Ochocientos noventa y dos post. Eso es lo que, con éste, llevo escrito/publicado aquí. Desde el 24 de septiembre de dos mil seis, en que publiqué el primero. Uno 'de trámite'. Sin plantearme siquiera la posibilidad de llegar a escribir más allá de alguno al mes. Sin saber dónde iría a parar. Sin esperarme, para nada, estas cifras, estas dimensiones. Tal vez este debería ser el último. No lo sé. No es ni una amenaza (sería absurdo ¿amenaza, a quién? ¿a mí misma?) ni una decisión. Pero... Si quisiera ver el conjunto de este blog como una novela, como una teleserie... digamos que puedo considerar que, en estos momentos, gran parte de las líneas argumentales están cerradas. Han llegado a su destino.
El título del blog siempre fue una especie de juego de palabras (cierto que casi nadie lo pilló...). No lo voy a re-explicar ahora. Pero una de las líneas argumentales sí venía a ser mi situación de desempleada... al menos, cara a las listas oficiales de 'parados'. Llego a estas fechas trabajando. En algo que no me gusta, que no me aporta más allá de un sueldo que no me da ni para cubrir gastos, que no es sino dar vueltas a una rueda de hamster..., pero también llego eso, 'trabajando', en el momento en que más desempleados acumulan las estadísticas. Por lo que ya no tendría razón de ser lo de 'en paro' del título. Es más: me temí que en el día de hoy volvieran a despedirme..., y no, no lo han hecho. Así que seguiré haciendo girar mi rueda... sabiendo que no voy a ningún lado. Pero que tampoco tengo para elegir. Mi estatus profesional está a milenos-luz de lo que era cuando empecé a escribir. Pasé de ser una profesional con un cierto 'prestigio' en lo suyo y en el ambiente en que me desenvolvía... a ser un mero número en una especie de cadena de montaje. Del nivel económico ya mejor ni hablar... que me deprimo (y no es un modo de hablar, no). Pero es lo que hay, y punto.
Hay mil pequeñas líneas argumentales que fueron básicas para que este blog existiera... y que ya son historia. Curiosamente, sin grandes esfuerzos por mi parte y de forma reciente... Empecé a escribir cuando el corazón me empezó a gritar que estaba sintiendo algo por alguien. Una historia que nunca llegué a contar del todo (por circunstancias, no podía dar pistas)... y que no llegó a ser nada. De la que sólo conservo lo que aquí fuí escribiendo en 'tiempo real': mis sentimientos cuando él era parte de mi paisaje diario, mi decisión de no intentar nada más. Mis sueños, también los nocturnos, con él de protagonista. Mis neuras las dos ó tres veces que le ví... Es curioso. Le ví por última vez en junio y, de pronto, tuve claro que sí, que lo que había sentido por él fue real... pero que ya formaba parte de mi pasado... Hace unos días soñé con él, con K, de nuevo. Un sueño del que, ahora mismo, no recuerdo el argumento. Pero que volvió a dejarme esa sensación que me dejó nuestro último encuentro: algo cerrado, terminado. La experiencia estupenda de haberle conocido (porque él es una persona estupenda). Pero nada más. No hay futuro, no en común. Y no me preocupa: lo veo normal. Fin de esa historia. Círculo cerrado.
Hace un par de meses, también, tuve completamente claro que mi relación con M también había terminado, totalmente. Sigue 'abierta', en cierto modo, porque el miedo... ó lo que sea, a que de pronto regrese estará siempre ahí. Pero... Pero la verdad, la realidad, es que tras años de dudas, de desear saber de él... de no atreverme a llamarle..., resulta que a través de la red social que todos conocemos... pues recuperé el contacto con su hermana. A la que conocí mucho y muy bien... porque también trabajaba con nosotros en esos dos años que lo hice para él. Y que en los últimos días de aquella época supo que entre su casadísimo hermano y yo había 'algo más'... y no era una relación que precisamente me hiciese feliz.... Bueno. El caso es que recuperé el contacto con ella... y, al tiempo, descubrí que me daba exactamente igual cómo estuviese él. Sé que entre ellos tampoco hay demasiado contacto: circunstancias familiares y la psicótica personalidad de él (ella es un encanto de persona). Por supuesto, podría preguntarle cómo está, si sigue casado, si lo están sus hijas, si tiene nietos... no sé, esas cosas... Y me lo contaría. Pero la verdad es que no me importa. No me importa M. Sé que seguiré acordándome de él: es irremediable. Fueron 12 años de relación... rara, pero relación. Demasiado dolor. Pero ya no: ya no duele igual. Ya no me duele. Ya no puede hacerme daño. Otro círculo, básico en este blog, que se cierra.
Y hay muchos otros. Como decía, bruxana ya no es la que fue...
Tengo que escribir sobre los últimos días. Lo que podría definir como 'los últimos acontecimientos' en mi vida, que posiblemente en esto también sea la de bruxana. Y..., y no sé si este es el sitio idóneo para hacerlo. No sé con qué libertad realmente estaría hablando/escribiendo. Supongo que finalmente sí escribiré... sin pararme a pensar en otras cosas. En el fondo, porque también la historia tiene 'algo' de cerrar otro círculo... Ó de unir dos tramas, dos categorías, que hasta este momento eran independientes. No sé. Igual ése ó ésos posibles post sí sean los últimos de este blog. Al menos, por un tiempo... quién sabe si indefinido.
Durante años, lo he comentado a veces, tuve la costumbre de escribir un diario. Uno de esos en papel: blog de tapas duras, candadito y llave que llevar en el monedero. No terminé ninguno: cada vez que sentía que acababa una etapa, ó que la realidad era tan intensa que había que vivirla... ó, quizá, que era tan dura que no podía escribir más de dos líneas porque las lágrimas me nublaban la vista... y cómo dolía todo..., cerraba el diario. Así que por ahí debe haber cuatro ó cinco... a medias. Etapas de mi vida. Lo bueno de este Diario virtual es que sus páginas no tienen un final concreto: no era posible llegar a la última, esa que ya era el reverso de la tapa dura. En mis diarios analógicos nunca llegué a esa contraportada. En este virtual... quizá esté llegando en estos días. Porque igual el infinito sí tiene límites. Insisto: no hay nada decidido. No sé si seguiré escribiendo aquí, si 'mutaré' y seguiré en Lacocte bajo otro disfraz. Si, simplemente, desapareceré una temporada (en cualquier caso, mi 'yo' real ya tampoco es tan secreto... para bastantes de quienes me leen). No es algo que pueda decidir ahora ni así de fácilmente.
