hace muchos años, desde un jueves del mes de abril, tengo la respuesta y la solución y la evidencia. Soy lo que soy, lo era antes de ese momento y lo he sido siempre. Y no, no hay más.
No tengo más porque no merezco más. Y da igual lo que desee ó lo que me esfuerce ó lo que ponga de mi parte para que las cosas funcionen: si funcionan, eso no significará nunca que yo merezca nada más. Nada más que la sombra que me llegue a tapar unos segundos para quitarme el sol que me quema. La sombra de algo que no es mío y que no se quedará a mi lado. Nada más que eso.
Estoy acostumbrada sí, a que no me quieran. Pero algunas veces esa certeza y esa costumbre de años y de experiencia y de nombres y de ocasiones perdidas y de... y de tantas cosas, a veces esa seguridad de que seguirá siendo así... no evita que me duela. Y que por un segundo me vea desde fuera y no sea capaz de comprender totalmente porqué, por mucho que ponga de mi parte, las cosas no salen bien siquiera por una vez.
Y, a veces, hasta me sorprendo preguntándome porqué no pongo fin de una vez a algunas situaciones. Porqué insisto... cuando está tan claro todo. Cuando sé que no habrá nada más, que ya no es posible. Que todo será, si acaso, una forma de alargar... lo que ya no existe. Lo que sólo me importó a mí, simplemente.
Y lo veo desde fuera y no lo entiendo.
Pero enseguida regreso a ser yo misma. Y entonces ya no necesito explicaciones de nadie.
Está todo demasiado claro.
Y lo que alguien creería valor no es sino cobardía y miedo.
Y me agarro a una tabla que cada vez está más desgastada por el mar y la sal. Pero que es lo único que tengo ya, lo único que conservo de ese naufragio en que, en realidad, nunca nada fue mío.
servido por bruxana
sin comentarios
compártelo
18 Mayo 2012
Suele ser más fácil hablar sobre sensaciones que sobre sentimientos. Lo sé.
A veces, también hablar sobre sensaciones es complicado. Y hasta, a veces, parece fácil hablar sobre sentimientos... Pero suele pasar que resulta más sencillo (también a veces) hacerlo con casi perfectos desconocidos. Con quienes igual van a estar ahí cual 'convidado de piedra' ó confesor, que tal vez nos dirá lo que queremos oir ó de quien nos da exactamente igual su opinión.
No sé. Tampoco tengo claro a qué viene esto. Ó sí. Lo que pasa es que es una especie de reflexión para mí misma, algo que probablemente no tenga demasiada relación con alguna de las cosas de la que me apetece hablar-escribir...
A veces lo he escrito, creo, y de vez en cuando también me he pronunciado al respecto: nunca he tenido eso que llaman 'aventura de una sola noche'. Eso de conocer a alguien y que, en fin, exista una atracción que termine en algo más... y que hasta ahí llegue todo. Eso de que ni importe el nombre de la otra persona. No, nunca he tenido ese tipo de historias. A decir verdad, ni siquiera una aventura de ese tipo con alguien conocido... Bueno, esto tampoco es del todo exacto: también conté que sí tuve 'una sola vez' con alguien... sin que luego se repitiera... pero era alguien a quien quise mucho, antes y después. Sobre todo antes..., ó no, pero sí de otro modo... Da igual, de aquello han pasado ya demasiados años. Y, tal vez, lo podría considerar como la excepción que confirma la regla.
Quizás el hecho de, por trabajo y profesión, haberme movido durante media vida en un ambiente bastante endogámico, donde las relaciones más ó menos esporádicas (y sobre todo de tinte muy 'extramatrimonial') estaban a la orden del día y eran tremendamente fáciles... también influyó en que a mí no me interesaran. Bueno, y el hecho de la edad que yo podía tener en aquellos comienzos... y el, afortunadamente, hecho adicional de que durante años mis jefes me 'protegieran' (lo que no quería decir que si a mí me apeteciera hacer algo... fuesen a poner la menor traba: también en eso me conocían bien). Ó el que no existiera una especie de 'vida a partir de la salida del trabajo': al fin y al cabo, todo estaba relacionado. Las comidas de negocios, el cierto coqueteo que a veces era casi parte del juego laboral con clientes (pero que quedaba claro que no iba a pasar de ahí..., de ahí, y de mi personal forma de a veces decir las cosas, sobre todo cuando había confianza ó complicidad), el que incluso esas copas fuera de horario laboral siguieran siendo con las mismas personas... afortunadamente, ya digo, me permitían ser yo misma... sin que fuese necesario tener que espantar más moscones de los ya habituales incluso en horario laboral. Y luego, ya digo, el que si alguien se equivocaba... también hubiese quien corroborase mis negativas de 'no te confundas conmigo'...
