Ingredientes y cantidades: -Patata: una mediana, mínimo "tamaño huevo" por persona. -Zanahoria: una mediana (de las que se suelen rallar para la ensalada) por persona. Ó una grande para dos. -Guisantes: una lata mediana ó dos latitas. -Huevo: uno por persona. -Atún: una latita pequeña por persona. Mejor al natural (esto es: ni en escabeche ni en aceite). -Pimiento rojo: una lata pequeña. -Aceitunas: una bolsa de aceituna manzanilla ya deshuesada. Si no es así, vale un puñado y "pelarlas" para quitar el hueso. -Mayonesa: un frasco mediano. Si se quiere hacer en casa, un huevo fresco, el doble de aceite, chorrito de vinagre ó limón y sal al gusto (mejor escasa), poner en el vaso de la minipimer y darle hasta que se convierta en salsa mayonesa espesa. Pero para algo como la ensaladilla, que tiene ya bastantes sabores mezclados, compensa comprarla en frasco, la verdad...
Utensilios: -Un par de cacerolas medianas (más que nada, para ahorrar tiempo poniendo a hervir patatas y zanahorias. Hay quien las cuece juntas..., ya va en gustos. Yo lo prefiero separado). -Un cazo (para los huevos). -Un cuchillo mediano (para pelar, trocear patatas, zanahorias y huevos). Si se prefiere, un pelador, que servirá también para raspar las zanahorias. -Un abrelatas (aunque lo normal es que ya todas las latas sean "abrefácil"). -Unas tijeras, para abrir la bolsita de las aceituras y, si se quiere, hacer tiras el pimiento. -Cuchara y tenedor, para servir/repartir y lo que vaya surgiendo. -Un plato hondo ó bol, para colocar la ensaladilla.
Modo de hacer la ensaladilla: Pelar las patatas y picar en taquitos. Taquito es más ó menos el tamaño de los dados del parchís. El mejor modo de picarlas así es hacerlas rodajas de entre un centímetro y dos de grosor, hacer "bastones" estas rodajas y partir en trocitos los bastones. Poner en agua (que las cubra, simplemente) con una pizca de sal. Si gusta, se puede añadir un trozo de hoja de laurel e incluso un pedazo de cebolla. Poner al fuego hasta que estén las patatas cocidas, procurando que no se deshagan (la mejor forma de comprobar el punto es con un mondadientes: se pincha el trocito de patata. Si cuesta clavarlo, están aún crudas. Si entra con facilidad, dando la sensación de estar bien blanditas, retirar de inmediato del fogón. Si se trata de una vitrocerámica, lo de "retirar" es literal: el calor residual podría terminar por deshacerlas).
Raspar la piel de las zanahorias y proceder como con las patatas: picar en dados. Cubrir de agua (algo más que con las patatas) y añadir una pizca de sal. Dejar hervir aplicando el mismo criterio antes explicado: pinchar de modo que se perciban cocidas pero no deshechas. Es preferible que queden "al dente" que rotas. Mientras se cuecen ambas hortalizas, poner el huevo (los huevos, ya dije que uno por comensal. Aunque para cuatro personas bastarán tres, para seis, cuatro, y así sucesivamente) a hervir. Con diez minutos bastará. Dejar en el agua hasta que ésta se enfríe, para que los huevos queden bien consistentes.
Abrir las latitas de guisantes. Una lata mediana bastará para dos, tres personas. Si gustan mucho, igual que si gusta la patata ó cualquier otro ingrediente, añadir más cantidad. Tras abrir la lata, escurrir el agua y pasar por el grifo para "lavarlos" (personalmente, no me gusta nada el sabor del "agua" de los guisantes, por eso los lavo).
Proceder de igual modo con la lata de pimiento morrón, aunque aquí da igual si se pasa ó no por el grifo. Escurrir las aceitunas. Abrir la lata ó latas de atún y escurrir bien, apretando con la propia tapa ó con un tenedor. Picar en tiras el pimiento, reservando dos para adornar. Pasar los huevos sin pelar por agua bien fría para facilitar su pelado (precisamente). Partir por la mitad, cortando un par de "aros" que tengan tanto clara como yema y reservar para adornar. Picar el resto en tamaño dado.
Modo de mezclarlo todo:
A las patatas, ya escurrida el agua en que se han hervido, se les habrá retirado el laurel y la cebolla, si se añadieron. De igual modo, habrá que tener escurridas las zanahorias cocidas: es mejor que los ingredientes no tengan agua, porque ligan mejor. En un bol ó plato hondo, se irá repartiendo cantidades idénticas de cada uno de los ingredientes. Personalmente, y hasta pillarle el punto de reparto, lo hacía con una cuchara grande: cucharada de patata, esparcida por el bol. Cucharada de zanahoria, de guisantes, de huevo picado, de aceitunas (éstas pueden partirse ó no, al gusto), de atún desmenuzado, alguna tira de pimiento morrón. Así, hasta terminarlos. Remover con una cuchara la mayonesa en el tarro, para que quede más líquida. Verter por encima de los ingredientes mezclados como se dijo antes, hasta cubrirlos. Si hay mucha mayonesa y, además, gusta, hacer que la superficie de la cobertura parezca "lisa", ayudándose con una cuchara. Como remate, se pondrán de adorno las rodajas de huevo duro antes apartadas, las tiras de pimiento y alguna aceituna verde sin hueso (también se puede poner alguna negra, por contraste). Meter en la nevera un par de horas, mínimo (de un día para otro, fría, está estupenda).
