Diario de una vampiresa en paro http://bruxana.espacioblog.com 2012-02-11T22:25:12Z ANA S.T. Desequilibrio. http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/02/11/desequilibrio 2012-02-11T22:25:12Z Diario de una vampiresa en paro Posiblemente también influye el cansancio que voy acumulando día a día (como ya se sabe, mi trabajo requiere de cualquier ... <p>Posiblemente también influye el cansancio que voy acumulando día a día (como ya se sabe, mi trabajo requiere de cualquier cosa menos esfuerzo físico..., vaya, que de no ser porque me pongo en pie a ratos, podría pasar ocho horas sentada... uff...), que no se nota, pero que está ahí: la fatiga mental que provoca ver que día a día no se progresa, no se prospera, no se hace otra cosa que dar vueltas, cual hamster en su rueda, sin ir a ningún sitio...<br />También es más que probable que la progresiva pérdida de vista (alarmante, ya digo, en el último mes), contribuya. Y el sueño que se va acumulando. No es que duerma poco (ó tampoco lo tengo muy claro: duermo como los gatos, un ratito profundamente, otro dándome cuenta de todo... Así, toda la noche), es que probablemente no descanso lo suficiente. <br />Y luego está la angustia acumulada, la que me produce día a día la incertidumbre de mi vida. Este trabajo que no me satisface ni me da para otra cosa que pagar los gastos mensuales... y, a veces, veo que no del todo (mis fondos bancarios serían números rojos si un mes no me ingresaran la nómina, sin más). No sé cómo voy a afrontar los <em>'extras'</em> este año: el segundo plazo del seguro del coche, la itv, el impuesto de circulación... mismamente... Trabajo que no me aporta nada, pero... que me da miedo perder. Es contradictorio, sí. Pero es que si me quedo en paro... el subsidido que cobraré está por debajo del sueldo de supervivencia éste. Bastante por debajo, a decir verdad. Y aunque sé que para este tipo de empleos de supervivencia siempre hay demanda de trabajadores (encima, cada vez los exigen con más experiencia, formación...), y sé que me 'vendo' muy bien en las entrevistas de trabajo... la verdad es que me da miedo. No confío, a decir verdad, en encontrar un empleo en un par de días, llegado el caso del despido del actual...<br />Y también me da miedo intentar cambiar. Porque si aplico el<em> 'cuento de la lechera'</em>, y me planteo que probablemente pueda encontrar algo mejor pagado (qué menos que cobrar incentivos, si es una Campaña de ventas, por ejemplo), luego recuerdo que en mi actual empresa tengo que avisar con 15 días de antelación... porque sino, me lo descontarán del sueldo. Y entonces es cuando reparo en que, si encontrase otra cosa, probablemente no me darían ese margen de tiempo: suelen querer 'incorporación inmediata'. Y, siguiendo con el <em>'cuento de la lechera'</em>, también me planteo que, vale, que hasta es posible que me dieran ese margen..., pero luego recuerdo lo frecuente que es, en este sector, que las Campañas se retrasen... Y si algo no me puedo permitir, ya digo, es quedarme sin empleo. Mejor dicho: sin ingresos. Porque una 'baja voluntaria' significa eso, que te vas y no tienes derecho a cobrar paro...</p> <p>Y luego está la nueva reforma laboral. Que ni soy tan joven como para resultar rentable a la hora de contratar, ni soy <em>'parada de larga duración'</em> (llevar 3 años encadenando empleos de supervivencia con breves periodos de paro es lo que tiene. Y da igual que en el momento en que empecé esta rutina llevase dos años sin trabajo ni subsidio ni nada), ni soy tan mayor como para que también aporte <em>'bonificaciones'</em> a la empresa que me pudiese contratar, ni tengo hijos a mi cargo pese a ser mujer en edad de tenerlos, ni... Vamos que, como siempre, llego en el peor momento. <br />Y digo esto último porque fuí de quienes nunca pudieron acogerse a una beca, ni a versiones <em>'reducidas'</em> de abonos-transporte (según iba cumpliendo años... se aprobaban <em>'bonos baratos por edad'</em>), ni descuentos tipo <em>'carnet joven'</em>, ni ayudas al alquiler (por la misma razón: edad), ni opción a solicitar una vivienda protegida pública, ni nada de nada...