Categoría: Mi vida con/sin "M"
18 Mayo 2012
Suele ser más fácil hablar sobre sensaciones que sobre sentimientos. Lo sé.
A veces, también hablar sobre sensaciones es complicado. Y hasta, a veces, parece fácil hablar sobre sentimientos... Pero suele pasar que resulta más sencillo (también a veces) hacerlo con casi perfectos desconocidos. Con quienes igual van a estar ahí cual 'convidado de piedra' ó confesor, que tal vez nos dirá lo que queremos oir ó de quien nos da exactamente igual su opinión.
No sé. Tampoco tengo claro a qué viene esto. Ó sí. Lo que pasa es que es una especie de reflexión para mí misma, algo que probablemente no tenga demasiada relación con alguna de las cosas de la que me apetece hablar-escribir...
A veces lo he escrito, creo, y de vez en cuando también me he pronunciado al respecto: nunca he tenido eso que llaman 'aventura de una sola noche'. Eso de conocer a alguien y que, en fin, exista una atracción que termine en algo más... y que hasta ahí llegue todo. Eso de que ni importe el nombre de la otra persona. No, nunca he tenido ese tipo de historias. A decir verdad, ni siquiera una aventura de ese tipo con alguien conocido... Bueno, esto tampoco es del todo exacto: también conté que sí tuve 'una sola vez' con alguien... sin que luego se repitiera... pero era alguien a quien quise mucho, antes y después. Sobre todo antes..., ó no, pero sí de otro modo... Da igual, de aquello han pasado ya demasiados años. Y, tal vez, lo podría considerar como la excepción que confirma la regla.
Quizás el hecho de, por trabajo y profesión, haberme movido durante media vida en un ambiente bastante endogámico, donde las relaciones más ó menos esporádicas (y sobre todo de tinte muy 'extramatrimonial') estaban a la orden del día y eran tremendamente fáciles... también influyó en que a mí no me interesaran. Bueno, y el hecho de la edad que yo podía tener en aquellos comienzos... y el, afortunadamente, hecho adicional de que durante años mis jefes me 'protegieran' (lo que no quería decir que si a mí me apeteciera hacer algo... fuesen a poner la menor traba: también en eso me conocían bien). Ó el que no existiera una especie de 'vida a partir de la salida del trabajo': al fin y al cabo, todo estaba relacionado. Las comidas de negocios, el cierto coqueteo que a veces era casi parte del juego laboral con clientes (pero que quedaba claro que no iba a pasar de ahí..., de ahí, y de mi personal forma de a veces decir las cosas, sobre todo cuando había confianza ó complicidad), el que incluso esas copas fuera de horario laboral siguieran siendo con las mismas personas... afortunadamente, ya digo, me permitían ser yo misma... sin que fuese necesario tener que espantar más moscones de los ya habituales incluso en horario laboral. Y luego, ya digo, el que si alguien se equivocaba... también hubiese quien corroborase mis negativas de 'no te confundas conmigo'...
Luego ya llegó "M". Hace casi veintiun años que llegó "M"...
También lo he dicho-escrito a veces: soy patológicamente fiel.
No, no tengo nada en contra ni de las aventuras esporádicas, ni de la promiscuidad elegida, ni del celibato más férreo, ni de cualquier decisión personal que cada cual tenga en un momento dado ó como política personal de vida. "M", creo que cualquiera que me lea lo sabe de sobra, estaba casado. Y no me lo ocultó nunca. De hecho, cuando le conocí ya lo sabía, así que... ¿Si me parece normal tener una aventura con alguien casado? Ni normal ni anormal. Aunque tampoco miento si digo que si alguien tiene pareja y yo lo sé... no voy a hacer nada para acercarme. Ni le voy a poner las cosas especialmente fáciles. ¿Qué pasó con "M" ? Demasiadas cosas. Un día igual termino por contarlo todo y... Pero ya da igual.
"M" no engañaba a su mujer conmigo. Simplemente, además de ella estaba yo y además de mí había otras. Muchas otras. Desde siempre. Antes, durante y después. Y lo supe enseguida. Lo de 'durante', quiero decir. Y me dolió terriblemente... hasta que me habitué a ese dolor. No dejó nunca de doler..., pero a todo se hace una. Y yo me acostumbré. Era parte de la historia, era parte del juego.
También era parte del precio y parte de mi castigo. Me castigaba y se castigaba castigándome, demostrándome lo poco que me necesitaba y hasta lo poco que le importaba nuestra relación.
Pero, al final, siempre estaba yo ahí, esperándole. Siempre. Y ésa era también nuestra relación.
Y, aunque supongo que de haber querido no habría habido demasiado problema en que yo hubiese simultaneado aquella historia con otra..., nunca lo hice. Sí sé que él se hubiese enfadado... hasta donde prefiero no imaginar ni relatar, de haberse enterado que yo había tenido una, dos... las que fueran, relaciones esporádicas. Pero también sé que no habría tenido reparo si mi relación 'paralela' hubiese sido estable. Es más, una de las pegas que para él tenía yo... era el hecho de estar soltera. Completamente soltera y sin compromiso...
Es difícil de resumir, lo sé. Pero en los... demasiados años en que estuve con "M", le fuí fiel. Sí hubo tres historias que se intercalaron (por mi parte, digo) en los doce años que fue el total de nuestra relación. Pero en esos tres momentos... no había película. Fueron intermedios. En esos tres momentos.... más ó menos largos, más ó menos importantes (uno, por amor, aunque en esos días ya era más amistad que otra cosa. Pero le quise mucho. Otro... por despecho y por atracción y por... qué sé yo. Por suerte, supe parar a tiempo. Y el tercero..., el tercero igual en otro tiempo y otra etapa de mi vida si habría podido ser otra cosa... Pero fue otra larga historia casi por compromiso, por obligación, por... Sin sentimientos ni implicación por mi parte. No, no he hablado nunca de eso ni tengo intención. Por suerte, es otra historia más que acabada. Por fin), en esos momentos, realmente no estábamos juntos. Ó, como le dije un día: no, no le puse nunca los cuernos (era muy aficionado a la frasecita, supongo que hay frases y términos generacionales). Si acaso, se los puse a los otros con él...
Soy patológicamente fiel. Cuando estoy con alguien... no estoy con nadie más. Y no, no es porque me sienta obligada. Simplemente... funciono así.
Y ni siquiera me siento con la obligación de explicarle nada a esa posible otra persona a quien soy fiel. Es..., es algo personal, privado, mío.
Y sé que el sexo es algo totalmente desligado, si se decide así, de cualquier tipo de sentimiento. Incluso hasta de cualquier atracción (más allá del momento..., supongo). Pero...
Supongo que ir cumpliendo años también hace que algunas cosas se tengan más claras. Y yo alguna decisión hace demasiados años que la tomé...
