La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

20 Agosto 2014

Días cada vez más cortos.

Semana rara.
Los días cada vez  son más cortos. Bueno, no: son igual de largos, igual de tediosos. El ser 'cada día más cortos' no deja de ser una frase hecha: significa que cada día anochece antes.

Las jornadas laborales están siendo agotadoras. No paro un instante. No tengo tiempo ni para ir al baño: tampoco esto es una frase hecha. Pero ya sé que no parar un instante de trabajar no se traduce en tener más ingresos, en superar el sueldo de supervivencia que es mi nómina. Y lo peor es que me estoy acostumbrando a eso.

Me gustaría hablar de otras cosas. Pero como suele pasarme en estos casos y a estas horas (la una de la madrugada) estoy muy cansada. Sobre todo para escribir. Incluso para pensar.

Aun ando asimilando algunas cosas, algunas palabras, algunas sensaciones. Pero..., pero eso será otro post.

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18 Agosto 2014

Diecisiete de agosto.

Mañana vuelvo a la rutina laboral. Nunca había tenido tan pocas ganas de regresar al trabajo tras unas vacaciones.
No sé qué me voy a encontrar, además del cúmulo de despropósitos que sé que es esa empresa. No quiero volver, pero no me queda otro remedio. También lo sé.

Las últimas horas han sido...digamos que especiales. Muy especiales. Como siempre que estoy con él, tengo muy recientes algunas sensaciones. Sigo sintiendo.
Y como siempre que ha dormido conmigo, no he cambiado las sábanas ni voy a hacerlo. Y sé que aunque tampoco lo haga conscientemente, voy a buscar encontrármelo en mis sueños. Porque siempre queda algo de su presencia, algo del olor de su cuerpo y ese algo dormirá conmigo esta noche tras él.

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13 Agosto 2014

Doce de agosto.

Yo sólo quiero verle bien.
Me sienta bien verle, escucharle. Bueno: no siempre. Cuando no está bien lo noto. Sé que sigue sin estar bien: por teléfono puede jugar con la voz e intentar hacerme creer otra cosa, en un sms ni le veo ni le escucho. Pero lo noto. Y cuando le tengo cerca ya si que no hay fingimientos que valgan.
Sé que sigue sin estar bien, pero le noto mejor.
Probablemente haya razones que desconozco, ilusiones ajenas a mí que le estén ayudando. Me da igual lo que sea: si le sienta bien, si ayuda a que mejore, me vale todo.

Creo que llevaba veinte días sin verle. A decir verdad, no lo llevo por cuenta, no lo he llevado nunca, ni cuando me acuerdo perfectamente.
Verle me hace bien. Aunque sepa que nunca seré para él lo que él es para mí.
Yo sólo quiero que esté bien.

Tags: j a, agosto, calor, madrid, 2014

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11 Agosto 2014

Extrañamente, quizás.

Extrañamente, más tranquila.
La sensación es exactamente ésa: la de sentirme más tranquila, pero sentirme a la vez extraña por esa misma sensación.
Ayer sábado estuve hablando con él. Conversación larga: me llamó. Y..., eso: más tranquila. Quizá porque también le percibí así al otro lado del teléfono. Más..., no sé si 'tranquilo' es exactamente el término. Probablemente más centrado. O menos hostil. Porque probablemente él no lo note, o sí pero le dé exactamente igual, pero cada día estaba más hostil. Más 'a la defensiva' ante cualquier cosa. Sensación también física al estar a su lado.

No sé. Pensar que pueda estar mejorando, mejorando de verdad, me tranquiliza. Al margen de lo que eso pueda significar en mi relación con él. Que esté mejor, siempre, me hace sentirme mejor a mí.
Sé que hay cicatrices que no cierran tan fácilmente. Sé que hay heridas que no dejan de doler y que sangran al menor roce. Y aunque él piense que no, aunque sé que me lo discutiría...sé cómo se siente. Y no, no tiene que ver con experiencias similares..., no tiene nada que ver con eso.
Simplemente le quiero.

Avanzando hacia la mitad del mes de agosto, hacia el final de mis cortas y desaprovechadas vacaciones. Pero aliviada simplemente por su tono de voz.
Extrañamente, quizás.

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9 Agosto 2014

09/08/14. Ecuador de las vacaciones.

Una semana de vacaciones. Sin aprovechar en lo más mínimo el tiempo, por descontado y como casi más que 'temérmelo', suponía.