</p> <p>Supongo que es por todo esto y quien sabe porqué más. Pero a ratos me siento como envuelta en una niebla rara...</p> <p>Ayer me debió dar una bajada de tensión repentina (ó igual tropecé... en el suelo liso de la zona comercial de la estación de tren...), pero cuando me quise dar cuenta estaba en el suelo. Bueno, no toda yo: mi rodilla izquierda. Ó igual ambas. Es algo tremendamente frecuente en mi vida, los golpes (físicos) que me doy. Es tan frecuente... que tengo cicatrices en las rodillas y que he aprendido a <em>'tirarme'</em> para no hacerme daño: cuando veo que empiezo a perder el equilibrio, no hago fuerza para sostenerme. Así, al menos, me aseguro que no voy a dislocarme nada, a hacerme nuevos esguinces, incluso a romperme un hueso. Suele funcionar. No sé si habrá mucha más gente que se haya caído por las escaleras, bajándolas,... dos veces... y que no se rompiera nada en ninguna de las dos ocasiones.<br />Anoche me dolía  bastante la rodilla; esta mañana, la tenía caliente. Ahora mismo, ya nada. Supongo que en un par de días se amoratará. <br />Y hoy he continuado con esa sensación de mareo, de desequilibrio...</p> <p>No tengo sueño, aunque sé que si me tumbo en el sofá me entrará el sopor ése que ya conozco de otras veces. No tengo sueño, porque esta mañana he insistido en dormir cada vez que me he despertado. Tanto... que la última vez eran más de las once de la mañana. Horario totalmente inusual en mí para estar acostada...</p> <p>No sé. La vida me da vértigo últimamente. Y es una sensación muy, muy poco agradable. Imagino que también por puro nueva...</p> Blogueando por rutina. http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/02/08/blogueando-rutina 2012-02-08T00:58:16Z Diario de una vampiresa en paro Pasó aburrida, pero lo mejor que puedo, las ocho horas laborales en el zulo-sótano-exgaraje en que trabajo. Ya que no me qu... <p>Pasó aburrida, pero lo mejor que puedo, las ocho horas laborales en el zulo-sótano-exgaraje en que trabajo. Ya que no me queda otra que estar allí, <em>'haciendo tiempo'</em> y haciendo como que trabajo y haciendo... haciendo  que en realidad no hago nada de provecho pero que extrañamente me pagan (una miseria, admitámoslo) por ello... pues eso, intento que sea lo más llevadero posible. <br />La verdad es que lo único salvable de toda esta experiencia es el hecho de que el ambiente laboral sea bueno. Puestos, sobre todo, a comparar con el nido de arpías en que sobreviví mis dos primeros dos años y algo de teleoperadora..., ya digo, esto de hoy es un lujo. Casi me resulta raro, a veces, darme cuenta de que trato con gente relativamente normal y esas cosas (ó sea, gente con quien puedo no cortarme en lo más mínimo a la hora de decir tonterías, recitar coplas ó hacer lo que haga falta a la hora de intentar sacarles una sonrisa. Y que me siguen el juego. Algo, ya digo, impensable en aquel nido de víboras caníbales..., en fin...)</p> <p>Hago planes inmediatos y éstos son llegar a casa... e intentar sacar tiempo de donde no lo tengo para ponerme al día en la lectura de emails, actualización de redes sociales, repaso general del blog y del resto de lacocte... Me lo digo y me lo planifico: como con mucha suerte (y planificación a la hora de coger el metro y esas cosas) estoy logrando llegar a casa a poco más de las diez y cinco..., pues ya digo, me planifico el tiempo. Quitarme la ropa, ducha rápida, cena también rápida (a veces, hacerme algo a la plancha al tiempo que me desvisto), desmaquillaje, crema en la piel. Encender el pc (a veces,  mientras me ducho, que está de un lento...ufff....). Y, a las once, estar ya lista para ponerme al día. <br />Todo esto me lo planifico por las tardes, en esos ratos tediosos de llamadas improductivas. Incluso repaso mentalmente qué ponen en la tele (repaso pelín absurdo, considerando que no la veo. Que la tengo encendida más por hábito, por oir sonidos de fondo y saber que hay más seres humanos... en algún sitio), para decirme que no voy a perderme nada si dedico el tiempo a trastear en el ciberespacio.