Luego ya llegó "M". Hace casi veintiun años que llegó "M"...
También lo he dicho-escrito a veces: soy patológicamente fiel.
No, no tengo nada en contra ni de las aventuras esporádicas, ni de la promiscuidad elegida, ni del celibato más férreo, ni de cualquier decisión personal que cada cual tenga en un momento dado ó como política personal de vida. "M", creo que cualquiera que me lea lo sabe de sobra, estaba casado. Y no me lo ocultó nunca. De hecho, cuando le conocí ya lo sabía, así que... ¿Si me parece normal tener una aventura con alguien casado? Ni normal ni anormal. Aunque tampoco miento si digo que si alguien tiene pareja y yo lo sé... no voy a hacer nada para acercarme. Ni le voy a poner las cosas especialmente fáciles. ¿Qué pasó con "M" ? Demasiadas cosas. Un día igual termino por contarlo todo y... Pero ya da igual.
"M" no engañaba a su mujer conmigo. Simplemente, además de ella estaba yo y además de mí había otras. Muchas otras. Desde siempre. Antes, durante y después. Y lo supe enseguida. Lo de 'durante', quiero decir. Y me dolió terriblemente... hasta que me habitué a ese dolor. No dejó nunca de doler..., pero a todo se hace una. Y yo me acostumbré. Era parte de la historia, era parte del juego.
También era parte del precio y parte de mi castigo. Me castigaba y se castigaba castigándome, demostrándome lo poco que me necesitaba y hasta lo poco que le importaba nuestra relación.
Pero, al final, siempre estaba yo ahí, esperándole. Siempre. Y ésa era también nuestra relación.
Y, aunque supongo que de haber querido no habría habido demasiado problema en que yo hubiese simultaneado aquella historia con otra..., nunca lo hice. Sí sé que él se hubiese enfadado... hasta donde prefiero no imaginar ni relatar, de haberse enterado que yo había tenido una, dos... las que fueran, relaciones esporádicas. Pero también sé que no habría tenido reparo si mi relación 'paralela' hubiese sido estable. Es más, una de las pegas que para él tenía yo... era el hecho de estar soltera. Completamente soltera y sin compromiso...
Es difícil de resumir, lo sé. Pero en los... demasiados años en que estuve con "M", le fuí fiel. Sí hubo tres historias que se intercalaron (por mi parte, digo) en los doce años que fue el total de nuestra relación. Pero en esos tres momentos... no había película. Fueron intermedios. En esos tres momentos.... más ó menos largos, más ó menos importantes (uno, por amor, aunque en esos días ya era más amistad que otra cosa. Pero le quise mucho. Otro... por despecho y por atracción y por... qué sé yo. Por suerte, supe parar a tiempo. Y el tercero..., el tercero igual en otro tiempo y otra etapa de mi vida si habría podido ser otra cosa... Pero fue otra larga historia casi por compromiso, por obligación, por... Sin sentimientos ni implicación por mi parte. No, no he hablado nunca de eso ni tengo intención. Por suerte, es otra historia más que acabada. Por fin), en esos momentos, realmente no estábamos juntos. Ó, como le dije un día: no, no le puse nunca los cuernos (era muy aficionado a la frasecita, supongo que hay frases y términos generacionales). Si acaso, se los puse a los otros con él...
Soy patológicamente fiel. Cuando estoy con alguien... no estoy con nadie más. Y no, no es porque me sienta obligada. Simplemente... funciono así.
Y ni siquiera me siento con la obligación de explicarle nada a esa posible otra persona a quien soy fiel. Es..., es algo personal, privado, mío.
Y sé que el sexo es algo totalmente desligado, si se decide así, de cualquier tipo de sentimiento. Incluso hasta de cualquier atracción (más allá del momento..., supongo). Pero...
Supongo que ir cumpliendo años también hace que algunas cosas se tengan más claras. Y yo alguna decisión hace demasiados años que la tomé...