No he hecho nada. Ni para bien ni para mal. Nada. Bueno, algún trámite tan rutinario como inevitable: solicitar la nueva tarjeta de transporte público de Madrid (con la consiguiente necesidad de hacerme fotos: no recuerdo cuantos años haría que no me tomaba fotos en un fotomatón...pero que son más de treinta, seguro), rematricularme en una autoescuela para, la próxima semana, dar cuatro o cinco clases y volver por tanto a conducir. Es un lujo que no me puedo permitir: dar esas clases, volver a mantener el coche (en realidad, salvo la gasolina y alguna revisión en el taller... este tiempo he seguido pagándolo yo todo: seguro, itv...), pero que no me queda más remedio que hacer. La otra opción era vender el coche..., y, no sé, es como si algo en mí me dijese que no lo haga. Ya sabré algún día porqué...

Sigo estando muy cansada. Esta semana seguro que, además, he ganado algún kilo de peso: comer mal o más de la cuenta o cosas que podíamos considerar 'basura': chucherías para quitarme el hambre cuando recuerdo que no he comido. Debería haberme dado el bañito de color en el pelo para tapar las canas..., pero hace tanto calor, tanto, y yo tengo tan pocas ganas de todo, que... La semana que viene lo haré, qué remedio. Es ese mínimo de coquetería que aún no me ha abandonado, supongo.

Me da todo una pereza atroz. El calor me lo da. Y esta semana está haciendo un calor horroroso.

El miércoles tenía aun fiebre. El jueves ya no. Luego no he vuelto a comprobarlo.

Tengo frente a mí la mesa de centro del comedor... y es un caos absoluto. Papeles, cremas hidratantes, pendientes y anillos, esmaltes de uñas, bolígrafos y rotuladores, una botella de alcohol, papeles varios, envoltorios, el resto de un talonario de cheques, dos o tres gafas de sol, cámara de fotos, cables y cargadores, tijeras, portarrollos de celo, bolsas de papel, restos de papel de regalo, un imán de nevera y el pegamento instantáneo con que lo arreglé, dos botellas de agua pequeñas vacías, algún recorte de fotocopia de dni... Algunas de estas cosas llevan semanas encima de la mesa. Debajo hay restos de catálogos comerciales, de periódicos gratuitos o revistas dominicales...
El caos.
Sé que debería traer una bolsa de basura y otra del híper para en una ir tirando cosas y en la otra meter el papel y bajar al contenedor. Pero...

Estoy cansada. Y desganada.

Llevo más de una semana sin hablar con él.
Me llamó el jueves de la semana pasada, cuando ya llevaba eso, una semana sin hablar con él. No sé bien si lo hizo devolviéndome una llamada perdida de unos minutos antes: le dije que no, que no acababa de llamarle...pero luego pensé que igual... Había llegado de la calle diez minutos antes, entré por la puerta directa al teléfono para llamar a mi madre, creo que di a 'marcar al último número' (que habría sido ella el día anterior), colgué y volví a llamar manualmente...al dudar si había sido la última llamada o si estaba llamando a la última recibida... Cuando hablé con él aseguré que no le había llamado...porque la verdad es que lo pensaba así. Luego dudé...
El sábado llamé yo. Pero no me atrevo a considerar que hablase con él. Fue una de esas llamadas que me hacen sentir que estoy hablando sola. Una forma de intentar alargar una conversación con alguien que no, que no tiene el menor interés en lo que le estás contando. Como tantas veces. Porque muchas veces he notado que si me dejaba hablar es porque estaba aprovechando para responder emails, sms... Y la verdad es que nunca me importó. Cuando estaba hablando con él y escuchaba que le 'entraba' un sms... le dejaba tiempo para que lo leyera y respondiese. De veras, nunca me importó. Y no me estaba dando cuenta de que a él tampoco. De que a él quien no le importaba era yo.

Aunque hubo un tiempo y no tan lejano... Un tiempo de 'te llamo ahora para que luego no se me haga muy tarde, que tengo cosas que hacer', cuando en una conversación anterior habíamos quedado en hablar y se adelantaba en llamarme antes de que yo lo hiciera. Muchas veces me cogía con el teléfono en la mano a punto de marcar.
Un tiempo que no tiene nada que ver con la realidad de casi el último año.