Siento que las cosas están empezando a moverse. No diré que 'para bien', pero sí que están empezando a rodar, a rotar, a deslizarse. Y sé, siento, que las próximas semanas van a ser decisivas. Para que siga aquí, para que siga escribiendo... Ó para que, otra vez y como en otras etapas de mi vida 'analógica', vea claro que sólo huyendo sin dejar dirección puedo ponerme a salvo.
A salvo de mi misma. claro. Porque si algo tengo claro y tengo en común con bruxana es el conocimiento de que yo misma soy mi peor y más fiero enemigo. Porque los escorpiones nos clavamos el aguijón si nos sentimos rodeados por el fuego. Y mi fuego es el temor a hacer daño a quienes de veras quiero... Mi único punto débil es ése. En eso no he cambiado en estos más de cuatro años.
La vida no es otra cosa que quemar etapas, ir cerrando círculos. Eso que dijo alguien (se lo adjudican a Lennon, supongo que sí que puede ser una frase suya) de 'La vida es eso que nos pasa mientras nosotros nos empeñamos en hacer otros planes'. Pues sí; eso. Mientras quemamos etapas, cerramos círculos, dejamos que el tiempo nos pase a veces por encima, otras a nuestro lado... nos van pasando cosas. Arrugas, canas. Seres queridos que se van para no volver. Otros que se van pero vuelven, porque el viaje sólo era un paseo para vez mundo. Hijos, sobrinos. Plantas que crecen y un día se secan, ó regalamos, ó dejamos en esa vivienda que hemos decidido abandonar. Estudios con diplomas que no sirven para nada, aunque un día nos quisimos creer que no tenerlos nos haría fracasar. Medicamentos pasados de fecha que, a veces, nos cuesta tirar. Teléfonos que no marcaremos nunca. Llamadas que nunca recibiremos. El tiempo. La vida.
Esta tarde había decidido cerrar este blog. Era una decisión firme.
Sí: sé que a veces 'me da'. Y es obvio que luego se me pasa (sino, no estaría escribiendo ahora, claro). Pero nunca lo había tenido tan y tan claro. No sé si cerrarlo definitivamente... pero sí por una temporada más que larga. Probablemente, y teniendo en cuenta mi necesidad de escribir... abriría otro. Me reinventaría. Pero no como algo paralelo a éste (que eso ya lo tengo) sino totalmente nuevo y ajeno. Ó sea, sin avisar a los posibles lectores de bruxana. Incluso sé que puedo cambiar de estilo escribiendo (sí: puedo) para no ser relacionada... ¿Razones para cerrar? Ninguna. Y muchas. Simplemente, que esta etapa está acabada. Sin mucho más que añadir. Últimamente me ha dado por la poesía (en realidad, siempre escribi tonterías en esa línea... lo que pasa es que terminaban entre las hojas de un libro, se lo regalaba al primero que me decía, supongo que por simple cortesía, que le gustaba... ó, considerando que puedo escribir en el reverso de un folleto recogido en la puerta del metro ó en una servilleta de bar... su fin era deshacerse en el fondo de algún bolso ó en un bolsillo de la gabardina. Y no es ésta una figura literaria, no...). Me ha dado por la poesía sin que tenga demasiada explicación. Y me ha dado, además, en los ratos muertos del trabajo... Trabajo que ya tampoco tengo, desde ayer día 31. Por tanto: fin de poemas. Y si lo de perpetrar poemas ya indicaba que algo estaba pasando... que éstos se acaben también puede ser señal de que el blog, como entidad, estaba dando sus últimos coletazos. Creo que todo esto, y algún detalle de tipo personal que no viene al caso contar ni aquí ni ahora, me habían hecho decidirlo. Simplemente faltaba determinar si, simplemente, dejaba 'morir' por falta de entradas, siendo la última y definitiva la publicada anteayer... ó si añadía un último post. Un 'regresaré'... aún estando segura de que el día en que me decida del todo, no habrá un regreso. Me conozco. Y cuando algo deja de interesarme, de resultarme estimulante, ó, simplemente, cuando decido desaparecer... el resultado ya sé cual es. No es la primera vez. Y ninguna será la última y definitiva. Sin embargo...
Siempre he escrito. Antes, eran diarios en papel: candadito, tapas duras, a veces, hojas perfumadas. Un día sentí la necesidad de recuperar la costumbre del diario íntimo... y empezó esta aventura. El desencadenante es de sobra conocido, puesto que lo he contado de vez en cuando: una extraña relación que no llegaba a ser tal. Una atracción inesperada e inexplicable que me empezaba a quitar el sueño... y de la que no podía hablar en mi mundo 'real'. Y empecé a desahogarme aquí, al tiempo que tenía claro que aquello nunca llegaría a ningún sitio... porque, a pesar de mi 'fama' de 'vampiresa'... en realidad, siempre tuve mucho sentido común, mucho respeto por quienes igual ni siquiera se lo merecían... Y en aquello, yo jamás daría el paso definitivo. Y... y sabía que él tampoco. Y, además, el tiempo jugaba en mi contra (como siempre en estos temas)... Aquello fue el comienzo del blog. Mi relación con "K". Y..., y hoy había decidido poner fin a todo esto. Tengo, insisto, razones. El aburrimiento que muchas veces me produzco a mí misma, por ejemplo. Incluso la necesidad real de cambiar de vida, cambiar de piel, qué sé yo. En realidad, además de 'cerrar' el blog había tomado alguna que otra decisión con respecto a otros temas: laborales, personales, en algún caso, casi sentimentales..., no sé. Neuras de ésas mías, seguro. Si tuviese que resumir de qué iba la decisión, podría hacerlo rápido y fácil: había decidido desaparecer. Una temporada que igual se convertía en larga. Y, en algunos temas, en definitiva. Quizá también en el personaje de bruxana. Pero... No, no estaba planeado. Es más, de haberlo sabido, pues... No, tampoco diré que lo habría evitado. Supongo que todo pasa por algo...
