La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

27 Agosto 2014

Trescientos mil.

Por puro descarte, esta semana sería la de los 300.000. Trescientas mil visitas únicas al blog.
Publicase o no este post, se iba a llegar a esa cifra, ya digo, por puro descarte. Por inercia de visitantes, incluso en una época tan baja como la presente: agosto, un sitio de alojamiento para blogs prácticamente abandonado, una escasísima actividad personal, mi decisión de mantener cerrados los comentarios... Pero faltan tan pocos para llegar a esa cifra... que ya está. Trescientos mil antes de finales de agosto.
Mejor en este post, aunque en él no vaya a contar nada importante.

No es una cifra deslumbrante si tenemos en cuenta que llevo casi ocho años con el blog abierto y activo, que son mil doscientos sesenta y tantos post, que hubo días de quinientas visitas únicas. Pero sí lo es pensar que en algún momento se han realizado esas visitas. Cuando alguien entra en el blog, se computa esa visita. Luego da igual si sale a los dos segundos porque no es lo que esperaba encontrar, si lee ese post o si además va enlazando uno con otro y no hace otra cosa en toda la tarde. Se computa como visita única.
Sé que esta explicación es casi de 'perogrullo'. Pero siempre me gustó la idea, porque muchos contadores de visitantes lo que cuentan es cada vez que se entra a leer un post...aunque sea el mismo 'lector', que se va paseando. Ese tipo de contadores suelen estar insertados en blogs que cuentan también con publicidad insertada: muchos visitantes se traduce en más ingresos por parte de los anunciantes, normal que interese otro tipo de 'contador de visitas'... No es mi caso.

Trescientos mil.
De hecho, en algún momento estos últimos días, seguro, se llegó a esa cifra, porque tampoco instalé el contador el mismo día que abrí el blog. En esos días mis conocimientos informáticos eran casi nulos. No es que hoy los que tengo me hagan una experta..., pero algo más sí que sé. De hecho, bastante más de lo que finjo saber a diario, en mi cotidianidad laboral..., aunque eso es otro tema.

Trescientos mil.
Qué más añadir..., además de mi agradecimiento por todas esas visitas, por todos aquellos comentarios, por algunos mensajes privados. Y todas mis disculpas a quienes no encontraron lo que entraron a buscar...

Trescientas mil gracias, calabacit@s.

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24 Agosto 2014

Contradicciones.

Muchas cosas que contar pero, en realidad, ninguna.
Sé que suena contradictorio, pero es eso lo que siento.

Semanas extrañas que se repiten, casi en bucle. Siete días que anteceden a otros siete que serán iguales, porque han sido precedidos por otros siete que lo fueron. Un trabajo que me da un sueldo que apenas me sirve para sobrevivir, porque tengo más gastos que ingresos y para pagarlos sigo gastando lo poco ahorrado en ese momento de bonanza que fue mi empleo hace dos años, esa última burbuja que no duró, ese espejismo. Otro más en mi vida.
Sobrevivo, en todos los sentidos y todos los aspectos de mi vida.

Trabajo que no me gusta y en el que no me esfuerzo más de lo estrictamente necesario para 'cubrir el expediente'. Sé que esto va a durar, como mucho, hasta noviembre. Mi contrato tiene fecha de finalización y es ésa, finales de noviembre. Francamente, me da igual. El paro no es agradable, la idea del paro no lo es... y menos con una base de cotización tan ridícula como la tengo, en este empleo que ni siquiera es a tiempo total. Pero no veo perspectivas y no me voy a esforzar para conseguir que el contrato 'temporal' pase a 'indefinido'. No, no vale la pena.