Y, a estas alturas, ya no quiero desligar algunas cosas. Simplemente. Porque también los años me hacen saber que, igualmente, puedo pasar años sin determinadas cosas. También por eso sé que nunca he necesitado aventuras de una noche..., de una tarde ó de un 'nos vemos de vez en cuando para ya sabes qué'. No, no lo necesito. Así, no. Yo no. No me parece mal... pero es que no quiero que sea así.
Pero, tampoco, necesito ya que sea correspondido. Supongo que porque a estas alturas hace muchos años que sé quien soy... y que terminé por asumir que hay cosas que no tendré nunca.
Y, a estas alturas de la vida, ya no voy a empeñarme en cambiar las evidencias...
¿A cuento de qué viene todo esto? No sé. Bueno, claro que lo sé. A esos post que empiezo y no termino, que termino y no publico, que a veces hasta destruyo. A esas historias a medio contar. A que no puedo ponerme a 'soltar' cosas sin ton ni son, sin, siquiera, poner sobre papel 'virtual' algunas cosas antes. Algunas reflexiones/resúmenes, casi para mí misma.
Algunas neuras, como todo esto...
Suele ser más fácil hablar, cara a cara, de sensaciones que de sentimientos. Por mucha confianza y por mucha falta de pudor que haya con algunas personas.... Ó, tal vez, precisamente por eso. Porque los sentimientos encierran y se encierran en algo más allá del pudor...
servido por bruxana
1 comentario
compártelo
16 Mayo 2012
Actualizo.
La falta de tiempo, ó de ganas, ó de las dos cosas... sumadas a los más que recurrentes fallos cocteleros... termina por dar como resultado que apenas si redacto-publico un post a la semana. Así que casi puedo decir que éste será mi post semanal.
Poco que contar. Ni siquiera porque no pasen cosas, ó porque en un pasado (cercano) pasaran más. No, ni siquiera es eso. Es... lo antes descrito. Poco tiempo, ó el 'mismo poco' que tenía antes, pero que igual me entretengo empleándolo en otras cosas. No sé.
El calor ha llegado de repente a Madrid. Asfixiante. Los mapas de la tele dicen que estamos rondando los treinta grados... y yo digo que eso debe ser a la sombra, porque ya el jueves pasado los sobrepasamos, el viernes nos acercamos a los 40ºC... y lo del sábado, domingo y lunes es para no perder el tiempo explicando de qué va eso de rondar la entrada del infierno. A mis pobres plantas sólo les ha faltado un poco de impulso para ponerse a hablar... y rogarme que les echara bien de agua, porque en tres días la tierra se ha quedado más que seca. Pobres. Y yo he tenido que sacar el calzado de verano: sandalias que requieren uñas en perfecto estado de revista. Menos mal que hasta en invierno me preocupo de que mis pies estén en buen estado (simple comodidad) y sólo he tenido que cambiar el color de las uñas. Pasando del brillo nacarado al rosa vibrante.
El trabajo..., en fin, el trabajo. Sigo en el zulo. No sé por cuantos días (es imposible que nos sigan aguantando muchos más, con los pésimos resultados con que cada día cerramos), pero ahí sigo. En los portales de internet de búsqueda de empleo sigue habiendo oferta (poca y horrorosa) para este sector, lo que unido a mi experiencia... en lo que nadie quiere hacer (vender seguros por teléfono) me da una cierta tranquilidad a la hora de tenerme que enfrentar al cambio forzoso de empresa. Cambio que debería ser voluntario. Pero... Casi que con el comienzo de este post queda todo explicado. Pocas ganas, poco tiempo...
Y, lo demás... Llevo unos días especialmente agotada. El calor, claro, y esos ataques de estrógenos que las mujeres en edad fértil padecemos todos los meses. Y, supongo, el desánimo de ver como todo sigue anclado, como algunas cosas se retrasan, como el estado de las cuentas bancarias ya no es ni angustioso (es algo peor), como otras cosas siguen su rutina de aplazamientos sucesivos... Imagino que todo esto, sumado al paso de los años, conlleva este agotamiento que hace que duelan hasta huesos y músculos de los que desconocemos el nombre y hasta dudamos de su ubicación.
Poca cosa más.