Le llamé..., el martes o el miércoles, no sé. No estaba. Le mando, siempre, un sms después preguntándole lo mismo que le pregunto cuando le llamo: cómo está. Sus respuestas son breves y cortantes. Cada vez más breves, cada vez más impersonales. En uno de esos sms justifiqué no insistir con la llamada que no había cogido y le dije que tenía fiebre.
No me ha preguntado nada al respecto.
Hace tiempo que a su cortés pregunta '¿cómo estás?' le respondo un 'aquí: hablando contigo'. Algo que en algún momento tenía algún tipo de matiz juguetón: 'aquí tumbada en el sofá', 'aquí, en la cama', 'aquí con una camiseta, que me acabo de duchar'... Pero la respuesta básica, 'aquí, hablando contigo' tiene un origen lógico. Es la respuesta al hecho de saber que le da igual lo que le vaya a contar. Es la reacción a lo que ya es costumbre: si intento contarle algo, difícilmente pasaré de la segunda frase. Siempre habrá algo más importante. Algo que le haya pasado a él, a alguien a quien conozca, cualquier anécdota aunque sea antigua..., qué más da. Por teléfono..., al menos tiene el recurso de fingir que me escucha mientras hace otra cosa. En persona..., en persona da igual. Hace mucho que no intento contarle nada. De hecho, ya ni siquiera se me ocurre que le pueda contar nada que a mí me preocupe, me importe... Nunca sería algo importante: ni siquiera trabajo en su empresa, qué va a importarle cualquier cosa relacionada conmigo...

Y no, ya no me molesta..., si es que me molestó en algún momento, que tampoco lo creo. Siempre me importó más él que cualquier cosa. Y por eso tantas veces me dejó con la incómoda sensación de estarle molestando, y por eso tantas primeras preguntas telefónicas de '¿te interrumpo en algo que estuvieses haciendo?', porque muchas veces pensé que sí. Que atender esas llamadas eran un acto de cortesía. Aunque luego fuesen monólogos de dos horas en que mi única intervención era asentir en el instante de silencio mientras encendía el siguiente cigarro...

A veces, estas últimas semanas, ha comentado que tiene la sensación de estar en una crisálida, convirtiéndose en otra cosa. Que no sabe qué va a salir de todo esto, qué va a ser él...
No: no son estas últimas semanas. Son muchos meses ya, aunque él no se haya dado cuenta.
No sé qué saldrá de esa crisálida que él menciona. Para mí hace muchos meses que empezó a convertirse en un desconocido. Cada día que pasa más lejos de mí.
Aunque yo le siga queriendo.

Una semana de vacaciones ya terminada. Otra por delante. Sin planes, porque ya no los hago. Porque llegará el próximo sábado y lo único que habrá pasado serán los días en el calendario. Y la única señal el que cada uno de esos días se habrá hecho de noche unos segundos antes que el anterior.
Sin más.

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7 Agosto 2014

Seis de agosto.

Anoche tenía fiebre. Nada preocupante, unas décimas: creo que no llegué a los treinta y ocho grados.
Nada preocupante más allá de que la fiebre siempre debería ser preocupante: es la señal de algo, de que algo no va bien. Quizá por eso decidí que no iba  a preocuparme: hace tiempo que sé que hay cosas que no van como deberían ir.

Me duele la espalda. A ratos, de un modo insoportable, hasta darme ganas de llorar.
Hacía tiempo que no me dolía la espalda, no de este modo. Sé que eso y los brotes de acné como si volviera a tener quince años y que el pelo se me caiga a mechones no son sino síntomas de estrés. Y también sé que lo incómodo del mobiliario de mi lugar de trabajo, las muchas horas sin moverme de la silla, el estar cada día en una diferente, el que no haya reposapiés..., influye. Supongo que toda mi espalda debe ser una contractura, pero eso también es algo que no puedo ni evitar ni solucionar. No me alcanzan los brazos ni tengo el tiempo necesario para intentar masajearla. Y no tengo quien lo haga por mí.

Me canso incluso dando paseos. Suelo andar a una cierta velocidad, y estos últimos días he visto que voy muy despacio. El otro día tenía la sensación de ir corriendo en sueños, agarrándome a los sitios para ir avanzando y sin apenas moverme del sitio... No, no iba agarrándome a ningún lado, pero la sensación de cansancio era ésa. Como de ir escalando un muro, pero que éste no fuese sino el camino llano, la acera, por la que iba andando.
Creo que hay noches en que sueño eso, que corro sin moverme del sitio. Tengo como muy reciente esa sensación de agarrarme a cosas para impulsarme y avanzar un poco más para conseguir llegar a donde no tengo otro remedio que ir. Igual por eso mi sensación del otro día en ese paseo lento en que me dolían tanto las piernas...