Y, a estas alturas, ya no quiero desligar algunas cosas. Simplemente. Porque también los años me hacen saber que, igualmente, puedo pasar años sin determinadas cosas. También por eso sé que nunca he necesitado aventuras de una noche..., de una tarde ó de un 'nos vemos de vez en cuando para ya sabes qué'. No, no lo necesito. Así, no. Yo no. No me parece mal... pero es que no quiero que sea así.
Pero, tampoco, necesito ya que sea correspondido. Supongo que porque a estas alturas hace muchos años que sé quien soy... y que terminé por asumir que hay cosas que no tendré nunca.
Y, a estas alturas de la vida, ya no voy a empeñarme en cambiar las evidencias...
¿A cuento de qué viene todo esto? No sé. Bueno, claro que lo sé. A esos post que empiezo y no termino, que termino y no publico, que a veces hasta destruyo. A esas historias a medio contar. A que no puedo ponerme a 'soltar' cosas sin ton ni son, sin, siquiera, poner sobre papel 'virtual' algunas cosas antes. Algunas reflexiones/resúmenes, casi para mí misma.
Algunas neuras, como todo esto...
Suele ser más fácil hablar, cara a cara, de sensaciones que de sentimientos. Por mucha confianza y por mucha falta de pudor que haya con algunas personas.... Ó, tal vez, precisamente por eso. Porque los sentimientos encierran y se encierran en algo más allá del pudor...
servido por bruxana
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20 Octubre 2011
Sé lo que hay. Como ya he dicho/escrito alguna que otra vez, sé lo que hay; en el fondo, lo he sabido siempre, aunque alguna vez... quizás al principio... No: en realidad, en lo más profundo, siempre he tenido las cosas claras. Aunque quizá hubiese querido poder equivocarme, siquiera esta vez.
Sé lo que hay. Y lo sé porque nunca, nunca desde hace ya demasiados años, he dejado de tener claro qué soy, quien soy, a qué puedo aspirar... y qué puede sólo pertenecer al mundo de los sueños. De las aspiraciones a las que en realidad no es posible aspirar.
Sé que lo que he tenido es eso, lo máximo que podría llegar a tener. Que, incluso, ha sido mucho más ..., que hay cosas que estaban y están fuera de mi alcance, y, sin embargo, estuvieron ahí... Que casi llegué a creerme que los sueños, a veces, hasta se cumplen y todo, y se puede vivir dentro de ellos. Casi lo llegué a creer..., casi. Pero en el fondo, siempre supe diferenciar los espejismos. Encontrar casualmente un oasis no significa que el desierto haya de pronto mutado en jardín inglés.
Sé, y quizá siempre lo supe, que cuando las condiciones teóricas diesen a entender que se habían acabado los obstáculos que entorpecían algunas cosas... realmente sería cuando empezase el fin definitivo. Porque durante meses nos respaldamos en eso, en esas imposibilidades circunstanciales... para justificar la distancia. Y cuando las cosas, en teoría, empezasen a volver a la normalidad, pues...
Cuando esa 'normalidad' regresase, simplemente ya no quedarían excusas. Sin más. No quedarían refugios.
Y yo, en el fondo, siempre supe que cuando llegase ese momento también llegaría el fin. Cuando todo fuese más fácil, yo ya no tendría lugar ni espacio para estar. No sería futuro en ese presente, no sería presencia ni opción. Ni nada.
Porque siempre he sabido quien soy, qué soy. Porque sé que mi papel es el que es, que es estar escondida, que es estar esperando. Aceptar cualquier cosa, rebajar día a día las pretensiones. Sentirme mil veces estúpida por haber llegado a pensar que, quizás esta vez sí, que igual en esta ocasión tenía alguna opción. Pero no. Tampoco esta vez.
Ni nunca.
Hace... demasiados años..., muchos... me quedó clara una cosa. Me hizo daño, pero en el fondo no fue sino porque algunas verdades duelen, sobre todo cuando quien te las dice es alguien por quien habrías sido capaz de cualquier cosa. Aquella tarde me dijo que si era lo suficientemente discreta, si no molestaba, si simplemente sabía estar esperando... igual hasta podría estar conmigo con una relativa frecuencia. Se convirtió a sí mismo en el premio que podría yo recibir si... eso, si era lo suficientemente buena.
Aquella misma tarde decidí dejarle. Aunque igual no fue por eso. Ó sí, también. Ó fue porque claro que podría seguir esperando el 'premio': total, a aquellas alturas ya estaba acostumbrada a sus desplantes y tantas cosas de las que nunca hablaré, que... Quizá realmente decidí terminar con todo aquello, de raiz y sin explicaciones porque aquella tarde fue la primera que le pedía algo. Le pedí un beso y me lo negó, ofendidísimo... cómo se me podía ocurrir que pudiera besarme casi en público...
Absurdo, cuando tantas veces lo había hecho...
No volví a pedirle algo así.
Y, desde entonces, no he vuelto a besar a nadie... más allá de la cortesía, en público. Sin más. Por mucho que haya podido desearlo.
Hay cicatrices que nunca terminan de curar.
Y lo que de veras me quedó claro aquella tarde es que, en realidad, él tenía razón. Que sólo si soy capaz de ser discreta, de no pedir nada, de no buscar ni pretender, de no dejarme ver, de disimular, de... de no existir apenas, igual consigo el premio. Igual tengo opción a, siquiera, participar en el sorteo...
Porque, mucho tiempo después, muchas tardes después, reanudé aquella historia. Y, de nuevo, creí que las cosas eran posibles. Me dijo que era posible... y, casi, me lo creí... Y muchas tardes después, muchos años después de discrección para poder aspirar a estar a su lado, ví perfectamente claro cómo al final todo había sido inútil. Como había aprendido a ser cada vez más invisible, más discreta, más... más presente y escondida... para cada vez obtener menos.
Supongo que, simplemente, porque es eso lo que merezco y punto.
Por eso sé que no puedo aspirar a más. Por eso no entiendo porqué me empeño en soñar, a veces.
Igual es porque, algún momento, he visto que siquiera durante unos minutos los sueños van y se cumplen. Ó porque algo en mí se niega a reconocer lo que es tan evidente, lo que siempre lo ha sido...
Ó porque a estas alturas de la película, y sabiendo que tengo todo el tiempo en contra ó cada vez menos tiempo... ó, peor, todo el tiempo del mundo para no conseguir nada... a estas alturas, aún algo en mí se rebela. Algo que no conseguí matar. Aunque también eso, ya, dé igual.
servido por bruxana
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14 Agosto 2011
Esta noche he soñado con 'M'.
Hacía... no sé, mucho tiempo. Seguro que para localizar la fecha me bastaría con repasar este blog, porque supongo que hable/escribí sobre ello, pero no voy a hacerlo. Esta noche mi último sueño 'consciente' (esto es, el último que me quedó en la mente antes de despertame) fue con él. Y..., y la verdad es que ha sido un sueño raro. Muy real, eso sí. Tanto, que pertenece más bien al ámbito de las pesadillas.
