La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

19 Septiembre 2014

Fin.

Llevo desde anoche intentando publicar: creo que no va a ser posible.
Lacocte ya nos ha comunicado oficialmente el fin de esto: el 10 de octubre desaparecerá LaCoctelera y con ella todo lo publicado por nosotros hasta ahora.
Crónica de una muerte anunciada y tras años de agonía, para qué vamos a decir otra cosa.

Y no me voy a alargar más... si total esto no creo que se publique.

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15 Septiembre 2014

Vacaciones de septiembre.

Vacaciones. Últimos días de vacaciones antes de que me termine el contrato.
Me hubiese gustado tener otros planes. Tener algún tipo de plan, pero no lo tengo. Nada más allá de dedicarme a limpiar, ordenar, poner lavadoras, hacer algún trámite administrativo de ésos que realmente hago todos los meses, pero esta semana sin agobios de horario justo para hacer las cosas.

Tenía algún plan pequeño: ir a Toledo a hacer fotos, por ejemplo, pero no creo que lo haga. Días de incomodidad física femenina. Tras dedicar un par de jornadas a limpiar 'a lo bestia' (aprovechando también que cuando estoy 'en esos días' me apetece limpiar. Lo veo todo más sucio: qué caprichosas son las hormonas), probablemente al tercero caiga rendida y no tenga ganas de hacer absolutamente nada. Pero nada de nada.
Esta mañana me he despertado a la misma hora de siempre y a poco más de las nueve estaba ya levantada. Anoche me quedé dormida viendo la tele, pero más cerca de la una y pico que de la razonable medianoche. Creo recordar que eran las tres cuando me trasladé a la cama, y que caía una extraordinaria tormenta, de la que sólo conocí el ruido. Por un momento pensé en que seria conveniente cerrar la ventana...pero para ello tendría que subir al máximo el estor de cañas, hacer maniobras con la cortina para conseguir que pasase por encima de la hoja de ventana abatible que lleva todo el verano abierta... No, demasiado esfuerzo a esas horas. Me quedé dormida escuchando las gotas de lluvia estrellándose contra el suelo del dormitorio, a poco más de un metro de mí.
La primera tormenta nocturna del verano, creo. Otra tormenta nocturna más sola.

Y..., y me hubiese gustado poder haber hecho otros planes. Pero ya no pienso en ello. Hace meses que decidí que no podía pensar en eso, en cosas que no podrían ser nunca.

Mediados de septiembre. Última semana de vacaciones.

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11 Septiembre 2014

Septiembre sin mí.

Sé que estamos en septiembre. Me lo dicen los calendarios, las portadas de los periódicos, el reloj-calendario de la pantalla de los ordenadores. Las absurdas fiestas locales de la zona sur de Madrid.
Sé que estamos en septiembre. Que ha pasado el verano, casi. Que queda menos tiempo para que termine el año del que ya ha transcurrido.

Sé que el mundo está en septiembre. Pero yo no me siento en septiembre.

No es fácil explicarlo. A ratos me sorprendo pensando en que cosas como que en verano desciende el nivel de trabajo...como si hiciese planes mentales para cuando lleguen esos días..., y de repente me doy cuenta de que ya pasó julio y pasó agosto. Y seguramente sí descendió ese nivel de trabajo... pero el caso es que yo no he parado un momento y que lo único que desciende es el nivel de mi cuenta corriente.
Tampoco me molesto en comprobarlo, la verdad. Sobrevivo. Un día sigue al anterior y precede al siguiente, y se suceden las llamadas. Y hasta mis horarios demenciales terminan siendo rutinarios: lunes y martes entrando a las diez y saliendo a las nueve y pico de la noche, miércoles con esas siete horas de trabajo que son nueve porque hay que sumar las dos de pausa a mediodía y porque nunca salgo antes de las ocho y media. Y las siete horas finalmente es salir de casa a las diez de la mañana y regresar a las nueve y media de la noche. Y trabajo el jueves por la mañana y se han repetido varias veces ya el trabajar los viernes con turno de tarde.
Y otra semana más. Y...