Como se vé, una receta de lo más sencilla y resultona. Se puede echar imaginación y añadir otros ingredientes: espárragos blancos troceados, gambas.... El atún, si no gusta, se puede sustituir por palitos de cangrejo. Y los guisantes por espárragos verdes de tarro. Pero la receta básica es la que acabo de describir.
Ah: pongo esta receta no sólo porque tengo esa sección totalmente abandonada y porque cumple con las premisas: resultona para torpes en la cocina..., sino porque en alguna ocasión me han preguntado ó he escuchado preguntarse cerca de mí cómo se haría la ensaladilla rusa. Y, no sé, creí que todo el mundo sabría... Pero como veo que no es así, pues ya está: paso a paso y sin complicarse la vida. Receta veraniega, en suma.
Veamos cómo explico ahora el título. Que para una vez que pongo título antes de redactar el post...
Lo he comentado alguna vez: soy prácticamente abstemia (y prácticamente ambidestra, y veo casi en la completa oscuridad, y varias rarezas más. Que seguro muchos tenemos, pero a mí me ha ido haciendo gracia ir descubriendo con los años). Vuelvo a lo de abstemia. Ser "prácticamente" conlleva que no necesito para nada tomar alcohol. Pero para nada nada. Lo que no quita que si en un momento dado viene al caso... pues eso: el brindis de nochevieja (ó la botella de cava de mayor ó menor calidad terminada entre amigos en la oficina, que hubo una època....), la cervecita helada en un momento puntual, un vaso de buen vino (muy bueno, cuanto más, mejor) en algunas comidas... esas cosas. Pero, lo dicho: que ni me acuerdo durante meses de la existencia del alcohol "de beber". Es más, tengo por ahí una botella de Chivas 12 años que me regalaron en la Navidad del 88... que, claro, tiene 32...
Uno de los inconvenientes de, en un momento dado, tomarse una copa... es que el cuerpo no está habituado y puede sentar mal. Ó "sentar" simplemente.
Que es lo que me ha pasado hace un rato.
El sábado, en una de esas promociones de hípermercado, compré dos bricks de sangría industrial. Uno se lo llevé a mis padres (igual termina estropeándose por falta de consumo). Del otro me acordé esta mañana al mirar qué había en una bolsa que se quedó en el suelo de la cocina (la bolsa la necesitaba de pronto para el cubo de la basura). El brick de sangría. Y, ante la duda de qué hacer con él... lo metí al frigorífico. Sección yogures: donde más enfría en esta época del año...
En fin, que de puro aburrimiento y mientras empezaba el telediario y se me ocurría qué podía echarle a la ensalada... pues he abierto el brick. Casi más para ver a qué sabía (hace tiempo que no tomo sangría. Se preparaba en casa cuando yo era cría y no estaba tan enraizado eso de que los niños no se acercasen al alcohol. Que no lo veo mal, el control, digo. Pero no deja de ser paradógico que los actuales "botelloneros" sean los mismos para quienes se inventó el "champín" de fruta para brindar "como los mayores" y que los que nos criamos tomando vino con casera (ó con cocacola, ó cerveza con casera...) a la hora de comer los domingos y en verano, los que merendábamos como si se tratase de un manjar (lo era) rebanadas de pan "de barra" (por entonces nos llegan a hablar del pan de molde integral blanco y sin corteza... y nuestras madres lloran de risa) bien empapadas en vino y con un dedo de azúcar por encima... pues eso, que hayamos salido tan sanitos...
Me voy del tema. El caso es que de cría si recuerdo haber tomado sangría en verano (probablemente, la he tomado después, en otras circunstancias... pero ya se sabe de lo caprichoso de la memoria). La sangría casera llevaba:
-Vino tinto (medio litro, por ejemplo).
-Gaseosa (un litro, mismamente).
-Refresco de limón (pongamos que otro medio litro).
-Fruta troceada: melocotón, uvas, naranja, limón...
-Azúcar: un puñado.
Todo esto se mezclaba bien en un barreño pequeño...y hale, hasta que se terminaba. Me consta que una buena sangría debe llevar también un chorrito de algún licor ó destilado (ginebra,licor de melocotón) y canela en rama... Pero no recuerdo que eso llevase la de mi infancia: imagino que con el vino ya íbamos sobrados de contenido alcoholico... y la presencia de fruta y refrescos, y el hielo derritiéndose le daba el puntito "light" al asunto... El caso es que tengo la sangría de verano ligada a mis ocho, diez... quizá y como mucho doce años...
Obviamente, la de brick no tiene demasiado que ver. Lo que no quite que reconozca su capacidad para refrescar (hoy el calor pegajoso madrileño tiene, encima. el desagradable componente del viento. Se diría estuviéramos en el desierto, lo juro: he visto pasar remolinos de ramas secas ahora mismo, avenida abajo, arrastrando alguna hoja caida y algún resto de bolsa de plástico en su vagar...).
El caso es que el vino de la sangría me ha hecho efecto. Y cuando a mí algo alcoholico me hace efecto... el resultado es totalmente inesperado...
En esta ocasión, ha derivado en la mayonesa. Me ha dado por intentar hacer mayonesa casera (ya digo: que los efectos son totalmente insospechados).