Era 'M' y era mi último trabajo. Ése horroroso al que me he tenido que dedicar desde la segunda semana de julio hasta el pasado martes (y que no puedo descartar del todo que no tenga que volver la próxima semana, aunque es lo último que espero y deseo hacer). Era 'M', creo que con el aspecto que tenía la última etapa que pasamos juntos, los últimos años (esto es, no en la época en que fue mi jefe) y era, en esencia, mi último empleo. No era el mismo lugar. De hecho, en el recuerdo del sueño, que se va difuminando por minutos, que digamos se diluye en el olor a café, el aire templado que entra por la ventana y esta luz que anuncia más calor, otro día más de verano caluroso y seco en Madrid..., aparecen imágenes como el barrio en que me crié y sus actuales obras de 'renovación total del pavimento', aparece algo que puede ser un cruce entre mi dormitorio (al menos, es la luz de mi dormitorio, la luz natural) y una de las muchas aulas en que estudié en mi vida... cosas más allá del antro donde la Empresa tiene sus instalaciones. Pero también está aquella horripilante luz artificial y el aire a sitio cerrado...
¿Qué relación pueden tener 'M' y el recuerdo de mi relación con él y ese trabajo de mierd...? Pues no lo sé. Bueno, claro que lo sé: el aire a decepción.
Lo he contado, más ó menos superficial ó detalladamente, otras veces: cuando conocí a 'M' fue en una entrevista de trabajo, que no buscaba otra cosa que, eso: trabajo. Él, al parecer, buscaba una persona muy responsable, muy conocedora del sector a que se dedicaba su empresa y sobre quien iba a depositar la responsabilidad de dejarle a cargo una nueva sucursal que pensaba abrir. Y yo buscaba un cambio de trabajo... al constatar que los dueños de la empresa en que entonces trabajaba tenían bastantes menos aspiraciones de prosperar, en su propia empresa, de los que tenía yo dentro y con respecto al futuro de la misma. El mediador entre 'M' y yo era un antiguo jefe mío, con quien podía haber tenido mis diferencias (básicamente, debidas a los celos patológicos de su mujer) y con quien no podía volver a trabajar... pero que me conocía lo bastante, conocía a mis entonces jefes... y decidió que si alguien podía cumplir con las expectativas que 'M' tenía con respecto a qué tipo de persona necesitaba para cubrir ese supuesto futuro empleo... era yo. Así que nos conocimos en una entrevista de trabajo. Quizá la más rara de mi vida, puesto que quedamos casi fuera del horario 'habitual' de trabajo... y el asunto se prolongó tres horas, con una especie de 'prueba práctica' sobre el trabajo a desarrollar, contemplación de la puesta de sol a solas, paseo en su coche y un 'vamos a tomar algo' en un pub del municipio donde vivía él entonces. Y, claro, confidencias por su parte no buscadas por mí, proposiciones varias y aquel 'no sé cómo he pasado todos estos años sin conocerte' que tendría que haberme hecho desistir... pero no lo hizo.
Supongo que, en el fondo, sus planes laborales me interesaban. Aunque no habláramos de sueldos y aunque me constaba que éste no iba a ser ni mejor ni superior al que ya tenía: era otra cosa. Era, eso: hacer otras cosas.
Y empecé a trabajar con él, aunque dos días antes me recuerdo perfectamente, como 'vista desde fuera', sentada en la cama con las piernas cruzadas y dicièndome: 'bruxana, creo que vas a cometer la mayor equivocación de tu vida'.
Pero ya era tarde: lo tenía decidido.
Y eso es lo que, tal vez, me hace relacionar aquello con esto. Ese momento en que, bajando hacia el sitio donde iba a trabajar, este once de julio, una vocecita, cual Pepitogrillo, me repetía al oido: 'no vayas, date la vuelta, regresa a casa. Hay otros trabajos, puedes estar unos días sin trabajar y no pasa nada. No vayas, date la vuelta...'. Pero fuí. Y me arrepentí. Y, dos días después, volví a arrepentirme al firmar el contrato con aquellas condiciones... que rozaban la semiesclavitud.
La misma sensación. Con la salvedad de que, con 'M', todo sobre el papel parecía perfecto... Y que en este horror de trabajo... ya sobre el papel se veía claramente que era un fraude de trabajo.
En mi sueño, 'M' era uno de los coordinadores... ó tal vez supervisores, de la Empresa. Y es como si nos encontrásemos cuando yo ya llevaba días allí. Como si al volver... qué sé yo, de esta 'interrupción de contrato' en que me encuentro ahora, lo descubriera allí. Y, en vez de saludarnos con sorpresa... pasásemos de la mutua ignorancia... a algo que los demás van percibiendo como un exceso de conocimiento del otro. El trato entre dos personas que, igual, tampoco estan obligadas ni a saludarse... pero que claro que lo hacen. Y que, sin explicar nada ni decir que ya se conocen de antes... actuan como lo que son: antiguos conocidos. Muy conocidos. Y con pequeñas rencillas sin resolver, y con un conocimiento... que sobrepasa lo meramente laboral. Con esa ligera tensión sexual que, siempre y hagamos lo que hagamos, va a quedar entre dos personas que en un momento dado de su vida también incluyeron eso, el sexo, entre el resto de los matices de su relación.
¿Si 'M' sería capaz de trabajar como 'responsable' en una Empresa como ésta, que engaña, que acepta Campañas de televenta consistentes en estafar a la gente, que no respeta a los trabajadores ni los horarios pactados, ni asegura el sueldo, ni....? Pues... me gustaría decir que no. Pero... me temo que sí, que sería capaz. Porque ahí viene ese aire a decepción. Eso que a los dos meses de trabajar con él me llegó de un modo tan claro... aunque, aun así, seguí con él dos años. Eso que, años después, ví que seguía haciéndole a otras: la vida imposible para conseguir que se fuesen voluntariamente... y así ahorrarse posibles indemnizaciones por despido...
Alguna vez he dicho/escrito que un día conseguiré enfrentarme completamente a lo que fue mi relación con 'M'. Y que no fue tan edulcorada como en alguna ocasión he intentado dar a entender... Pero no será ahora cuando hable de ello...
Como empezaba diciendo: ha sido un sueño raro. Una pesadilla. Un 'M' buscándome las vueltas, sabiendo que no va a encontrar ni en mí ni en mi trabajo el menor error, la menor fisura, el más mínimo fallo para poder reprocharme nada. Un 'M' ejerciendo de sí mismo ante alguien que a partir de un momento dado, demasiado pronto, empezó a sentir por él algo más que un sentimiento de amistad... y que empleó eso en propio beneficio y como arma de castigo. Un 'M' que, en mi sueño, coquetea abiertamente con alguna supuesta compañera de trabajo, pondera su quehacer..., busca darme celos. Celos que ya no tengo. Historias que me dan igual...