Supongo que desde que dejé de tener esperanzas, desde que supe que ya no habría en mi vida más que cualquier tipo de rutina, ya me da igual todo.
E igual por eso el tiempo avanza, pero yo no me siento avanzar. Y estamos en septiembre, mi mes de comienzos de año, mi mes de cambios determinantes.
Pero yo no me siento en septiembre. Yo, simplemente, no sé ya donde estoy. Sólo sé que no llegaré a ninguna parte, porque el tiempo y yo avanzamos en ritmos diferentes.

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5 Septiembre 2014

Cinco de septiembre.

Esta mañana me he levantado a las once y media. Queda dicho.

Vale: que me he despertado  a la misma hora de siempre (entre las siete y las siete y media), que he escuchado 'despertarse' al móvil (a las ocho en punto: lo tengo programado), que me he vuelto a dormir y a despertar a poco más de las nueve (y he estado a punto de saltar de la cama al creer que me había quedado dormida), que... Que antes de todo eso me levanté a poco más de las tres de la mañana a tomarme un paracetamol: llevo días con ratos de insoportable dolor de cabeza y de oído izquierdo, quizá una muela rebelde, no sé...
Pero finalmente me he levantado a las once y media. Y me hubiese quedado aún en la cama, simplemente tumbada, sin hacer el menor esfuerzo.

Tengo 'turno de tarde'. Me lo dijeron ayer (y porque pregunté) a las tres y pico, antes de irme. Como he dicho alguna que otra vez: no voy a discutirles lo de trabajar los viernes por la tarde, no voy a recordarles que si elegí el horario desquiciado que tengo era para librar los jueves y los viernes por la tarde: un día para hacer la compra semanal en el hiper que me apetezca y sin prisas, otro para escaparme a Madrid a que me dé el aire y, casi como algo habitual, intentar verle un rato. No me voy a molestar en discutírselo porque lo van a negar, van a negar que ése horario fuese así para siempre... y ya me da igual. Total, esto como mucho va a durar hasta la fecha pactada en noviembre y tampoco me disgusta la idea de no tener que madrugar al menos un día entre semana. Y tampoco se me han 'hecho largos' los días en que he tenido ese turno. Claro que esos anteriores viernes fueron en verano, salía con algo de luz natural, éramos dos o tres y no estaba controlándonos la psicópata que dirige este departamento.
Ya veremos hoy.

Sigo arrastrando un cansancio preocupante. Una sequedad de piel alarmante (que sé es consecuencia de beber tan poca, pero tan poquísima, agua), unas ojeras y una desgana generalizadas... Bueno, desgana con arrebatos de hiperactividad frustrada. Porque a ratos tengo muchísimas ganas de hacer cosas, pero son ratos en que mi realidad es tener que pasar horas sentada sin poder apartar la vista de la pantalla del pc, calculando presupuestos, entrando en las webs de las compañía de seguros de salud para contrastar datos a petición del cliente, grabando datos personales en fichas, en solicitudes, gestionando incidencias, comprobando si éstas se han registrado correctamente... No puedo dejar de mirar la pantalla, no hay descansos visuales. Supongo que me estaré quedando ciega, pero ni de percatarme de eso me da tiempo.
Y me gustaría estar haciendo otras cosas: limpiando en casa, incluso. Pero no tengo tiempo.
Y cuando regreso estoy tremendamente cansada.