</p> <p>Pero... Pero luego no me organizo bien el tiempo. Y, al llegar a casa, me demoro en la ducha, me tomo un tiempo para preparme algo quizá no previsto para cenar, remoloneo en el sofá repasando la publicidad que he sacado del buzón y que, no sé porqué hábito extraño, me he subido a casa en vez de depositarla directamente en su papelera (bueno, sí sé porqué lo hago. Una especie de privado sentimiento de solidaridad con los repartidores..., mejor dicho, con quienes encargan ese reparto. Sé de lo que hablo, aunque igual ya sólo lo sé yo). Doblo algo de ropa que quité seca de las cuerdas esta mañana. Reviso las llamadas perdidas del inalámbrico: desde que me dí de alta en las <em><strong>Listas Robinson</strong></em>, la verdad es que es un relax la ausencia de docenas de llamadas comerciales (<em>en casa del herrero</em>... ya se sabe: molestan los teleoperadores).<br />Al final, apenas si hago nada en el ordenador. De hecho, hay días que lo he encendido... para apagarlo sin más cuando me despierto en el sofá, allá hacia las dos de la mañana, y me traslado a la cama. Y veo al pasar el pilotito de encendido y recuerdo que ahí me estaba esperando...</p> <p>Pues más ó menos esto ha sido mi rutina de hoy. Con la suma de intendencia bancaria matinal (esos trámites que poco a poco empiezan a desagradarme. Y que me inquietan en su desagrado... considerando que mi vida durante años estuvo llena de horas de esos trámites... y me encantaba hacerlos. Definitivamente, me temo que mi cuerpo se rebela ante la idea de volver a lo que fue su rutina laboral. Ó, quizás, es que se ha hecho a la idea de que no volverán esos tiempos. Y protesta, a ver si mi cabeza también lo asimila de una vez: aquello se terminó...). Trámites y gestiones rutinarias, esta mañana, que me han entretenido más de la cuenta y que han derivado en tenerme que hacer una coleta alta en el pelo... porque no me daba tiempo a lavarlo-secarlo-peinarlo en condiciones. Y no me he atrevido a salir a la calle con el pelo mojado (opción rápida: lavar y hale, salir corriendo): la insistencia de los meteólogos sobre el frío y el hecho de ir cumpliendo años... es lo que tiene... No vaya a ser que coja un resfriado antológico. <br />Y, como suele pasar cuando me da por recogerme el pelo así, de aquel modo descuidado... pues reconocimiento general de lo bien que me queda. Lo que hace que me tenga que poner a explicar que ese efecto que produzco no es sino la novedad, la extrañeza tras verme con el pelo suelto ó mi trenza cómoda y medio deshecha, día a día...</p> <p>Y... y ¿a qué venía todo esto?<br />Pues no lo sé. Supongo que es actualizar por actualizar. Y que finalmente he sacado unos minutos para hacerlo. Y que hoy no tocaba llamar-recibir llamadas nocturnas. Y...<br />Y nada más. Simplemente rutina blogueadora.</p> Invierno, febrero en Madrid. http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/02/04/invierno-febrero-madrid 2012-02-04T22:48:24Z Diario de una vampiresa en paro Lo que siempre se llamó 'invierno' pasó, un día y de pronto, a llamarse 'ola de frío'. Luego el frío fue 'polar' y, este... <p>Lo que siempre se llamó <em>'invierno'</em> pasó, un día y de pronto, a llamarse <em>'ola de frío'</em>. Luego el frío fue <em>'polar'</em> y, este año, resulta que ha pasado a ser <em>'siberiano'</em>. No sé el porqué de este último cambio. Igual es que en algún momento, años atrás, el invierno dejó de ser una estación sin más y se convirtió en algo llegado de algún sitio. Y fue procedente del Polo (no nos alclararon si Polo Norte ó Polo Sur. Debería ser Norte, claro, pero como el invierno venía de pasar seis meses en el Hemisferio Sur, a donde se regresaba al llegar la Primavera a estos lares, pues...). Y, aplicando eso de las procedencias, debe ser que este año el invierno llega desde Siberia. <br />Ganas de enredar.</p> <p>Hace frío. Ayer viernes, al poner la radio, escuché que la temperatura en el municipio limítrofe donde está la emisora era de cuatro bajo cero... a las ocho y algo de la mañana. Bien. El sol recién amanecido no lo indicaba, ni se veían brillos de hielo en el asfalto ni escarcha en los jardines. Pero a las nueve y media el termómetro plantado en una isleta cerca del paso de peatones que atravieso cada día sí marcaba bajo cero. Dos bajo cero, para ser exactos. Y, sí: hacía frío. Para reconocer yo que hace frío... es que debía hacerlo. Así que me rodeé el cuello con la bufanda de colores y hasta me coloqué unos instantes la capucha del plumax como gorro, los instantes en que una ráfaga de viento helador me indicó que la cosa iba en serio... y me hizo recordar que tengo como herramienta de trabajo la garganta. La voz, para ser exactos.