He pasado el día en el municipio donde me he criado, y al que voy con mucha frecuencia (mínimo, paso allí los domingos). A media tarde, he salido a hacer unas compras: intendencia familiar. Nada importante. Tengo un supermercado en la puerta de casa. Súpermercado que tiene una 'sucursal' algo más grande a apenas trescientos metros... No sé, tal vez inercia (me gusta más ése más grande: tiene más cosas, claro). El caso es que me he encaminado hacía allá. Mucho calor. Alergia. Me duelen los ojos. El despido laboral de ayer me tiene..., en fin, agotada pese a ser esperado y esperable. Y... y otras cosas, ya digo. Me lo he encontrado de frente. Sin esperarlo. Sin buscarlo. Sin pensar en él. "K". Y es que, claro, trabaja al lado. No he pensado en él ni en ello... pero tampoco me ha sorprendido. Llevaba casi año y medio sin verle. Y, de pronto, ahí estaba...
Y, no, no ha pasado nada: qué iba a pasar. Simplemente, ese intercambio de besos amistosos. Esa capacidad nuestra de hablar como si nos hubiéramos visto anteayer, sin frases corteses ni cumplidos. Eso que descubrí en él meses después de darme cuenta de que me atraía como hombre y que era recíproco. Eso que, en el fondo, también me hizo decidir que me gustaba como persona... además de atraerme. "K". Apenas tres minutos de conversación... Y..., y nada. Que aquí estoy escribiendo esto. Que igual mañana decido que encontrármelo ha sido la señal definitiva que me dice que debo cerrar esto y, como había decidido, reinventarme en varios sentidos (otra vez). Ó no, ó creo que la señal es que debo seguir escribiendo aquí. Aunque sólo sea para poder dar un final a lo que fue un principio... A contar cuando me lo encuentre en algún sitio. Y tener un sitio donde contarlo...
(Por cierto: está igual. E imagino que eso debería traducirse en que me sigue gustando. Supongo que así es. Pero..., pero no han saltado las mariposas en mi estómago. Ésas que sí saltaban ayer, sin que viniese a cuento... y que hoy, con idéntica nula explicación, juraría que se me habían muerto dentro en algún momento de la mañana, del mediodía... Imagino que "K" me seguiría gustando si tuviese la ocasión de volver a tratar con él con asiduidad, como entonces. Y sé que, de no ser atracción... la amistad seguiría intacta, porque hay pocas personas con quien me haya podido sentir tan agusto en esta vida... y he visto claramente que sigue existiendo esa conexión peculiar, tan suya y tan mía. Pero..., pero he visto que ya no hay nada. Supongo que eso también me está indicando que algo en bruxana ya no existe... Lo que no sé si es bueno ó malo. Probablemente, no sea más que eso: evidente).
Tenía planificado, casi al detalle, ir a verle. Siquiera un saludo. Tenía la razón perfecta sin necesidad de buscarme una excusa. Era jueves, el primer jueves de junio...
No pudo ser. Una ampliación de mi horario de trabajo lo hizo materialmente imposible. Así que lo aplacé... sin fecha. Sería una de esas cosas que 'en cuanto tenga la ocasión', 'en cuanto tenga un día libre', 'total, tampoco tiene porquè haber una razón'... Simplemente, el asunto se quedó ahí...
Imagino que cuando a mediados-finales de febrero supe que era más que probable que a mitad de marzo tendría un par de días libres... planifiqué el ir a saludarle. Siquiera eso: un saludo rápido, un 'pasaba por aquí y, en fin, que hace mucho que no nos vemos'. Digo que lo supongo... porque tampoco tengo esa idea clara. La de 'planificar' nada. Pero estoy segura de que verle estaba entre mis proyectos. Sin obsesiones. Sin buscar nada ni esperar nada. Y contando con que era probable que no le viera: quién sabe qué horarios tendría él. Quien podría estar seguro, incluso, de que siguiera siendo su lugar de trabajo... Luego..., luego me surgieron estas medio-vacaciones en las que por sorpresa llevo días sumergida. Y en medio..., en fin, ese otro tema. Esa sospecha, ese sentimiento que me sorprendió y que no sé bien qué es, ó sí, pero no lo voy a reconocer. Y, de pronto, resurge mi natural capacidad para hacerme un lío en el corazón. Y es como si un agujero negro intentase tirar de mí. Y el tiempo cambia de ritmo, y me siento incapaz de aprovecharlo en condiciones. Y no lo consigo gestionar como debería (yo, que soy una autentica y reputada experta en aprovechar y dar de sí el tiempo...). Y, no sé porqué, él sale de mis planes. Sin más. Está ahí, pero fuera de mis proyectos para aprovechar este tiempo libre inesperado.
Pero, de pronto... De pronto, llueve. Y yo tengo que pasar por la acera de enfrente. No es algo premeditado: simplemente, tengo que ir a determinado sitio... y ese sitio está ahí, en la acera de enfrente. Y es casi noche, y las luces de las farolas ya están encendidas y están iluminados los escaparates. Llueve. A él no le gusta la lluvia: es de un sitio húmedo y vino huyendo de tanta humedad. A mí sí me gusta: Madrid es una ciudad seca en la que la lluvia suele ser una sorpresa y genera el caos. Pero sé que toda la vida le voy a relacionar con la lluvia, con la humedad en una ciudad tan seca, en un barrio que en mi recuerdo infantil está siempre bajo el sol y está siempre seco. Es curioso. Supongo que el haberle conocido, tratado, en uno de los pocos periodos lluviosos del reciente pasado es lo que conlleva.
Esta tarde llovía. Y yo iba ya cargada de compra, y teniendo que hacer más compra, y con el tiempo justo y calculado. Y sin otro plan que eso. Y sin paraguas, incluso: no me gustan los paraguas. Prefiero mojarme. La lluvia además me riza el pelo: lo tengo más largo que cuando él me conoció. Voy sin paraguas, el pelo ya húmedo, tan sin maquillar ni arreglar como la primera vez que nos vimos. Que me vió. Las luces de la calle están encendidas. No sé..., creo que miro por simple instinto. No busco nada. No le busco a él. Simplemente, miro: también las luces de su lugar de trabajo están encendidas... Y le veo. Son apenas unos segundos. Le veo tras dos puertas, una mampara: tres cristales. Al otro lado de la calle y de la lluvia. Son unos segundos. Le veo, no me vé. Sigo andando. No pasa nada. Ya no pasa nada. Le he visto, simplemente eso. Y no estoy segura de seguir sintiendo algo. De sentir lo mismo, aquello que sentía por él. Sí estoy segura de lo que sentí, de no arrepentirme jamás de no haber seguido con algo que podría haber sido..., pero que a medio plazo sólo nos haría daño a los dos. No me arrepiento de haberle dejado de ver. Ni de no haber cruzado hoy a saludarle, a darle dos besos amistosos: no era el momento.