La próxima semana es la última antes de mis últimos días de vacaciones. Son cinco días (del 15 al 19), pero se juntan con dos fines de semana y resultan nueve días seguidos. En esta empresa nos dan veintialgún días al año (no sé si sumados los 'festivos' que trabajamos o no, probablemente se suman aparte..., bueno, según sea cada cual y cómo le caiga a la responsable) pero no se cuentan los sábados y domingos. En la práctica está bien, aunque sigo pensando que son menos de los 32 del convenio de telemárketing (que además tiene sus días festivos oficiales, que o se cogen o si se trabajan se compensan y se pagan aparte), pero realmente lo aplican así para que al despedir a alguien siempre salgan menos días de vacaciones pendientes de disfrutar...con el consiguiente ahorro de indemnizaciones. Yo parto de la base de que cuando llegue mi fecha de despido (por fin de contrato: veinticuatro de noviembre) les deberé dinero..., precisamente por haberme cogido ya los días de vacaciones correspondientes al año completo (hasta diciembre). Pero tampoco voy a pensar en eso.
Ayer supe que probablemente esa misma semana, del 15 al 21, él va a estar también (por fin!!!) de vacaciones. Y ni siquiera le mencioné o recordé que esos mismos días son los que yo estaré libre de horarios y compromisos. Para qué, si ya sé que no puedo hacer planes con él, si cualquiera de esas cosas normales que la gente normal que mantiene una relación yo no puedo hacerlas con él. Supongo que porque como he dicho alguna vez, la relación sólo ha estado en mi cabeza o ni siquiera eso, en alguno de mis deseos en algún momento de estos tres años y medio últimos.
Así que imagino que esos días ni siquiera le veré esa hora semanal que intento repetir estos últimos meses...

Entro a trabajar a las cinco de la tarde. Tendría que empezar a prepararme algo para comer sobre las tres, pero tengo tan pocas ganas de hacer nada que...
Casi me suena raro decir que ya estamos en septiembre. Este año ni siquiera he comprado la agenda de cada curso: por ahí estará enterita la del curso pasado. Creo que no llegué a estrenarla.

Cinco de septiembre, época de reenganche en la rutina laboral.
Viernes de la primera semana de septiembre. Calor de pleno verano. Se hace de noche repentinamente sobre las nueve.
Y yo, que siempre dormí tan poco, que necesité dormir tan poco, solo sueño con poder dormir y descansar.

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4 Septiembre 2014

Acumulando ojeras.

Agotadísima.
Entre el calor que es más de julio que de septiembre, las jornadas laborales eternas en que no hago nada de provecho, las dos horas 'muertas' a mediodía, el escaso medio litro de agua que bebo en todo el día (ni para beber tengo tiempo. Ni para ir al baño...afortunadamente lo de no beber apenas) y tantas cosas..., agotadísima.

La semana pasada me tocó trabajar el sábado. Tuve toda la semana unos horarios que casi se improvisaban de un día a otro y que sumados al deficiente transporte público del mes de agosto, sólo consiguieron hacerme sentir que eran docenas de horas de tiempo desperdiciado.

A mediados de mes tengo mi última semana de vacaciones por este año. Sé que la consecuencia de esa semana libre no es sino que me descontarán días cuando finalice mi contrato el veinticuatro de noviembre...o antes, si me despiden antes de esa fecha (probabilidad alta). Pero no puedo elegir no cogerme esos días... y, además, estoy tremendamente cansada.
Da igual, todo eso da igual.
Mi único proyecto inmediato es que llegue el viernes para dormir, dormir, dormir sin prisas el sábado.
Aunque luego llegará ese día, me despertaré a la misma hora de cada día, me desvelaré y llegará de nuevo el lunes y yo seguiré arrastrando cansancio y acumulando ojeras.

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27 Agosto 2014

Trescientos mil.

Por puro descarte, esta semana sería la de los 300.000. Trescientas mil visitas únicas al blog.
Publicase o no este post, se iba a llegar a esa cifra, ya digo, por puro descarte. Por inercia de visitantes, incluso en una época tan baja como la presente: agosto, un sitio de alojamiento para blogs prácticamente abandonado, una escasísima actividad personal, mi decisión de mantener cerrados los comentarios... Pero faltan tan pocos para llegar a esa cifra... que ya está. Trescientos mil antes de finales de agosto.
Mejor en este post, aunque en él no vaya a contar nada importante.