No intento dar la receta, porque me temo que el resultado no ha sido el adecuado: el primer intento de mezclar un huevo, aceite, vinagre y sal ha sido una salsa de buen aspecto... demasiado líquida y demasiado salada. Nada: un fracaso. Huevo/aceite y demás por el fregadero...
El segundo intento, con otro huevo, aceite, unas gotitas de vinagre y sal... soso, pero también líquido en exceso. He añadido otra yema (sólo la yema) de huevo campero y sanísimo a la salsa... y no, no me ha convencido. Creo que me he excedido con el aceite... ó igual me he quedado corta. No sé bien. El caso es que no sabía mal, no estaba "cortada"... pero he preferido no correr riesgos. Y tras tenerla en un recipiente y pensar en guardarla... ha seguido el mismo "camino al mar" que su antecesora pseudomayonesa: fregadero abajo...
Pero ya digo que el efecto del alcohol, por poca cantidad que sea, en quien no está habituada a beber... puede tomar cualquier dirección. Y a mí se me había metido en la cabeza hacer mayonesa. Salsa que, por otra parte, me gusta, sí... pero sin la que puedo pasar meses sin problema alguno. Que la venden ya hecha. Que el verano no es el mejor momento para consumirla "casera". Y que... a esas alturas, tenía media despensa patas arriba (más que nada, porque he tenido que buscar la batidora "de brazo", el vaso de ésta... y nadie se figura lo escondido que podía llegar estar todo eso).
Pero, finalmente, mayonesa. De leche. Ó, lo que es igual: mayonesa de verano.
Esta es la facilísima receta:
-Leche de brick (de la que tomamos habitualmente). Medio vaso. Da igual si entera ó desnatada (yo la tomo "semi").
-Aceite de oliva (imagino que con girasol también saldrá. Pero yo sólo gasto oliva, del "normal" y de alta calidad, de ése verde que da un puntito casi amargo a las ensaladas). Un vaso. Mejor del "normal, claro,
-Sal (poquita y al gusto). Limón ó vinagre: un chorrito (lo he hecho con vinagre porque me ha pillado sin limones el experimento).
Se pone la leche en un recipiente hondo (el vaso de la batidora, por ejemplo). Se pone el aceite a continuación. Se introduce el brazo de la batidora poniéndolo vertical (de pie, para que nos entendamos) y casi apoyadas las cuchillas en el fondo. Y se da al botón de funcionamiento...
En poco más de un minuto, veremos como la mezcla de aceite y leche se convierte en una salsa espesa de color marfil. En ese momento, elevaremos un poco el brazo de la batidora, para que todo se mezcle y emulsione bien. Entonces, se añade la sal (mejor quedarse corta, que para añadir siempre hay tiempo) y el vinagre (lo mismo: mejor quedarse cortito). Se mantiene el brazo de la batidora como otros treinta segundos, para que se mezclen estos nuevos componentes con la salsa... y listo. Mayonesa casera de leche.
Supongo que con limón tendrá un toque diferente... pero la verdad es que me ha gustado el sabor. Y eso que cuando la probé no estaba fría...
Lógicamente, si se quiere hacer más cantidad, basta con aumentar los ingredientes básicos. El tema es que sea el doble de aceite que de leche, simplemente.
Y esta es la receta (no puede ser más fácil) y el resultado de la sangría industrial de brick en mi persona. Y es que si los seres humanos de por sí somos imprevisibles, cuando la humana es alguien tan inesperada como lo es servidora la mayor parte del tiempo... puede pasar cualquier cosa.
Lo que tiene freir tomate es que una vez que te pones, igual te da freir dos tomates que dos kilos.
Huelga decir cual ha sido mi opción, claro.
Esta es una semana a la que tocaba ser rara... y ha cumplido, de momento y plenamente, con las expectativas depositadas en ella. Está siendo rara.
Moderadamente, puesto que mi vida pasó de culebrón con ratos de melodrama e instantes de vodevil a película costumbrista que deriva hacia el cine sueco a ratos... desde hace unos años. Y no, no va a ser este el post sobre Escandinavia... que me ha vuelto el bumerang que solté hace unos días y ya me han nominado a mí misma a hacer el meme-post que modifiqué.
Ayer tocaban llamadas perdidas. Lo curioso es que no escuché ni una sola de ellas. Aparte de las de nº secreto que me encontré cuando volví a casa (el día en que no estén, las voy a echar de menos. Ese alguien que controla si estoy habrá dejado de controlarme, ay...Síndrome de Estocolmo. Que no, que he dicho que éste no es el post sobre Escandinavia, qué manía), pues eso, varias en el móvil. Una, con prefijo "97", que no sé ni a dónde se corresponde. Otra, de una amiga a quien veo, sistemáticamente, una vez al mes como mucho (es que, además, me cobra el alquiler. No, no es mi casera: sólo se encarga de ese trámite. Trabajó con "M" cuando yo lo dejé como empleada y cuando éste cerró la oficina ella "heredó" la relación con el piso. No, tampoco "M" es mi casero... sólo faltaría). No me llamaba para cobrarme, sino porque estaba en la zona y a ver si quedábamos para comer. También es casualidad, para un día que no estoy... La otra, de una de las "participantes" en el glorioso curso de este verano. No sabía nada de ella desde entonces, nos llevábamos moderadamente bien (soy sociable por naturaleza). Imagino que como ya están los diplomas a nuestra disposición en el centro, se habrá acordado de mí. Llamada de cortesía... No sé. Igual pensó que no quería cogerle el teléfono, que me estaba haciendo la sueca...