Ya no puedo dormir si no me aplico antes un inhalador nasal. Me ahogo.
Mis plantas son atacadas de forma sistemática por una voraces orugas que luego se convierten en unos bichos bastante desagradables, tras haberse comido las hojas y haberse reproducido en cientos de orugas más. Intentando salvar mis plantas tiro de insecticida...olvidando que soy alérgica a los insecticidas. El que los compre 'sin olor' facilitan que no me maree con simplemente quitar el tampón, pero también contribuye a que, al no olerlos, se me olvide mi alergia. Pero mi cuerpo no lo olvida... De madrugada tuve un ataque de asma.
A ratos tengo taquicardias. Son unos minutos. Hace años descubrí que tenía que ver con el consumo de determinados alimentos especialmente grasos, animales, y dejé de consumirlos. El no comer en casa materna la verdad es que algo favoreció mi salud, siquiera por eso, por no tener que combinar el 'en el plato no se deja nada' con días de 'hoy estamos a régimen' y terminar comiendo cualquier chuchería a deshoras.

Estoy de vacaciones. Desaprovechándolas, para no perder la costumbre.
Decidí dedicarme un poco estos días. Volver a las cremas hidratantes corporales, a los baños largos, a las exfoliantes. Combinar el hecho de no tener que vivir en el ambiente malsano laboral en que llevo meses con el tener ese poco de tiempo para mí.
Seguramente no haré nada. He vuelto a comprar una hidratante especial para el pecho: en verano no llevo sujetador si no me es absolutamente imprescindible. Uso vestidos de tirantes finitos con nido de abeja en gomitas. Nunca tuve demasiado pecho y eso contribuyó a que estuviese en su sitio... Pero sé que debo aplicarme un mínimo de cuidados... Aunque ya dé igual también eso, aunque eso que estaba entre las bromas y la realidad, entre el doble sentido y el coqueteo, eso..., ya dé igual. Aunque mi pecho, mis pechos, ya no sean de su usufructo porque él lo ha decidido así.
Porque hace muchos meses que no los ha vuelto a mencionar y porque ni siquiera los mire de reojo, me ponga la ropa que me ponga cuando quedo con él. Desde hace mucho.

Ahora no tengo fiebre. Creo.
Pero tampoco me siento bien. Hay demasiadas señales de que las cosas no van bien, aunque me empeñe en no verlas, aunque haya decidido mirar para otros lados, porque ya me da, me doy, igual.

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3 Agosto 2014

Sueño de julio.

Creo que la otra noche soñé con "M".
No sé. La palabra 'creo' posiblemente sobra. No recuerdo exactamente el sueño, como tampoco recuerdo cuando fue la última vez que soñé con él o con algo relacionado a él. No sé si pienso en él. Supongo que inconscientemente sí, que me acuerdo de él..., pero no 'pienso' en él.

No recuerdo lo que soñé. Pudo ser un sueño laboral: trabajé para él dos años, mi actual entorno de trabajo tiene que ver con esa época: en el municipio donde él vivió muchos años, junto a la calle donde muchas noches esperábamos en su coche a que llegase el bus que me llevaba a la mía. Esa misma calle en que me besó por vez primera, también un mes de julio. Algunas noches me besaba, nos besábamos, mientras esperábamos mi autobús: dejaba pasar uno y otro, uno cada quince minutos...o igual en esos días eran veinte, o igual diez porque aún no habían inaugurado la línea directa de ese municipio al mío, y era el bus de Madrid, el que había que coger en la carretera porque iba 'de paso' y solo paraba allí, junto a la estación de tren de Cercanías.

Algunas noches simplemente hablábamos. Alguna vez, de repente arrancaba el coche y nos íbamos dos calle más atrás, donde la ciudad de pronto volvía a ser campo y estaba la valla de un circuito de prácticas de una autoescuela. Y hablábamos o me hablaba, y a veces me acariciaba bajo la ropa y a veces volvía a besarme y de pronto se daba cuenta de que ya era muy tarde y volvíamos a la parada del bus y me dejaba allí y se iba a su casa. O los besos y las caricias bajo mi ropa iban a más y, en fin...
La segunda vez que tuvimos sexo fue cerca de este barrio en que hoy trabajo. Una noche de noviembre en que, tras dos días raros, terminamos allí tras hablar un rato frente a la parada del autobús. Pasarían dos meses hasta la siguiente vez.

