La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

Categoría: Diario íntimo

18 Abril 2012

Nada.

Simplemente, supongo que ya no queda nada que salvar.
A veces, en esos extraños momentos de lucidez que, pese a todas la ilusiones, me asaltaban... No, no sé. Iba a decir, escribir, que en realidad siempre tuve claro que no había nada. Ó, al menos, que en esos momentos lúcidos me daba cuenta de ello: en realidad, no había nada. Pero no es del todo cierto.
Ni siquiera era capaz de darme cuenta de algo así.

Sé que hace dos meses tomé la absoluta, definitiva, irreparable decisión de dar carpetazo a todo eso, a todo esto ó todo aquello. Pero... Es fácil volver a ilusionarse, a decidir dar una nueva oportunidad. E imagino que lo hice. Porque lo necesito, necesito tener algo que me indique que es posible salvar algo. Y entonces me agarro a cualquier palabra y me creo cualquier mentira, aún a sabiendas de que es eso, una simple ilusión en el sentido más exacto del término. Y me doy nuevos plazos, nuevas oportunidades. A estas alturas, sé bien que sólo me puedo dar esas oportunidades a mí misma, porque también sé que no hay nada más. Porque juego sola.
En realidad es eso. Me cuento historias, soy al tiempo Sherezade y el Sultán. Me cuento la mitad de la historia y me marco un nuevo plazo para la otra mitad. Y esperar que llegue el día para esa segunda parte me ayuda a levantarme de la cama, a pasar un día y dos y tres, a imaginar que es posible... Pero en realidad  no lo es. Y me cuento esa otra media historia, pero vuelvo a fabular y vuelvo a hacer planes ó a creérmelos. Y pasan otros dos días. Y todo vuelve a empezar aunque en realidad no ha pasado nada. Todo sigue donde empezó: no hay nuevos comienzos.
No hay nada. Desde hace mucho, no hay nada. Nada más que yo y mis sentimientos no correspondidos y mis deseos. Nada más. Supongo que en realidad es que nunca hubo otra cosa, nada más allá de mí misma.

Sobreviví a marzo, también imagino que porque son ya muchas vidas sobreviviendo dentro de la única que tengo. Sobreviví a mis miedos y a las certezas que son las palabras y los silencios, ésos que suelen contar más que las primeras. Pero quise seguir creyendo que, seguro, todo tenía un porqué. Y le dí una oportunidad a abril.
Pero..., qué más da. Qué más da, si en realidad hace tanto que algunas cosas sólo existen en mi deseo de que pudieran ser reales.

No, no queda nada que salvar. No llegará mayo, lo sé y por fin me atrevo a escribirlo. No me quiere y ya no queda nada. Y Sherezade está cansada, muy cansada, y ya no tiene más cuentos. Sólo quiere dormir ó que el Sultán definitivamente cumpla con su papel en el juego, al llegar el día.

No hay nada más que salvar en una historia que, me temo, no existió más que en mi deseo de que, por una maldita vez en mi vida, las cosas salieran bien. No hay nada que valga la pena salvar cuando ni siquiera se da cuenta de cuando estoy llorando, al otro lado.
Quizá, al otro lado de lo que es realmente la vida, una vida real en la que determinadas historias nunca tuvieron posibilidades de existir. Por mucho que me empeñara ó hubiese empeñado en ello.
Al final lo único que  triunfa son las evidencias. Esas que por mucho que miremos para otro lado ó que cerremos los ojos ante ellas, no deján de estar en su justo lugar.

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15 Abril 2012

Naufragios.

Me refugio en la hiperactividad más absurda, más inútil. La que sé que, cara a la galería, muestra de mí una imagen entre frívola y trabajadora que..., en fin, que simplemente me sirve como máscara. Que hace años descubrí cuan útil puede ser cuando lo que se  busca es que nadie vea la realidad.
Y me río, y hasta me disfrazo si es menester. Y todo parece ir bien, aunque mis comentarios sean de una ironía que hasta puede superar el sarcasmo, pero da igual. Apariencias. En estos momentos puntuales casi agradezco esta sociedad que tanto valora las apariencias, porque me sirve para que no se trasluzca nada más.
Me vuelvo invisible de puro mostrarme, de pura evidencia de que soy y estoy. Es esos días en que salgo en las fotos. Y las muestro. Y sé que quien vé la foto no va a ser capaz de ver nada más, de verme a mí aunque me tenga delante.

