La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

20 Julio 2014

Domingo por la mañana.

Esta semana me ha tocado trabajar el sábado.
Realmente, no es todo el día: son cinco horas por la mañana, de diez a tres de la tarde. Y, comparado con el ritmo del resto de la semana, los sábados son un paseo. Si no abriéramos. tampoco pasaría nada, la verdad.
Y debería estar acostumbrada: durante muchos, pero muchos años, mi horario era 'de comercio, jornada partida' de lunes a sábado, librando sólo los domingos. Pero...
Pero no sé, imagino que era más joven, o estaba menos cansada de todo, o simplemente me gustaba lo que hacía. O veía que aquello era mi profesión y ese horario era lo normal. O..., la verdad es que tampoco estoy segura ni me voy a ponerle a dar vueltas: lo hacía y punto.
Esta semana me ha tocado trabajar el sábado. Y estoy cansada. Y mañana es lunes otra vez y me espera una semana muy larga. Porque me temo que, con media plantilla de vacaciones y tres embarazadas 'de baja' (dos por maternidad y otra por recomendación facultativa) me va a tocar echar horas. O sea, que no creo que salga a mi hora por las noches ni un solo día.

Me gustaría ahora mismo poder quedarme en casa. Escribir un rato, ordenar cosas, o no hacer absolutamente nada. Pero compromisos familiares me obligan a tener que hacer eso, vida familiar de domingo.
Me duele la espalda. Anoche me dolía mucho. Supongo que sumar mi sobrepeso a la incomodidad absoluta de las sillas de mi lugar de trabajo (nunca es la misma: da igual que una intente 'regularla': cada una es más incómoda que del anterior día) influirá.
Anoche me debí quedar dormida antes de las diez de la noche. No recuerdo más allá del telediario en el televisor. Cuando me desperté creía que sería bien entrada la madrugada..., pero eran las doce y diez cuando fui a la cocina a guardar algo que no se podía quedar fuera del frigorífico. Y me fui a la cama, aunque luego me costase conciliar el sueño, como era previsible.
Me quedé dormida en el sofá cuando aun, seguro, había luz solar en la calle..., pero de puro cansancio. Tras haber intentado hablar con él un par de veces: contestador automático. No, no era para nada concreto: le vi el viernes. Simplemente lo último que le dije es 'intento llamarte mañana'. Aun sabiendo ya que seguramente no estaría.
El teléfono se quedó en el brazo del sofá, junto al mando a distancia.

No me suelo maquillar: apenas un toque de rimmel en las pestañas, más por acordarme y no restregarme los ojos que por otra cosa, la verdad. Y también para así, cada noche, obligarme a lavarme la cara con jabón cosmético, agua desmaquillante, crema hidratante para dormir.
Esta mañana he visto que anoche dormí con el rimmel puesto, y que éste había avanzado alrededor de mis ojeras.

Sólo cuando él se ha quedado a dormir conmigo me he acostado sin desmaquillar. No, no por coquetería: a esas alturas de la noche la verdad es que parte del maquillaje ya tenía vida propia. Ni por la coquetería de que no me viese a 'cara lavada': también me ha visto así. Simplemente me quedaba dormida mirándole y no me desmaquillaba antes, ni lo hacía si me trasladaba al baño a medianoche o tras quedarse dormido él.

No sé. A veces me sorprendo pensando en cosas así de tontas....

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16 Julio 2014

"Escuela de calor" en la Costa Marrón.

"Arde la calle al sol de poniente..."
Sí: es el comienzo de la canción 'Escuela de calor' de Radio Futura. Que siempre se ha dicho que 'transcurre' en Madrid. Bueno, aunque no se hubiese dicho nunca a mí me quedaría claro que era Madrid: qué va a ser si no...

Hoy hemos pasado los 40ºC en Madrid. Y los 45ºC. Ahora mismo son las once y media, y el termómetro que tengo en el dormitorio marca 32ºC. Y en mi dormitorio, en esta época del año, no da el sol en todo el día.
Agobiante.
Me he lavado el pelo hará como una hora: está seco. Creo que en cuanto me quité la toalla con la que intento descargar un poco la cantidad de agua del pelo tras el lavado, ésta se ha empezado a evaporar. Ya digo: seco.