</p> <p>El día fue monótono. La tarde, algo más animada. Akelarre. Eso que pasa cuando se juntan... nos juntamos, un grupito de brujas. El caso es que fuimos a que nos <em>'echasen las cartas'</em>. Nada; un divertimento, en el fondo. En mi caso las predicciones fueron absolutamente imposibles, así que... Menos mal que entiendo el Tarot y fuí interpretando lo que era incomprensible y contradictorio e inexplicable para la <em>'bruja tarotista'</em> que me tocó. Cambios. En mis cartas se leían cambios. No del todo positivos, lo reconozco. Cambios tras un parón de campeonato (mi vida desde hace tres años y pico, claramente). Cambios, desconfianza, celos. Ambiente enrarecido en mi lugar de trabajo que me empecino en mejorar. La pitonisa se empeño en ver un viaje... para visitar a un familiar que vive lejos. Imposible: no tengo familia viviendo fuera; es más, es que apenas tengo familia. Ni es probable que haga ningún viaje, ni siquiera en vacaciones. No sé. Ella insistió mucho... pero ya digo, que no, que no lo veo...<br />Alguna predicción más, alguna interpretación por mi parte más. Al preguntar por el apartado<em> 'amor, situación sentimental'</em>, le llamó poderosamente la atención que a la pregunta <em>'amor'</em> le salieran cartas que indican <em>'trabajo'</em>. Pobre. Qué iba a suponer ella que en mi caso, desde siempre, lo uno haya estado tan y tan ligado a lo otro... Tan dramática y largamente ligado, en alguna ocasión.</p> <p>Merienda con las chicas. Momentazo absurdo: en vista de que no había sitio para que nos colocásemos las cinco juntas en el mini-local (una pastelería-cafetería de cierto renombre en la Capital) nos colocaron... en una especie de trastero. En la trastienda, junto al horno. Ya digo: momento absurdo. Nosotras, que trabajamos en un garaje reciclado en call-center, que no <em>'bajamos a la calle'</em> porque estamos en un sótano, que tenemos que comer en poco más de un cuarto de hora... en una sala de descanso sin ventanas e igual de subterránea que el resto del centro de trabajo... salimos a merendar fuera un día... y terminamos en algo similar. Vamos, que hasta teníamos la sensación de apresuramiento: las cinco juntas en una mesita, en un sitio sin ventanas y con un frigorífico, en horario que el resto de la semana es laboral... <br />Fue hasta gracioso, la verdad.</p> <p>A las nueve y pico de la noche hacía mucho frío en la localidad en que vivo. Debía hacerlo porque la gente iba tiritando dentro de capas de ropa, envueltos en bufandas y con gorros calados hasta los ojos, que era lo único que se veía del ser humano en cuestión. Yo iba relativamente cómoda con mis leggins, mi jersey-vestido de punto, mis botines casi vintage de piel, mi plumax tan amortizado (no sé qué años tiene... pero ya son bastantes) y la bufanda de colores. Este año aún no he sacado los guantes. Tengo como una docena, pero ya digo: aún siguen en su cajón.</p> <p>A las once el sueño empezó a invadirme, así que agarré el teléfono. Para, también, no pensar en que me siguen doliendo los ojos (algo menos), en que la noche del jueves al viernes tuve un inicio de ataque de ansiedad que fuí capaz de controlar (se quedó en tremendo dolor de estómago, palpitaciones y un malestar extraño que me acompañó sutilmente todo el día, como una especie de empacho...), en que a ratos me cuesta respirar. Tumbada en el sofá con mi camiseta gris y mi manta azul, el inalábrico en la oreja izquierda.<br />Me gusta escucharle hablar, eso lo he dicho/escrito muchas veces. Me importa de veras saber cómo está. <br />Y, evidentemente, anoche yo estaba baja de reflejos... ó de defensas, ó de todo a la vez. Porque me empezó a contar algunas cosas que en circunstancias normales me habrían hecho reaccionar... proponiendo algo más, empezo a decir qué haría si fuese yo ó qué si estuviese conmigo en ese momento, qué me haría... y creo que sólo supe echarme a reir...