Ayer fue catorce de abril. Esa fecha que es una efemérides en el calendario común, incluso en el de la Humanidad. Esa fecha que, por sorpresa, pasó a ser un aniversario personal desde el pasado año, porque eso es lo que son las fechas en que pasa algo inesperado que sabemos va a cambiar el rumbo de nuestras vidas que no pasarán a la Historia.
Supongo que ayer debería haber escrito algo sobre todo eso. Dos años desde aquel catorce de abril, que realmente tampoco tuvo importancia, pero sí.
Y, sin embargo, dediqué el día a editar fotos, a enviarlas por email, a publicar en comunes 'perfiles' de redes sociales. A responder comentarios al respecto. A echar mis gotitas de vitriolo en esos comentarios... aunque sé que difícilmente nadie más sería capaz de detectar ese toque de veneno.
Dediqué el día a intentar no pensar en lo que realmente me importa.

Da igual. A nadie más le importa mis naufragios personales. A ratos, pienso que ya ni a mí, en realidad. Y que simplemente debo decidirme de una vez a soltarme de esta tabla que insisto casi desde ese día en emplear como salvavidas... aunque lleve tanto tiempo viendo como se desmenuza ante mis ojos, sin que yo haga esfuerzos por soltarla, por buscar un puerto, ó  por aprender a nadar.

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3 Abril 2012

Y marzo, y abril...

Y marzo...
Y marzo volvió a cruzarse en mi vida, volvió a cruzarla, se atravesó  y me hizo atravesarlo como se debe, seguro, tener que atravesar una tormenta noctura en el mar, teniendo como única idea y ùnico objetivo el poder salir de allí... pero sin saber de qué modo, por dónde ni hacia donde se va...

Miro hacia atrás, y veo el comienzo de mes allá en un jueves del que no tengo recuerdos.
Marzo. Este marzo que se me difumina, del que recuerdo retazos entre lágrimas. Un marzo extraño. Bueno, en realidad casi todos lo son, de un modo ú otro. Casi todos. Tengo marzos en mi recuerdo en que precisamente lo peculiar es que no pasó nada. Que el mes comenzó y terminó sin más novedades que el regreso de la primavera y el cambio oficial de hora. Y nada más.

Marzo de planes inconcretos, de renuncias abandonadas en el último instante. De teléfonos, de llamadas que no son y otras que no dejo que sean, y otras que no deberían ser pero son, inevitablemente son. Marzo en que miro hacia atrás sin darme cuenta, y es otro año más y otro y otro. Y me vuelven recuerdos de luz, de espera sin esperanza, de luna llena, de flores de almendro y regaliz de fresa ácida, y fresas con yogur y chimenas urbanas. Marzo. Y de pronto vuelve a nevar, y de repente llega el verano... Y otros años todo se acaba, ó empieza sin darme cuenta otra historia. Y repito como un mantra que 'nada cambiará mi mundo', y en ese mismo instante sé que todo está cambiando y que nada volverá a ser lo que era, porque no sé cómo pero de pronto le he mirado en el momento en que me estaba mirando, y he visto sus ojos como si hasta esos momentos no hubiesen existido, y he visto su mirada en mí. Y nada de eso quiere decir otra cosa, pero...

Ha sido un mes duro y raro. Pero he sobrevivido. Una vez más, he sobrevivido al invierno y me he sobrevivido a mí misma, a mi autodestructiva voluntad. Mi voluntad sobreviviendo sobre mi propia contradictoria propia voluntad.
Es extraño de explicar. Casi tanto como es extraño sentirlo.