Con estas temperaturas, mi horario laboral es de lo más 'agradable'. Dar vueltas entre las tres y las cinco de la tarde en un municipio del extrarradio madrileño es, vamos, la ilusión de mi vida. Intentando ir por la sombra, eligiendo bancos bajo árboles lo más frondosos posible para leer un rato, con protección 50 en la piel...y ya me han preguntado varias veces que dónde he estado de vacaciones: me estoy poniendo morena. El morenito de veranear en la llamada 'Costa Marrón'. Sí, esa que está entre Leganés, Móstoles y Alcorcón (o Getafe-Fuenlabrada-Alcorcón, o cualquier variante de combinar dos municipios con Alcorcón, que rima con 'marrón', obviamente).

No creo que en mi trabajo llegue al viernes, soy realista. La presión de los últimos días, en un sitio que ya es un espanto, está siendo demencial. No lo voy a definir como 'insoportable' porque ya estoy curtida: en mi caso, venía curtidita de casa, digamos... No daré detalles porque no viene a cuento, pero es insufrible. Para muestra..., dos datos. Esta semana me toca trabajar el sábado, por lo que esas horas (cinco) me las puedo coger...a razón de una al día. Bien. Se supone que tendría que salir una hora antes. Ayer martes me dieron las nueve menos veinte (mi hora de salida eran las ocho): en vista de que a las ocho y veinte no había conseguido salir y que cojo el bus a esa hora y el siguiente pasa en veinte minutos..., casi hice tiempo repartiendo los correos electrónicos que nos llegan a la cuenta común. Sí, es el trabajo de mi coordinadora, pero... qué más da. Hoy tendría que haber salido a las siete de la tarde: he conseguido coger el bus de las ocho porque ha pasado dos minutos tarde y porque el semáforo estaba cerrado para el tráfico y he podido cruzar. Eran las siete y cincuenta y siete cuando salía por la puerta...
Da igual.

Podría escribir sobre otras cosas, sí. Pero igual el tema volvía a ser eso..., monotemático.
Sigo muy preocupada por él.
E, incluso en noches agobiantes como sé que será la que me espera hoy, le echo mucho de menos.

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12 Julio 2014

Trabajo-mentira.

Nos lo vendieron muy bien. De hecho, creo que es lo único que han hecho bien en todos estos meses.

No era exactamente un trabajo de teleoperadora, porque el sitio no era un callcenter. Esto, más que decírnoslo tal cual así en la primera entrevista (que fue telefónica) más o menos nos lo hacían deducir. Hablo en plural porque luego me he dado cuenta de que a todas nos contaron lo mismo. Nos vendieron lo mismo.

Era un contrato a tiempo parcial, de 35 horas a la semana. Gran parte de las ofertas en portales de búsqueda de empleo, para televenta, eran de jornadas también parciales, de 30 horas en muchos casos. Treinta y cinco, por tanto, era casi jornada completa. El sueldo que nos ofertaban en este caso era el mismo que para jornada completa en telemáketing: unos 940,-€ brutos al mes. Con una particularidad: sería por catorce pagas. En aquella primera entrevista insistí: ¿940 por catorce... o el resultado de multiplicar esa cantidad por doce meses y dividirlo en catorce pagas? No: por catorce. O sea: trabajando 35 horas cobraría lo mismo que trabajando 39 en otro sitio. Un sueldo de supervivencia (con los descuentos se quedaría en unos 830,-€ al mes) pero al menos la oferta se podía considerar...
Tras la larga entrevista telefónica, donde (currículum en mano o en pantalla, lo había mandado previamente como respuesta a un anuncio en internet) repasaron mi trayectoria, haciendo hincapié en mi experiencia como comercial telefónico en el mundo del seguro, se fijó la entrevista personal.
Donde se volvió a recalcar que no era un empleo de teleoperadora..., pero sí consistía en vender por teléfono.
La empresa era una correduría de seguros y el departamento en el que trabajaría, el de televenta. Daban soporte telefónico a uno de esos 'comparadores' que se anuncian en televisión. Esos que te 'buscan' el mejor precio para el seguro del coche, de la casa..., sí, uno de ésos. Bueno: varios de ésos, porque aparte de los que se anuncian en la tele hay más. Como una docena en total, aunque no se anuncien.