Mi vida ha sido un cúmulo de 'provisionalidades'. Cosas aparentemente provisionales a las que me enganchaba hasta encontrar algo mejor... y que cuando quería darme cuenta, eran mi cotidianidad. Hasta lo que fue mi profesión durante muchos años, durante la mitad de mi vida, fue el resultado de 'voy a probar unos días, a ver que pasa'. Y lo que pasó fueron casi veinte años. Y cuando creí que, lógicamente, eso sería mi trabajo, mi modo de vida, cuando ya hacía años que yo era alguien destacado en mi ambiente laboral... todo se terminó. Con un final que también creí que sería algo provisional, un parón hasta que todo volviera a la normalidad... Y han pasado cinco años largos.

Me gustaría poder afirmar que estoy enamorada..., pero no lo sé. Mejor dicho, no sé si puedo reconocerlo..., o ni siquiera esto último es cierto. Quiero a alguien con quien hace mucho que descubrí, que me sorprendí sabiendo de pronto y con absoluta certeza que podría pasar a su lado el resto de mi vida. Una certeza y una sensación que nunca había sentido con respecto a nadie.
Y, sin embargo, sé que no podrá ser. También de eso tengo ya la más absoluta seguridad. Podré quererle el resto de mi vida, pero nada más. Nunca será 'mi'....nada.
Cuando estoy con él..., no, no es esa la idea. Cuando está conmigo, siento que todo está en su sitio. Me pasó la primera noche que vino a dormir conmigo. La sensación de que eso era una especie de milagro..., pero, al tiempo, de algo natural. La contradicción de que era un regalo inesperado, pero a la vez algo que me había ganado, que la vida me regalaba porque me lo merecía.
Y que todo estaba bien, que todo estaba en su sitio.
Han sido casi cinco meses sin dormir a mi lado, cinco meses en que en su vida han pasado cosas que me gustaría que no hubiesen ocurrido..., mientras en la mía no pasaba nada, nada más que el hecho de que él no estaba presente. Y, el sábado pasado..., otra vez esa sensación de hecho milagroso y de cotidianidad.
La primera noche que pasó conmigo apenas dormí. Sobredosis de adrenalina, quizá. Pero no se me hacía raro tenerle en mi cama..., es difícil de explicar la sensación. Yo, que siempre he dormido sola..., desde esa primera noche he sentido como algo natural tenerle a mi lado dormido. Y le oigo cuando se levanta a media noche, creo que siempre le he escuchado..., aunque no me despierte, aunque eso no me desvele. Es lo mismo otra vez: algo normal. Y cuando ya es de día me voy acercando a su cuerpo medio en sueños y le rozo, y le acaricio casi sin tocarle a la vez que me voy despertando.
Lo he dicho otras veces: podría pasar el resto de mi vida acariciándole. No es sexo, o no es solo sexo. Es algo muy físico y, al tiempo, es algo más. Algo normal, como si siempre hubiera sido así, como si antes de conocerle ya le conociese de algún modo, como si nunca hubiera dejado de acariciarle. Quizás en sueños.
Podría pasar con él el resto de mi vida, pero ni siquiera puedo plantearme que pase conmigo un fin de semana completo.

Sé que todo suena contradictorio, pero esta es mi realidad.

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23 Agosto 2014

Ganas de dormir.

Mas que sueño, son ganas de dormir.
La semana ha sido agotadora. Sin matices. Un no-parar de hacer cosas...para no tener resultados de ningún tipo. Como si de pronto la rueda de hámster en la que siento que estoy metida mientras trabajo se hubiera acelerado. Tan rápido que no da tiempo ni a pensar, pero con el mismo destino: no va a ninguna parte. Solo da vueltas, solo hay que no pararse. Pero al final del día se están en mismo sitio donde se empezó por la mañana.

Hoy viernes he trabajado en turno de tarde. Me lo comunicaron ayer como a la una del mediodía...cuando mi hora de salida son las tres de la tarde. Y me trastocó todos los planes..., tuve que improvisar a toda velocidad. La verdad es que no me disgusta trabajar los viernes por la tarde, no se me hace excesivamente largo... Pero prefiero saberlo con tiempo, poder hacer mis planes, organizarme con el tiempo...
Son más de las doce de la noche. Me desperté esta mañana a la misma hora de siempre: me hubiese encantado dormir hasta casi mediodía..., pero tengo 'la hora cogida'. Simplemente he intentado aguantar en la cama el máximo tiempo posible..., y antes de las nueve y media ya estaba levantada. Completamente desvelada.
Por eso digo que más que sueño, son ganas de dormir.
Estoy muy cansada. Tanto física como mentalmente.