Llevo ocho meses trabajando en este lugar y no, creo que no he pensado en este tiempo en todo aquello. Que no he pensado en él. Aunque esté segura de que me acuerdo, de que está ahí, en algún lugar de mi cerebro, de forma permanente.
Algunas noches me dejó junto a la estación del tren, que ya no es como era. Ahora es un intercambiador, con sus escaleras mecánicas y sus ascensores y sus pasos subterráneos a varios niveles. Es y no es el mismo sitio.
Casi todas las mañanas paso ante lo que en ese mes de junio de hace tantos años era un famoso pub de la zona sur de Madrid, el sitio donde me llevó la noche en que nos conocimos, aquella tarde en que el encuentro no era sino para una entrevista de trabajo y que terminó siendo algo más, aunque no lo que él hubiese querido. Ahora ese sitio es una casa de apuestas deportivas: no sé desde cuando. Estos últimos años he estado tan desligada de este entorno que...
Casi todas las noches paso con el autobús frente a lo que en esos días era su barrio, su portal. El bus para junto al garaje donde en esos días compró una plaza de aparcamiento. Donde muchas tardes, cuando entre nosotros la relación era solo trabajo y era para mí algo demasiado parecido a una pesadilla, esperaba para verme pasar tras haberse quedado a casi a oscuras en su despacho tras dejarme ir a casa e irse casi de inmediato, y adelantar mi autobús con su coche siendo consciente de que yo le veía. Y esperaba allí, hasta verme pasar...aunque nunca lo reconocería. Ni yo lo mencioné nunca, tampoco.
En esos días le tenía miedo. Mucho. Pero tampoco quise reconocerlo.

La otra noche soñé con él, pero no sé qué tipo de sueño.
Estoy en contacto con su hermana, pero nunca le he preguntado por él. Hace mucho que es alguien ajeno a mi vida.
Durante años tuve miedo a que volviera. No aquel tipo de miedo, aquel a quien se quedaba a oscuras en la oficina fingiendo tener que hacer para jugar al gato y al ratón, luego, conmigo. A quien de pronto se ponía a dar patadas y puñetazos a los marcos de las puertas sin que supiera porqué lo hacía, a quien me respondía que no era asunto mío si le preguntaba qué le había dicho el médico tras días escuchándole hablar de esa cita y ese reconocimiento. A quien de pronto decidía que esa noche si me llevaba en su coche o decidía que le iba a acompañar a hacer una gestión, e igual me hablaba durante dos horas y todo parecía volver a la normalidad, pero al día siguiente respondía a mi saludo de buenos días con un gruñido o estaba dos días sin hablarme sin saber porqué, tras haber tenido unas horas de sexo y parecer que todo volvía a ser normal.
No, no era ese miedo. Durante años ha sido miedo a mí misma. A no estar segura de ser capaz de decirle 'no' si volvía y quería... y no, yo sabía que debía decirle que no, porque se volvería a ir...

La otra noche soñé con él. Estoy casi segura de que fue así, aunque no recuerde el sueño.
Y me acordé al despertar, y volví a acordarme de eso, de haberle tenido en mi sueño, a lo largo del día.
Y he creído que simplemente fue porque durante estos años, estos últimos cuatro años, yo quería a otra persona. Yo quería estar con esa otra persona. Alguien que no se le parece..., o, o ya no estoy segura... Aunque eso sea otra historia.
Que yo quería a otra persona y de pronto ya no estaba. O eso he tenido que decidir: que tengo que hacerme a la idea de que ya no estará. Que hasta mis llamadas telefónicas y mis mensajes, esos que no esperan siquiera respuesta, son una molestia en su vida. En una vida en que yo no estoy ni he estado nunca, en realidad, aunque yo llegase a creer..., qué ingenua...

La otra, creo, noche soñé con 'M'. Por sorpresa. No sé si fue el martes o el miércoles, hoy que es sábado pienso que fue el martes. Soñé con él aunque no sepa el qué. Le soñé y lo recordé al despertar: por eso durante el día tuve esa sensación...
Sueño inesperado del mes de julio. Ese mes que fue importante en mi historia con él, mes de humedad de calor y de besos, de mis vestidos cortos, del sol de los domingos de piscina que me hacía tener que prescindir del sostén el lunes porque me dolía la piel quemada que olía a aceite de coco y aftersun, de mis camisetas escotadas y él sin corbata y enseñando sus brazos de excamionero con sus eternas camisas blancas que algunos días de julio eran de colores pastel o de rayas finitas, siempre tan clásico, días de quitarme las gafas de sol para besarme y... Varios meses de julio para una relación intermitente de doce años.