Como digo, nos lo vendieron muy bien. Resulta que íbamos a recibir llamadas de clientes a priori interesados (hacían el cálculo en internet y nos llamaban para contratar. Sin más), y eso era el equivalente a que nos dieran dos terceras partes del trabajo hecho. Yo venía de 'vender' por teléfono casi a 'puerta fría': llamar a cliente que no habían pedido información para venderles un seguro que ni necesitaban ni por el que se habían interesado siquiera. Y vendérselo al final. Así que si me daban ya los clientes interesados, yo, con mis resultados habituales, pues...
En la entrevista telefónica se mencionó que había incentivos. En la oferta en internet se hablaba de 'sueldo fijo y altas comisiones y beneficios sociales: seguro de vida y otros'. Para el ramo que necesitaban personal era para el de seguros de salud. En el sector del telemárketing siempre había escuchado que las compañías de salud pagan muy bien.... Por lo que lo de 'altas comisiones' era perfectamente creíble.
La persona que me entrevistó (la entrevista fue individual. Y rara, la verdad) insistió en aquello: aquí los comerciales llegan a duplicar el sueldo con los incentivos. Y en los meses fuertes, hasta a triplicarlo.
Yo venía de eso: de triplicar el sueldo a base de incentivos, ¿cómo iba a no creérmelo?

Había diferentes turnos de trabajo. Para los que necesitaban cubrir plazas eran para el de tarde (de las tres a las diez de la noche) y para uno que denominó 'flexible' y que no era sino un turno partido. Obviamente, prefería el intensivo..., pero como necesitaba trabajar, no iba a descartar la segunda opción. Esa segunda opción, según se me explicó, implicaba tener la tarde del viernes libre. Entre semana trabajabas con horario partido de comercio... y el viernes por la tarde te ibas a las tres a casa. Pensé que también era una opción a valorar: si el horario partido me daba dos horas y media, tres, a mediodía para comer...hasta me podía dar tiempo a ir a casa. Y lo de librar los viernes por la tarde..., sonaba tentador. No descarté por tanto eso que llamaban 'horario flexible'.
Se trabajaba un sábado al mes. Por mi parte, nada que objetar. En este sector, cuando se trabaja un sábado o un domingo, ése día se coge entre semana. Y, además, se paga un poco más.
Sin pedir explicación, me la dieron: se trabaja un sábado al mes y luego se puede elegir entre cogerse ese día entre semana, acumularlo para las vacaciones, que te paguen esas horas aparte... También se trabajaban los festivos locales en las mismas condiciones. Y yo me dije para mí: si puedo elegir, que me los paguen aparte.
Durante muchos años trabajé sábados sin compensación de días ni cobro aparte. Igual me pasaba con muchos festivos. Y entonces no necesitaba tanto, pero tanto, el dinero. Si ahora me daban a elegir, mejor cobrarlos.
Se entraba con un contrato de tres meses (con su periodo de prueba, claro, que supuse de un mes) y, pasados esos tres meses, otro contrato de nueve, para completar el año. Y, a partir de ahí, contrato indefinido.
También durante muchos años tuve contrato indefinido. Y durante otros he trabajado con 'contratos de obra y servicio'. Y hasta sin contrato ni Seguridad Social. En ese noviembre del año pasado yo lo que necesitaba era trabajar y ya mismo: me quedaban apenas dos meses de paro por cobrar.
Conozco mi valía profesional: si entraba, de lo demás ya me encargaría yo. Conseguir doblar el sueldo en comisiones, pasar periodos de prueba y renovaciones...
De veras: nos lo vendieron muy bien.

Todas, luego lo he sabido, salimos de aquella primera entrevista 'personal' con la idea-deseo de 'joer, ojalá me llamen'. Porque todo lo que estábamos viendo como 'ofertas de empleo' empeoraban lo que nos acababan de ofrecer. Porque era trabajar en un servicio de recepción telefónica para comercializar seguros de salud, apoyados por una campaña televisiva con anuncios en primetime, con un sueldo fijo razonable para el sector, con incentivos elevados. Y cerca de casa. Porque una rareza del anuncio es que indicaba que uno de los requisitos era vivir en el municipio donde estaba la empresa o en los colindantes. O sea, que era una empresa que, además, quería crear empleo en la zona donde estaba radicada. También deduje que podía ser por aquello que llamaban 'turno flexible': así los empleados tenían tiempo de ir a comer a casa, si querían. Aunque en los callcenters siempre hay un office, un lugar donde poder comer...