Sueño raro. Pesadilla.
Vuelve a hacer demasiado calor.
'M' ya no está en mi vida ni creo que vuelva a estar nunca, más allá de algún sueño no buscado y esos recuerdos que van a vivir siempre conmigo. Y ese trabajo..., pues, de momento, ya no es 'mi' trabajo. Y, sinceramente, pienso hacer todo lo posible por resistir la tentación... por mal que vayan las cosas, y no volver a él dentro de una semana.
Que ambas cosas se queden en, eso, argumentos cruzados para pesadillas en noches de verano demasiado calurosas. Noche de luna llena de agosto, esa luna tan peligrosa...
servido por bruxana
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25 Junio 2011
Veinticuatro de junio. Verano. Mucho calor.
Sólo recuerdo dos 'sanjuan' tan calurosos como el día de hoy: el del año 2003 (aquel año en que empezamos a pasar calor a mediados de abril... y los responsables de Sanidad nunca reconocieron el número de fallecidos por 'ola de calor'. El año sigue quedando, para la Historia, como el verano más caluroso, en duración de días, desde que se empezó a medir este asunto) y el del año 1991.
Mil novecientos noventa y uno. Veinte años.
Dice un tango que 'veinte años no es nada'. Es más, que 'febril la mirada y errante en la sombra te busca y te nombra'.
Yo ya no busco ni nombro. Hace tiempo que dejé de esperarle (aunque sé que, en el fondo, nunca dejaré de temerme que aparezca. Que reaparezca). Nombrarle..., la verdad es que tampoco lo hice durante años. Durante gran parte de los años en que era parte de mi vida, de mi realidad. En que le era fiel, en que pasé de creerle a fingir que le creía, en que era consciente de que no me aportaba nada... pero no podía evitarlo. No podía evitar correr a su lado cuando me llamaba, seguir dándole oportunidades, no podía evitar lo que sentía por él... a pesar de tener tan claro qué era, quién era y ser consciente del daño que me hacía. Pero apenas le nombraba. Supongo que eso es lo malo, ó lo bueno, ó... lo inevitable sin más, de las relaciones casi clandestinas: no hay nombre. No se le nombra ante los demás. Lo que no tiene nombre no existe.
Él ya no existe en mi presente. Sí en mi vida, y existirá siempre. Pero en ese sitio que se llama 'pasado'. Ahora ya tiene nombre. Pero ahora eso ya no importa. Veinte años. Ocho años, casi, sin él. Sin "M". Ya da igual.
En mi presente estoy yo. Quizá fue lo único real y lo único que fue verdad entre nosotros: que yo estuve siempre. Aunque en la sombra. Incluso oculta de mi misma, tanto tiempo, tantos años...
Estoy yo. Y esta noche, la verdad, el proyecto era pasarla con otra persona. Alguien que no me recuerda a "M" en lo más mínimo. Que lo único, si acaso, que tienen en común es la edad: la edad con esos veinte años de diferencia. La edad que él tenía en aquel 1991. Se llevan eso, veinte años.
El proyecto esta noche, sí, era estar con alguien que me importa, que me gusta mucho, a quien quiero... Sin planes. Y sin que nada de eso me duela. Que no tiene nada que me lo recuerde; ni en lo más mínimo, insisto... aunque haya algunas cosas de todo lo que pasó en esos doce años largos y raros que, hoy en día, me siga influyendo y afectando. Y que también pueda afectar en esta relación presente. Aunque..., a decir verdad, también por todo aquello acepto los aplazamientos sucesivos actuales... Me acostumbré a esperar. Penélope tejiendo y destejiendo, sin poder explicar porqué lo hacía.
Han pasado veinte años. Y sólo queda ahí como eso: una fecha, un número redondo. Algo ajeno a mi presente. A este presente en que las relaciones ni tienen futuro, ni me importa que pueda ser así. Igual por eso es más fácil aplazar, cancelar. Igual por eso "M" está cada vez más lejos en mis recuerdos. Ya no está, y punto.
E, igual también por eso, soy capaz de disfrutar de cada segundo de presente cuando hablo con él, cuando le veo. A quien, aunque no esté en este momento a mi lado, como estaba previsto, está en mi realidad porque no es una obligación. Y porque me importa de verdad: me importa él, al margen de pasados, proyectos, futuros y de mí misma.
Aquellos otros dos 'sanjuan' calurosos, años 91 y 03, se corresponden respectivamente a los años en que conocí a "M" y le ví por última vez. Aquellos dos veranos, en mi recuerdo, le pertenecen. Está aquel primer encuentro, que varias veces hubo que aplazar. Está aquel último, que sólo yo tuve la certeza que sería eso, el último, y que forcé y provoqué, porque necesitaba verle. Por última vez. Conservar ese recuerdo, conscientemente.
Aquellos dos veranos están ligados a "M". A su recuerdo.
Este dos mil once, no.
Y, por eso, igual dentro de veinte años no pensaré que 'han pasado cuarenta desde aquella tardenoche del último año capicúa del siglo pasado'. Quizá en ese lejano dos mil treinta y uno recuerde alguna cosa del día de hoy, veinticuatro de junio de dos mil once. Otra voz, otra mirada. Quizá pase de pronto un tren. Y, al oirlo, vuelva a esta mañana. Y recuerde este calor, esa voz, esa mirada... y sonría.
servido por bruxana
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2 Mayo 2011
Dejé que abril se terminase, se agotase solo, sin añadir nada más.
Es lo bueno (y lo malo) de los calendarios: cada día, cada mes..., cada fecha, tiene fijada ya su caducidad. Y mayo tenía fecha para llegar. Y lo hizo: puntual, como corresponde.
Dejé terminarse abril. Y no escribí ese post que también, cada año y desde que tengo el blog, tiene su fecha fija. Cada veintinueve de abril, exactamente.
Este año ha cumplido los cincuenta y siete. Qué vértigo cronológico. Cincuenta y siete años de edad; veinte años menos un par de meses que hace ya que le conocí, que nos conocimos. Veinte años, y casi ocho sin verle, sin vernos.
Hace mucho que no le echo de menos. Que es una presencia ausente que está ahí, simplemente porque no está, y punto. Nunca dejaré de estar segura de que podrá aparecer cuando menos lo espere..., pero ya me da exactamente igual.
Sé que está vivo porque... Es curioso esto de las 'redes sociales'. No he preguntado jamás por él, no lo he buscado (estoy segura de que 'no está' en esos sitios: ese tipo de cosas no es para él. En este sentido sí influye la edad..., al menos, en su caso concreto). Pero la 'red social' más conocida me puso en contacto con dos familares directos suyos (una de sus hermanas, una de sus sobrinas: con ambas tuve contacto y hasta amistad durante la primera etapa de mi relación con él; ésa en que oficialmente nuestra relación era meramente laboral). No he preguntado por él, insisto, pero sí fue un comentario en uno de los emails personales que intercambié con ellas. Está vivo. Y punto. No he querido saber más, no he preguntado... No me interesa. No quiero que vuelva a asaltar mis sueños, a colarse en mi vida. Ya no. Nuestra historia no llegó a cerrarse nunca... pero es que ya me da exactamente igual.