Y terminó marzo.
Y entré en abril sin darme cuenta de forma consciente. Ví los números rojos del reloj/proyector en el techo de mi dormitorio, y ya eran más de las doce, y no caí en que ya era abril.
Y de ese modo casual, entré en abril a oscuras, en la cama y hablando-jugando con él.
Aunque él estuviese físicamente a veintitantos kilómetros y un río de distancia de mí, como tantas noches. Pero de pronto fue abril. Y este marzo en que no nos hemos visto nos abandonó mientras, seguro, le escuchaba hablar, como tantas veces, aunque nunca sea ni será rutina.
Abril, tras las tormentas intimas, sin agua ni relámpagos, de este marzo que fue nieve inesperada y fue calor de verano anticipado. Abril finalmente y casi por sorpresa, un año después de ese anterior abril cuya primera noche completa pasé a su lado, descubriéndome siendo capaz de decidir firmemente que bien podría no querer hacer otra cosa en la vida más que acariciarle.

... Y abril en mí, que imaginaba cosas...

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26 Marzo 2012

Certezas y agua y nada más.

Escribo post que acaban en el borrador, post de desahogo, esbozos de verdades que aún no me atrevo a ver publicadas.
Lleno de agua y espuma la bañera, agua caliente. Lloro. La música suena junto a la cama. Me froto la piel con el guante: no es una caricia. Tampoco sé si es un castigo. La espuma cruje si cierro los ojos y apoyo la cabeza en el soporte de madera que carga con las botellas de gel, las esponjas, las cremas exfoliantes. El agua se va enfriando. Abro el tapón de la bañera y siento entonces que el frío me va invadiendo la piel al tiempo que el agua se va. Sigo llorando. Mis lágrimas no son más tibias que ese agua que se va, ni tienen más sentido.

Redacto mentalmente frases, verdades sobre lo que siento. Tomo decisiones que, al rato, ya veo carentes de valor. Sé exactamente lo que quiero y lo que necesito. Sé igual de exactamente que no lo tendré, que nunca lo tendré.
A ratos, no sé porqué no lo merezco. Pero sí lo sé. Y también sé porqué me siento así y porqué lloro.
Decido una vez más que se ha terminado. Que no habrá más oportunidades. Pero sé que en realidad eso sería otra forma, más, de autocastigarme. Y sé que insistiré. Y llamaré y volveré a notar que alargo conversaciones que apenas dan para cinco minutos. Volveré a llamar, aunque otra vez más rompa a llorar al colgar el teléfono y vuelva a preguntarme porqué sigo insistiendo en algo que no va para ningún lado desde hace mucho.

Me gustaría saber quererle. Pero no sé. No sé quererle de otro modo.
Me gustaría tener algo que ofrecerle, algo que desease. Ser algo más: más inteligente, más brillante, más guapa. Más... qué sé yo qué más, si no sé cual es el baremo, hasta qué altura tengo que llegar para merecerle.
Me gustaría. Pero es que no hay más que esto. No soy más que esto, lo que se lee, lo que conoce. Porque con él nunca hubo un papel a representar: no hay más que esto. Nunca he fingido. No soy nada más.
Y sé que no basta.

Sé que no me quiere, que no me ha querido nunca ni será posible que sea de otro modo.
Sé que ni siquiera le gusto: esas cosas simplemente se saben y ya está. Duelen un momento, pero luego... qué más da. Simple vanidad.
Son evidencias, vivo con esas certezas; no sé si lo he sabido siempre ó si, quizá, fue algo que fuí sabiendo y aceptando tras intentar rebelarme. Aceptando como acepto tantas cosas: recordando qué y quien soy.
Pero a veces duele. Y, a veces, no puedo evitar echarme a llorar, como si me viese desde fuera y no entendiera porqué las cosas no pueden ser de otro modo. Porqué no me rebelo contra mí misma.
Porqué insisto en intentar encontrar el modo de mendigar siquiera un abrazo, sabiendo que nunca me lo dará. Y sabiendo, además, que ni siquiera seré capaz de pedírselo.
Ya no.

