La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

Categoría: El filo en que me muevo. Tu nombre, que no nombro.

9 Mayo 2012

Tú, en mis sueños.

"Sueño con el tacto conocido de tu piel, con el sabor de tu cuerpo. Con tu voz, diciéndome cosas que sé que habría deseado oir, que nunca me has dicho y que sé nunca me dirás.
Sueño contigo, en ese instante en que es difícil diferenciar la realidad del sueño, en ese instante intermedio en que ya es de día, pero es aún demasiado temprano, y cierro los ojos fuerte, fuerte... También para que no se me escape ese último sueño, ése que tiene la forma de tus brazos ó tu perfil cuando duermes.
Retener un sueño. A estas alturas ya me conformo con eso.
Y, por un instante, deseo no despertar. Desearía no despertar nunca, quedarme en ese sueño para siempre. Conservarlo y conservarte, siquiera en sueños.
Porque sería el único modo de quedarme contigo y quedarte a mi lado. De llevar hasta el futuro lo que ya no es siquiera un proyecto de presentes comunes y próximos.
Soñar contigo. Simplemente me conformo con eso.
Soñar. Aunque sólo sea eso, soñarte de nuevo. Y creer, por un momento, que aunque esté soñando seguirás a mi lado cuando abra los ojos.
Aunque a estas alturas ya sé que eso será mentira. Por eso quiero retener este sueño mientras fuera de mí estará la realidad y amanece, y amanecerás en otro lugar.
Soñarte. Aunque no lo sepas. Y aunque, a estas alturas, sepa en el fondo que mis sueños y yo misma ya te dan igual.
Que mis sueños, aunque sean contigo, no cambiarán nada. Porque yo nunca podré formar parte de los tuyos. Lo sé.
Pero me conformaré, como siempre, con lo que hay y con lo que quede. Y cuando ya no quede nada en el mundo real, confiaré en que, alguna noche, aún sueñe contigo. Y desearé que, siquiera alguna vez, merezca el premio de recordar al despertar que te tuve en ese sueño recien acabado..."

servido por bruxana sin comentarios compártelo

18 Abril 2012

Nada.

Simplemente, supongo que ya no queda nada que salvar.
A veces, en esos extraños momentos de lucidez que, pese a todas la ilusiones, me asaltaban... No, no sé. Iba a decir, escribir, que en realidad siempre tuve claro que no había nada. Ó, al menos, que en esos momentos lúcidos me daba cuenta de ello: en realidad, no había nada. Pero no es del todo cierto.
Ni siquiera era capaz de darme cuenta de algo así.

Sé que hace dos meses tomé la absoluta, definitiva, irreparable decisión de dar carpetazo a todo eso, a todo esto ó todo aquello. Pero... Es fácil volver a ilusionarse, a decidir dar una nueva oportunidad. E imagino que lo hice. Porque lo necesito, necesito tener algo que me indique que es posible salvar algo. Y entonces me agarro a cualquier palabra y me creo cualquier mentira, aún a sabiendas de que es eso, una simple ilusión en el sentido más exacto del término. Y me doy nuevos plazos, nuevas oportunidades. A estas alturas, sé bien que sólo me puedo dar esas oportunidades a mí misma, porque también sé que no hay nada más. Porque juego sola.
En realidad es eso. Me cuento historias, soy al tiempo Sherezade y el Sultán. Me cuento la mitad de la historia y me marco un nuevo plazo para la otra mitad. Y esperar que llegue el día para esa segunda parte me ayuda a levantarme de la cama, a pasar un día y dos y tres, a imaginar que es posible... Pero en realidad  no lo es. Y me cuento esa otra media historia, pero vuelvo a fabular y vuelvo a hacer planes ó a creérmelos. Y pasan otros dos días. Y todo vuelve a empezar aunque en realidad no ha pasado nada. Todo sigue donde empezó: no hay nuevos comienzos.
No hay nada. Desde hace mucho, no hay nada. Nada más que yo y mis sentimientos no correspondidos y mis deseos. Nada más. Supongo que en realidad es que nunca hubo otra cosa, nada más allá de mí misma.