Me ha cundido la mañana. Menos de lo deseable, pero la he aprovechado moderadamente. He recogido bien la cocina, he ordenado mi dormitorio, he descargado unas fotos en el portátil, he regado las plantas. Uno de mis planes aplazados de ayer era quitar la funda del sofá y meterla en la lavadora: ya está seca y pendiente de volver a su sitio. Se lava bien, pero cuesta volver a ponerla, las cremalleras hace años que dejaron de servir y hay que coserla. Mañana lo haré.
Casi todo lo que he hecho esta mañana ha sido mientras la lavadora hacía su función. Para la funda del sofá necesito poner un programa largo, con agua caliente y más dosis de detergente de lo habitual.
No estaba excesivamente sucia, procuro que las cosas no se ensucien. La cepillo para quitarle el polvo (la aspiradora hace meses que dejó de funcionar, como tantas otras cosas que no van y que no me puedo permitir sustituir. Hay prioridades. La aspiradora no es una de ellas, habiendo cepillos. Me he criado sin ella y aquí estoy), si conscientemente veo que la he manchado, procuro limpiarla. Los polvos de talco absorben posibles manchas de grasa, si en alguna ocasión pienso que puedo haberla manchado por comer en el sofá, por ejemplo. Cuido las cosas..., pero sin obsesiones. Me he criado en un ambiente eso, obsesivo con la limpieza, con el orden. He tenido que ser una obsesa del orden y la limpieza, de las de ver una huella en los azulejos de la cocina y tener que dejarlos impecables... Pero ya no. Al menos, en mi casa, en mi entorno persona e íntimo, no.
Si algo se mancha, se limpia y punto. Y la funda de mi sofá es lavable. Y ya está.
Sé que todo esto suena absurdo..., pero yo sé a qué me refiero. Prioridades.

La semana que viene trabajo el sábado. Y tengo un horario raro y 'sujeto a posibles modificaciones'. Ese horario flexible mío, que consiste en que la empresa decide a su antojo cuando debo estar y cuando no..., y lo normal es lo primero. Les da igual la vida personal de cada cual. O..., o ni siquiera generalizo: les da igual la mía. Por eso no hablo absolutamente nada de mí. Lo máximo que saben es que necesito al menos una tarde libre a la semana: no voy a transigir con aceptar el que me den turno de tarde a su antojo los días que trabajo sólo cinco horas. No los dos días. Una tarde es mía y punto.

Estoy cansada, necesito dormir. Pero también me siento..., no sé, acelerada. Salir un viernes a las diez y diez de la noche, cuando los últimos años he tenido las tardes de los viernes libres..., me descoloca. Y son más de las doce y media de la noche, y es como si fuesen las diez...
Y me encuentro escribiendo tonterías sobre fundas de sofá y lavadoras y aspiradoras que no funcionan. Y en mi televisor, que funciona a base de golpes y sólo cuando lleva encendido cerca de una hora y se ha calentado, un grupo de famosetes de tercera discuten de temas que me suenan como en otro idioma. Hablan en castellano, entiendo las palabras..., pero no sé de qué hablan. Igual también es el cansancio. O más bien las prioridades, mis prioridades.
Me interesan otras cosas. Pero este tipo de programa-basura me viene bien para dormir, tras el cansancio que me agota en mi trabajo-basura, ése que sirve para que me paguen una nómina de supervivencia, ése que hace ganar dinero, mucho, a la empresa en que trabajo. Ese trabajo que no me interesa en lo más mínimo, en resumen. Que no es nada más que una forma de ganarse la vida, pero que no tiene absolutamente nada que ver conmigo.