Sé que siempre me gustará, que eso no podré evitarlo. Que el chispazo en el nacimiento del estómago ha surgido al verle, pero no me ha hecho temblar. Que si me vuelve a mirar, seguro, volveré a brillar, como sé y me dicen que brillaba entonces. Que me seguirá gustando su mirada, su piel, su voz y su olor. Que alguna vez, probablemente, aún sueñe con él, como soñé hace unas semanas que me besaba. Pero hoy sé que él es pasado..., y, que de ser algo más, sería futuro. Que no es presente.
Le he visto un segundo y no me ha visto. Al regresar, diez minutos más tarde, he visto a otra persona, un desconocido que estaba con él, y ya no le he visto. Tampoco haberle visto solo me habría hecho cambiar de idea, de acera, entrar a saludarle. No, hoy no. Hoy llovía. A él no le gusta la lluvia. A mí, sí. Tal vez sea lo único que nos diferencie. Hoy le he visto y él a mí no. Tal vez el final de algunas historias sea tan simple como esto.
Fue el último sueño de la noche. De una noche de ratos de insomnio y pausas de duermevela, de sobresaltos sin explicación racional, de escuchar los latidos de mi propio corazón, cómo se aceleraba y cómo se iba ralentizando por tiempos. De, seguro, otros sueños que no recuerdo. Una noche consecuencia de lo que pudo ser un ataque de ansiedad, y que si no lo fue, es porque ya conozco los síntomas y cómo irlos controlando...
El sueño. En el sueño, estoy dando un curso. Como alumna, digo (ó eso creo, que estoy asistiendo y no impartiendo). Da igual. Tampoco recuerdo de qué iba el curso. Imagino que otro más de los que dí hace tres, cuatro años, aprovechando el desempleo con subsidio y, aunque en "b", sueldo. En el sueño estoy dando un curso, aunque no recuerde ya de qué, ni con quien. Sí sé que es en un colegio cerca del barrio donde me he criado y donde voy todas las semanas. En el sueño, de pronto, reparo en ese detalle: el sitio donde estoy. El barrio. La zona. Y, de pronto, mi prioridad es buscar el modo de verle...
Creo que en mi sueño combino la idea de dar clase con la sensación de estar sujeta a un horario rígido de trabajo donde no se puede una escaquear, ó, si acaso, unos minutos y sin ir muy lejos. Mi situación laboral actual, vaya. Por eso, me recuerdo planificando a ver cómo..., hasta que me doy cuenta de qué tonta soy: !!! si estamos en el mismo edificio!!! Sólo tengo que bajar a la planta baja, entonces. Estoy en el segundo. Y sé que él está en el bajo.
No recuerdo la escalera. Sí su olor. Es curioso el mundo de los sueños. Recuerdo una luz sucia, y el olor de centro escolar. Ese olor a goma de borrar, a colonias infantiles, el olor de la comida de viviendas diversas que entraba por las ventanas del patio. El olor de tener el triple de niños permitidos en cada clase, y sin ventilación apenas, y con muy poca limpieza por parte del centro... El olor del colegio de mi infancia, en ese barrio. Y es que estoy en el colegio donde estudié de niña. E, ignoro porqué, él está abajo. Abajo, cuando en mi antiguo colegio no había otra planta que ésa: era la planta baja de un edificio de viviendas. Veo el colegio como era. Voy hasta la clase, cruzando un pasillo de suelo de terrazo sucio, con friso de plástico marrón y gris en las paredes. El pasillo no tiene ventanas, y es estrecho. Más estrecho de lo que recordaba: claro, yo he crecido... Voy hasta la clase, que es donde estudié 6º de EGB. La clase de mis diez, once años. Sé que está allí. No sé ni porqué está, ni porqué lo sé. Pero está. Las ventanas quedan a la derecha, pero frente a la puerta. Y es que la puerta está en un rincón, y hay que darse la vuelta para ver el aula. Las ventanas son dos, grandes, pero más pequeñas de lo que recordaba. Y, sí, está allí. Entro, saludo, y no sé si me responde. Lo que recuerdo claramente es que no me hace caso. Está solo. Arreglando un ordenador. No sé porqué está allí, ni qué hace arreglando nada. Veo ese aula tan conocida y tan recordada (curioso, ahora recuerdo que, además, también dí parte de 8º de EGB. Y no lo había recordado hasta ahora mismo... tantísimos años más tarde). Y la veo desde donde nunca la ví: desde la pizarra. Desde donde la veían mis profesores, claro. Y estoy frente a él, que arregla un pc y no me hace caso. La luz proviene de dos fluorescentes supervivientes entre otros muchos ya fundidos. Las persianas están casi bajadas. Veo sucios los cristales de las ventanas. Entiendo que ahora esa clase es algo así como un almacen: ya nadie da cursos de nada allí. Por eso él está. Pero no sé porqué está, ni porqué el ordenador y las herramientas, ni porqué su indiferencia ante mi presencia... Pero no me amilano. Y repito el saludo. Y, como la cosa más normal del mundo, voy hasta él. Dos pasos desde la pizarra. Nos separa la mesa donde están las herramientas y el aparato que tanto retiene su atención. "Anda, ven que te dé un par de besos, que esto no es modo de saludar a los amigos", creo que digo, en el tono más distendido que se me ocurre... aunque mi ánimo es otro. Porque no entiendo esa indiferencia, y me duele, en el fondo, aunque sé que no debería dolerme. Que no hay razón. Que no hay nada. Que ni siquiera tendría que saludarme, si no le apetece: yo no soy nadie en su vida. Y hace más de un año que no nos vemos, que no ha sabido nada de mí. Y los besos son ese contacto de mejillas y poco más, esos besos de cortesía lanzados al aire. Y, de pronto, el olor de su piel. Y el tocarle al acercarme. Y... Y me mira. Y sigue a lo suyo. Y, sí, quizá me saluda. Y yo entiendo que debo irme, que no pinto nada allí. Y el olor de su piel se mezcla con el olor de las tizas, de la colonia infantil, de lo que en ese momento sé que es el olor de la primavera en la calle, y no sé porqué este sueño, otra vez y otra vez con él, tiene olor. Y me voy a ir, sé que digo algo como "veo que estás muy liado. Nada, que estoy en un curso aquí arriba y bajé a saludarte, no te fueses a enterar luego que estuve por aquí y ni me acerqué". Y lo digo todo fingiendo una despreocupación y una ligereza que no siento, pero que...