No es una cifra deslumbrante si tenemos en cuenta que llevo casi ocho años con el blog abierto y activo, que son mil doscientos sesenta y tantos post, que hubo días de quinientas visitas únicas. Pero sí lo es pensar que en algún momento se han realizado esas visitas. Cuando alguien entra en el blog, se computa esa visita. Luego da igual si sale a los dos segundos porque no es lo que esperaba encontrar, si lee ese post o si además va enlazando uno con otro y no hace otra cosa en toda la tarde. Se computa como visita única.
Sé que esta explicación es casi de 'perogrullo'. Pero siempre me gustó la idea, porque muchos contadores de visitantes lo que cuentan es cada vez que se entra a leer un post...aunque sea el mismo 'lector', que se va paseando. Ese tipo de contadores suelen estar insertados en blogs que cuentan también con publicidad insertada: muchos visitantes se traduce en más ingresos por parte de los anunciantes, normal que interese otro tipo de 'contador de visitas'... No es mi caso.

Trescientos mil.
De hecho, en algún momento estos últimos días, seguro, se llegó a esa cifra, porque tampoco instalé el contador el mismo día que abrí el blog. En esos días mis conocimientos informáticos eran casi nulos. No es que hoy los que tengo me hagan una experta..., pero algo más sí que sé. De hecho, bastante más de lo que finjo saber a diario, en mi cotidianidad laboral..., aunque eso es otro tema.

Trescientos mil.
Qué más añadir..., además de mi agradecimiento por todas esas visitas, por todos aquellos comentarios, por algunos mensajes privados. Y todas mis disculpas a quienes no encontraron lo que entraron a buscar...

Trescientas mil gracias, calabacit@s.

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24 Agosto 2014

Contradicciones.

Muchas cosas que contar pero, en realidad, ninguna.
Sé que suena contradictorio, pero es eso lo que siento.

Semanas extrañas que se repiten, casi en bucle. Siete días que anteceden a otros siete que serán iguales, porque han sido precedidos por otros siete que lo fueron. Un trabajo que me da un sueldo que apenas me sirve para sobrevivir, porque tengo más gastos que ingresos y para pagarlos sigo gastando lo poco ahorrado en ese momento de bonanza que fue mi empleo hace dos años, esa última burbuja que no duró, ese espejismo. Otro más en mi vida.
Sobrevivo, en todos los sentidos y todos los aspectos de mi vida.

Trabajo que no me gusta y en el que no me esfuerzo más de lo estrictamente necesario para 'cubrir el expediente'. Sé que esto va a durar, como mucho, hasta noviembre. Mi contrato tiene fecha de finalización y es ésa, finales de noviembre. Francamente, me da igual. El paro no es agradable, la idea del paro no lo es... y menos con una base de cotización tan ridícula como la tengo, en este empleo que ni siquiera es a tiempo total. Pero no veo perspectivas y no me voy a esforzar para conseguir que el contrato 'temporal' pase a 'indefinido'. No, no vale la pena.

Mi vida ha sido un cúmulo de 'provisionalidades'. Cosas aparentemente provisionales a las que me enganchaba hasta encontrar algo mejor... y que cuando quería darme cuenta, eran mi cotidianidad. Hasta lo que fue mi profesión durante muchos años, durante la mitad de mi vida, fue el resultado de 'voy a probar unos días, a ver que pasa'. Y lo que pasó fueron casi veinte años. Y cuando creí que, lógicamente, eso sería mi trabajo, mi modo de vida, cuando ya hacía años que yo era alguien destacado en mi ambiente laboral... todo se terminó. Con un final que también creí que sería algo provisional, un parón hasta que todo volviera a la normalidad... Y han pasado cinco años largos.