Estoy cansada. Ha sido una semana larga y absurda.
Pero más que sueño, son ganas de dormir.

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20 Agosto 2014

Días cada vez más cortos.

Semana rara.
Los días cada vez  son más cortos. Bueno, no: son igual de largos, igual de tediosos. El ser 'cada día más cortos' no deja de ser una frase hecha: significa que cada día anochece antes.

Las jornadas laborales están siendo agotadoras. No paro un instante. No tengo tiempo ni para ir al baño: tampoco esto es una frase hecha. Pero ya sé que no parar un instante de trabajar no se traduce en tener más ingresos, en superar el sueldo de supervivencia que es mi nómina. Y lo peor es que me estoy acostumbrando a eso.

Me gustaría hablar de otras cosas. Pero como suele pasarme en estos casos y a estas horas (la una de la madrugada) estoy muy cansada. Sobre todo para escribir. Incluso para pensar.

Aun ando asimilando algunas cosas, algunas palabras, algunas sensaciones. Pero..., pero eso será otro post.

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18 Agosto 2014

Diecisiete de agosto.

Mañana vuelvo a la rutina laboral. Nunca había tenido tan pocas ganas de regresar al trabajo tras unas vacaciones.
No sé qué me voy a encontrar, además del cúmulo de despropósitos que sé que es esa empresa. No quiero volver, pero no me queda otro remedio. También lo sé.

Las últimas horas han sido...digamos que especiales. Muy especiales. Como siempre que estoy con él, tengo muy recientes algunas sensaciones. Sigo sintiendo.
Y como siempre que ha dormido conmigo, no he cambiado las sábanas ni voy a hacerlo. Y sé que aunque tampoco lo haga conscientemente, voy a buscar encontrármelo en mis sueños. Porque siempre queda algo de su presencia, algo del olor de su cuerpo y ese algo dormirá conmigo esta noche tras él.

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13 Agosto 2014

Doce de agosto.

Yo sólo quiero verle bien.
Me sienta bien verle, escucharle. Bueno: no siempre. Cuando no está bien lo noto. Sé que sigue sin estar bien: por teléfono puede jugar con la voz e intentar hacerme creer otra cosa, en un sms ni le veo ni le escucho. Pero lo noto. Y cuando le tengo cerca ya si que no hay fingimientos que valgan.
Sé que sigue sin estar bien, pero le noto mejor.
Probablemente haya razones que desconozco, ilusiones ajenas a mí que le estén ayudando. Me da igual lo que sea: si le sienta bien, si ayuda a que mejore, me vale todo.

Creo que llevaba veinte días sin verle. A decir verdad, no lo llevo por cuenta, no lo he llevado nunca, ni cuando me acuerdo perfectamente.
Verle me hace bien. Aunque sepa que nunca seré para él lo que él es para mí.
Yo sólo quiero que esté bien.

Tags: j a, agosto, calor, madrid, 2014

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11 Agosto 2014

Extrañamente, quizás.

Extrañamente, más tranquila.
La sensación es exactamente ésa: la de sentirme más tranquila, pero sentirme a la vez extraña por esa misma sensación.
Ayer sábado estuve hablando con él. Conversación larga: me llamó. Y..., eso: más tranquila. Quizá porque también le percibí así al otro lado del teléfono. Más..., no sé si 'tranquilo' es exactamente el término. Probablemente más centrado. O menos hostil. Porque probablemente él no lo note, o sí pero le dé exactamente igual, pero cada día estaba más hostil. Más 'a la defensiva' ante cualquier cosa. Sensación también física al estar a su lado.

No sé. Pensar que pueda estar mejorando, mejorando de verdad, me tranquiliza. Al margen de lo que eso pueda significar en mi relación con él. Que esté mejor, siempre, me hace sentirme mejor a mí.
Sé que hay cicatrices que no cierran tan fácilmente. Sé que hay heridas que no dejan de doler y que sangran al menor roce. Y aunque él piense que no, aunque sé que me lo discutiría...sé cómo se siente. Y no, no tiene que ver con experiencias similares..., no tiene nada que ver con eso.
Simplemente le quiero.