Y, entonces, me vuelve a mirar. Y sé que en ese momento me ha visto. Que es como si hasta entonces, no se hubiera dado cuenta. Y me reconoce. Y..., no sé. En el mundo real, las cosas nunca fueron así ni serán nunca. Pero esto es un sueño. Y estoy en un sitio que ya no existe, y... - Ven aquí, que te salude en condiciones, que ya está bien..., que no sabes las ganas que tenía de hacer esto de una vez.... Y me besa. Y siento sus labios en los míos, que se abren para recibirle. Me besa atrayéndome hacia sí desde los hombros. Y yo mantengo los ojos abiertos un segundo, y veo la luz del sol que lucha por entrar a través de las rendijas de las persianas bajadas. Y cierro los ojos. Y me dejo llevar... Y no sé qué más me dice, mientras me sigue besando...
Y me despierto. Y ya es la hora de levantarme, y no puedo permitirme intentar volver al sueño...
Es sólo un sueño. Pero... No sé. Nunca me ha besado. Nunca, nunca, pude deducir que quisiera hacerlo. Ó... igual sí, qué sé yo. Sé que nunca lo hará. Probablemente, porque tampoco vuelva a verle, ni él a mí, ó igual sí, ó... Pero sé que besa así. No sé porqué lo sé. Tal vez, por lo mismo que mientras traté con él sabía tantas cosas que no me contó antes, pero que hacían tan naturales todas nuestras conversaciones. Sé que besa así. Y es que el beso de mi sueño no era el recuerdo de otros besos, de otras personas. No. Sé que sólo fue un sueño, pero sé que era él quien me besaba. Sé que besa así...
Y ese sueño tal vez fue lo único positivo de esta semana horrorosa. Que me levanté como si me hubiese pasado por encima una apisonadora, porque apenas había dormido y me sentía fatal y no me podía quedar en casa y todavía me quedaba el día que no podía ni imaginar tan catastrófico como fue..., pero estaba ese olor, ese recuerdo, la humedad de sus labios en la humedad de los míos. Un beso inesperado en el sueño, imposible en la realidad. Pero que sé que es así. Que, aunque nunca me bese en la realidad, ni yo necesite que lo haga..., he soñado con sus besos. Y sé que fueron un sueño. Y, aunque no sepa porqué, sé que realmente son así.
Desde hace días, me acuerdo de "K". Bueno, no exactamente es así: más bien debería decir que llevo días en que, de pronto, me acuerdo de "K". No es pensar en él de forma consciente, ni echarle de menos, ni nada por el estilo. Como he repetido otras veces: al contrario de lo que se pueda deducir leyendo alguno de mis post, no soy una persona nostálgica. Nunca he creido que el tiempo pasado fuese mejor que el actual. Es más, soy de las que creen que ni el pasado ni el futuro existen: siempre es presente. No podemos volver al pasado, por lo que tampoco es algo "real", ni podemos avanzar a voluntad para visitar el futuro y regresar, así que tampoco el futuro existe. Será presente ó no será.
Pero..., como digo, de pronto me sorprendo recordando a "K". No hay motivos ni razones claros. Nada en mi presente tiene que ver con él. No voy por el sitio donde nos conocimos, ni por su barrio, ni frecuento lugares donde podría hasta encontrármelo, llegado el caso. Mi trabajo no tiene nada que ver ni con su persona, ni con el suyo, ni con la razón por la que le conocí.
¿Entonces? Pues eso: entonces, nada. Pero me acuerdo de él. Sin más. Sin poder proyectar verle en un futuro más ó menos inmediato. Sin tener claro que lo que me vienen sean imágenes del tiempo en que era mi presente. Sólo es eso: me acuerdo de él. Y sigue mi vida. Y ya está.
A estas alturas de la historia, de mi historia, sé que volveré a verle. Que no hay nada que indique lo contrario. Pero no sé cuándo, ni en qué circunstancias. Ni me preocupa. Es más, tampoco me alarma la idea de suponer que igual no vuelva a verle nunca. Como digo: está ahí, en lo que hace tres años era mi presente. Estuvo en una etapa de mi vida. Pudo ser algo más, pero no fue. También porque yo no lo quise, supongo. Dejó como "consecuencia" la creación de este blog, lo que ya es mucho más de lo que otras personas que han pasado por mi vida han dejado, mirándolo bien.
En diciembre hará tres años que dí por concluida aquella historia, que pude ser otra cosa pero que no lo fue. Lo que no significa que quedase en nada: para mí, fue importante. Creo que "K" es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Conocerle, ó encontrarle, ó encontrarnos... ó lo que fuese aquello. Desde entonces, le he visto dos veces. Nos hemos visto dos veces. La primera vez...., bueno, me quedó claro, otra vez, que lo que sentí en su día, lo que intuía y lo que me repetía que no, que seguro eran imaginaciones mías... no fue así. Ó sí lo fue: hubo algo. Ese "algo" que le hizo recibirme en ese encuentro con frialdad, casi con reproche... para en dos minutos derretir de nuevo el hielo y retomar la conversación donde lo dejamos. Porque eso es lo estupendo de "K", ó lo estupendo de nuestra relación: es todo un diálogo. Es como mantener una conversación sin final, donde siempre hay algo que contar, donde encontrar paralelismos, donde..., donde están sus ojos y me miran. Y yo resucito, de pronto, porque me veo en su mirada. La segunda vez fue el pasado diciembre. En mi vida todo iba fatal. Y en la suya..., bueno, las cosas tampoco iban bien. Fue un encuentro buscado por mí... y distinto a lo esperado. No, no por su recibimiento. No por sus gestos, ni por sus palabras, ni..., no sé: igual estuvo de más. Pero no, no lo estuvo. Hacía año y medio que no nos veíamos, y la conversaciòn, la complicidad, fue mayor que la que tengo con gente a quien veo a diario. Regresó la magia. Seguro es que, simplemente, nunca se fue.
Y ahora..., ahora de pronto me estoy acordando de él. Sin explicación. Ó..., quizá sí la hay. Porque en realidad cada día bordeo con el tren el barrio donde vive. Y aunque sé que jamás me lo encontraré (entre otras cosas, porque creo que nunca ha cogido un tren de cercanías: es de los que conduce para todo y además le gusta mucho hacerlo), es probable que inconscientemente lo desee. Encontrármelo. Verle, siquiera eso, aunque él no me vea a mí. Qué tontería. Y porque en la época en que nos conocimos yo estaba aprendiendo a manejar el programa Access, y en Access está creado el puñetero aplicativo que empleo cada día para trabajar (y que tanto me complica la vida), e igual, por asociación de ideas... Incluso, porque un día me contó que un familiar suyo había trabajado años en la empresa matriz a la que pertenece la que me tiene a mí contratada: claro que somos como trescientos mil empleados, y que, seguro, conozco más personas relacionadas con ella, pero...