En esa 'red social' en que todos estamos pensando y en que estamos 'casi todos'..., hay un apartado curioso. Ó que a mí siempre me lo pareció: suelen 'avisar' de que fulanito ó menganita también 'está en...', y que puede ser 'una persona que igual conozcas'. Muchas de las que me 'notifican', sí, claro que las conozco: compañeros de trabajo con quienes no mantengo una relación más allá del saludo, ó a quienes no tengo la menor intención de 'añadir' en mis 'listas de amigos' virtuales. Amigos de amigos, de quienes sé la existencia... pero es que no se me ocurre que puedan tener el menor interés en mí, como yo no lo tengo en ellos. Familiares de amigos a quienes claro que conozco... pero simplemente por ese detalle en el mundo real: son 'el hermano de', 'la novia de', 'el hijo de'... En algunos casos, no sólo sé de su existencia, sino que en el mundo real hemos tomado café ó hemos coincidido en cumpleaños, bodas ó similares. Pero tampoco me parece razón para 'invitarles' a compartir lo que, en mi caso, es un trocito de intimidad...
Bueno. Pues hace unas semanas...., no pude menos que echarme a reir cuando el sistema automático de recomendaciones de la 'red social' me indicó una 'persona que tal vez conoces'. Porque me dije a mí misma: 'sí, claro que la conozco. Menos que a su marido y, seguro, más que ella a mí. Claro que la conocí'.
Sí: la mujer de 'M'. Que resulta tener 'perfil' en el sitio en cuestión. A esas alturas ya me habían indicado que 'tal vez conociera' a su hija menor (con la que ejercí de canguro más de una tarde... mientras su señor padre..., mejor no explico lo que imagino que estaba haciendo). Obviamente, ignoré ambas 'recomendaciones'.
Pero..., si el 'sistema' me las ha 'recomendado', entiendo que las 'recomendaciones' serán recíprocas. Y, conociéndole a él, tengo la seguridad de que, en el caso de la 'página' de su mujer, él tiene un cierto 'control' sobre lo publicado. Y...
Y, aunque aseguro que me da exactamente igual lo que haga, diga, piense..., por un momento me alegré de que el 'nivel de seguridad' que tengo aplicado sea bastante riguroso. Que quienes me 'localicen' sólo puedan ver mi nombre y qué amigos tengo 'añadidos'. Y nada más.
Que si 'M' me buscara, supiese quién soy, que esté seguro de que soy yo..., pero que no tenga acceso a más.
Porque ya no es parte de mi vida. No, de mi presente.
Y..., y estamos en mayo. Y si termino (que terminaré) por dedicarle un post alusivo..., un post con retraso sobre esa fecha del 29 de abril, ya no será ese mes. Por mucho que cada abril y en algunas circunstancias siga 'asaltando' mi presente con algunos recuerdos, algunos que quisiera olvidar. Pero sé que no será posible, que algunas palabras dolieron tanto que nunca dejarán de doler, porque las recordaré en otras situaciones y otras circunstancias. Recordar, pero no echarle de menos. Ya no es parte de mi vida actual. Ya no.
No puedo, ni realmente quiero, borrar el pasado: eso sí es mi vida. Pero no le quiero en mi presente. Y por mucho que de algunas cosas dude, y dude mucho, ésa no es una de ellas. De eso sí que estoy completamente segura. Como de que ya es mayo. Y él no estará.
servido por bruxana
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28 Abril 2011
Abril. Ese mes necesario del que quisiera poder prescindir. Ese mes que es como una visita de rutina al dentista: no por saber que no van a hacerte daño...en teoría, es menos desasosegante la idea de la visita.
Abril es ese mes cuyas certezas olvido de año en año, y casi lo espero con ganas: un mes en que los días se alargan y se nota de jornada en jornada; un mes en que aún no hace calor en serio, pero ya se puede prescindir de abrigos y botas; un mes en que suele llover y eso es motivo de alegría para esta madrileña que como corresponde considera un acontecimiento la lluvia, en esta ciudad eminentemente seca.
Pero abril también es lo que es. Ese mes en que, de pronto y casi todos los años, algo falla... Ó algo funciona, con ese mecanismo inexplicable que tienen las cosas intangibles. Algo se pone en marcha..., y, de pronto, ahí está.
Abril es ese mes en que siempre termino por recordar. Por recordarme.
Y vuelvo a la realidad, y tengo que admitir, una y otra vez, que los castillos de humo son sólo eso: formas caprichosas que se disolverán en el aire. Abril es único para eso: lleno de fechas que fueron en su momento, fechas que saltan ante mis ojos al abrir la agenda. Fechas que me devuelven a momentos, y recuerdo. Y veo que las cosas nunca dejaron de ser como eran, por mucho que me empeñe en pensar que al final algunas podían no ser así, que es posible cambiar y variar el destino...
Fechas que me traen el recuerdo de luces, de olores, de formas. Que me traen palabras: ésas, también, que me hicieron tanto daño... que aún hoy siguen doliendo. Porque abril es así. Y hace que las cosas fallen ó funcionen, no lo sé, pero llevando el timón hacia el destino que ha decidido que sea el puerto al que llegar. Y cuando las cosas fallan ó funcionan según lo que yo no he previsto..., recuerdo. Ahí está la memoria, la certeza inamovible de los calendarios.
Abril me recuerda quien soy y a qué puedo, realmente, aspirar. Y me recuerda que no puedo desear que los sueños se cumplan: no, no para siempre. De los sueños se despierta, y ya está. Y queda, si acaso, el recuerdo. Como queda también el recuerdo de lo que sí fue, de lo que tuve que escuchar aunque hubiese querido taparme los oídos, pero no supe ó no quise hacerlo. Y el presente y sus certezas no hacen sino volvermelo a recordar.
Lo que soy, quien soy y a lo que realmente puedo aspirar. Lo que merezco, sin más.