Y lloro mientras escribo post que dormirán a medio redactar. Y lloro rodeada de agua y espuma, en esta primavera recién nacida y extraña, prolongación de ese invierno que llegó ya desde la sequía.
Y sé que ya hasta soy capaz de llorar sin que se me note en la voz.

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24 Marzo 2012

Semana de nieve, equinoccio de primavera.

Arrastro hasta el sábado el cansancio acumulado esta semana que ha tenido un día laboral menos, menos mal. Pero que se me ha hecho eterna, minuto interminable a minuto...
El miércoles pensé que no sería capaz de aguantarla entera. El trayecto rutinario de una hora y algo hasta mi casa se me hizo eterno... y eso que en el tren iba leyendo para no dormirme. El más que rutinario paseo hasta casa desde la estación de tren fue como atravesar media ciudad...: largo, largo... paso a paso... obligándome a tener los ojos abiertos, costándome creer que fuesen apenas las diez de la noche... Aunque me había levantado más ó menos a la misma hora, y hasta me había 'cundido' la mañana (trámites bancarios, cita rápida con una amiga), y hasta había 'desayunado' dos veces... mi cuerpo estaba quejándose a gritos, como si llevase horas caminando. Y son casi ocho horas diarias lo que paso sentada frente al ordenador, y son casi otras dos las que permanezco en la misma postura, sentada, en los trayectos de ida y vuelta...
No podía estar así de cansada.

Me obligué a estar despierta hasta la medianoche, me prohibí tumbarme en el sofá azul. Y me negué a aceptar que me doliera todo, que me doliera el pecho y hasta me costase respirar. No era lógico: ese miércoles había llovido (por fin!!!!) en Madrid. Es más, a las nueve y media de la mañana estaba nevando. Y una capa de nieve extrañamente blanca (extraño por la contaminación que debía empapar las nubes) cubría algunos coches. La humedad no sólo me riza el pelo: también suele ayudarme a respirar mejor, en primavera...
Hice tiempo hasta la medianoche. Envié un sms, sabiendo que sería inútil intentar que la comunicación fuese una llamada. Creo que lo último que hice antes de quedarme dormida fue escuchar el timbre de la respuesta, creo que leí ésta casi entre sueños...

El jueves no fue un día: fue una especie de sueño, de pesadilla. No es posible sentirse más cansada, más harta de todo, con más ni más ganas de levantarse e irse... Pero aguanté: no me queda otra. Crucé el desierto de las ocho horas encadenada a la pantalla del pc y atada con la diadema-casco al teléfono de marcación automática. No es posible tener más dolor de ojos, ni de articulaciones, ni de cabeza. Arrastré ese dolor de cabeza todo el día, sin fuerzas ni para decidir tomarme un analgésico: para qué. Creo que la única decisión que fuí capaz de tomar es la de negarme a meterme en el metro para volver a casa: no, se terminó. Ese día no. Porque de pronto me dí cuenta de que salgo a mediodía del metro para meterme en un zulo donde paso ocho horas seguidas, sin ver la luz... y del que salgo de noche para meterme en el metro otra media hora y encadenar el trayecto con el tren, donde sí se vé la calle... pero ya es de noche. No hay horizonte al que mirar. Y llevo haciendo ese mismo recorrido seis meses y medio... Y no puedo más.

Tardé un cuarto de hora más de lo habitual en llegar a casa pero, al menos, fuí en el bus hasta la estación del tren, viendo la calle. Viendo comenzar la noche en el centro de Madrid, viendo cerradas las tiendas que suelo ver abiertas las raras ocasiones en que hago ese mismo trayecto (algunos viernes, en que salgo entorno a las seis de la tarde). Y volví a coger el tren en Atocha, y volví a decidir que me gusta mucho más esa estación, semi al aire libre, que la subterránea en que tengo que hacer el trasbordo cada día, cuando elijo la engañosa rapidez del metro para regresar a casa...

Tengo que encontrar el modo de salir de ese zulo. No puedo más.