No sé. Claramente, estoy intentando encontrar explicaciones lógicas a algo que no, no entiendo. Y es que si me paro a pensarlo, deberé reconocer que, en realidad, es que le echo de menos. Que lo que desearía es irle a ver, contarle qué estoy haciendo con mi vida, también la laboral. Sentirle cerca de mí. Verme en sus ojos. Y volver a sentir lo que sentía cuando estaba cerca de él. No, no es amor. Nunca fue amor. Ni siquiera realmente me planteé entonces que pudiera serlo. En realidad, no sé lo que fue, pero si que fue algo.
Inconscientemente, echo de menos a "K", y me gustaría tanto, tanto, verle, que... Pero no puede ser: nuestros horarios son completamente incompatibles. De eso sí que estoy segura. Y... quizá por eso su recuerdo me asalta la memoria, sin vernir a cuento. Y si paso por su barrio, aunque jamás piense en él, alguna célula de mi piel debe sentir que el aire que la roza ha pasado antes junto a él, y eso debe hacer que se estremezca. Y yo no sé qué ha pasado, pero de pronto, le recuerdo. Y si veo una casilla errónea en el aplicativo del programa de marcación automática... de repente, una neurona que hace tres años ya estaba presente el día en que le comenté que "andaba con el access", y supo que él conocía también el programa, va, y lo relaciona, y...Y vuelvo a recordarle, aunque sólo sea eso: un recuerdo repentino.
No sé. Igual todo esto es una soberana tontería. Ó, lo mismo, simplemente llevo días acordándome de "K" porque tenía que escribir este post. E, igual hechos los deberes, su recuerdo abandona mis días conscientes.
-La primavera (que igual sigue alterando la sangre, a pesar del paso de los años y mi total rechazo a esa idea). -El calor (no sólo el "natural" de la calle, sino el provocado y producido por la extraña costumbre de mis vecinos a tener encendida la caldera general del edificio... consiguiendo que mi casa esté a 30ºC a las 22:00h, a pesar de tener la mitad de los radiadores averiados y las ventanas abiertas... qué calor innecesario y absurdo). -La falta de empleo ni perspectivas de encontrarlo (a pesar de enviar media docena de CV's diarios, mínimo, a ofertas publicadas en Internet). -La natural angustia que el desempleo provoca (no quiero pensar en ello. No pienso conscientemente... pero sé que esto es insostenible. Dos meses más, tres a lo sumo... y no sé qué voy a hacer). -Los pequeños traspieses cotidianos. -Mi sobrepeso inevitable (que me hace cada vez reconocerme menos en los espejos). -Estudios que dejé a medias (a pesar de haber invertido un buen dinero en ellos). -Personas de quienes no sé nada desde hace demasiado tiempo (y sin saber cómo llegué a esa situación). -Recuerdo de amigos (que luego no se portaron como tales cuando de veras hizo falta)...
Demasiadas cosas. Y quizá la consecuencia sea seguir teniendo esos sueños extraños, que en otras épocas de mi vida eran algo tan excepcional... y que ahora son una constante.
Esta noche, de nuevo. Iba a verle. Al principio, no sé bien porqué... pero el caso es que iba a verle, y el asunto derivaba en que tenía que hacerme un reconocimiento. Sí, de ésos que hay que hacerse para renovar el permiso de conducir, mismamente. Un psicotécnico. En el mundo real, ni necesito en la actualidad nada similar (renové el carnet hace año y pico) ni él se dedica a nada que tenga que ver con ese tema. Pero voy a eso: a "pedir hora" para ese psicotécnico. En mi sueño, raro como todos, él es él... pero yo sé que algo no encaja. Sé que es él porque reconozco su trato, su voz, su presencia. Porque reconozco el sitio (en principio, sí es el lugar donde trabaja). Porque me invita a pasar a su despacho (ó algo similar: he estado allí con él docenas de veces, por simple cortesía y por amistad, y porque las cosas eran así...). En mi sueño es él, soy yo. Es verano. En un primer momento, mediodía de un verano exageradamente luminoso. Un verano que me regresa a los veranos de mi infancia. A un recuerdo de determinado ambiente de verano que dejo de relacionar con éste en el año 92'... ignoro el porqué. Pero al rato (los sueños, ya sabemos...) ya no es mediodía sino tarde/noche. Ese momento que suele aparecer como escenario cuando sueño con él. Y estoy en su despacho. Y planificamos ese reconocimiento, ese examen, para días más tarde... ¿quizá el lunes porque es viernes? ¿porque es miércoles, como el pasado, anterior a un puente? No lo sé. Hay gente que entra y sale, que saluda. Realmente, todo eso está dentro de la normalidad...
Pero en mi sueño él no es él. De pronto, él, que en el mundo real es un hombre atractivo (pero no de los que harían volver la vista a su paso, creo que eso lo sabemos todos), que es correcto en el vestir, tal vez de estilo más joven de su edad real (tampoco la aparenta. Imagino que el vestuario influye, claro), en mi sueño lleva una camiseta breve, y luce tatuajes. Tatuajes que, de eso estoy segura, no lleva en la realidad. Porque no es su estilo... y porque he visto bastante superficie "visible" de su piel como para saber que no, que no existen. Pero yo los veo normales en el sueño (ya digo: sueños). Y pregunto por el significado de alguno. Y el sueño... vira hacia un aire de sueño dentro del sueño. Y mi intención ya no es tan "cliente de un profesional que además es amigo", sino se vuelve provocativa. Y siento que él lo entiende. Y sé, en ese momento, que él además es médico (no, no lo es ni por asomo en la realidad) y que el examen que planificamos no es un psicotécnico, sino un examen médico... Y siento miedo, como a todo lo relacionado con los médicos, pero en lo más profundo... algo hace que me atraiga la idea... Y pienso en cómo iré vestida, en cómo podría desviar su atención hacia mí en vez de como "paciente", como mujer. Cómo desviarlo... ó cómo confirmarle que sí, que lo que él también piensa y desea es posible...
Ya digo: sueños. Le he convertido en un tipo de "chulazo" en mi sueño... y casi me parecía normal. Y pocos hombres habré conocido con menos "pintas" de chulo que él, francamente.