Sí: nos lo vendieron muy bien. Pero que muy bien....
No sé quien les prepararía aquel guión. El guión que contaba una gran mentira donde nada, absolutamente nada de lo prometido era verdad... Pero cuando algo te lo venden tan bien y, además, necesitas algo como lo que te están 'vendiendo', lo único que quieres es comprarlo.
Y en aquel comienzo de noviembre, obviamente, no podíamos saber que la verdad no tendría nada que ver con lo que nos estaban contando.

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12 Julio 2014

Once de julio.

Es muy difícil. Sigue siendo muy difícil. Y duele. Sigue doliendo.
Me es muy difícil estar a su lado y no tocarle. Que pasen días sin hablar con él.
Sé que el futuro es eso, es ése. Que cada vez habrá menos, porque es demasiado evidente que cada día hay menos. Y no es sólo este último mes, estos últimos dos meses: son muchas semanas de evidente alejamiento por su parte.
A veces pienso que no sé qué hacer para que las cosas sean de otro modo. Luego me doy cuenta de que no puedo hacer nada: las cosas son así y ya está. No puedo cambiar lo que no he decidido, no puedo arreglar lo que está roto y no sé en qué momento se rompió, pero que ya no tiene arreglo.

Estoy a su lado y me tengo que recordar que no le gusta que le toquen para eso, para no hacerlo. Y cuando ese argumento no me sirve, tengo que recordarme que es mucho más simple: me recuerdo a mi misma que no le gusto. Y ya está.
Porque eso sí me sirve. Porque hace muchos meses que me es evidente, que no sólo son neuras ni imaginaciones mías.
Me basta con estar a su lado para saber que le quiero y para saber que ni siquiera le gusto. E imagino que si sigo mirando hacia atrás, si miro y veo de verdad, veré que en realidad nunca le gusté.
Y ni siquiera me resulta extraño.

La primera vez que pasé más de..., no sé, tres semanas, sin verle y sin posibilidades de quedar siquiera para tomar café fue hace año y medio. Hablábamos, hablábamos durante horas, pero era complicado vernos. Antes de ese momento, las semanas anteriores, habíamos quedado tres o cuatro veces para tomar café, para charlar un rato. El había vuelto a trabajar, mi empresa había trasladado mi lugar de trabajo: curiosamente, 'compartíamos' línea de metro. Quedábamos en el punto donde él hacía trasbordo y estábamos un rato junto. Simplemente. De pronto, sus circunstancias familiares complicaron su rutina diaria y..., en fin...
En aquellos días es cuando le dije, en cierto modo con un punto como de juego, de broma, que al final iba a tener que irle a esperar al trabajo para poderle ver. Me respondió que no tenía tiempo, que se tenía que ir directamente a su casa. Y yo rebatí: no, simplemente le acompañaría en el metro...
Sonaba un tanto absurdo, la verdad. Hasta ese momento, quedábamos para tomar café alguna tarde, o simplemente para charlar en un banco en la calle. La idea de, si no quedaba otro remedio, tener que ir a esperarle a la puerta de su trabajo para verle..., pues eso: tenía ese punto casi de juego, de absurdo...
Desde hace meses es lo que hago para verle.
No, no me acerco hasta la puerta de su trabajo. Le espero en la estación de metro, a veces y este invierno, dentro de la propia estación. Luego, ya en la calle, en un banco cualquiera.
Es la única forma de, al menos, verle un rato.
No me acerco a la puerta de su trabajo, nunca me acercaré. No, no es por mí. No es por si me encuentro con algún conocido (hay muchas posibilidades. No he trabajado allí..., pero sí en esa empresa, que trasladó hace meses a su personal desde el centro donde yo trabajé y donde le conocí a donde él trabaja ahora), sino por él.
Un sentimiento que siempre he tenido. Un miedo extraño a que alguien conocido por los dos le vean conmigo y... Y no pasaría nada si de veras yo hubiese pensado que entre nosotros realmente había una relación sentimental, pero sabía que no había nada. Y...
Y ya me había 'negado' otras veces, en realidad. Eso..., y otras cosas. Pero ahora no quiero hablar de eso, no quiero pensar en eso.