Me gustaría poder afirmar que estoy enamorada..., pero no lo sé. Mejor dicho, no sé si puedo reconocerlo..., o ni siquiera esto último es cierto. Quiero a alguien con quien hace mucho que descubrí, que me sorprendí sabiendo de pronto y con absoluta certeza que podría pasar a su lado el resto de mi vida. Una certeza y una sensación que nunca había sentido con respecto a nadie.
Y, sin embargo, sé que no podrá ser. También de eso tengo ya la más absoluta seguridad. Podré quererle el resto de mi vida, pero nada más. Nunca será 'mi'....nada.
Cuando estoy con él..., no, no es esa la idea. Cuando está conmigo, siento que todo está en su sitio. Me pasó la primera noche que vino a dormir conmigo. La sensación de que eso era una especie de milagro..., pero, al tiempo, de algo natural. La contradicción de que era un regalo inesperado, pero a la vez algo que me había ganado, que la vida me regalaba porque me lo merecía.
Y que todo estaba bien, que todo estaba en su sitio.
Han sido casi cinco meses sin dormir a mi lado, cinco meses en que en su vida han pasado cosas que me gustaría que no hubiesen ocurrido..., mientras en la mía no pasaba nada, nada más que el hecho de que él no estaba presente. Y, el sábado pasado..., otra vez esa sensación de hecho milagroso y de cotidianidad.
La primera noche que pasó conmigo apenas dormí. Sobredosis de adrenalina, quizá. Pero no se me hacía raro tenerle en mi cama..., es difícil de explicar la sensación. Yo, que siempre he dormido sola..., desde esa primera noche he sentido como algo natural tenerle a mi lado dormido. Y le oigo cuando se levanta a media noche, creo que siempre le he escuchado..., aunque no me despierte, aunque eso no me desvele. Es lo mismo otra vez: algo normal. Y cuando ya es de día me voy acercando a su cuerpo medio en sueños y le rozo, y le acaricio casi sin tocarle a la vez que me voy despertando.
Lo he dicho otras veces: podría pasar el resto de mi vida acariciándole. No es sexo, o no es solo sexo. Es algo muy físico y, al tiempo, es algo más. Algo normal, como si siempre hubiera sido así, como si antes de conocerle ya le conociese de algún modo, como si nunca hubiera dejado de acariciarle. Quizás en sueños.
Podría pasar con él el resto de mi vida, pero ni siquiera puedo plantearme que pase conmigo un fin de semana completo.

Sé que todo suena contradictorio, pero esta es mi realidad.

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23 Agosto 2014

Ganas de dormir.

Mas que sueño, son ganas de dormir.
La semana ha sido agotadora. Sin matices. Un no-parar de hacer cosas...para no tener resultados de ningún tipo. Como si de pronto la rueda de hámster en la que siento que estoy metida mientras trabajo se hubiera acelerado. Tan rápido que no da tiempo ni a pensar, pero con el mismo destino: no va a ninguna parte. Solo da vueltas, solo hay que no pararse. Pero al final del día se están en mismo sitio donde se empezó por la mañana.

Hoy viernes he trabajado en turno de tarde. Me lo comunicaron ayer como a la una del mediodía...cuando mi hora de salida son las tres de la tarde. Y me trastocó todos los planes..., tuve que improvisar a toda velocidad. La verdad es que no me disgusta trabajar los viernes por la tarde, no se me hace excesivamente largo... Pero prefiero saberlo con tiempo, poder hacer mis planes, organizarme con el tiempo...
Son más de las doce de la noche. Me desperté esta mañana a la misma hora de siempre: me hubiese encantado dormir hasta casi mediodía..., pero tengo 'la hora cogida'. Simplemente he intentado aguantar en la cama el máximo tiempo posible..., y antes de las nueve y media ya estaba levantada. Completamente desvelada.
Por eso digo que más que sueño, son ganas de dormir.
Estoy muy cansada. Tanto física como mentalmente.