Sobreviví a marzo, también imagino que porque son ya muchas vidas sobreviviendo dentro de la única que tengo. Sobreviví a mis miedos y a las certezas que son las palabras y los silencios, ésos que suelen contar más que las primeras. Pero quise seguir creyendo que, seguro, todo tenía un porqué. Y le dí una oportunidad a abril.
Pero..., qué más da. Qué más da, si en realidad hace tanto que algunas cosas sólo existen en mi deseo de que pudieran ser reales.

No, no queda nada que salvar. No llegará mayo, lo sé y por fin me atrevo a escribirlo. No me quiere y ya no queda nada. Y Sherezade está cansada, muy cansada, y ya no tiene más cuentos. Sólo quiere dormir ó que el Sultán definitivamente cumpla con su papel en el juego, al llegar el día.

No hay nada más que salvar en una historia que, me temo, no existió más que en mi deseo de que, por una maldita vez en mi vida, las cosas salieran bien. No hay nada que valga la pena salvar cuando ni siquiera se da cuenta de cuando estoy llorando, al otro lado.
Quizá, al otro lado de lo que es realmente la vida, una vida real en la que determinadas historias nunca tuvieron posibilidades de existir. Por mucho que me empeñara ó hubiese empeñado en ello.
Al final lo único que  triunfa son las evidencias. Esas que por mucho que miremos para otro lado ó que cerremos los ojos ante ellas, no deján de estar en su justo lugar.

servido por bruxana sin comentarios compártelo

26 Marzo 2012

Certezas y agua y nada más.

Escribo post que acaban en el borrador, post de desahogo, esbozos de verdades que aún no me atrevo a ver publicadas.
Lleno de agua y espuma la bañera, agua caliente. Lloro. La música suena junto a la cama. Me froto la piel con el guante: no es una caricia. Tampoco sé si es un castigo. La espuma cruje si cierro los ojos y apoyo la cabeza en el soporte de madera que carga con las botellas de gel, las esponjas, las cremas exfoliantes. El agua se va enfriando. Abro el tapón de la bañera y siento entonces que el frío me va invadiendo la piel al tiempo que el agua se va. Sigo llorando. Mis lágrimas no son más tibias que ese agua que se va, ni tienen más sentido.

Redacto mentalmente frases, verdades sobre lo que siento. Tomo decisiones que, al rato, ya veo carentes de valor. Sé exactamente lo que quiero y lo que necesito. Sé igual de exactamente que no lo tendré, que nunca lo tendré.
A ratos, no sé porqué no lo merezco. Pero sí lo sé. Y también sé porqué me siento así y porqué lloro.
Decido una vez más que se ha terminado. Que no habrá más oportunidades. Pero sé que en realidad eso sería otra forma, más, de autocastigarme. Y sé que insistiré. Y llamaré y volveré a notar que alargo conversaciones que apenas dan para cinco minutos. Volveré a llamar, aunque otra vez más rompa a llorar al colgar el teléfono y vuelva a preguntarme porqué sigo insistiendo en algo que no va para ningún lado desde hace mucho.

Me gustaría saber quererle. Pero no sé. No sé quererle de otro modo.
Me gustaría tener algo que ofrecerle, algo que desease. Ser algo más: más inteligente, más brillante, más guapa. Más... qué sé yo qué más, si no sé cual es el baremo, hasta qué altura tengo que llegar para merecerle.
Me gustaría. Pero es que no hay más que esto. No soy más que esto, lo que se lee, lo que conoce. Porque con él nunca hubo un papel a representar: no hay más que esto. Nunca he fingido. No soy nada más.
Y sé que no basta.

Sé que no me quiere, que no me ha querido nunca ni será posible que sea de otro modo.
Sé que ni siquiera le gusto: esas cosas simplemente se saben y ya está. Duelen un momento, pero luego... qué más da. Simple vanidad.
Son evidencias, vivo con esas certezas; no sé si lo he sabido siempre ó si, quizá, fue algo que fuí sabiendo y aceptando tras intentar rebelarme. Aceptando como acepto tantas cosas: recordando qué y quien soy.
Pero a veces duele. Y, a veces, no puedo evitar echarme a llorar, como si me viese desde fuera y no entendiera porqué las cosas no pueden ser de otro modo. Porqué no me rebelo contra mí misma.
Porqué insisto en intentar encontrar el modo de mendigar siquiera un abrazo, sabiendo que nunca me lo dará. Y sabiendo, además, que ni siquiera seré capaz de pedírselo.
Ya no.