Como decía: simplemente actualizar. Post semanal.
servido por bruxana
2 comentarios
compártelo
9 Mayo 2012
"Sueño con el tacto conocido de tu piel, con el sabor de tu cuerpo. Con tu voz, diciéndome cosas que sé que habría deseado oir, que nunca me has dicho y que sé nunca me dirás.
Sueño contigo, en ese instante en que es difícil diferenciar la realidad del sueño, en ese instante intermedio en que ya es de día, pero es aún demasiado temprano, y cierro los ojos fuerte, fuerte... También para que no se me escape ese último sueño, ése que tiene la forma de tus brazos ó tu perfil cuando duermes.
Retener un sueño. A estas alturas ya me conformo con eso.
Y, por un instante, deseo no despertar. Desearía no despertar nunca, quedarme en ese sueño para siempre. Conservarlo y conservarte, siquiera en sueños.
Porque sería el único modo de quedarme contigo y quedarte a mi lado. De llevar hasta el futuro lo que ya no es siquiera un proyecto de presentes comunes y próximos.
Soñar contigo. Simplemente me conformo con eso.
Soñar. Aunque sólo sea eso, soñarte de nuevo. Y creer, por un momento, que aunque esté soñando seguirás a mi lado cuando abra los ojos.
Aunque a estas alturas ya sé que eso será mentira. Por eso quiero retener este sueño mientras fuera de mí estará la realidad y amanece, y amanecerás en otro lugar.
Soñarte. Aunque no lo sepas. Y aunque, a estas alturas, sepa en el fondo que mis sueños y yo misma ya te dan igual.
Que mis sueños, aunque sean contigo, no cambiarán nada. Porque yo nunca podré formar parte de los tuyos. Lo sé.
Pero me conformaré, como siempre, con lo que hay y con lo que quede. Y cuando ya no quede nada en el mundo real, confiaré en que, alguna noche, aún sueñe contigo. Y desearé que, siquiera alguna vez, merezca el premio de recordar al despertar que te tuve en ese sueño recien acabado..."
servido por bruxana
sin comentarios
compártelo
6 Mayo 2012
Tomo decisiones, como siempre he hecho... pero sigo aplazando ejecutarlas.
Ya no sé si es porque sigo creyendo que para algunas cosas hay arreglo... o si, en todo, ya es simple desidia. Cansancio. No lo sé, la verdad.
En algunos temas... son cosas tontas, detalles. Ponerme de una puñetera vez, por ejemplo, a meter en bolsas y bajar al contenedor de papel los periódicos viejos y revistas atrasadas que empecé a 'almacenar' en la habitación que empleo como despacho (eufemismo: nunca llegó a serlo) simplemente para quitarlos de enmedio... y que ahí andan, provisionalmente retirados del comedor, desde hace cerca de dos años. Como ya solo compro prensa los fines de semana... la verdad es que el montón no aumenta. Ni disminuye. Y ahí sigue... sin que dedique siquiera unos minutos diarios (con eso, durante una semana bastaría) a meter una parte en una bolsa para dejarla en el contenedor por la mañana, al ir a trabajar.
Cosas así.
Me dan una pereza tremenda algunos tramites. Pedir el certificado de retenciones a la Empresita Naranja, mismamente. Es una llamada telefónica para solicitarlo... simplemente es eso, llamar y que me digan cuando paso a recogerlo. Pues hasta tonterías de ese tipo me dan una pereza agotadora, solo de pensarlo... Absurdo, cuando ese tipo de gestiones eran parte de mi trabajo, de la que realmente fue y sigo considerando mi 'profesión'. Aunque a fecha de hoy tengo mes y medio para hacer la Declaración de la Renta, que igual ni hago (por número de pagadores anual, cuatro, tengo la obligación... Pero igual por ingresos reales no llego ni al mínimo. Patética mi situación económica), también tengo claro que es algo que no puedo dejar para el último día...
Sé que pararme a pensar en detalle de estos, mínimos, no es sino un modo de no pensar en los importantes. En las cosas que de veras tienen 'parada' mi vida.