Llevamos... ¿siete días hábiles?... en la nueva Campaña de ventas. Los resultados no son ni catastróficos: simplemente no son nada. Hay media plantilla de baja (normal: el aire que da una vuelta y otra sin ser depurado nos está matando); quienes seguimos allí no somos capaces de vender nada. En total... creo que han sido cuatro ventas. En total, insisto, desde que empezó la Campaña. Cuatro ventas venía a ser mi mínimo diario... En ésta no sólo no he vendido nada... sino que me siento incapaz de hacerlo. Y lo peor (ó lo mejor) es que me da exactamente igual. Que de pronto remontase y me pusiera a vender no me quitaría este deseo, casi único, de salir de allí de una vez y sin volverme para mirar atrás.

Sé que hay otras cosas que también pesan, me pesan. Que, simplemente, es que todo va mal y no me siento con fuerzas. Que no vale la pena. Que necesito cambiar de aires, que tengo que cortar con algunas cosas ya, pero ya y sin más treguas a mí misma... pero me cuesta. Me cuesta mucho.
Hay adicciones que no se pueden explicar porque no se entienden si no se han tenido.
Estoy muy, muy cansada. Tanto, que ni siquiera soy capaz de aguantar en la cama en días como hoy, en que no tengo prisa por levantarme. De puro cansancio termino por levantarme. Me miro en el espejo y me asusto de mi propio aspecto: tengo ojeras, los ojos hinchados. También de llorar, lo sé.
Sábado veinticuatro de marzo. Último día antes del cambio de hora... 
Penúltimo día de esta semana extraña que empezó en festivo y que trajo la nieve, por fin, a la vez que la primavera... Demasiado tarde para nevar. Ó demasiado pronto para el calor que hoy vuelve a hacer en la calle.

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22 Marzo 2012

Frío.

Cansancio más allá de lo normal.
No quiero mirar hacia atrás, pero se diría que mi subconsciente tira de mí, va por libre, me desobedece...e insiste en traerme imágenes, sensaciones, deseos... Y son dos años, y parecen días. Y lo son: setecientos treinta y un días...

Creo que hoy es el primer veintidos de marzo en que tengo que ir a trabajar... en años. Fechas extrañas y circunstancias extrañas, años atrás...

Es primavera, pero parece de pronto ser invierno. También en mi zulo laboral, ayer, les dió por conectar el aire frío... Absurdo.

Llevaré mi pañuelo de seda de mariposas, ése que desde hace tiempo no empleo para abrigarme. Igual alguna buena vibración me protege, también de ese frío que mi alma (si es que eso existe) empieza a notar cada vez más intenso.

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4 Marzo 2012

Lógica de cuento.

No olvido quién y qué soy, aunque a ratos me ilusione y parezca que sí olvide. No, no es así.
No puedo olvidar. Vivo conmigo misma. Evito los espejos, sí, pero a veces no puedo esquivar alguno. Y me refleja. Y me veo. Es más: tengo que confesar que alguna vez peco de vanidosa, y me miro. Alguna de esas veces en que creo que voy a ver otra cosa, otra persona. Alguna de esas veces en que reencuentro una prenda de ropa que llega desde mi pasado en el fondo del armario y que me trae el recuerdo de otra imagen... Y, no sé, igual algo en mí cree en la magia, y cree que si vuelvo a vestirla volverá quien fuí, volveré... Pero no (y lo sé, en realidad lo sé siempre). La magia no existe. Simplemente es eso: no existe para mí.
No sé cómo pasó, pero ya no me sé los conjuros.

Evito los espejos. Al menos, los grandes. Sólo empleo espejos pequeños, de ésos que sólo me muestran detalles del todo. Y en ellos me pinto los ojos: khol y rimmel. Poco más. Espejos que me fraccionan, que me muestran a mí misma como si fuese otra. Mejor: como si sólo fuese eso que soy capaz de ver, eso que puedo mejorar en unos minutos.
Espejos que me engañan, obedeciendo mi voluntad y mi decisión de ser engañada por un rato.
Espejos de cuentos; espejo, espejito mágico. Ése que ya no tengo ó al que ya no pregunto, porque sé su respuesta.