Y lloro mientras escribo post que dormirán a medio redactar. Y lloro rodeada de agua y espuma, en esta primavera recién nacida y extraña, prolongación de ese invierno que llegó ya desde la sequía.
Y sé que ya hasta soy capaz de llorar sin que se me note en la voz.

servido por bruxana sin comentarios compártelo

11 Marzo 2012

Licantropía.

Mi nuevo té se llama "Hot-Love". Es absolutamente rojo, rojo de rosa roja, rojo del color de la pasión que imaginamos roja, rojo transparente y líquido, rojo y amargo.
Anteayer fue noche de Luna Llena. Y sé que aun queda en el ambiente ese rastro intangible, influjo de luna enorme y blanca. Luna llena, última luna llena de invierno. Luna de marzo en noches casi primaverales de días que alcanzan calor de casi verano. Veintisiete grados en Madrid, siete de la tarde, viernes. Hot viernes, hot invierno que está a punto de acabarse sin llegar realmente a darse a notar en su antigua crudeza.

Duermo en camiseta de algodón y a media noche sé que me destapo, porque al despertar me recuerdo buscando la punta de una sábana cuando amanece y refresca.
Alguna noche también he dormido desnuda, como si fuese verano.
Algunos días me asalta de pronto una sensación lunática, algo a lo que no sé poner nombre. Nunca he sabido. La sensación de estar rodeada de agua, agua invisible, que sube y baja a mi alrededor, deslizándose por mi cuerpo. Hambre y sed de algo que no es comida ni es bebida, de algo intangible.
Algunas noches me quedo tumbada en el sofá, mirando el cielo. Y de pronto aparece la Luna en mi campo de visión. Luna que a ratos es un gajo, que es una cé, que apenas es un trazo tímido pero luminoso. Luna que apenas dura en mi parcela visual de cielo. Luna que, otras veces, es una perfecta esfera blanca.
Y es esos días cuando de pronto la reconozco, cuando la miro y casi creo que me mira. Y nos reconocemos. Y el agua invisible vibra sobre mi cuerpo. Y sé lo que quiero, aunque no sepa ponerle nombre.

Alguna noche he dormido desnuda y con su piel al alcance de mis dedos.

Me gusta tocarle. De hecho, cuando le tengo cerca no hay nada que me pueda apetecer más. Bueno, igual sí. Ó no.
Me gusta tocarle. Mucho. A veces, en esos momentos, pienso que podría pasar el resto de mi vida sin hacer otra cosa, sin querer hacer nada más. Nada más que acariciarle, que deslizar el dorso de mis uñas por su piel, que distinguir sus músculos, que dejar que las yemas de mis dedos comparen la textura del vello que cubre parte de su piel con esa otra que no lo tiene. Me gusta tocarle con las manos y con los labios. Es algo más que besarle: es tocarle con la piel visible más sensible de mi cuerpo, a la que también le gusta tanto el tacto de la suya. Reconocerla, con los ojos cerrados.

A veces no sé explicar porqué me gusta. Sé que además le quiero, pero que sólo con eso no habría razones suficientes para desearle. Podría quererle sin que mi cuerpo desnudo hubiese conocido el suyo, e igual le quería del mismo modo. No sé, supongo que sí. A  veces, no sé explicar porqué me gusta tanto. Otras..., en realidad, sí que lo sé. Me gusta porque me gusta tocarle, y me gusta tocarle porque me gusta como es. Físicamente, me refiero: me gusta físicamente y más allá de lo meramente visual. Me gusta porque físicamente es muy masculino.
Igual es algo de lo que me dí cuenta enseguida... aunque tardase tantos meses en reconocerlo. Ó igual realmente tardé meses en darme cuenta: como digo, es algo más allá de lo puramente visual.
 Ó podría no haberme dado cuenta nunca, no haber reconocido nunca que me gustaba ó que me gustaba por eso, porque me atrae como hombre, y me atrae porque en realidad me gustan los hombres que no parezcan niñas. E igual algo tan simple y tan básico como esto es lo que explique porqué, durante años, sólo me gustaba quien no me convenía, sólo me atraían hombres mayores que yo. Los que no parecían eso, lo que en realidad eran a mi misma edad: casi adolescentes...