Trabajo desde hace más de tres años en algo que no me gusta, que era algo totalmente provisional. Cada vez la situación es peor en todos los sentidos. Y no sólo por los cinco millones de desempleados oficiales... sino dentro de este trabajo mío. El sueldo básico 'por convenio' del sector está entre los más bajos del mercado laboral (creo que directamente es el más bajo). Por extrañas maniobras de la Empresa donde estoy, ni siquiera trabajo a 'jornada completa'... aunque ese 'no completa' viene a ser que trabajo media hora menos a la semana de lo que se estipula 'tiempo completo'. Absurdo, cuando si se contabiliza mi tiempo total trabajado a la semana... pues sobradamente estoy trabajando esa 'media hora de menos'. ¿En qué se traduce esta tontería? En que cobro unos veinticinco, veintiocho euros menos al mes. Claro que es una miseria... pero que me 'pagarían' parte del recibo de la luz, por ejemplo.
Detalles así.
Y encima teniendo que escuchar, cada vez con mayor frecuencia, lo de 'y gracias que teneis trabajo'. Y no poder replicar 'no, y gracias que vosotros me teneis a mí'. Que es una de esas verdades que tanto la Empresa como yo tenemos claras... pero que no vamos a pronunciar. Ellos no lo van a reconocer en plan 'retribución'. Y yo... yo ya me he vuelto muy vaga hasta para quejarme...
Reviso las ofertas en los portales de empleo en internet. Para mi sector, hay trabajo. No las cientos de ofertas de los años pasados, claro... pero hay. Sobre todo para televenta. Eso que no me gusta... pero que tengo que reconocer (resultados cantan por sí solos) que sé hacer. Considerando que estoy en una Campaña de Ventas... sin incentivos de ningún tipo, claro que debería empezar a moverme...
Pero ahí entra mi desidia. Ó no. Porque cada semana me repito que es imposible que nos aguanten, como Campaña, una semana más. Y, entonces... Y es el cuento de la lechera. Ó algo casi de supervivencia. En este sector, si una empresa te 'preselecciona' para trabajar, tienes que pasar por una 'Formación Selectiva y No Remunerada', esto es, dedicar entre dos y seis días a dedicar tu jornada a estar en la Empresa... en teoría aprendiendo de qué va el trabajo y dejando que ellos te vean cómo te desenvuelves. Y eso se traduce en que, si ya estás trabajando... no puedes participar en esa 'formación selectiva'. Que es eso, selectiva, esto es: pueden ó no contratarte. Y si, por lo que sea, eres capaz de adaptar tu horario a esa 'formación' y sí te seleccionan... te querrán para incorporarte de inmediato. Lo que supone otro problema: en estas Empresas de sueldos miserables y horarios horrorosos, encima, hay que avisar con quince días de adelanto de tu intención de causar baja... ó te descontarán eso, medio mes de sueldo. Cuando en las condiciones pactadas se habla de 'catorce pagas', esto es, no se prorratean en nómina las paga extra, siempre está ese margen: de la liquidación lo descuentan y... mala suerte. Pero... Pero en mi Empresa no hay esa opción, puesto que lo cobramos todo en nómina...
Y mi situaciòn económica no me da para permitírmelo. No puedo, simplemente.
Y por eso cruzo los dedos para que nos quiten la Campaña y nos den la libertad...
¿Exceso de confianza a la hora de pensar que encontraré un trabajo rápidamente? Puede ser. Ó que, simplemente, siempre fue así. Nunca fuí demasiado exigente... y, para trabajos miserables de este tipo, de momento hay demanda de trabajadores. Y, seguro, no para trabajar en un zulo...
Sin embargo, debo enviar currículums, probar a que me llamen, pasar alguna entrevista... algo. Y ahí entra mi pereza. Y me pongo excusas: tengo que renovar la foto del CV, por ejemplo, y para ello tengo que un día arreglarme un poco y emplear el autodisparador... Y luego rectifico: no, lo que tengo es que acercarme al fotomatón y hacerme algunas fotos 'en papel', que en algunas empresas también te las piden. Y, además, quiero hacerme el carnet de la biblioteca municipal, y... Y voy demorándolo, porque entonces me replico que también yo puedo sacar mis autofotos 'en papel'... y recuerdo entonces que no tengo tinta de color en la impresora, y que no me puedo permitir ni eso, comprarla... Y todo es un círculo vicioso lleno de excusas...
No sé. Porque también están esas otras decisiones que no termino de tomar. Ese poner fin de una vez a algunas cosas que hace mucho que no van, que ya no van a ir a ninguna parte... Y que no quiero dejar morir de puro aburrimiento, porque sé que ese final no me va a doler menos. Ó porque no quiero que ése sea el final, pura desidia, de algo en lo que llegué a creer tanto que habría implicado en ello en resto de mi vida...
servido por bruxana
2 comentarios
compártelo
4 Mayo 2012
Siento que estoy dejando al blog morirse de pura inanición. Cada mes escribo menos. Cada semana escribo menos.