</p> <p>Supongo que sigo <em>'baja'</em> de reflejos, defensas y todo a la vez. Y que por eso, y porque quedé en que hablaríamos el lunes... no le llamo ahora mismo y le digo que decidí hacerle caso y le explico qué estaba haciendo anoche al tiempo que le escuchaba hablar y le respondía. Y qué le haría yo si estuviese conmigo, anoche, ahora mismo, ó en cualquier otro momento... Sigo <em>'baja'</em> de reflejos ó no me atrevo a molestar ó... ó qué sé yo. Porque esta mañana sí lo tenía muy claro (qué me apetecía, qué me apetece) y esa apetencia me ha acompañado gran parte del día... también haciéndome olvidar el frío ése estepario, siberiano, polar ó invernal, ése, que se empeñan en recordar que nos está invadiendo...</p> <p>Diez y media de la noche, primer sábado de febrero. Invierno en Madrid. Sensación de sueño. Y otras sensaciones, otras reacciones físicas, alguna muy evidente...que no son, precisamente, consecuencia del frío...</p> Miércoles, de principio a fin de mes. http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/02/01/miercoles-principio-fin-mes 2012-02-01T01:20:24Z Diario de una vampiresa en paro Se termina enero, primer mes de este nuevo año. Año que se presenta tan... descorazonador...como fue el resultado general d... <p>Se termina enero, primer mes de este nuevo año. Año que se presenta tan... descorazonador...como fue el resultado general del pasado. Inventario. Resultado y resultante del inventario.<br />Pierdo visión a pasos agigantados. Me cuesta leer en el tren. Releer: estoy releyendo libros que leí por vez primera hace diez, quince años. Curioso: tantos años releyendo algunos libros..., tantos libros que ahora descubro que sólo leí una vez y hace tantos años...<br />Sigo viendo perfectamente a largas distancias, a distancias medias (aunque ahí me moleste terriblemente la luz: mi célebre fotofobia, ahora acrecentada). Es a corta distancia donde veo borroso. Me hace... casi gracia, que a un palmo de mis ojos la palma de mi mano sea una superficie incierta. Y todo esto lo he 'conseguido' en poco más de un mes. Ó, al menos, en ese tiempo es cuando creo que me he percatado del desastre. <br />Igual éste es el primer síntoma del envejecimiento, el comienzo de la cuenta atrás, de la caída sin freno por el tobogán que lleva a ninguna parte. No sé. Como pertenezco a ese tipo de personas que a los 15 aparentaban dieciocho (ó veinte, llegado el caso: era una cuestión de actitud, de aplomo), que a los 20 empleaban su aparente mayor edad para resultar de lo más eficaz en su trabajo (nadie hubiese renegociado deudas financieras, calendarios de pagos, plazos de liquidación de atrasos bancarios...con una <em>cría</em> de veinte años: creo que nadie se paró nunca  a pensar en ello, imagino que nadie se hubiese creido mi edad... que era ésa. Y quien dice veinte dice veinticinco... que parecían treinta experimentados... Luego ya a los veintiseis me empecé a vestir de diecinueveañera... y a los treinta empecé a <em>'descumplir'</em>)... pues eso: que ahora aún resulta un cierto juego lo de responde a la pregunta<em><strong> '¿qué edad tienes... sino es indiscrección?'</strong></em>... y sacar el dni a la vez que respondo eso, qué edad tengo... Lo del dni es, también, porque no parezco yo en la foto: debo ser de los pocos casos de sujeto que en la susodicha foto <em>'oficial'</em> está mucho, pero muchísimo mejor, que en la realidad... Lo que despista, descoloca... y a mí hasta me hace gracia...<br />En fin: tonterías, en suma.</p> <p>Se termina enero. Tengo que empezar a buscar otro trabajo. En el actual no veo el menor porvenir... y los ingresos no me bastan para cubrir los gastos ordinarios... El problema es que las cosas están como están: la realidad del mercado laboral es la que es y, además, me siento cansada. Y mi edad real... pues también es la que es y es un creciente obstáculo en esta carrera de vallas.</p> <p>Y lo demás... qué más da. Tengo ideas en el borrador, historias que me rondan la cabeza, algo que igua debería poner en orden y contar, ó no, ó... Ó qué sé yo...</p> <p>Se terminó enero. Mes de treinta y un días, mes de cinco lunes que termina en martes.