Me gusta tocarle con los dedos y con los labios. Y me gusta morderle. Sin apretar apenas ó sólo unos segundos sin hacerle daño, sin querer hacérselo al menos. Morderle como las gatas muerden a sus crías, quizá por el simple placer de sentir también de esa forma ó por querer buscar ser mordida del mismo modo,  no sé. Provocar, supongo.
Me gusta también que me muerda. Algunas veces, al día siguiente... y al otro, y otro más, siento una especie de reflejo de dolor... que no es exactamente dolor, pero que está ahí, donde sentí que sus dientes me apretaban. Y, a veces, el roce de la tela en esos puntos me produce una sensación diferente... Una sensación que me hace recordar porqué la siento, porque está al borde del dolor y porqué en algunos momentos fue dolor... pero un dolor que no era tal...
Me gusta que me muerda, que me toque. Y sé que es algo completamente al margen de que, además, le quiera. Algo que tal vez sea puro instinto animal. Aunque también sé que si no sintiera nada por él tampoco me gustaría tanto.
Somos seres complejos, los humanos.
Llenos de agua, influenciados aunque no queramos reconocerlo por la Luna. La misma que mueve las mareas, que adelanta los nacimientos, que tiene en alerta las comisarías cuando está llena y cuando amanece roja, roja como mi té. La misma que flota en la nada más absoluta, que brilla sin emitir luz, que gira sin saber porqué, que jugará a ocultar siempre de nuestra vista su mitad. Quizá como nosotros mismos, que mostramos y ocultamos; que precisamente el ser tan visibles, a veces, nos sirve para que no vean los demás todo lo también somos.

Luna. La misma que, tal vez, me hace a ratos escribir cosas tan inconexas como este texto.
Ó que me hace sentir ese agua invisible que me resbala por la piel que siento desnuda aunque no lo esté, a veces. Y que, seguro, me hace desear tanto, tanto, algunas noches que pudiese venir a mi lado, a dejarme que pase horas acariciándole, tocándole con los labios, lamiéndole. Venir a morderme y a dejarse morder.
Como dos gatos, seres también eminéntemente lunáticos. Ó dos licántropos.
Venir y estar desnudo junto a mí, también desnuda.
Venir y estar a mi lado, y poder acariciarle y hablarle y lamerle y morderle, incluso aunque no pudiera refugiarme en lo meramente institivo para justificar mi deseo porque no hubiese esa noche Luna llena...

servido por bruxana 3 comentarios compártelo

4 Marzo 2012

Lógica de cuento.

No olvido quién y qué soy, aunque a ratos me ilusione y parezca que sí olvide. No, no es así.
No puedo olvidar. Vivo conmigo misma. Evito los espejos, sí, pero a veces no puedo esquivar alguno. Y me refleja. Y me veo. Es más: tengo que confesar que alguna vez peco de vanidosa, y me miro. Alguna de esas veces en que creo que voy a ver otra cosa, otra persona. Alguna de esas veces en que reencuentro una prenda de ropa que llega desde mi pasado en el fondo del armario y que me trae el recuerdo de otra imagen... Y, no sé, igual algo en mí cree en la magia, y cree que si vuelvo a vestirla volverá quien fuí, volveré... Pero no (y lo sé, en realidad lo sé siempre). La magia no existe. Simplemente es eso: no existe para mí.
No sé cómo pasó, pero ya no me sé los conjuros.