A veces he dicho/escrito que el precio a pagar por ese regalo envenenado que los Dioses me otorgaron como Don, y que es la memoria, es no poder retener lo que de veras quisiera, lo que me haría feliz. Quizá por eso recuerdo todo, y por eso tengo una especie de agenda permanente, un calendario perpetuo, en ese lugar inconcreto del cerebro que nos hace recordar las cosas. Y tal vez ésa sea la razón por la cual cuando las cosas..., en fin, no voy a decir que 'fallen' ó que no salgan como desearía con todas mis fuerzas que salieran..., pues eso: recuerdo. Y entiendo porqué no pueden ser como deseo. Y recuerdo perfectamente quién soy, quien nunca dejé de ser. Ó quien empecé a ser un abril de hace 18 años, quizá porque alguien por quien hubiera sido capaz de cualquier cosa... por quien fuí capaz de cualquier cosa y de renunciar a mí misma, me dijo que yo era así. Y solo pude decidir alejarme de él, pero dió igual. Porque como si hubiese sido un conjuro, las cosas ya no volvieron a ser de otro modo. Y, por mucho que me empeñe en que sean diferentes... al final... Al final vuelve abril, y ya está.
Y me miro al espejo, incluso a espejos figurados, y me veo con sus ojos. Y entiendo. En esos momentos, lo entiendo todo. Y dejo de luchar: para qué, si no vale la pena. Si no valgo la pena.
Y sé que no es posible cambiar el pasado, y sé que aquel pasado (afortunadamente) ya no formará parte nunca de mi vida, nuevamente. Y me repito que las cosas no tienen porqué seguir fallando eternamente, e intento que no sea así. Pero..., está claro que es inútil.
Sé quien soy. He aprendido a conformarme con muy poco. Sé lo que merezco y, a veces, me cuesta creer que a pesar de saber lo poco que merezco, haya llegado a tener algunos premios, algunos regalos muy superiores a lo que pudiera imaginar que en algún momento tuviese. Pero..., pero hay momentos en que me cuesta mucho hacerme a la idea de que lo normal será lo contrario, y será así siempre. Que, haga lo que haga y me empeñe en lo que me empeñe, las cosas terminen del mismo modo. Siempre.
Este abril presente empezó muy bien. Demasiado bien, sospechosamente bien. No sé por qué me empeño en seguir confundiendo con la realidad lo que hasta en esos momentos sé que, realmente, sólo son espejismos. Una realidad de la que al final no tendré más que el recuerdo escondido en las yemas de los dedos. Este mes de abril empezó muy bien, demasiado, casi tanto que estuve a punto de olvidar que era abril, ese mes que siempre llega para que no olvide quién y qué soy. Y qué no merezco.
servido por bruxana
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11 Enero 2011
Ochocientos noventa y dos post.
Eso es lo que, con éste, llevo escrito/publicado aquí. Desde el 24 de septiembre de dos mil seis, en que publiqué el primero. Uno 'de trámite'. Sin plantearme siquiera la posibilidad de llegar a escribir más allá de alguno al mes. Sin saber dónde iría a parar. Sin esperarme, para nada, estas cifras, estas dimensiones.
Tal vez este debería ser el último. No lo sé. No es ni una amenaza (sería absurdo ¿amenaza, a quién? ¿a mí misma?) ni una decisión. Pero...
Si quisiera ver el conjunto de este blog como una novela, como una teleserie... digamos que puedo considerar que, en estos momentos, gran parte de las líneas argumentales están cerradas. Han llegado a su destino.
El título del blog siempre fue una especie de juego de palabras (cierto que casi nadie lo pilló...). No lo voy a re-explicar ahora. Pero una de las líneas argumentales sí venía a ser mi situación de desempleada... al menos, cara a las listas oficiales de 'parados'. Llego a estas fechas trabajando. En algo que no me gusta, que no me aporta más allá de un sueldo que no me da ni para cubrir gastos, que no es sino dar vueltas a una rueda de hamster..., pero también llego eso, 'trabajando', en el momento en que más desempleados acumulan las estadísticas. Por lo que ya no tendría razón de ser lo de 'en paro' del título. Es más: me temí que en el día de hoy volvieran a despedirme..., y no, no lo han hecho. Así que seguiré haciendo girar mi rueda... sabiendo que no voy a ningún lado. Pero que tampoco tengo para elegir.
Mi estatus profesional está a milenos-luz de lo que era cuando empecé a escribir. Pasé de ser una profesional con un cierto 'prestigio' en lo suyo y en el ambiente en que me desenvolvía... a ser un mero número en una especie de cadena de montaje. Del nivel económico ya mejor ni hablar... que me deprimo (y no es un modo de hablar, no). Pero es lo que hay, y punto.
Hay mil pequeñas líneas argumentales que fueron básicas para que este blog existiera... y que ya son historia. Curiosamente, sin grandes esfuerzos por mi parte y de forma reciente...
Empecé a escribir cuando el corazón me empezó a gritar que estaba sintiendo algo por alguien. Una historia que nunca llegué a contar del todo (por circunstancias, no podía dar pistas)... y que no llegó a ser nada. De la que sólo conservo lo que aquí fuí escribiendo en 'tiempo real': mis sentimientos cuando él era parte de mi paisaje diario, mi decisión de no intentar nada más. Mis sueños, también los nocturnos, con él de protagonista. Mis neuras las dos ó tres veces que le ví... Es curioso. Le ví por última vez en junio y, de pronto, tuve claro que sí, que lo que había sentido por él fue real... pero que ya formaba parte de mi pasado...
Hace unos días soñé con él, con K, de nuevo. Un sueño del que, ahora mismo, no recuerdo el argumento. Pero que volvió a dejarme esa sensación que me dejó nuestro último encuentro: algo cerrado, terminado. La experiencia estupenda de haberle conocido (porque él es una persona estupenda). Pero nada más. No hay futuro, no en común. Y no me preocupa: lo veo normal. Fin de esa historia. Círculo cerrado.
Hace un par de meses, también, tuve completamente claro que mi relación con M también había terminado, totalmente. Sigue 'abierta', en cierto modo, porque el miedo... ó lo que sea, a que de pronto regrese estará siempre ahí. Pero... Pero la verdad, la realidad, es que tras años de dudas, de desear saber de él... de no atreverme a llamarle..., resulta que a través de la red social que todos conocemos... pues recuperé el contacto con su hermana. A la que conocí mucho y muy bien... porque también trabajaba con nosotros en esos dos años que lo hice para él. Y que en los últimos días de aquella época supo que entre su casadísimo hermano y yo había 'algo más'... y no era una relación que precisamente me hiciese feliz.... Bueno. El caso es que recuperé el contacto con ella... y, al tiempo, descubrí que me daba exactamente igual cómo estuviese él. Sé que entre ellos tampoco hay demasiado contacto: circunstancias familiares y la psicótica personalidad de él (ella es un encanto de persona). Por supuesto, podría preguntarle cómo está, si sigue casado, si lo están sus hijas, si tiene nietos... no sé, esas cosas... Y me lo contaría. Pero la verdad es que no me importa. No me importa M. Sé que seguiré acordándome de él: es irremediable. Fueron 12 años de relación... rara, pero relación. Demasiado dolor. Pero ya no: ya no duele igual. Ya no me duele. Ya no puede hacerme daño. Otro círculo, básico en este blog, que se cierra.