Luego el sueño ha derivado en otras cosas (ajenas ya a él y a esta historia). Imagino que porque en algún momento he despertado y he seguido de inmediato con una nueva película... En fin. Al menos, estas tonterías me sirven para actualizar el blog...
En mi sueño, voy a verle. Voy para contarle que he soñado con él.
Es una visita casi ingénua, casi de "...pasaba por aquí, ya ves. Y sí, qué tontería lo que te tengo que contar. Que la otra noche soñé contigo. Sí, ja, ja, ja... Nada, que no lo recuerdo, no. Que en serio, que no es que no te quiera contar de qué iba el sueño..., que sólo recuerdo eso, haber soñado contigo".
En mi sueño, es casi de noche. Es ese momento en que la tarde se rompe en trozos, es un azucarillo que hemos ido dejando empapar en café sin soltar del todo, sostenido en la pinza que forman nuestros dedos. Y el blanco se vuelve marrón, como la luz del sol de tarde se ha ido oscureciendo. Y ya no hay ese resplandor rojizo, y se encienden las farolas. Y soltamos el azucarillo dentro del vaso. Y ya no es casi de recibo saludar con un "buenas tardes" si nos guiamos por el color del cielo. Pero el reloj nos dice que no es de noche. Y yo no le saludo con un "buenas noches" porque nunca fue noche en nuestra relación. Siempre fue de día, aunque en la calle iluminasen las farolas y los luminosos de los locales. Nunca fue "buenas noches". Y no lo serían, serán, jamás: no hay un futuro de noches a su lado.
Le cuento, y sé que le puede sonar a excusa, e igual lo es, que he soñado con él. Y yo sé que no es una mentira: que estaba en mi sueño pasado. Pero quizá sí es una excusa: algo tonto que también sé estará llamando su atención. Su atención sobre mí, que estoy allí, casi bromeando aunque le diga la verdad, casi coqueteando aunque no pretenda nada. Pasaba por allí, he visto luz, he entrado a saludarle. "Que sí, soñé contigo... ya vés que tonterías... Si hace meses que no te veo para nada!!!"
En mi sueño, creo que en todo momento sé que en realidad es un sueño. Un sueño en que hablo de otro anterior, igual de cierto y de falso, dentro de su naturaleza onírica. En este sueño, recuerdo el de dos noches atrás. Y comparto con él ese recuerdo... aunque creo que en todo momento soy consciente de que no es verdad. Que es tan falso como la vez anterior. Que no estoy ó no está. Que estamos, pero cada cual en su cama y soñando. Yo, con él y conmigo. Él... quién sabe. Pero no conmigo.
Hay sueños que tienen luz, que tienen colores. Algunas veces, mis sueños tienen olor. Y eso los hace más reales. En mi sueño, hoy, hay olor. Además de la luz que dejé en el cielo y en la calle, esa luz que me indica que la tarde ya casi es noche, y la luz que ahora me ilumina en el interior, y la luz de su mirada, hay olores. El de su entorno laboral, que me es tan conocido, desde años antes de que él estuviera allí. Y, sobre todo, el de su piel. Creo que en todo momento sé, en el fondo, que estoy soñando..., pero está él y está el olor de su piel. Y no sé qué podrá haber en mi noche real, en mi cama que él jamás conocerá, que me haya traido su olor. Y por eso, dudo: sé que es sueño mientras sueño. Pero... ¿y sino lo es?
En mi sueño, no sé cómo ni porqué, desde donde estoy ahora: despierta y con los recuerdos desvaneciéndose como se derrite el azúcar en el café caliente...,en mi sueño, me acerco mucho a él. Ó él a mí. Como algunos momentos lo estuvimos en la realidad: rozándonos. Sin respetar ésa distancia personal, ese espacio propio. Invadiéndonos el espacio, y sintiéndonos agusto con esa invasión, felices de poder invadir y ser invadidos. En mi sueño, creo que el tono al comentar el motivo de mi visita es pícaro, ó él lo entiende así. Insinúo y él comprende. Y estoy tan cerca, que el olor de su cuerpo me envuelve, como la oscuridad ha envuelto en el cielo el pasado resplandor del sol. Y su mirada me ilumina como ilumina en el exterior la luz de los comercios. Y no sé cómo, ni porqué, pero me besa y le beso. Y todo es normal. Y yo, que nunca le he besado ni me ha besado él, que sé en mi mundo consciente que eso nunca pasará... reconozco esos besos. Y reconozco el tacto de su piel y sus manos en la mía. Reconozco y recuerdo algo que no ha pasado nunca, que nunca pasará. Sé que es él. No es el recuerdo de otros dedos, de otros labios, la humedad de otra saliva ú otro sudor: sé que es él.
En mi sueño, los fluorescentes han pasado sin saber cómo a ser la luz que viene de otro despacho. La luz que llega desde fuera, como desde fuera llegan amortiguados los ruidos de la tarde, que va siendo noche, en el centro de la ciudad. Y cierro los ojos. Y sé que es un sueño... pero es un sueño del que no quiero despertar. No quiero ser consciente de que la realidad es otra, me repito que no, que sé que no está pasando..., pero son tan reales sus labios, es tan real su aceptación de que aquello pasa porque no había otro remedio, otro fin y qué más daba lo largo que ha sido el camino para llegar ni el tiempo que hemos esperado... que sólo hay eso. Sus besos, que reconozco y que nunca conoceré.
En mi sueño, ya digo, todo era posible y todo fue tan fácil. En mi sueño, recordaba sueños anteriores y se los contaba como sé que lo haría si se diera la ocasión. Pero sé que en la realidad contarle mis sueños no provocaría esa reacción. Lo sé.
He soñado con él. He soñado que compartía el recuerdo de un anterior sueño y que él lo aceptaba y entendía como algo más. Como lo que seguro que son esos sueños míos, sin sentido ni motivo. Ahora, sé que conozco el sabor de sus besos y el recorrido de sus manos en mi cuerpo. Que nunca me han tocado en la realidad.
Y todo porque esta noche mi sueño tenía el olor de su piel. Simplemente eso. Un olor que guardo inconsciente en mi memoria, y no sé porqué hoy ha vuelto. Y que me ha parecido tan real, tan vivo, tan lleno de algo que no es sólo pasado, otoño... Y lo demás... da igual. Lo único real es que era de noche. Y.... que sólo se ha tratado de un simple sueño.