Avanzando hacia la mitad del mes de agosto, hacia el final de mis cortas y desaprovechadas vacaciones. Pero aliviada simplemente por su tono de voz.
Extrañamente, quizás.

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9 Agosto 2014

09/08/14. Ecuador de las vacaciones.

Una semana de vacaciones. Sin aprovechar en lo más mínimo el tiempo, por descontado y como casi más que 'temérmelo', suponía.

No he hecho nada. Ni para bien ni para mal. Nada. Bueno, algún trámite tan rutinario como inevitable: solicitar la nueva tarjeta de transporte público de Madrid (con la consiguiente necesidad de hacerme fotos: no recuerdo cuantos años haría que no me tomaba fotos en un fotomatón...pero que son más de treinta, seguro), rematricularme en una autoescuela para, la próxima semana, dar cuatro o cinco clases y volver por tanto a conducir. Es un lujo que no me puedo permitir: dar esas clases, volver a mantener el coche (en realidad, salvo la gasolina y alguna revisión en el taller... este tiempo he seguido pagándolo yo todo: seguro, itv...), pero que no me queda más remedio que hacer. La otra opción era vender el coche..., y, no sé, es como si algo en mí me dijese que no lo haga. Ya sabré algún día porqué...

Sigo estando muy cansada. Esta semana seguro que, además, he ganado algún kilo de peso: comer mal o más de la cuenta o cosas que podíamos considerar 'basura': chucherías para quitarme el hambre cuando recuerdo que no he comido. Debería haberme dado el bañito de color en el pelo para tapar las canas..., pero hace tanto calor, tanto, y yo tengo tan pocas ganas de todo, que... La semana que viene lo haré, qué remedio. Es ese mínimo de coquetería que aún no me ha abandonado, supongo.

Me da todo una pereza atroz. El calor me lo da. Y esta semana está haciendo un calor horroroso.

El miércoles tenía aun fiebre. El jueves ya no. Luego no he vuelto a comprobarlo.

Tengo frente a mí la mesa de centro del comedor... y es un caos absoluto. Papeles, cremas hidratantes, pendientes y anillos, esmaltes de uñas, bolígrafos y rotuladores, una botella de alcohol, papeles varios, envoltorios, el resto de un talonario de cheques, dos o tres gafas de sol, cámara de fotos, cables y cargadores, tijeras, portarrollos de celo, bolsas de papel, restos de papel de regalo, un imán de nevera y el pegamento instantáneo con que lo arreglé, dos botellas de agua pequeñas vacías, algún recorte de fotocopia de dni... Algunas de estas cosas llevan semanas encima de la mesa. Debajo hay restos de catálogos comerciales, de periódicos gratuitos o revistas dominicales...
El caos.
Sé que debería traer una bolsa de basura y otra del híper para en una ir tirando cosas y en la otra meter el papel y bajar al contenedor. Pero...

Estoy cansada. Y desganada.

Llevo más de una semana sin hablar con él.
Me llamó el jueves de la semana pasada, cuando ya llevaba eso, una semana sin hablar con él. No sé bien si lo hizo devolviéndome una llamada perdida de unos minutos antes: le dije que no, que no acababa de llamarle...pero luego pensé que igual... Había llegado de la calle diez minutos antes, entré por la puerta directa al teléfono para llamar a mi madre, creo que di a 'marcar al último número' (que habría sido ella el día anterior), colgué y volví a llamar manualmente...al dudar si había sido la última llamada o si estaba llamando a la última recibida... Cuando hablé con él aseguré que no le había llamado...porque la verdad es que lo pensaba así. Luego dudé...
El sábado llamé yo. Pero no me atrevo a considerar que hablase con él. Fue una de esas llamadas que me hacen sentir que estoy hablando sola. Una forma de intentar alargar una conversación con alguien que no, que no tiene el menor interés en lo que le estás contando. Como tantas veces. Porque muchas veces he notado que si me dejaba hablar es porque estaba aprovechando para responder emails, sms... Y la verdad es que nunca me importó. Cuando estaba hablando con él y escuchaba que le 'entraba' un sms... le dejaba tiempo para que lo leyera y respondiese. De veras, nunca me importó. Y no me estaba dando cuenta de que a él tampoco. De que a él quien no le importaba era yo.