Y dale.
(El tomate hace chupchupchup en la sartén. Me lo está poniendo todo perdido a pesar de la tapa).
Ya digo que ésta ha sido una semana rara. Una de esas épocas en que tengo la sensación de que hay unos duendes que tiran de la realidad hacia el lado bueno y otros que intentan arrastrarla al malo. Ángeles y demonios. Duendes y trasgos. Hadas y troles. No, ya sé que no existen... que sólo son personajes de cuento de hadas. De ésos que escribía Andersen y que tanto me gustaban de pequeña. Como aquel de... No, que éste no es el post para hablar de autores de cuentos daneses...
(Le he echado al tomate en ebullición una cebolla, bien picadita. En unos minutos, será color naranja y estará blandita).
Noviembre es mi "mes raro", desde hace mucho. Ahora podría contar como en una semana, hace tantos años, pasé de decidir que quería dejar de trabajar con Pedro a... a no tener claro qué quería él conmigo... ni qué sentía yo por él. Todo esto, entre el once y el diecinueve de noviembre. Una semana. Con un beso por sorpresa en un día dieciseis como hoy, en el cuello y mientras yo hablaba por teléfono. Con un "pero qué bien hueles" susurrado suyo, con aquella voz. Qué especial era y qué especial nuestra relación como empleados con él, que aquel detalle no hizo, para nada, que lo viese como algo con un segundo sentido. Que no le viese ese día como lo ví apenas tres días después.
También mi relación con "M" se torció y enderezó en estos días, años después. Y volvió a romperse, para mucho tiempo, de nuevo otro año. Y empecé otra relación laboral muy larga, que aún en cierto modo está viva..., aunque estoy segura de que el tema "zulo" ha sido el punto y final. Ó casi.
(He echado a la sartén del tomate un puñadito de sal: poca, no me gustan las comidas saladas. Lo he probado: el tomate mientras se fríe, en un trocito de pan... debería estar prohibido. Por lo que quema. Y ser pecado: algo tan rico no puede ser bueno para la salvación eterna. También le he echado tres cucharaditas de azúcar: para matar la acidez del tomate, que se nota cuando ya está frito y a temperatura ambiente).
Bueno. Pues esto no deja de ser un post de trámite, para actualizar y mientras me pongo a hacer los deberes que se me van acumulando en forma de post.
(Y me voy a apagar mi sartén de burbujeante tomate frito con cebollita picada, que ya estará tambien lista).
Ah. El tomate lo necesito (un poquito, no un kilo largo) porque tenía un trozo de bacalao seco y se me iba a estropear. Y qué mejor y más sano método para darle salida: bacalao con tomate. Además, aguanta hecho un par de días.Una receta bien fácil que seguro no pueden hacer en los países de origen del bacalao, ahora que caigo.
Porque... en Escandinavia no hay tomates autóctonos ¿verdad?
Hace tiempo que no publico recetas de ésas fáciles pero resultonas que me propuse publicar de vez en cuando... así que habrá que poner solución a este abandono.
Esta vez: Pisto.
Es muy fácil. Muy entretenido, lo admito, pero fácil y, como las camisas blancas: muy combinable.
Necesitamos:
-Tomates. Pimientos verdes (vale alguno que esté casi rojo). Cebolla. Calabacín. -Aceite de oliva. Sal. Azúcar.
¿Cantidades? Pues casi a elección propia... aunque no menos de 4 tomates hermosos, 4 pimientos (personalmente, prefiero los italianos: esos largos y finos...), dos cebollas medianas ó una grande y un calabacín grande (como tiene mucho agua, se queda en la tercera parte). Con estas cantidades sacaremos pisto para dos, para acompañar otras cosas. A partir del resultado, sólo es cosa de ir aumentando las cantidades en las siguientes ocasiones. Yo, cuando me pongo, cojo kilo y medio, dos kilos de tomates, otro de pimientos, cuatro ó cinco cebollas, dos calabacines grandes... y me sale un tapper tipo contenedor de pisto, que "cae" en familia en tres días...racionandolo mucho.
-Una sartén honda (tipo wok, ó de ésas de dos asas de toda la vida). Una sartén pequeña. Un cuchillo muy afilado. Unas tijeras de cocina (opcionales). Un tenedor. Una espumadera ó paleta de sartén. Dos ó tres platos hondos.
-Modo de preparación:
Se lavan tomates, pimientos y calabacín y se secan. Se despepitan los pimientos: para ello, se clava el cuchillo en la base (donde está la parte dura y el rabito) y se abre tirando hacia la punta. Así es fácil sacarle todas las semillas. Por descontado, se elimina la parte dura. Se hace trozos (personalmente, me gusta hacerlo tiras de un dedo de largas y que sean irregulares. Aunque también se pueden trocear: pedacitos tamaño sello ó post-it pequeño). Para todo este proceso, también se pueden emplear las tijeras: si se es mañoso, se adelanta tiempo. Mientras se termina de trocear el último pimiento, se pone aceite a calentar en la sartén honda. ¿Cuanto? Abundante. Como un vaso: la idea es que los pimientos se frian bien, sin quemarse. Para comprobar si el aceite ya está caliente, basta con echar un trozo de pimiento. Si chisporrotea alrededor el aceite... echar todos los trozos de pimiento. Fuego fuerte.