Y hay muchos otros. Como decía, bruxana ya no es la que fue...
Tengo que escribir sobre los últimos días. Lo que podría definir como 'los últimos acontecimientos' en mi vida, que posiblemente en esto también sea la de bruxana. Y..., y no sé si este es el sitio idóneo para hacerlo. No sé con qué libertad realmente estaría hablando/escribiendo. Supongo que finalmente sí escribiré... sin pararme a pensar en otras cosas. En el fondo, porque también la historia tiene 'algo' de cerrar otro círculo... Ó de unir dos tramas, dos categorías, que hasta este momento eran independientes. No sé. Igual ése ó ésos posibles post sí sean los últimos de este blog. Al menos, por un tiempo... quién sabe si indefinido.
Durante años, lo he comentado a veces, tuve la costumbre de escribir un diario. Uno de esos en papel: blog de tapas duras, candadito y llave que llevar en el monedero. No terminé ninguno: cada vez que sentía que acababa una etapa, ó que la realidad era tan intensa que había que vivirla... ó, quizá, que era tan dura que no podía escribir más de dos líneas porque las lágrimas me nublaban la vista... y cómo dolía todo..., cerraba el diario. Así que por ahí debe haber cuatro ó cinco... a medias. Etapas de mi vida.
Lo bueno de este Diario virtual es que sus páginas no tienen un final concreto: no era posible llegar a la última, esa que ya era el reverso de la tapa dura. En mis diarios analógicos nunca llegué a esa contraportada. En este virtual... quizá esté llegando en estos días. Porque igual el infinito sí tiene límites.
Insisto: no hay nada decidido. No sé si seguiré escribiendo aquí, si 'mutaré' y seguiré en Lacocte bajo otro disfraz. Si, simplemente, desapareceré una temporada (en cualquier caso, mi 'yo' real ya tampoco es tan secreto... para bastantes de quienes me leen). No es algo que pueda decidir ahora ni así de fácilmente.
Siento que las cosas están empezando a moverse. No diré que 'para bien', pero sí que están empezando a rodar, a rotar, a deslizarse. Y sé, siento, que las próximas semanas van a ser decisivas. Para que siga aquí, para que siga escribiendo... Ó para que, otra vez y como en otras etapas de mi vida 'analógica', vea claro que sólo huyendo sin dejar dirección puedo ponerme a salvo.
A salvo de mi misma. claro. Porque si algo tengo claro y tengo en común con bruxana es el conocimiento de que yo misma soy mi peor y más fiero enemigo. Porque los escorpiones nos clavamos el aguijón si nos sentimos rodeados por el fuego. Y mi fuego es el temor a hacer daño a quienes de veras quiero... Mi único punto débil es ése. En eso no he cambiado en estos más de cuatro años.
servido por bruxana
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19 Octubre 2010
No sé qué quiero contar. Ó, peor: no sé cómo quiero contarlo.
Y eso, en mí, que vivo rodeada de palabras, que creo frases, párrafos, que cuento historias... no es normal. Pero es así como me siento. Y tal vez por eso sea por lo que no he hablado de algo que desde hace ...¿seis meses, un año...? forma parte de mi vida. De mi presente.
Sí lo he mencionado. Sin nombres concretos ni completos: aunque nunca lo planiqué así, en este blog las personas tienen iniciales que simplemente suponen una forma de ser mencionadas. Sólo hay alguien con nombre completo... y tampoco planifiqué que eso fuese así.
Hoy quiero hablar de él. Mejor dicho..., no. No 'de él', no suelo hablar de otras personas. Hablaré si acaso de mi relación con él.
Él es J.A. Seguiré denominándole así (ó igual no, no sé), para abreviar, pero tiene un nombre compuesto y bonito. Se llama José Alberto. Como suele pasar con quienes tienen, tenemos, nombre compuesto, creo que nadie le llama por 'todo' su nombre. Yo tampoco se lo llamo, aunque un día me dí cuenta de que solía referirme a él por su nombre completo. Ahora que ya no forma parte de mi vida cotidiana, de mi día a día, cuando he tenido que mencionarlo creo que sigo haciéndolo así. Nada, es un simple detalle sin la menor importancia, supongo.
Hace apenas un año y unos días no le conocía. Le había visto, eso sí. Digamos que pasé aproximadamente seis meses viéndole por allí, pasé seis meses sentada a su lado y hace seis meses cambiaron las circunstancias y entendí que, como todo en esta vida, tenía que cambiar. El cambio conllevaba dejar de verle, sin más. Dicho así... igual alguien puede deducir que condiciono mi vida a estas circunstancias. No. Simplemente es un modo rápido de resumir la situación.
Hace seis meses le escribí algo parecido a una carta de despedida, aquí mismo. Hasta ese momento sólo le había mencionado 'de pasada', como hago con algunas personas de mi entorno contidiano. Lo comenté en un post anterior a éste: me contestó. Días más tarde le envié un email para, con la excusa de que yo tenía que ir por Madrid a un par de entrevistas de trabajo (...!!! lo que me creería esa promesa por parte de nuestra común empresa de "en unos días os recontratamos"... que empecé de inmediato a buscar algo...!!! ) pues quedar para tomarnos un café. No fue ese día sino un par de ellos más tarde.
Aseguro que no tenía otra intención de eso, hacerle perder más tiempo que la media hora de tomarnos un café. Si se prorrogó cinco horas... supongo que era porque también teníamos cosas de las que hablar. Aquel día fue el primero que le ví 'fuera' del Rinconcito Siniestro donde trabajábamos. Y..., no sé. Supongo que si no hubiese sido él quien, en un momento dado, propuso que si me venía bien podíamos quedar algún otro día..., pues igual no le habría vuelto a ver. Tampoco estoy segura. En estos momentos no estoy segura de nada. Ó lo estoy de tan pocas cosas, y de alguna de ellas me gustaría no estarlo, que... Aquel día también empecé a enviarle por email el 'relato' pormenorizado (ó algo así) de lo que iba pasando en nuestro común ex-trabajo. Lo que definimos como "Gran Hermano A..."
Cuando el 30 de marzo firmamos la carta de despido... existía una razón por la cual yo identifiqué el hecho de dejar de trabajar allí con perder el contacto con J.A. Cierto que las relaciones en aquel grupo eran... bueno, es que definir como 'relación' aquello es ser muy optimista. Pero yo estaba segura de que con 'las chicas' mantendría algún tipo de contacto exterior (y fue así: llamadas el tiempo que no estuve). Por el contrario, con él...
Sé que voy dando vueltas. Pero es que tampoco sé si esto tendrá demasiado sentido.