No olvido quien soy, no, aunque a veces parezca que sí. Aunque en algunos momentos olvide que lo recuerdo siempre.
No olvido quien ni qué soy. No olvido, aunque no quiera pensar en ello.
Recuerdo y sé, sin tener que preguntar a los espejos, que ya no son mágicos ni mienten ni se amoldan obedientes a mi voluntad.

No olvido qué ni quien soy. Y por ello nunca he dejado de saber, que aunque se lo mereciera, aunque todas las princesas fuesen unas imbéciles ó estuviesen dormidas... nunca he dejado de tener perfectamente claro que en los cuentos nunca el príncipe se queda con la bruja. Nunca.
Lógica de cuento. Eso que, aunque nos queramos engañar y decir que son sólo... eso, cuentos, en el fondo siempre tienen una base y un pasado de realidad.
Y aunque finjamos que esas cosas ya no son para nosotros, personas adultas y experimentadas y lógicas y..., y todo lo que nos queramos autoengañar razonándolo...: lo sabemos.

Y lo sé. Y sabiéndolo, simplemente, sobrevivo y viviré con ello.

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27 Febrero 2012

Conceptos: sueño, deseo, bisiesto...

Último lunes de febrero. Últimos días de este mes corto que, este año, viene con el regalo de 'un día más'. Cosas de los bisiestos. Cosas de 'regular' el tiempo, para que el comienzo de las estaciones siga 'cayendo' en los mismos días de los mismos meses año tras año...
Absurda planificación si uno vive en Madrid... y se para a pensarlo. Esta ciudad donde, durante años, comprarse un 'traje de entretiempo' garantizaba que te iba a durar eternamente... porque pasábamos del frío polar al calor sahariano... en unas horas. Vamos, que no había eso llamado 'entretiempo'. Y esta ciudad en la que, desde hace algo más de un lustro... lo que hemos dejado de tener es otra cosa que no sea 'entretiempo': ahora vivimos anclados en una especie de 'Primavera Eterna'. Con decir que el repetido y renombrado 'frío siberiano' de este pasado enero en Madrid no pasó de ser una semanita en que bajamos de los 10ºC... pues queda más ó menos definido todo este asunto del clima...

Hablo del tiempo. Pero..., no, ya no hablo más del tiempo. Al menos aquí y ahora.

Se termina este mes. Un mes extraño. No sólo por eso de ser bisiesto..., sino extraño en mi vida.
Un mes que..., en fin, que ya se termina.

Finalmente, casi bien.
Tras mis tormentas emocionales de hace unos días (que, simplemente, dejan ahí un poso que..., bueno, que ahí está. Que algunas decisiones quedan latentes, que algunas intuiciones están ahí, esperando algún detalle que las corrobore, que haga que pasen a ser certezas empíricamente comprobadas), un pequeño oasis. Unos días de calma.
Calma emocional y, también, sueño físico. Sueño en su concepto 'necesidad y deseo de dormir'. Que es lo que sigo teniendo...

Las sensaciones recientes que el tacto de su piel me deja en la yema de los dedos y que, curiosamente, me tranquilizan. El sabor de su cuerpo en mis labios. Verle a mi lado sin más que entreabir los ojos entre sueños. Y seguir pensando, objetivamente, en cuan guapo es y está mientras duerme.
Pero de todo eso escribiré otro día. Supongo.

Febrero. Último día y su anexo bisiesto y ya está.
Son apenas las once y media de la noche. Temprano para alguien de espíritu noctámbulo, como yo. Pero hoy voy a no ponerle trabas al sueño. Sofá, sonido tenue del televisor, manta azul...
...cerrar los ojos....
Y que el sueño llegue y me invada, mientras en la realidad sigue tan reciente en mi piel el reflejo del recuerdo de sus dedos y su boca... Y desear que se mezclen realidad y sueño, y vuelva a sentir y vuelva a desear y siga sintiendo y deseando....

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Sobre mí

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Diario de una vampiresa en paro

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...

Para contactar conmigo directamente: bruxana99@yahoo.es

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INTERNET no significa, en ningún idioma, IMPUNIDAD.

Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"



Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.


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