Me ha cundido la mañana. Menos de lo deseable, pero la he aprovechado moderadamente. He recogido bien la cocina, he ordenado mi dormitorio, he descargado unas fotos en el portátil, he regado las plantas. Uno de mis planes aplazados de ayer era quitar la funda del sofá y meterla en la lavadora: ya está seca y pendiente de volver a su sitio. Se lava bien, pero cuesta volver a ponerla, las cremalleras hace años que dejaron de servir y hay que coserla. Mañana lo haré.
Casi todo lo que he hecho esta mañana ha sido mientras la lavadora hacía su función. Para la funda del sofá necesito poner un programa largo, con agua caliente y más dosis de detergente de lo habitual.
No estaba excesivamente sucia, procuro que las cosas no se ensucien. La cepillo para quitarle el polvo (la aspiradora hace meses que dejó de funcionar, como tantas otras cosas que no van y que no me puedo permitir sustituir. Hay prioridades. La aspiradora no es una de ellas, habiendo cepillos. Me he criado sin ella y aquí estoy), si conscientemente veo que la he manchado, procuro limpiarla. Los polvos de talco absorben posibles manchas de grasa, si en alguna ocasión pienso que puedo haberla manchado por comer en el sofá, por ejemplo. Cuido las cosas..., pero sin obsesiones. Me he criado en un ambiente eso, obsesivo con la limpieza, con el orden. He tenido que ser una obsesa del orden y la limpieza, de las de ver una huella en los azulejos de la cocina y tener que dejarlos impecables... Pero ya no. Al menos, en mi casa, en mi entorno persona e íntimo, no.
Si algo se mancha, se limpia y punto. Y la funda de mi sofá es lavable. Y ya está.
Sé que todo esto suena absurdo..., pero yo sé a qué me refiero. Prioridades.

La semana que viene trabajo el sábado. Y tengo un horario raro y 'sujeto a posibles modificaciones'. Ese horario flexible mío, que consiste en que la empresa decide a su antojo cuando debo estar y cuando no..., y lo normal es lo primero. Les da igual la vida personal de cada cual. O..., o ni siquiera generalizo: les da igual la mía. Por eso no hablo absolutamente nada de mí. Lo máximo que saben es que necesito al menos una tarde libre a la semana: no voy a transigir con aceptar el que me den turno de tarde a su antojo los días que trabajo sólo cinco horas. No los dos días. Una tarde es mía y punto.

Estoy cansada, necesito dormir. Pero también me siento..., no sé, acelerada. Salir un viernes a las diez y diez de la noche, cuando los últimos años he tenido las tardes de los viernes libres..., me descoloca. Y son más de las doce y media de la noche, y es como si fuesen las diez...
Y me encuentro escribiendo tonterías sobre fundas de sofá y lavadoras y aspiradoras que no funcionan. Y en mi televisor, que funciona a base de golpes y sólo cuando lleva encendido cerca de una hora y se ha calentado, un grupo de famosetes de tercera discuten de temas que me suenan como en otro idioma. Hablan en castellano, entiendo las palabras..., pero no sé de qué hablan. Igual también es el cansancio. O más bien las prioridades, mis prioridades.
Me interesan otras cosas. Pero este tipo de programa-basura me viene bien para dormir, tras el cansancio que me agota en mi trabajo-basura, ése que sirve para que me paguen una nómina de supervivencia, ése que hace ganar dinero, mucho, a la empresa en que trabajo. Ese trabajo que no me interesa en lo más mínimo, en resumen. Que no es nada más que una forma de ganarse la vida, pero que no tiene absolutamente nada que ver conmigo.

Estoy cansada. Ha sido una semana larga y absurda.
Pero más que sueño, son ganas de dormir.

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Sobre mí

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Diario de una vampiresa en paro

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...

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Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"



Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.


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