Pasé sentada a su lado seis meses. Hubo buen feeling desde el primer momento. Hay personas con las que conectas, hay personas con las que no. Nada más eso. ¿De qué hablábamos? De todo y de nada. Lo que me conectó a él fue constatar que en una Empresa totalmente absurda, pero absurda hasta límites difícilmente comprensibles... y donde me sentí un bicho raro desde el minuto uno, porque no dejaba de ver cosas que no tenían el menor sentido pero que, sin embargo, eran seguidas como 'Dogma de Fé' por los allí empleados... a los tres días escasos de tenerle a mi lado me dí cuenta de que tampoco a él le parecían lógicas esas mismas cosas que yo iba viendo. Y ni siquiera era un 'hablar de ello'. La particularidad es que él llevaba años en la Empresa: tiempo más que suficiente para haber sido 'abducido'. Y no. Aparentemente al menos, no. Y, de pronto, tras haberme pasado años siendo el paradigma (la palabreja tiene un sentido que también conlleva una especie de chiste privado que no voy a explicar) de la seriedad profesional... decidí dejar de serlo. Y eso inició una sucesión de continuo juego: pasarnos fichas donde los titulares tenían unos nombres completamente impronunciables; pasarnos otras donde la musiquita de espera tenía, como mínimo, delito; convertir la estupidez de tener una mega-antena en el tejado del Edificio en una especie de 'culto': a Santa Antenita Bendita, con fotos-estampita y todo... Y los Ositos Siniestros (osos de regaliz negro, que si nadie los ha mirado nunca con detenimiento... que los mire: tienen garras) que decidimos eran 'espías con microchip' de nuestra jefa. Y las mariposas (es una de los símbolos corporativos de la Empresa). Y los sucesivos fallos de la aplicación: la desnuclearización de la memoria, mismamente. Un universo absurdo dentro de una Empresa que presume ser la primera de su sector...
¿Sólo había eso? No. También, a veces, hablaba de cine (clásico. Somos la última generación que ha tenido la ocasión de ver ciclos enteros de cine clásico por la tele), de libros, de muchas cosas. En realidad, lo que para la inmensa mayoría de las allí presentes eran 'tonterías que dicen estos dos', a mí me dejaban entrever que J.A. era mucho más. Precisamente esas 'tonterías' de Ositos Siniestros y Nucleos Desmemoriados me indicaban esas cosas. Todas las demás cosas.
Aquel grupo en aquella Empresa siempre encerró muchas contradicciones. Una de ellas era que, desde el minuto uno en que alguien nuevo llegaba... el resto intentaban enterarse de qué iba su vida. Pero, por el contrario... era a todas luces imposible mantener con ellas una relación 'normal' de amistad laboral. Una tarde, a los escasos días de trabajar allí, se me ocurrió pedir a una de ellas el número de su móvil... para algo tan obvio como 'por si un día me pasa algo, llego tarde... tener a alguien con quien contactar' (en una empresa llena de teléfonos... es casi imposible el contacto directo con los responsables para eventualidades de ese tipo). Bueno... todavía no sé cómo me lo llegó a dar. No lo he empleado nunca.
Y creo que fue en Navidad cuando conseguí parte del resto de los teléfonos. Por entonces, llevaba ocho meses trabajando allí...
Es el único sitio donde he trabajado donde nunca, jamás, he conseguido algo tan habitual como quedar con mis compañeras para desayunar. De quedarnos tras el trabajo para tomar algo ya ni hablamos, claro. Ésa era la contradicción: por un lado, el interés morboso de 'quién eres, con quién vives, qué te gusta, de dónde sales '. Por otro, el cierre total en banda si se trata de 'vale, dime quién eres tú... pero dímelo mientras nos tomamos un café ahí enfrente y sin hablar de trabajo'.
Creo que la primera vez que me tomé un café con J.A. fue a los tres días de estar sentado a mi lado. Creo que la primera en que me contó algo que podriamos considerar 'personal' (y ni siquiera recuerdo exactamente qué pudo ser) fue a los cinco meses. Enmedio, horas hablando. Y creo que ya habíamos firmado la famosa 'Carta de Despido' cuando me preguntó si estaba ó no casada... por ejemplo. A esas alturas, el resto de la plantilla ya sí me habían contado sus vidas...
Por eso entendí que tras salir de allí era más fácil, mucho más, seguir en contacto con el resto. Porque con él, en el fondo, no había más que lo que había allí: el juego cómplice alrededor de la Empresa. Lo muchísimo que me reía (no es un modo de hablar: me salieron arruguitas bajo los ojos) a su lado. No le conocía... pero sí le conocía. Porque 'conocer a alguien', para mì, no es siempre 'saber todo sobre alguien'. A J.A. lo 'reconocí' sin necesidad de más. Y, al irme de allí, al irnos ambos... tenía claro que no habría nada más, porque no tenía razón seguirnos viendo. Así de simple.
Un par de días antes del día final, en que nos iríamos de la empresa, una compañera (que hasta ese momento casi estaba dentro de la definición de 'amiga') me reprochó que él y yo pareciera que nos daba igual que nos despidieran ó no. Casi me estaba diciendo que se diría que íbamos allí a divertirnos y que nos importaba muy poco todo. Creo que le respondí con estas palabras: "Seguro que a quien más le importa y más le duele todo esto es a mí. Porque vosotras podeis estar a punto de quedaros sin trabajo. Pero yo no sólo pierdo el trabajo, yo además pierdo a J.A."
No lo entendió. Y ya entonces me dió exactamente igual. Pero en ese momento estaba reconociendo lo que pasaba. Lo que, además, me pasaba.
Y... y de todo esto es de lo que quiero escribir ahora. Como digo en el inmediatamente anterior a éste, un sólo post no me basta. Tras aquel miércoles de abril en que dejé, dejamos, la Empresa..., contra todo pronóstico personal sí seguí en contacto con J.A. Y, aunque no lo he ocultado aquí... tampoco he hablado de ello.
Y creo que éste es el momento. Porque han pasado seis meses. Porque creo que, ahora sí, será complicado que sigamos viendonos. Porque el cuerpo y el alma y... y todo, me está pidiendo a gritos un cambio en mi vida, y sé que 'cambiar' puede implicar también eso, perder el contacto con él. Por mucho que me duela y que me pueda costar (que me cuesta, nadie más que yo imagina cuanto) enfrentarme a la evidencia. Y porque también escribo para recordar. Para dejarme constancia a mí misma de las cosas.
Sé que me lee, y eso me hace ser consciente de que leerá esto. Podría no hacerlo... pero sé que lo hará. Y puede estar tranquilo con respecto a algo: no voy a hablar de él. No voy a contar cosas que me haya podido contar, por ejemplo. En esto que vaya escribiendo hablaré de mí misma, como siempre en esto que es un diario personal.
Hablaré de mi misma y de la relación que he mantenido con él en este tiempo. Porque aquí sólo hablo de cosas y personas que me marcan, afectan, influyen... importan. Y creo que a estas alturas ya iba siendo hora de admitir y dejar por escrito que, sí, ocupa una parcela por méritos propios en mi vida.
servido por bruxana
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