Ya me da igual si me ven con él. Una de las ventajas de mi evidente y progresivo y galopante deterioro físico es que ya da igual. Que si le ven conmigo nadie va a imaginarse que yo pueda ser otra cosa que una simple conocida que 'pasaba por allí'. Nadie va a pensar que pueda tener algo conmigo. Nadie que le conozca va a achacarle tan mal gusto.
Nadie va a ver otra cosa que lo que hay y lo que soy. Lo que he sido siempre.
Alguien, como ha respondido cuando alguna conocida común le ha preguntado por mí, con quien hablaba alguna vez. En realidad eso es lo que pensó siempre sobre mí: alguien con quien hablaba de vez en cuando. Alguna vez, incluso en la cama. Aunque eso nunca lo diría.

No, no voy a acercarme a esperarle a la puerta de su trabajo. Pero ya me da igual si alguien me ve con él.
En realidad, sé que cualquier día me dirá que no vaya esa tarde, porque no va a estar. O que yo, cualquier otro, descubra que esa tarde no he ido, que no le he avisado de que estaba en Madrid, como hago ahora.

Pero aun no. Aun no soy capaz de dejar de verle.
Es muy difícil no tocarle, no besarle más allá de la cordialidad. Ser simplemente correcta y despedirme hasta la próxima llamada o el próximo recorrido en metro, cuando lo que de veras quisiera es traérmelo conmigo, meterle en mi cama, abrazarme a él hasta que se quede dormido y dejarle dormir. Y simplemente mirarle mientras duerme.
Y en vez de eso, despedirme de él casi como una desconocida, sabiendo que no puede ser. Que ya no será.

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9 Julio 2014

Días raros.

Hay días raros. Incluso muy raros. Y hoy ha sido uno de ellos.
Día en que la mitad de las cosas no tenían ni pies ni cabeza, y el resto no tenían sentido. Acumulación de pequeñas situaciones absurdas, la mayoría difíciles de explicar de un modo comprensible.
Vamos, que al final hasta que Brasil haya perdido por siete goles a uno en 'SU' mundial de futbol es casi, casi, normal... visto lo visto y vivido lo vivido hoy.

Intentaré escribir en otro momento. Estoy demasiado cansada y, además, llevo dos o tres días temiéndome que pueda estar incubando algo...

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4 Julio 2014

Heridas.

Esta mañana me clavé un cristal en la planta del pie izquierdo.
Era un resto de un tarrito de yogur. Anoche, al sacar el pack del frigorífico, uno decidió que no iba a permitir ser comido ni volver a la balda donde estaba...y se desprendió del cartón que le unía a su mellizo. No me dio tiempo a intentar parar la caída. Añicos de cristal entre yogur natural deshecho. Lo recogí todo bien con el propio cartón, con papel de cocina. Limpié bien cualquier resto.
O eso creía.
Suelo andar descalza, sobre todo en verano. En invierno uso calcetines. Sólo cuando salgo de la ducha empleo unas zapatillas. Sé que ir descalza en la cocina tiene sus riesgos: cualquier día me voy a electrocutar al abrir la nevera, alguna vez he resbalado en una gota de agua demasiado grande escapada de la regadera de los geráneos y he tenido que agarrarme a la puerta para no romperme algo. Pero no escarmiento: suelo ir descalza.
Y por eso esta mañana me he clavado el único trocito de cristal que sobrevivió a mi minucioso repaso, anoche, de recogida de cristalitos. Estaba en el otro extremo de la cocina, junto al fregadero, trasparente, mimetizado con las baldosas de serigrafía del suelo.
Nada grave: arrancarlo de un tirón, ir a buscar el alcohol (que por una vez estaba en su sitio: el botiquín del baño), ir luego a por algodón (que no estaba en el botiquín del baño, sino en el mueble del comedor donde habitualmente suele estar el alcohol), desplazarme cojeando para no manchar nada de sangre. Ya digo: poca cosa.