No sé. El caso es que, en el transcurso del día... se me ocurren mil temas para redactar un post. Bueno, igual no mil... ni cien, pero sí media docenita. Y sé que si tomase apenas unas notas, cuando algo se me ocurre yendo en el tren, en el metro..., luego podría desarrollar perfectamente la idea completa. Pero...
Pero no lo hago. Y pasan días y días sin escribir nada. También porque me conecto a internet cada vez menos tiempo (mejor dicho: el ordenador igual sigue estando encendido y conectado igual tiempo que hace meses... pero cada vez son menos raros los días en que, mientras, yo hablo por teléfono ó no hago nada ó vegeto un rato frente a la tele hasta quedarme dormida...).
A veces, sí, entro en Lacocte. Y hasta en este apartado, el de "nuevo artículo". E incluso, a veces, empiezo un post... Pero se diría que, de pronto, las palabras huyen de mí. Y lo que escribo no me gusta. Ó, peor: sé que no debo publicar eso que acabo de escribir. Que no me va a gustar leerlo (la verdad es que sólo leo mis post en el momento de publicarlos..., más que nada, para comprobar que Lacocte y sus fallos no han hecho de las suyas amontonando párrafos ó separándolos más de la cuenta ó jugando con el tipo de letra ó los colores...). Y entonces ya ni envío al 'borrador': borro directamente lo escrito.
No sé. Igual es una racha. Y en el momento en que vuelva a tener claro qué quiero y cómo lo quiero... en varios aspectos de mi vida, recupero el hábito casi rutinario de los post. Ó, simplemente, en el momento en que no me duelan los ojos tanto como algunos días, tras tantas horas de encierro en el zulo sin hacer nada de provecho y quemándome, literalmente, los ojos frente al azul luminoso y absurdo de las pantallas. Sé que esto también influye: tantas horas mirando por obligación una pantalla en un sitio sin luz natural no me hace, precisamente, muy apetecible la idea de seguir en casa, a oscuras... mirando una pantalla e intentado escribir algo con un mínimo de sentido.
En fin. Estamos en mayo. Y llueve en Madrid.
Y hoy aun es cuatro de mayo. Otra de esas fechas 'históricas' en mi vida. Otra fecha que, de nuevo, no me apetece repasar por escrito.
A ver si mañana, que es sábado, saco algo de tiempo entre intendencia doméstica y cuidados personales para, siquiera, escribir uno de esos rutinarios post míos...
servido por bruxana
1 comentario
compártelo
29 Abril 2012
Sé que llevo casi dos semanas sin publicar nada. Doce días (normalmente publico por las noches... por lo que la fecha que aparece viene a ser la del 'día siguiente' al que realmente se corresponde a la redacción del post).
¿Si no me ha pasado nada de interés en estos días? Pues... Cualquier respuesta sería incorrecta, la verdad. Claro que me han pasado cosas, claro que pasan cosas, claro que sigo siendo capaz de relatar y redactar una historia de cualquier detalle, de cualquier sensación...
Pero..., no sé. La verdad es que hay razones por las cuales no he escrito. La monotonía acumulada de mis días: eternos hora a hora en el zulo donde trabajo, breves cuando llega la noche y veo que ya pasó un día más y que su resumen viene a ser igual de vacío que los anteriores. Y tampoco me apetecía redundar en lo mil veces ya contado.
Luego..., en fin, claro que hay destellos de luz....
También la lentitud de mi pc estas últimas semanas ha contribuido a mi poca actividad: es agobiante tener que esperar minutos y más minutos sólo para que se 'encienda', que se atasquen las páginas, que no carguen en condiciones ó se cierren solas...
De momento, ese problema ya está resuelto (a ver qué dura..., aunque si en casi nueve años no había hecho una limpieza 'en condiciones' y esto ha sobrevivido... digo yo que para aguantar otra temporadita me dará el asunto...). Provechosa noche la del martes al miércoles, muy provechosa... Y no sólo en el sentido 'técnico' de tener por fin el ordenador funcionándome a una velocidad aceptable..., sino...