Evito los espejos. Al menos, los grandes. Sólo empleo espejos pequeños, de ésos que sólo me muestran detalles del todo. Y en ellos me pinto los ojos: khol y rimmel. Poco más. Espejos que me fraccionan, que me muestran a mí misma como si fuese otra. Mejor: como si sólo fuese eso que soy capaz de ver, eso que puedo mejorar en unos minutos.
Espejos que me engañan, obedeciendo mi voluntad y mi decisión de ser engañada por un rato.
Espejos de cuentos; espejo, espejito mágico. Ése que ya no tengo ó al que ya no pregunto, porque sé su respuesta.

No olvido quien soy, no, aunque a veces parezca que sí. Aunque en algunos momentos olvide que lo recuerdo siempre.
No olvido quien ni qué soy. No olvido, aunque no quiera pensar en ello.
Recuerdo y sé, sin tener que preguntar a los espejos, que ya no son mágicos ni mienten ni se amoldan obedientes a mi voluntad.

No olvido qué ni quien soy. Y por ello nunca he dejado de saber, que aunque se lo mereciera, aunque todas las princesas fuesen unas imbéciles ó estuviesen dormidas... nunca he dejado de tener perfectamente claro que en los cuentos nunca el príncipe se queda con la bruja. Nunca.
Lógica de cuento. Eso que, aunque nos queramos engañar y decir que son sólo... eso, cuentos, en el fondo siempre tienen una base y un pasado de realidad.
Y aunque finjamos que esas cosas ya no son para nosotros, personas adultas y experimentadas y lógicas y..., y todo lo que nos queramos autoengañar razonándolo...: lo sabemos.

Y lo sé. Y sabiéndolo, simplemente, sobrevivo y viviré con ello.

servido por bruxana sin comentarios compártelo

15 Febrero 2012

Cerrando puertas, caminando hacia la nada.

Sé que lo más difícil, siempre y sobre todo en estos casos, es tomar la decisión. La decisión definitiva, ésa que ya no tendrá margen para el titubeo, para el cambio de ideas, para el margen de 'esperemos un poco más, a ver si...'. Sí, soy consciente de ello.
Pero ya está. La decisión ya está tomada, y ya no hay vuelta atrás. Esta vez no.
A veces..., no sé. A ratos sé que la decisión ya estaba tomada; simplemente, era un seguir esperando... por simple inercia. Ó, no: por miedo. Por ese miedo con el que ahora ya tengo que vivir. Con ese miedo que dejará de serlo cuando ya no sea eso, miedo. Cuando la realidad y las certezas lo llenen todo. Cuando no pueda seguir temiendo la incertidumbre, porque estaré de lleno en eso que ya conozco. Eso que se parece demasiado a lo que llaman infierno.
Ya está. Ya no hay vuelta atrás.

A partir de ahora, cada paso será uno más para alejarme. Y no, esta vez no voy a mirar atrás.

A ratos..., a veces, me he dicho que lo que viniese tras tomar la decisión no podría doler más de lo que ya dolían algunas cosas. Pero sé que es posible que duela más. Sé que dolerá más. Porque ya no me quedarán mentiras a las que agarrarme. Ya no quedará esperanza, ni siquiera ésa que sabía falsa. Ya no quedará un 'igual la semana que viene'...
Ya no quedará nada. De hecho, es que ya no queda nada.

Sé por lo que voy a pasar, pero ya no hay vuelta atrás. Sé lo que va a dolerme. Y también sé que no se dará cuenta nadie más. Es curioso: bajo determinados estados íntimos de ánimo es como mejor funciono 'de cara  a la galería'. Como siempre, nadie sabrá nada.
Pero esta vez es que ya me da igual que se sepa ó que no. Simplemente sé que no se me notará nada... porque a estas alturas ya estoy acostumbrada a que sea así.

Sé que a partir de ahora lloraré sin posible consuelo cada noche y tendré que aguantarme las lágrimas en demasiados momentos, cada día. Pero, total, eso ya era tónica habitual desde hace semanas... y daba igual. Aunque no, no daba igual y no era como sé que será a partir de ahora. Porque a partir de ahora ya no quedará nada. Nada que esperar.

También sé que el deseo, ese deseo, seguirá visitándome cada día y cada noche. Y que sólo me quedará recordar... cuando ya no pueda más. Recordar porque ya no podré refugiarme en un futuro.

Mediados de febrero. Cierro puertas. Quemo puentes tras cruzarlos. Me rindo. No puedo más.