Y juro que hasta ahora mismo, hasta que hace un momento he tenido que ir al baño para refrescarme los ojos, que se empeñan en llorar..., juro que no me había dado cuenta.
Que el martes fue veintinueve de julio.
Que la memoria, mi memoria de agenda digital, tiene vida propia. Igual no soñé con él, y por eso no recuerdo el sueño.
Que, simplemente, el martes hizo años que le vi por última vez.
Otro martes, de ya hace once años...

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31 Julio 2014

Una tarde de ésas.

Un día para que termine el mes.
Dos días para empezar las vacaciones.

La verdad es que las dos cosas me dan un poco igual: no tengo planes. A ratos, se me ocurren cosas: levantarme tarde, ordenar la casa, pintar la barandilla de la terraza. Incluso pienso que igual me hace ilusión volver a conducir. Tenía pensado ir a Toledo a pasar el día, a hacer fotos.
Sé que al final pasarán las dos semanas y no habré hecho nada.
Pero en el fondo también me da lo mismo.

Esta semana tengo el mismo horario que la pasada: mañana jueves trabajo 'de mañana'; el viernes hasta las diez de la noche. Falta gente del 'turno de tarde', y por eso están jugando con los horarios: gente que está entrando más tarde y saliendo a las diez, gente a quien nos cambian el turno.
Elegí este horario para tener libres las dos tardes a la semana: jueves y viernes, aunque eso conllevara llegar agotada a ese esperado jueves a base de acumular horas. A decir verdad, sólo necesitaba una tarde libre a la semana: me he malacostumbrado estos últimos años, teniendo libre las tardes de los viernes...
Hace cuatro años empecé con esa especie de..., ni siquiera puedo definir cómo... de 'te tengo consagradas las tardes de los viernes'. Era parte de esos juegos dialécticos, era algo que empezó con la costumbre de intentar quedar los viernes por la tarde para tomar café... y que luego pasó a mantener conversaciones, larguísimas conversaciones telefónicas los viernes en que no podíamos vernos..., aquel inicio de aplazamientos sucesivos.
Creo que una de las razones por las que elegí este horario laboral, en vez de una jornada intensiva de siete horas, de tres a diez, que habría significado no tener que quedarme cada día más tiempo fue el hecho de no poder llamarle tarde, no a esas horas que durante meses eras las que me indicó como 'mejores' para localizarle: las once de la noche. Meses antes de empezar yo en este trabajo decidió que 'la mejor hora' era, ahora, entorno a las diez de la noche. Y por eso muchos días, cuando en la conversación anterior había quedado fijado un 'hablamos tal día', entraba por la puerta y marcaba su número sin quitarme otra cosa que el abrigo, quitándome las botas al tiempo que hablaba con él. Daba igual lo cansada que estuviera. Y terminaba cenando a las doce de la noche, tras colgar a más de las once, de las once y media. Pero me daba igual.
Siempre me adapté a sus horarios. Siempre fueron más importantes que los míos.
Y también esas dos tardes libres a la semana me permitían poder verle. Nada más allá de irle a esperar a la estación de metro donde empieza su viaje de regreso a casa.
Sólo era eso, pero me servía. Me servía escucharle hablar, aunque ni siquiera me preguntase cómo estaba yo, aunque si intentaba contarle algo mi intervención no llegase a la segunda frase.
Me bastaba verle esa media hora, a veces hora completa, de vez en cuando. Algunos meses hasta dos veces. Con otro horario no habría sido posible... Aunque muchas veces ni me mirase, me bastaba verle y escucharle.

Ya me da igual. Ya me da igual si sigo teniendo este horario u otro.

Mañana iré a Madrid, como hago una vez por semana cuando salgo de trabajar alrededor de las cuatro de la tarde.
Pero mañana no será otra tarde de jueves o viernes como las últimas semanas.
Esta semana tengo el mismo horario que la semana pasada: libro el jueves por la tarde, trabajo el viernes. E iré a Madrid el jueves.
Pero ya no será igual. No volverá a ser.
Ya nunca volverá a ser una tarde de ésas.

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Sobre mí

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Diario de una vampiresa en paro

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...

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INTERNET no significa, en ningún idioma, IMPUNIDAD.

Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"



Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.


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