No, no en la misma "escena". Ni siquiera tengo claro si fue en el mismo sueño ó si fueron dos diferentes, de ésos que se tienen en el duermevela, que se rompen al abrir los ojos un segundo y ver que aún no es de día, ó no es hora de levantarse, y luego ya no se retoman... ó sí.
Sí sé que si los recuerdo, los sueños fugazmente, es porque estaban ellos. Y porque debieron ser poco antes de despertarme del todo.
¿Argumentos?? A decir verdad, ya no los recuerdo. Ni siquiera estoy segura de que los recordase ayer nada más despertar. Pero sí tenía esa seguridad. Seguridad, y extraña sensación, que me acompañó casi todo el día...
En el sueño donde "K" aparecía... No sé, no estoy segura de que hablásemos, de que estuvieramos juntos en algún momento. Quizá todo se reducía a que yo le veía. Que iba a buscarle, tal vez, ó simplemente pasaba cerca del lugar donde trabaja (algo habitual, pasar por allí. Y desde muchos años antes de estar él por ese lugar). El caso es que le veía. Como los sueños difuminan la realidad, creo que le ví más joven de lo que realmente es. Ó tal vez su forma de vestir..., no sé. En el mundo real, es una de esas personas que aparentan, en todos los sentidos, menos años de los que sus documentos oficiales dicen que tienen. Y también su forma de vestir, aunque el hábito no haga al monje, refrendan esa sensación. En mi sueño, ya digo, estaba él, y estaba en el sitio donde trabaja y donde le ví por vez primera. Y no estaba solo... y ahí es donde pienso que mi sueño se difumina y se pierde para que no recuerde claramente... Estaba con él (lógico) su pareja. Y también ella era ella... y no lo era. En el mundo real, es una mujer guapa, de ese tipo de mujeres que lo son sin regirse, obligatoriamente, por cánones "oficiales" de belleza. Una belleza totalmente natural (no gusta de grandes adornos, de joyas ó ropas sofisticadas)... y eso es lo que en mi sueño "chirriaba": la ví con un vestido amarillo... y un aire general de "diva" de teleserie de los 80'. Ya se sabe: hombreras, tal vez un tocado... Y maquillada, muy maquillada. Aún así, sé que era ella. Y lo único que ahora aún recuerdo es algún gesto cariñoso de él hacia ella: cogerla por los hombros, tal vez darle un beso... Gestos que, en el mundo real, nunca ví entre ellos... aunque eso jamás, nunca, me hiciera dudar de que sí existían en su relación...
Como digo: recuerdo verle, verles, y no creo que me relacionase con ellos. Pero al despertar estaba esa imagen, ese recuerdo. Ese "he soñado con K". Porque quizá en el sueño sí me miró, sí me vió... y, como en el mundo real, eran algunas miradas, inesperadas, fuera de contexto, lo que me hacía dudar de aquel modo..., lo que me hará dudar siempre de si realmente nuestra relación no era más que una amistad cortés y circunstancial... ó, como sé que llegó a sospechar alguien más en nuestro entorno, había más cosas...
En el sueño donde estaba "M"... Es curioso también: lo ví como era cuando nos conocimos. No como había ido cambiando según pasaba en tiempo, ni, menos, como seguro es hoy (que será una fotocopia de como era su padre, al que conocí también. "M" era idéntico a su padre pero con los ojos de su madre, grandes y color café). ¿Qué pasaba en el sueño..??? No sé. Tal vez si ayer me hubiese puesto a escribir este post (no tuve tiempo), pudiera contar algo más. Pero también al despertar tenía esa sensación: he soñado con "M". He estado con "M".
Porque en mi sueño me besaba. Nos besábamos. Y tal vez desde ayer tengo claro que no sólo el tacto de su piel vivirá siempre en las yemas de mis dedos, y que le encontraría entre un millón aunque me vendasen los ojos, sino que vive conmigo el recuerdo de sus besos. Y quizá por eso en mi sueño él era como le ví cuando nos conocimos y no como fue y como seguro será y sé que es. En mi sueño, me besaba. Y esos besos sólo podían devolverme, regresarme, al momento en que nos conocimos y todo, aún, podía ser posible...
No soy de interpretar sueños. No, al menos, los míos.
Pero, si quisiera sacar algún tipo de enseñanza de éstos...
Ver a "K", no recordar si en mi sueño siquiera me hablaba, verle a través de dos cristales, ver que estaba acompañado de quien supe era su pareja (ya digo: en el sueño lo era... y sé que sí, que era una versión "disfrazada" de ella), ver a ambos como "antes" de este tiempo real (ella por su extraño vestido; él, por verlo más joven de lo que es, aunque no lo conocí en esa realidad)... tal vez me está diciendo que mi relación con "K" realmente nunca tuvo futuro, y yo siempre lo supe. Que tal vez si nos hubiéramos conocido antes... No sé. "K" estaba tras el cristal y yo fuera, y a una distancia. Y era de noche. Y en el sueño veía un afecto hacia otra persona que, ignoro porqué, nunca ví en el mundo real... aunque siempre estuve segura de que ese amor por ella existía... y también eso me supuso un freno, una autolimitación, para dar otro paso más. Tal vez era eso: no entré en mi sueño a saludarle porque me frenó ese "estoy con ella y a ella la quiero".
No sé.
Ver a "M"... me devolvió a un tiempo donde, como digo, aún podían pasar tantas cosas... El tiempo de las primeras ilusiones. Pero en mi sueño era eso, pasado: él era el "M" del pasado. No sé si pasó algo más, porqué apareció a mi lado, si tras esos besos se fue (como tantas veces, sobre todo aquellos días, en que los besos no sé si nos bastaban ó si, simplemente, necesitaba verme y besarme e inventaba excusas para aparecer unos minutos antes de irse a cualquier cosa) ó si... No lo sé. Pero, como digo, el sueño me retornó a un tiempo pasado, y me devolvió el recuerdo de sus besos. Un recuerdo que había perdido.
Y, tal vez, que recuerde ambos sueños me dice que mi relación con "M" fue real, aunque es pasado y no regresará. Y la de "K"... que no fue realmente nada...
Ó sí, por eso sueño con él. Por eso recuerdo el sueño.
Da lo mismo. En unos días, habré olvidado completamente ambos sueños.
Posiblemente, por eso hago este post: porque soy consciente de cuan rápido se olvidan algunas cosas... y, regresando al comienzo de esta aventura de "tener un blog", dejar constancia escrita es, sobre todo, una manera de certificar que algo aconteció.
He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.
¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...
Calabacit@'s que (últimamente) pasaron por aquí : NOTA:
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Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"
Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.