-Mientras los pimientos se fríen, pelar los tomates. Para ello, es una idea "escaldarlos": se pone a hervir agua y, cuando esté, se echan los tomates con unos cortes en la piel (superficiales). Al echarlos a agua, la coción de ésta se interrumpe. Cuando veamos que va a hervir otra vez (no tarda más de un minuto) "pescar" los tomates con un cacillo para servir sopa y ponerlos bajo el agua fría del grifo (ó pasarlos a otra cacerola donde haya agua con hielo). La piel saldrá casi sola... Si no se quiere entretener uno tanto, pelarlos con cuidado de no llevarse demasiada carne. Y si uno quiere saltarse este paso... pues abrir una lata de tomates enteros crudos, de las de 800 gramos. En este último caso, trocearlos con las tijeras adelanta trabajo...
-A los pimientos hay que darles vueltas de vez en cuando, para que se frían bien sin quemarse. Veremos como "menguan" de tamaño: eso es porque tienen mucho agua natural. Y por eso prefiero los pimientos "italianos" a los "lamuyos" (que son los otros, los redonditos y gordos): aunque parezca contradictorio, tienen más carne una vez fritos.
-Si una vez troceados los tomates los pimientos aún están muy crudos, podemos entretenernos con las cebollas. Se les quita la piel exterior y se trocean. Sí, se llora. Personalmente me pongo las gafas de sol más grandes que tengo... no sé si hacen algo, pero constituyo una imagen imborrable... Trozos pequeñitos.
-Idem con el calabacín. Con este no se llora, claro... ¿Pelarlo ó no? Va en gustos. La piel es perfectamente comestible..., aunque casi siempre lo pelo. Se hacen rodajas de un centímetro más ó menos y se trocean en daditos.
Para entonces, fijo que el pimiento ya está frito. En ese momento, se escurre el aceite (en el recipiente que tengamos para ese fin ó en un vaso resistente al calor) y se sacan los pimientos a un plato. Insisto: no deben haberse quemado. Tienen que estar verdes, pero fritos.
-En la sartén pequeña ponemos parte de ese aceite y freimos la cebolla. En plan "Arguiñano": pochándola. Esto es, que se ponga doradita pero sin quemarse. Para eso es imprescindible darle vueltas. La cebolla se fríe enseguida, así que es necesario no perderla de vista para que no se queme. Se saca de la sartén con una espátula de freir ó espumadera. Se añade más aceite (del mismo de los pimientos y se fríe el calabacín. Digo lo mismo que con la cebolla: que no se queme...
-El aceite restante se pone de nuevo en la sartén honda (también podemos sacar los pimientos y dejar el aceite allí... pero prefiero indicar lo de "pasarlo a otro recipiente" mientras no se tenga práctica. Por lo de emplear parte para freir cebolla y calabacín). Como ya está caliente, podemos echar los tomates. Cuidado: salpican. Y las salpicaduras manchan: de ahí lo de emplear una sartén honda ó un wok... Espolvorear con sal (una cucharada de las pequeñas: mejor soso que pasarnos de sal). Y dejar freir a fuego bajo, moviendo de vez en cuando...
-Cuando veamos que hace "espumita", echar en el tomate frito una cucharadita pequeña de azúcar, remover, y añadir los trozos de pimiento fritos, la cebolla y el calabacín. La idea es que terminen de "cocerse" en el tomate hirviendo. Llegado este punto, es difícil resistirse a "probar" el tomate con un trocito de pan... Aviso: quema. Mucho. No en los dedos (que también) sino en los labios. El tomate mientras se está friendo es un manjar de dioses... pero cuidadito con no terminar con los morros y la lengua insensibilizados...
¿Cuando estará el pisto?Cuando el calabacín haya cogido el color naranja del tomate: cinco minutos desde que se añade. Como en ese tiempo seguro que hemos caido en la tentación de "probar", sabremos si está soso ó no: se añade más sal... pero procurando quedarse corto, insisto.
¿Para qué sirve el pisto? Pues menos como relleno de tartas, casi para todo. Se puede hacer un "revuelto" echando un huevo por persona (delicioso y nutritivo). Se pueden echar un par de latitas de atún al natural: está riquísimo. Se puede emplear como acompañamiento de unos huevos fritos, servir sobre rebanadas de pan... Está igual de bueno recién hecho, caliente, como de un día para otro, tras pasar por el frigorífico (por eso insisto en no pasarse con la sal: de un día a otro la sal "sube" y si nos pasamos estará demasiado salado. De soso tiene arreglo: salero enla mesa y que cada cual le eche a su gusto).
Es un plato entretenido... y relajante de preparar. Lo peor es que el tomate mancha... y recomiendo que se limpie nada más terminar de hacer el pisto... que luego, da una pereza!!!
Pero aseguro que si se busca "quedar bien", es un plato efectivo. Y no digamos si quien viene a comer es la abuela, la tía... eso de que le saquemos un plato sano y tradicional... nos mirarán con otros ojos desde ese día (y tendremos fama de buenos cocineros en la familia).
El pisto es lo que tiene (además de vegetales sanos): no falla.