</p> <p>Bienvenido febrero bisiesto que empieza y terminará en miércoles.</p> Viernes, trasbordos, infusiones... http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/01/28/viernes-trasbordos-infusiones 2012-01-28T01:02:43Z Diario de una vampiresa en paro Último viernes de enero. Semana larga y rara, semana que se termina; semana que, al mirar hacia el lunes, veo que al final p... <p>Último viernes de enero. Semana larga y rara, semana que se termina; semana que, al mirar hacia el lunes, veo que al final pasó tan veloz como todas. Cumplir años acelera el paso del tiempo y ralentiza los segundos mientras pasan. Tiempo, tan relativo siempre...</p> <p>Cuatro...¿cinco?, no: cuatro cafés. Dos sola, dos en compañía. El café no me desvela; tengo sueño, sé que tengo sueño aunque no lo sienta. Ó... casi debería precisar: tengo necesidad de dormir. Dormirme. A veces siento que mi deseo sería poder dormir en esos momentos en que no estoy pasando el tiempo sumida en rutinas: desplazamientos hasta mi lugar de trabajo, horas eternas en ese sótano que cada vez me parece más insalubre, sensación de pérdida de tiempo. Con sueldo, sí, pero pérdida de tiempo al fin y al cabo. Qué desperdicio de días, de horas, de oportunidades. Qué desperdicio de años. Qué desperdicio de vida, de mi propia e irrepetible e irrecuperable vida.</p> <p>Proyectos que no llevaré a cabo: hace semanas decidí que debía volver a escribir. Escribir como lo hice durante años. Volver a esas novelas de las que no conservo sino páginas sueltas, cuadernos que eran capítulos centrales, hojas-borrador. Prestaba las cosas... y luego no volvían a mis manos. Amigas que se lo dejaban a amigas ajenas a mí, amigas de las que perdí la pista hace siglos. Apenas si conservo eso de mi <em>'producción literaria'</em>: retazos. <br />Había decidido volver a escribir... pero ni siquiera algo tan simple me parece factible. Quizá sea la edad, pero eso de ir escribiendo en un cuaderno que traslade en el bolso..., no sé. Algo que entonces era <em>'lo normal'</em>... ahora ya no me motiva. Tengo un netbook que no empleo para nada: no me puedo permitir una conexión <em>'portatil'</em> a internet, por ejemplo... <br />Había decidido volver a escribir... pero, igual, es que ni sé sobre qué quiero hacerlo y, por eso, me invento obstáculos...</p> <p>Algunas evidencias siguen ahí. A ratos..., por instantes, intento cambiar de idea, mirar desde otro lado, repetirme hasta que me suene creible que no tengo razón... Pero sé que la tengo, que la tuvo mi intuición y la corroboró eso que no creí nunca que fuese un <em>'sexto sentido'</em> femenino. Evidencias. Evidencias que no por serlo dejan de doler, dolor inevitable, alfileres de hielo en el corazón. <br />Evidencias en que no quiero pensar, para qué, sino podré cambiar nada. Ya no. Si en algún momento hubo alguna oportunidad, sé que ya no la hay. <br />Ni la habrá. La evidencia mayor es ésa. Y el mayor alfiler de hielo es, de pronto, un cuchillo.<br />Y, también de pronto, hoy ha sido casi invierno en esta ciudad de primavera eterna.</p> <p>Viernes que ya es sábado. Manta azul en el sofá azul. <br />Mañana debería recoger, un poco más en serio, algunas cosas. Regar las plantas: pobres geráneos en mi terraza orientada al sur, que por ello inunda el sol en esta época del año, sol de invierno demasiado cercano a la Tierra, sol que quema. Tirar un puñado de periódicos usados, de ésos que ya sólo compro un par de veces por semana y que, a veces, ni siquiera leo del todo. Reciclar en<em> 'base para maceta'</em> esos ceniceros que, más que probablemente, ya no vuelva a necesitar para el fin del que recibieron nombre. Planchar esas camisetas, esa falda, guardar de una vez ese vestido de verano cuyos lunares blanco sobre turquesa me miran desde el respaldo de la silla y desde el mes de septiembre. Devolver al armario la almohada cuadrada auxiliar, inútil y casi huérfana desde hace casi dos meses y medio. Intentar ordenar cosas, ya que no soy capaz de ordenar mi vida.</p> <p>Media hora ya de sábado en esta noche que siento como viernes, porque el sábado debe ser día y debe ser luz. Y es de noche y hay casi niebla.