Se terminó lo que nunca debería haber dejado que empezase, aunque no sea capaz en lo que me pueda quedar de vida de arrepentirme de nada. De nada; absolutamente nada de esta historia que, una vez más, sólo me importó a mí.
Se terminó.

La decisión está tomada. Ahora sólo me queda redactar por fin el email ése que aplacé tantas veces... deseando que nunca tuviese que escribir. Y que tanto, tanto y tanto me va a costar. Tanto, que ni siquiera sé cuando seré capaz de enviar.
La última carta. La de despedida.
Y luego..., luego ya nada. La nada.
Y, probablemente, esto también se lleve por delante el futuro de este blog. Pero eso, a estas alturas, ya no tiene la menor importancia.

Tags: deseo, miedo, fin

servido por bruxana sin comentarios compártelo

22 Enero 2012

Olvidar que le quiero.

A veces, me sorprendo haciendo planes. Pero es eso: sorpresa. Me veo a mí misma y me acerco despacio, como se pilla a la niña que roba caramelos antes de comer, de la lata escondida en el último estante de la cocina. Me veo haciendo planes, esos planes que no... que sé que no pueden ser. Y los borro de mi mente.
No: no los borro. Se quedan ahí, en ese apartado que todos tenemos para los sueños, para los proyectos imposibles. Esos que, dicen, también ayudan a evadirse unos instantes de la realidad. Esos tipo 'lo que haría si me tocase el premio Gordo de la Lotería'. Esos. Aunque estos planes que elimino porque no tengo derecho a hacer, son de otro tipo. Son de ese tipo de planes accesibles... pero que yo ya sé que no. Que no tengo acceso a algunas cosas, por simples que parezcan. Supongo que porque no son tan simples. Ó porque, como digo tantas veces, porque hay cosas que no merezco, sin más.

Sé cual era, en realidad, mi miedo de estos días extraños. Sé qué era esa pesadilla que me hacía despertar de golpe y que me hacía ahogar en lágrimas. En realidad, creo que lo supe desde el primer instante, porque no es sino 'ese' miedo.
Y si un día fue el miedo a no conseguir, ó a perder, ó... ó qué sé yo, hoy en día no es sino una evidencia. Ya no puedo perder, porque ya no lo tengo. Simplemente. Aunque, a veces e inconscientemente, me diga otra cosa. Y es entonces cuando no controlo la fantasía, y hago planes. Planes muy básicos, en realidad: ni siquiera fuí nunca capaz de imaginar grandes proyectos. Supongo que porque me conformaba con poco, porque me habría conformado con cualquier cosa, con cualquier detalle pequeño... Porque la vida me ha ido enseñando eso que digo a veces: no tengo derecho a algunas cosas. Y, cuando he creido lo contrario, y que igual quienes me recriminan por no quererme y pensar así, y entonces me he confiado, y..., al final, todo ha vuelto a su cauce normal. Arrastrándome en ese retorno. Porque no se puede remar mucho tiempo contra corriente, ni creer que las playas se pueden fabricar cubriendo de arena donde antes se extendió asfalto: el viento se llevará la arena reseca y el alquitrán quemará los pies.
Evidencias.

Al final, siempre es así. Sé que iré cediendo, poco a poco, y voy cediendo. Ceder uno poco para no perderlo todo, renunciar a alguna apetencia, para conservar... qué sé yo, el derecho a tener siquiera unos instantes. Tenerle unos instantes. Pero también sé, siempre lo he sabido, que llega un momento en que ya no queda nada. Se ha cedido tanto, tanto... que ya no queda nada más. Sólo el deseo íntimo y propio, la necesidad de lo que ya no se tiene ni se tendrá nunca.
Ya no. Y lo sé, lo sé desde hace tiempo, por mucho que me haya empeñado en hacer planes, en creer en treguas, en aplazar, en... En esperar. Simplemente eso: esperar.