Pues para romper el ritmo y sumar a las diversas "categorías" del blog algún post más, una receta. De esas fáciles y que hacen quedar como un profesional. Plato único: con una ensaladita tenemos resuelta la comida. Y con su "puntito" afrodisiaco...
Espaguetti con gambas.
Necesitamos:
-Espaguetti, claro. Unos 75 gramos por persona. ¿Cómo calcularlos, a ojo? Pues un puñadito. Ó, para quienes se les de bien las proporciones: en un paquete normal, de medio kilo, saldrían 10 montoncitos de 50 gramos. Pues tres montoncitos si son dos personas a comer (de todos modos, la cantidad es orientativa).
-Gambas... claro. ¿De qué tipo? Bueno, a mí lo que me gusta de esta receta es que igual sirve para apuntarse el tanto de haber preparado algo como muy buscado... que para solucionar algo rápido con cosas del congelador. Medio kilo, más ó menos, de lo que sea. Personalmente, me gustan los gambones: esos que tienen crudos y en hielo en casi cualquier pescadería. Tambien valen los langostinos: lo básico es que estén crudos. ¿Gambas? Menos las arroceras (luego vereis porqué) valdrá cualquiera.
-Aceite (un chorro), sal, una hoja de laurel, dos ó tres dientes de ajo, pimienta de cayena (las guindillas pequeñitas de toda la vida, vamos), perejil.
Utensilios:
-Una cacerola ó cazo en la que quepa, como mínimo, un litro de agua. Otra alta, para hervir la pasta. Una sartén (mejor honda, tipo wok. Valen esas sartenes negras con dos asas, de toda la vida). Un colador grande. Una cuchara de madera. Un tenedor de madera. Un cuchillo.
Preparación:
Se pelan las gambas (gambones, langostinos. Por eso es mejor descartar las gambas arroceras, que son muy pequeñas. Aunque, si no hay otra cosa....). En un recipiente se van reservando los cuerpos de los bichos, en una cacerola se ponen las cabezas (básico) y el resto de la cáscara. Se añade agua (mínimo, un litro), un poco de sal y la hoja de laurel. Y se pone todo al fuego hasta que rompa a hervir. En ese punto (mejor tener vigilado, que si se sale el agua se pone todo perdido), apagar, tapar y dejar reposar unos minutos. A continuación, colar el líquido de cocer las cabezas de las gambas en la cacerola alta. Si es poco, añadir agua. Probar para ver si está muy soso, en cuyo caso, añadir un poquito de sal.
Como ya está caliente, hervirá rápidamente. En ese momento, poner los espaguetti. Dependiendo del grosor, deberán estar entre 7 y 12 minutos. Con la cuchara de madera ir "empujando" para que se vayan sumergiendo en el agua. Dejar hervir con la olla medio tapada.
Cuando veamos que ya van "estando" a punto, poner en una sarten honda un chorro de aceite. Picar bien finos dos ó tres dientes de ajo (no olvidar abrir por la mitad para sacar el tallo, que es lo que da el mal olor). Abrir dos ó tres guindillas de cayena y, con cuidado, retirar las pepitas (es lo que pica. Y salvo muy aficionados al picante... es mejor que una receta de intención afrodisiaca no se convierta en algo incomible. Que sea inolvidable por otra cosa). Advertencia: procurar no tocar con los dedos las pepitas... sé de lo que hablo. Poner el aceite a calentar y añadir los ajos bien picados y las guindillas troceadas. Añadir los cuerpos de las gambas. Espolvorear un poco de perejil picado.
Si la pasta ya está hervida a nuestro gusto, apagar ó retirar del fuego (bueno, si es una vitrocerámica, ambas cosas, por lo del "calor residual"). Colar y desechar el líquido sobrante.
Las gambas deben "saltearse", esto es, que se hagan por los dos lados, pero sin quemarse. Si el recipiente es un wok ó sarten honda de dos asas, añadiremos la pasta a las gambas salteadas en el ajo y la cayena, moviéndola sin apagar el fuego. Si se emplea una sartén normal, el procedimiento será al contrario: se verterá el contenido de la sartén (las gambas con el ajo, la cayena, el perejil y el aceite) sobre la pasta. ¿Cuanto tiempo? Pues hasta que se mezclen: puro sentido común.
Y ya está: simple y rápido (lo que más se tarda es en pelar las gambas...).
Se debe comer caliente: frío pierde mucha gracia.
¿Alternativas? Emplear gambas peladas congeladas (en cuyo caso sería aconsejable emplear para hervir la pasta caldo de pescado, ó echar al agua normal un cubito de pescado). También se puede hacer con restos de langostinos cocidos (de los que venden congelados y que suelen sobrar en Navidad), pero en ese caso es aconsejable no emplear las cabezas para dar sabor al agua (el sabor no es muy agradable), así que se deberá recurrir al caldo de pescado... ó emplear sólo agua de la del grifo. Si gusta el picante, se puede dejar alguna pepita ó añadir más cayenas, y lo mismo con el ajo. Debido al sabor de estos condimentos, es preferible que se quede corto de sal: un exceso lo hará incomible del todo.
Obviamente, si la idea es que los comensales sean más de dos, habrá que aumentar las cantidades. Sobre todo de pasta.