<br />Cuatro cafés, siete horas y media de trabajo, un libro que releo diez años después, mis uñas cortas sin pintar. Río madrileño de agua embalsada de cruzo día tras día en el tren de Cercanías, ida y vuelta. Imagen que veo desde la ventanilla arañada. Gaviotas que no me ven a mí. <br />Siete horas y media de viernes. Trasbordo de la línea nueve a la seis, siete menos cuarto de la tarde. Trasbordo, línea seis a la nueve, que hice de día durante tantos meses; algunas noches, de la nueve a la seis, en las estaciones de esta tarde. Línea nueve en el andén contrario. Probablemente pasen siglos antes de que vuelva a hacer este trasbordo. <br />No: sé que este mismo no volveré a hacerlo más. Las cosas pasan sólo una vez, la rutina es repetir algo que cada vez es único, pero de lo que el tedio nos hace no distinguir diferencias.<br />Evidencias.</p> <p>Manta azul, sofá azul. Más de las doce y media de la noche de este viernes que ya es sábado. <br />Infusión de hierbas que me espera y, dicen, facilita el sueño. El café también es una infusión: dicen que quita el sueño..., no sé.<br />Sé que <em>'el sueño'</em> no es ese tipo de <em>'sueños'</em>, ésos que yo quisiera tener esta noche. Pero..., qué más da. Sucedáneos. Sustitutivos. <br />Dormir. Trasbordo de la vigilia al sueño, de la rutina a la nada. <br />Infusión en la que no creo, pero que quiero usar como un billete de ida hacia el sueño.  Dormirme antes de reaccionar y terminar, tan inútil como inevitablemente, llorando.</p> Desgaste visual. http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/01/26/desgaste-visual 2012-01-26T00:48:57Z Diario de una vampiresa en paro Post pretendidamente rápido:Me duelen los ojos, creo que mucho. Aunque como mi apreciación del dolor viene a ser como la de... <p>Post pretendidamente rápido:<br />Me duelen los ojos, creo que mucho. Aunque como mi apreciación del dolor viene a ser como la del frío... igual me duelen incluso más de lo que siento, no sé. El caso es que estar cerca de ocho horas mirando la pantalla del pc... me está destrozando la vista. ¿Que porqué y para qué la miro? Pues a ratos no lo tengo del todo claro..., aunque sí, sé porqué tengo que mirarla. Para <em>'cerrar Base de Datos'</em>. Registros de clientes que una y otra y otra y otra... y más veces siguen apareciendo en pantalla. Siempre los mismos. Oficialmente... sólo se les llamaba una vez. Claro, hasta que se les llamó a todos, y se volvió a empezar: segundo intento. Segundo que se convirtió en <strong><em>'se les llama cinco veces y si no hay resolución, el registro de datos desaparece de la base'</em></strong>. Ya. Hasta que se les llamó a todos esas cinco veces... y ahí siguen. ¿Por qué? Porque no hay trabajo. Y porque estamos sacando petróleo de donde sólo había agua: esto es, estamos obteniendo resultados de donde no hay nada que sacar... Alucinante. Y yo soy tan tonta... que ahí sigo: gestionando una base de datos más que quemada... que no me va a dar nada más. Porque a estas alturas ya es imposible obtener los resultados necesarios para que, ya que no me pagan comisiones, me den algo en <em><span style="color: #009900;">'tarjeta regalo del cortinglés'</span></em>. Absurdo.<br />Todo es absurdo.</p> <p>Trabajo en un sótano. Literalmente. Era un garaje subterráneo en el centro de Madrid (bueno, está en un <em>'borde'</em> del centro caro de Madrid, para precisar un poco la ubicación). Era un garaje y lo convirtieron en call-center... pero sigue con su aspecto extraño... de garaje. Columnas, conducciones de aire casi vistas, rejillas por donde sale, a ratos, aire gélido ó aire sofocante, primordialmente este último. El aire siempre es el mismo, no se depura. Por lo que, de momento, los pequeños brotes de virus...los compartimos. Y esperemos que no venga alguien con alguna enfermedad vírica seria... porque podemos caer enfermos todos. Absolutamente todos.</p> <p>No tenemos luz natural. La única entrada de esa luz es una especie de patio acristalado... que no es sino la salida de emergencia a la calle en caso de incendio. Pero no estamos, estoy, cerca de ese patio. Toda la iluminación es a base de fluorescentes. Y yo soy fotofóbica. Y eso y la resolución en tonos azules de la pantalla del pc... lo dicho: me está destrozando la vista. Desde hace unos días he comprobado que si me pongo algo a menos de diez centímetros de los ojos, lo veo borroso, cosa que hace un mes no me pasaba. Esto es un desastre. Sin más.