Aunque hubo un tiempo y no tan lejano... Un tiempo de 'te llamo ahora para que luego no se me haga muy tarde, que tengo cosas que hacer', cuando en una conversación anterior habíamos quedado en hablar y se adelantaba en llamarme antes de que yo lo hiciera. Muchas veces me cogía con el teléfono en la mano a punto de marcar.
Un tiempo que no tiene nada que ver con la realidad de casi el último año.

Le llamé..., el martes o el miércoles, no sé. No estaba. Le mando, siempre, un sms después preguntándole lo mismo que le pregunto cuando le llamo: cómo está. Sus respuestas son breves y cortantes. Cada vez más breves, cada vez más impersonales. En uno de esos sms justifiqué no insistir con la llamada que no había cogido y le dije que tenía fiebre.
No me ha preguntado nada al respecto.
Hace tiempo que a su cortés pregunta '¿cómo estás?' le respondo un 'aquí: hablando contigo'. Algo que en algún momento tenía algún tipo de matiz juguetón: 'aquí tumbada en el sofá', 'aquí, en la cama', 'aquí con una camiseta, que me acabo de duchar'... Pero la respuesta básica, 'aquí, hablando contigo' tiene un origen lógico. Es la respuesta al hecho de saber que le da igual lo que le vaya a contar. Es la reacción a lo que ya es costumbre: si intento contarle algo, difícilmente pasaré de la segunda frase. Siempre habrá algo más importante. Algo que le haya pasado a él, a alguien a quien conozca, cualquier anécdota aunque sea antigua..., qué más da. Por teléfono..., al menos tiene el recurso de fingir que me escucha mientras hace otra cosa. En persona..., en persona da igual. Hace mucho que no intento contarle nada. De hecho, ya ni siquiera se me ocurre que le pueda contar nada que a mí me preocupe, me importe... Nunca sería algo importante: ni siquiera trabajo en su empresa, qué va a importarle cualquier cosa relacionada conmigo...

Y no, ya no me molesta..., si es que me molestó en algún momento, que tampoco lo creo. Siempre me importó más él que cualquier cosa. Y por eso tantas veces me dejó con la incómoda sensación de estarle molestando, y por eso tantas primeras preguntas telefónicas de '¿te interrumpo en algo que estuvieses haciendo?', porque muchas veces pensé que sí. Que atender esas llamadas eran un acto de cortesía. Aunque luego fuesen monólogos de dos horas en que mi única intervención era asentir en el instante de silencio mientras encendía el siguiente cigarro...

A veces, estas últimas semanas, ha comentado que tiene la sensación de estar en una crisálida, convirtiéndose en otra cosa. Que no sabe qué va a salir de todo esto, qué va a ser él...
No: no son estas últimas semanas. Son muchos meses ya, aunque él no se haya dado cuenta.
No sé qué saldrá de esa crisálida que él menciona. Para mí hace muchos meses que empezó a convertirse en un desconocido. Cada día que pasa más lejos de mí.
Aunque yo le siga queriendo.

Una semana de vacaciones ya terminada. Otra por delante. Sin planes, porque ya no los hago. Porque llegará el próximo sábado y lo único que habrá pasado serán los días en el calendario. Y la única señal el que cada uno de esos días se habrá hecho de noche unos segundos antes que el anterior.
Sin más.

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...

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Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"



Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.


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