Y aquí queda esta receta ideal para poco habilidosos en la cocina... que por un día quieran triunfar. ¿El componente afrodisiaco? Bueno, la pasta lleva hidratos y da energía, del marisco ya está todo dicho, la guindilla es vasodilatadora..., y el cerebro es capaz de fabricar unas conversaciones de inteligentes para seducir...
Inauguro una nueva sección: "Recetas resultonas para torpes en la cocina que quieren epatar a las visitas".
Vamos a ver: cuando uno se compra uno de esos libros de "Cocina para principiantes", para "Estudiantes fuera de casa", "Cocina básica"... resulta que los tiempos de cocción, los ingredientes... son todo menos "Para principiantes". Vamos, que ante la lectura de algunas "Recetas fáciles" dan ganas de mejor empezar por la cocina de Adrià y sus desestructuraciones... (dicho sea de paso: ¿quién no ha desestructurado alguna vez una tortilla de patata? Sí, esas que en vez de acabar redonditas, cuajaditas... se descuajeringan al intentar voltearlas... Pues a partir de ahora, eso se llama "Tortilla de patata desestructurada" y se come con cuchara. Y para quien desconfíe... que se busque la receta del gran Ferrán al respecto y verá como no tiene mucho de distinto: él las pone en copas. El acetitio con sabor a patata frita, las patatitas cocidas en aceite encima, el huevo bien caliente, para que cuaje un poco..., y se come con cuchara. Tortilla desestructurada).
Bueno, a lo que iba.
Mi primera receta fácil es mi célebre y celebrado Flan de huevo y leche condensada.Necesitamos:
-Un bote pequeño de leche condensada (da igual la marca: el más económico del hiper).
-Cuatro huevos. Normales, de gallina, crudos.
-Un limón (sólo vamos a necesitar la cáscara).
-Caramelo líquido ó azúcar que caramelizaremos nosotros mismos (luego explico).
Esto, como ingredientes. Nada más (bueno, agua. Del grifo). Como utensilios, necesitamos:
-Un molde de corona para microondas. Si no tenemos en casa, los venden en los chollos de los chinos. Se trata de un molde de plástico, con forma de corona como su propio nombre indica. Es que el flan debe quedar así, redondito y con agujero en medio, como un donut gigante (no sirve otro molde porque no cocería bien).
-Un bol que se pueda meter en el microondas. Otro cacharro hondo (vale una ensaladera).
-Una cuchara y un batidor de huevos (ó un tenedor grande, para batir). Un cuchillo para pelar el limón. Un colador grande. Papel film transparente que resista el microondas (se pregunta en la tienda).
Modo de preparación:
-Se pone en un bol medio litro de agua (insisto, normal, del grifo). Se lava bien el limón, se seca, se pela con cuidado (es mejor sacar solo la piel amarilla) y se echa esta monda al agua. Se abre el bote de leche condensada (si no tiene abre-fácil, necesitaremos también un abrelatas) y se vierte su contenido en el agua. Aviso: todo el bote. No vale empezar a probarlo, que si una cucharadita en un poco de pan, que si otro poco en el café... Se echa toda la leche al bol con el agua y el limón, y al microondas. Tres minutos a potencia normal, destapado.
-Mientras el bol da vueltas en el microondas, se coge el otro cacharro (bol de plástico, ensaladera...), se cascan los huevos uno a uno, se ponen los cuatro en elbol ó similar y se baten. Enérgicamente.
-Se saca el bol del microondas. Con la cuchara, se disuelve la leche condensada (sigo avisando: no vale comérsela. Para eso tenemos los restos del bote, para rebañarla, que siempre se queda en las estrias de las latas y "baja" sola al fondo al rato de vaciarla) y se retiran las pieles visibles del limón. Una vez bien disuelta, se va añadiendo al recipiente donde tenemos los huevos batidos, removiendo para que no cuaje antes de tiempo. Una vez tengamos las dos cosas juntas, bien disueltas (será como un batido de vainilla), se cuelan directamente sobre el molde de corona donde vamos a hacer el flan. El acto de colarlo es para eliminar las pieles del limón, los restos del huevo que no estén bien batidos..., para que el flan tenga una consistencia normal, en definitiva.
(NOTA: Asunto caramelización del molde de corona: personalmente, creo que compensa comprar un frasco de caramelo líquido: dura mucho tiempo y se puede añadir a muchas cosas... Pero si no tenemos, se puede caramelizar en casa: dos ó tres cucharadas de azúcar normal, una de agua, se espolvorea y moja en el molde, y minutos y medio, dos minutos al microondas. El azúcar se convierte en el caramelo duro de toda la vida. Si se va a hacer este paso, conviene que sea el primero: antes de meter la leche condensada en el agua con el limón, mejor caramelizar el molde. Y si se va a emplear caramelo líquido, pues lo mismo: más que nada, para que el acto de vertir en el molde la mezcla de leche condensada y huevo batido sea rápida, una vez colada.)
-Se tapa el molde con papel film (no es imprescindible, no obstante). Se pone al 50% de la potencia 14 minutos (puede estar un par de ellos más, pero no menos. Y eso no lo sabremos con exactitud hasta la segunda vez que lo hagamos: dependerá de si queda mucho "jugo de caramelo líquido" ó no).