Lo que sé que nunca podré dejar de hacer. Esperar. Aunque ya no sé qué estoy esperando, la verdad.
Pero me sorprendo haciendo planes, pensado en días más largos, en noches cortas, en que mis dedos vuelvan a reconocer lo que ya conocen, en descubrir cosas nuevas ó descubrir que recuerdo el camino con los ojos cerrados. Planes de cosas que no han llegado a poder ser, planes de cosas deseadas y aplazadas en un tiempo en que llegué a creer eso, que tenía por delante todo el tiempo del mundo. Que para qué prisas, que porqué no recrearse en ese instante en cada uno de esos centímetros concretos de su piel, si ya tendría tiempo para más, otro día...

Me sorprendo haciendo esos planes, planes que sé absurdo hacer, planes de lo imposible.
Porque, sí: para eso también tengo el resto de mi vida. Todo el tiempo del mundo. Pero no sé si me apetece tenerlo. Ni sé si me será bastante, si me bastará todo ese tiempo, para conseguir asimilar que, otra vez, vuelvo a perder lo que llegué a soñar al alcance de mis dedos. Perder, otra vez y como el castigo bíblico, mitológico, que se repite una y otra y otra vez, eso a lo que no tengo derecho por mucho que lo desee, por mucho que me empeñe, por mucho que me importe.
Tengo todo el tiempo del mundo, también y ahora, para intentar siquiera olvidar que le quiero.
Y nunca sabrá cuanto.
Aunque también sé que esas cosas, como yo misma, no le interesan. Ni le importan.

servido por bruxana 1 comentario compártelo

7 Enero 2012

Respirando.

"Cierro los ojos. Respiro despacio, cada vez más despacio. Un, dos; un, dos;... un, dos..., inspiro, expiro...
Te busco en mi recuerdo. Un, dos... Hasta que voy sintiendo, sintiéndote. Sintiendo que tu piel está en mis dedos, en la palma de mis manos. Y voy sintiendo el vello y los músculos de tu pecho. Tus hombros, tus brazos. Un, dos, respiro...
Y siento..., recuerdo pero es como si sintiera de nuevo..., tus dedos en mi cuello, tus labios, tus dientes en mi pecho...

... Inspiro... expiro...

Mantengo los ojos cerrados. Un, dos, mientras vuelvo a sentir tus manos buscándome. Encontrándome ahí donde a veces sólo yo sé que puedo estar, que realmente estoy y soy yo.  Respiro despacio. Un dos, un dos...
Inspiro. Expiro. Siento. Ahogo un gemido.
Mantengo los ojos cerrados mientras recuerdo, recordándome con los ojos también cerrados en mi recuerdo. Recordando el tacto de tu pelo y de tu piel.

Siento. Y no quiero abrir los ojos. Porque sé que si los abro, volveré a la realidad. Mi realidad.
Esta realidad en que lo único real, de veras cierto, será que tú no estás".

servido por bruxana 6 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de bruxana

Diario de una vampiresa en paro

ver perfil »
contacto »
He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...

Para contactar conmigo directamente: bruxana99@yahoo.es

Calabacit@'s on line

Calabacit@'s que (últimamente) pasaron por aquí : Web Site Counters

NOTA:
En caso imprescindible, los comentarios serán editados . Esto es, se suprimiran los que contengan términos ofensivos (ejem.: racistas, xenófobos, incitadores a cualquier tipo de violencia sexista ó de contenido político) para cualquier otro comentarista ó participante en el blog, pretendan crear polémica sin aportar nada ó redireccionen a páginas que no guarden relación alguna con la temática del comentario, el artículo ó todo el blog. Y, por descontado, la propietaria se reserva el derecho a iniciar acciones legales (denuncia ante los cuerpos de Seguridad del Estado y/ó ante el Juzgado de Guardia correspondiente ) contra el posible autor de comentarios cuyo contenido incluya insultos, descalificaciones ó apología de cualquier tipo de delito.

INTERNET no significa, en ningún idioma, IMPUNIDAD.

Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"



Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.


Visitor Map
Create your own visitor map!

Estos días, lo que 'suena' en mi cabeza, entre otras cosas, es esto
MusicPlaylist
Music Playlist at MixPod.com
(...)
(...)

Dejadme algún comentario...
adopt your own virtual pet!

... que Karla se aburre en mi ausencia

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?