No me duele. Creo que no me ha dolido en ningún momento.
Creo que me estoy inmunizando ante algunas cosas.
Nunca he soportado el calor: este año me da igual. Hasta duermo tapada con la sábana de satén. Con la ventana abierta, pero tapada. Aunque tampoco siento frío.
Hace unas semanas me di cuenta de que no me importa si me salpica el aceite hirviendo al cocinar: simplemente chupo ese aceite y sigo. Hace unos día me quemé con la cafetera italiana: puse el dedo bajo el grifo y seguí con mi rutina. Ahí sigue la marca oscura, lo que luego será cicatriz.

Y hay otras cosas.
Creo que el cuerpo, mi cuerpo, se está acostumbrando a no sentir.

Mi entorno laboral es tan desagradable, tan incómodo también físicamente, y no puedo hacer nada para cambiarlo..., que me debo estar acostumbrando. Durante semanas me dolió la espalda de una manera insoportable...y me negué a tomar analgésicos. Sigue doliendo, noto las contracturas... pero ya ni me acuerdo. Cada vez veo peor, pero también a eso me estoy acostumbrando, a deducir las palabras, a forzar la vista si son números...

Y no sólo es algo físico, lo sé.

Estas últimas semanas han sido tantos los momentos de faltarme el aire, de pasarlo mal y no poder hacer nada para evitarlo, es más, tener que ocultarlo al mundo porque hay cosas de las que no puedo hablar...porque no existen, oficialmente no existen, que igual el cuerpo se está convirtiendo en caparazón y me estoy endureciendo por fuera. Aun más, que siempre fui fuerte, muy fuerte.
Pero ahora veo las reacciones, veo las sensaciones. O mejor dicho: no las veo. Sólo veo como se me endurece la piel por fuera. Aunque cada vez me cicatricen peor las heridas, aunque nunca en mi vida haya tenido la piel tan mal: es esa insensibilización extraña que estoy notando, ese no querer pararme a pensar, ese no recrearme en el dolor físico. Sentirme insensible.

E igual también por dentro. Aunque eso tardaré más tiempo en poder constatarlo. Porque no hay quemaduras de aceite ni cristales traicioneros que se claven en el alma y se vean los resultados. Pero yo conozco las heridas.
Y, de momento, ésas no dejan de doler.

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3 Julio 2014

Abril. Y las cosas que ya no serán.

En esas cuentas en el fondo absurdas que todos hacemos, siempre pensaré que he estado tres años y medio, a veces pensaré que cuatro, con él.
Porque no sabría qué fecha ponerle como 'comienzo', qué fecha exacta. Pero sí que yo he estado con él. Que yo sí me tomé todo esto en serio..., todo lo 'en serio' que me tomo mis sentimientos. Y que no ha habido nadie más. No lo había cuando le conocí, no había nadie más, ni siquiera en mis deseos más ocultos: en esos días "M" estaba ya lejos..., y lo que hubo después..., en realidad sólo fueron deseos.
Y cuando él llegó a mi vida, después de llegar él, no ha habido nadie más, ni siquiera como eso..., fantasías, deseos. Y hoy, que empiezo a asimilar de verdad que ya se ha terminado, tampoco lo hay.
Ni creo que vaya a haber nadie más, nunca más.

Me di como fecha de 'comienzo' la primera noche que pasó a mi lado. Supongo que también porque hasta ese momento ni siquiera me había besado. Ni siquiera me lo había propuesto o lo había intentado, en realidad. Durante meses 'lo nuestro' fue una especie de noviazgo de ésos antiguos: encuentros a la luz del día y en sitios públicos, conversaciones..., muchas conversaciones que ya no eran inocentes. No, no eran las conversaciones amistosas 'convencionales'. Había algo más.
Había ese algo que terminó por desembocar en..., en fin, da igual.

Han pasado tres años y medio desde aquella noche. Pero a veces miro hacia más atrás..., y veo que en el verano del 2010 yo ya estaba con él. En aquellas tardes de viernes en que planeábamos que se vendría conmigo a dormir, algo que empezó casi como una broma y que de pronto vi que era un plan, que lo estábamos planeando juntos semana a semana, conversación tras conversación. Que planificábamos y cancelábamos. Que planificaba a la vez que hacía tiempo, tomando café a mi lado, para irse esa noche con otra. Y a mí hasta eso me parecía normal: en realidad, no había nada entre nosotros. En realidad lo raro habría sido que él no estuviese con otras, con otra.