-Una vez hecho, se deja dentro del microondas (abierto) hasta que el cacharro no nos queme al tocarlo. En cuanto se pueda, es conveniente ir quitando el papel film, si se ha puesto.Se deja enfriar en la cocina y luego, mejor toda la noche en el frigorífico, sin desmoldar.
¿Cómo desmoldarlo? Pues se pone un plato grande encima y se voltea con rapidez.
Sale flan para cuatro personas a quienes les guste mucho, para seis sobraditos..., para ocho, si lo acompañamos de nata.
Como veis, es muy fácil de hacer:no necesitamos ni ingredientes sofisticados, ni utensilios raros, ni tiramos nada (el resto del limón se emplea en bebidas, por ejemplo). Es socorrido cuando no se sabe qué hacer para terminar una comida que hemos hecho nosotros, cuando tenemos tanto huevo en el frigo que no sabemos cómo gastarlos antes de que se estropeen... Tampoco se manchan apenas nada al hacerlo: los boles, la cuchara y el batidor se lavan con facilidad.
¿El resultado? Éxito garantizado. Hasta para los menos dotados para la cocina...
Casi para "hacer tiempo", haré el post de la receta.
Como he dicho más de una vez, mi relación con la comida es rara. Como de todo: me han educado en la idea de que no hay alimento malo, que hay que comerse todo lo que hay en el plato y que el "eso me da asco" no es posible cuando se habla de comida. Aparte, el hecho de no ser especialmente escrupulosa (al menos no con estas cosas) hace que limpie pescado sin mayor alboroto, que no me disguste fregar la pila de cacharros que se acumulan tras hacer comida para varios... Pero, por otro lado, puedo estar perfectamente sin comer: nada me es imprescindible. De hecho, como tan poco,y de tan pocas cosas (lo dicho: soy el único caso conocido de anoréxica con sobrepeso)...
Pero como esto va de recetas, ahí va una. Fácil y propia para esta época: gazpacho.
Necesitamos:
-Cuatro tomates grandes.
-Un pepino hermoso ó dos medianos.
-Medio pimiento verde tipo "lamuyo" (los gordos y redonditos) ó uno italiano (los alargados).
-La mitad de lo que sea el pimiento verde, en pimiento rojo.
-Media cebolla ó una cebolleta (luego explico).
-Un diente de ajo hermoso.
-Un trozo de pan del día anterior, ó de dos días antes (como un tercio de barra de pan).
-Aceite de oliva de buena calidad, vinagre de vino, sal, pimentón dulce (optativo la sal de ajo, la pimienta...)
Los tomates hay que pelarlos y trocearlos. La mejor forma de pelarlos es escaldándolos: se pone agua a hervir, se hace un corte en forma de cruz en la base del tomate y se sumerge en el agua hirviendo como un minuto (se sacan perfectamente con el cucharón de la sopa). Se pasan por agua fría, y la piel sale... como cuando nos despellejamos tras pasar varios días después de estar uno al sol sin protección. Si no se quieren escaldar, se pelan como se pela todo, procurando no quitar demasiada carne del tomate. Y si se va a emplear una batidora de vaso y se sabe que son tomates de piel no muy dura..., se pueden triturar con piel.
El pepino se pela y se trocea también. Los pimientos se despepitan y se trocen. Lo mismo con la cebolla: en este caso, es aconsejable probar primero el sabor de la cebolla y decidir la cantidad a añadir conforme al "picor" de ésta y lo que nos guste el sabor. Una cebolla demasiado fuerte arruinará el mejor gazpacho. Por eso también es una opción emplear cebolleta, que suele ser más dulce.
El diente de ajo se pela, se abre por la mitad y se le saca el centro, que es lo que da el sabor fuerte y muchas veces desagradable.
(Huelga decir que todos los ingredientes deben estar bien lavaditos antes de proceder a cortar, pelar ó hacer nada con ellos).
Mientras se trocean los ingredientes, habremos puesto el pan en remojo con agua fría. Hay quien lo humedece también con el vinagre..., pero salvo que se tenga práctica, es mejor dejar esto para luego (el vinagre, digo).
Todo bien troceado, se pone en un recipiente hondo si se va a emplear una batidora de brazo ó en el vaso de la túrmix. Tomate, pepino, pimiento, cebolla, pan y ajo. Se tritura fino. Se prueba y se añade la sal al gusto, un chorro de aceite de oliva (es es lo que hace que el zumo de vegetales se convierta en gazpacho, al emulsionar), un poco de vinagre, la punta de un cuchillo de pimentón. Se vuelve a dar un toque de batidora, para que se mezcle bien. Personalmente, echo un poco de sal "normal" y un poquito de sal de ajo...
¿Qué textura dejar? La que más nos guste. No es aconsejable ni pasarlo por el chino ni colarlo, ni echarle agua. Lo mejor es guardar en el frigorífico hasta el momento de consumirse, sin más. Y tener en cuenta que los sabores "suben" y el pan "espesa": me explico, de un día a otro, es posible que el sabor sea más fuerte y el líquido tenga más consistencia, por lo que es mejor no pasarse con los elementos más sabrosos: el ajo, el pepino..., ni con la cantidad de pan.
Y ya está: gazpacho fresquito para tomar como aperitivo, como primer plato, como plato único con bien de pan migado ó acompañado de vegetales picados, jamón...
Buen provecho.
He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.
¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...
Calabacit@'s que (últimamente) pasaron por aquí : NOTA:
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Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"
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