Supongo que sobre eso debería escribir otro post. Sobre 'eso otro' que convirtió en altamente provechosa la noche...
Aunque si digo que esas mañanas en que abrir los ojos y verle a mi lado me parece un absoluto milagro... sería una forma rápida de resumir. Y también sería, seguro, un modo de repetir algo que más que probablemente he dicho/escrito ya otras veces....
Domingo. Último domingo de abril. Penúltimo día del mes.
Y, aunque soy consciente de la fecha, aunque no olvido que es veintinueve de abril..., francamente, no me apetece perder el tiempo dando vueltas alrededor de algo que no es sino una simple fecha... Y que ya, por fin, no significa nada en mi presente. Ni en mi futuro.
Y me da exactamente igual lo que no pudo significar cuando era mi día a día lo que hoy es olvidable pasado.
servido por bruxana
2 comentarios
compártelo
18 Abril 2012
Simplemente, supongo que ya no queda nada que salvar.
A veces, en esos extraños momentos de lucidez que, pese a todas la ilusiones, me asaltaban... No, no sé. Iba a decir, escribir, que en realidad siempre tuve claro que no había nada. Ó, al menos, que en esos momentos lúcidos me daba cuenta de ello: en realidad, no había nada. Pero no es del todo cierto.
Ni siquiera era capaz de darme cuenta de algo así.
Sé que hace dos meses tomé la absoluta, definitiva, irreparable decisión de dar carpetazo a todo eso, a todo esto ó todo aquello. Pero... Es fácil volver a ilusionarse, a decidir dar una nueva oportunidad. E imagino que lo hice. Porque lo necesito, necesito tener algo que me indique que es posible salvar algo. Y entonces me agarro a cualquier palabra y me creo cualquier mentira, aún a sabiendas de que es eso, una simple ilusión en el sentido más exacto del término. Y me doy nuevos plazos, nuevas oportunidades. A estas alturas, sé bien que sólo me puedo dar esas oportunidades a mí misma, porque también sé que no hay nada más. Porque juego sola.
En realidad es eso. Me cuento historias, soy al tiempo Sherezade y el Sultán. Me cuento la mitad de la historia y me marco un nuevo plazo para la otra mitad. Y esperar que llegue el día para esa segunda parte me ayuda a levantarme de la cama, a pasar un día y dos y tres, a imaginar que es posible... Pero en realidad no lo es. Y me cuento esa otra media historia, pero vuelvo a fabular y vuelvo a hacer planes ó a creérmelos. Y pasan otros dos días. Y todo vuelve a empezar aunque en realidad no ha pasado nada. Todo sigue donde empezó: no hay nuevos comienzos.
No hay nada. Desde hace mucho, no hay nada. Nada más que yo y mis sentimientos no correspondidos y mis deseos. Nada más. Supongo que en realidad es que nunca hubo otra cosa, nada más allá de mí misma.
Sobreviví a marzo, también imagino que porque son ya muchas vidas sobreviviendo dentro de la única que tengo. Sobreviví a mis miedos y a las certezas que son las palabras y los silencios, ésos que suelen contar más que las primeras. Pero quise seguir creyendo que, seguro, todo tenía un porqué. Y le dí una oportunidad a abril.
Pero..., qué más da. Qué más da, si en realidad hace tanto que algunas cosas sólo existen en mi deseo de que pudieran ser reales.
No, no queda nada que salvar. No llegará mayo, lo sé y por fin me atrevo a escribirlo. No me quiere y ya no queda nada. Y Sherezade está cansada, muy cansada, y ya no tiene más cuentos. Sólo quiere dormir ó que el Sultán definitivamente cumpla con su papel en el juego, al llegar el día.
No hay nada más que salvar en una historia que, me temo, no existió más que en mi deseo de que, por una maldita vez en mi vida, las cosas salieran bien. No hay nada que valga la pena salvar cuando ni siquiera se da cuenta de cuando estoy llorando, al otro lado.
Quizá, al otro lado de lo que es realmente la vida, una vida real en la que determinadas historias nunca tuvieron posibilidades de existir. Por mucho que me empeñara ó hubiese empeñado en ello.
Al final lo único que triunfa son las evidencias. Esas que por mucho que miremos para otro lado ó que cerremos los ojos ante ellas, no deján de estar en su justo lugar.
servido por bruxana
sin comentarios
compártelo