He pasado con él los últimos cuatro años. Realmente, yo sigo con él.
Pero igual que sé que realmente hasta que no pasó aquella noche de viernes a sábado de enero conmigo, hasta que no despertó a mi lado, no llegué de veras a creerme que aquello podía pasar..., sé ahora que ya está. Que se ha terminado.
Y me duele. Claro que me duele.
Pero no más que me ha ido doliendo saber que para él nunca fue importante. Ni siquiera mínimamente. Que para él nunca fue nada.
Un día me dijo, como una especie de halago, que yo para él no era como cualquiera de las tías con quien podía enrollarse una noche y al día siguiente ni acordarse de cómo se llamaba. Tardé en entender, en entender de verdad, que para él decirme eso era eso, un halago. Supongo que porque en realidad nunca fui más que cualquiera de esas mujeres sin nombre ni importancia. No lo era en ese momento ni lo fui antes ni lo he sido después.
Al menos de algo puedo estar segura: ni lo seré nunca.

Durante estos cuatro años he ido entendiendo las cosas, muchas cosas. En esta relación que ha sido un kaleidoscopio: de pronto algo giraba mínimamente... y la imagen ya no tenía nada que ver con lo que había sido hasta ese momento. Las piezas eran las mismas, pero el resultado era otro. Y mi lógica decía entonces eso: las mismas piezas, las cosas ya eran así antes aunque yo las viera de otro modo. Y costaba, pero me adaptaba.
Hasta el siguiente giro.

Una noche, hace un año, empezó a explicarme que en su vida había otras. No hablaba en pasado. Y aunque lo hubiera hecho, yo sabría que no era pasado. Había otras, siempre las hubo. Y que a cada una nos quería para una cosa en concreto.
No, no estaba hablando de sentimientos. Hablaba de sexo. Hablábamos de sexo.
Yo a esas alturas ya estaba dispuesta a aceptar cualquier cosa. Ya había aceptado no ser la única, ya había aceptado no tener ni siquiera nombre en su mundo real.
Supongo que aquella conversación me habrá servido para asumir lo que hay ahora. Y me sirvió para entender porqué entre nosotros tampoco pasaban algunas cosas. Y sí: también estoy hablando de sexo.
Ya da igual.

La última noche que pasamos juntos hubo planes, esos planes que siempre fueron aplazamientos. Aplazamientos para días más tarde. No era la primera vez que aplazábamos algunas cosas, cosas a las que en realidad tampoco di nunca importancia. Cuando estaba con él no planificaba nada, no había guiones, nada de lo que hiciera estaba planificado. Disfrutaba de cada momento sin más.
Aquella noche..., no sé. Bueno, claro que lo sé..., pero no le importa a nadie.

El plan era abril, el aplazamiento era abril.
Y yo supe que no pasaría, que aquella era la última oportunidad. Que me estaba confirmando en la práctica lo que ya sabía, lo que me había dicho meses atrás: a cada una nos quería para una cosa en concreto. Y yo ya sabía para qué no le servía yo: daban igual los aplazamientos.
Abril nunca llegaría.

Hoy ya da igual.

Yo no puedo dejar de quererle de la noche a la mañana. Él no me ha querido nunca, en realidad ni siquiera tengo claro hoy con quién he estado todo este tiempo, porque nunca confió de verdad en mí. Esa fue la gran diferencia: para mi durante estos años nadie ha sido más importante que él, pero yo para él no existía. Por eso en su realidad nunca tuve ni nombre. Nunca fui más que cualquier desconocida con quien tener sexo sin que importase aquello: ni cómo se llamaba.
Pero yo no voy a dejar de quererle de la noche a la mañana. Aunque sepa todo esto, no puedo dejar de quererle.
Aunque el tiempo y el juego hayan terminado. Aunque ya sólo pueda pensar en pasado.
Abril no existió. Y algunas cosas ya nunca pasarán.

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30 Junio 2014

29 de junio.

Pues nada: lacocte se ha tragado mi último post.
Y no me apetece volver a escribirlo.

Asquito de mes, de año, de vida, de todo...

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Sobre mí

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Diario de una vampiresa en paro

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...

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INTERNET no significa, en ningún idioma, IMPUNIDAD.

Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"



Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.


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