</p> <p>Oficialmente, tengo derecho a un <em>'descanso visual'</em> por cada hora de trabajo. Pero..., como es de cinco minutos y entre desconectarme, cruzar la Plataforma, subir a la calle, salir y hacer el recorrido inverso se va, eso, cinco minutos... la verdad es que no salgo en todo el día. Y <em>'desconectar'</em> de la pantalla esos cinco minutos, sin salir, tampoco hace mucho por mi salud visual: sigo rodeada de fluorescentes... Así que termino con un dolor de cabeza insufrible, que se rebela a media tarde, y que soporto estoicamente sin tomar nada (mi manía a los medicamentos... y su riesgo de adicción. Neuras mías). Además, el encierro me está dejando aspecto no de vampiresa...sino de vampira. Ó de zombi, ya no sé: cualquier día me voy a tropezar y, al mirar con qué, me daré cuenta de que es con mis propias ojeras. Que, vale, las tengo de serie y hasta me daban un toque sexy a la mirada..., pero eso era una cosa y el cerco oscuro que tengo ahora es otra. Cerco oscuro y piel amarillenta... y no sólo bajo la luz horrorosa de los fluorescentes. Ese arma lumínica tremenda que hace años y durante varios conseguí erradicar de mis lugares de trabajo: tenía en los locales donde trabajaba lámparas de techo, regletas con focos de luz lo más natural posible, luz cálida... Luz cálida y la mayor parte del día, apagada: mejor la luz del sol... <br />Lejanos tiempos donde intentaba potenciar la calidad de vida, basarla en cosas así de simples.</p> <p>En fin. Dije que éste era, pretendidamente, un post rápido. Todo lo rápido que puedo escribir (eso sí: cada vez lo hago a mayor velocidad... y, debido a lo relatado, la mayor parte del tiempo estoy escribiendo con los ojos cerrados... porque la pantalla me parece estar formada por cuchillas que buscan clavárseme en las córneas...). Así que mejor dejo lo de relatar cómo va mi trabajo...: se puede deducir, me temo...<br />Y, por lo demás y de lo demás... pues eso: mejor no pienso. Mejor me recreo en el recuerdo, cada vez más difuso, del sueño de hace dos noches: un sueño de luz anaranjada y cálida rozándome la piel, un sueño de caricias, ese sueño que quisiera creer recuerdo de una realidad... pero que sé que sólo fue sueño dormida...</p> Olvidar que le quiero. http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/01/22/olvidar-le-quiero 2012-01-22T00:39:07Z Diario de una vampiresa en paro A veces, me sorprendo haciendo planes. Pero es eso: sorpresa. Me veo a mí misma y me acerco despacio, como se pilla a la niÃ... <p>A veces, me sorprendo haciendo planes. Pero es eso: sorpresa. Me veo a mí misma y me acerco despacio, como se pilla a la niña que roba caramelos antes de comer, de la lata escondida en el último estante de la cocina. Me veo haciendo planes, esos planes que no... que sé que no pueden ser. Y los borro de mi mente.<br />No: no los borro. Se quedan ahí, en ese apartado que todos tenemos para los sueños, para los proyectos imposibles. Esos que, dicen, también ayudan a evadirse unos instantes de la realidad. Esos tipo <em><strong>'lo que haría si me tocase el premio Gordo de la Lotería'</strong></em>. Esos. Aunque estos planes que elimino porque no tengo derecho a hacer, son de otro tipo. Son de ese tipo de planes accesibles... pero que yo ya sé que no. Que no tengo acceso a algunas cosas, por simples que parezcan. Supongo que porque no son tan simples. Ó porque, como digo tantas veces, porque hay cosas que no merezco, sin más.</p> <p>Sé cual era, en realidad, mi miedo de estos días extraños. Sé qué era esa pesadilla que me hacía despertar de golpe y que me hacía ahogar en lágrimas. En realidad, creo que lo supe desde el primer instante, porque no es sino <em>'ese'</em> miedo. <br />Y si un día fue el miedo a no conseguir, ó a perder, ó... ó qué sé yo, hoy en día no es sino una evidencia. Ya no puedo perder, porque ya no lo tengo. Simplemente. Aunque, a veces e inconscientemente, me diga otra cosa. Y es entonces cuando no controlo la fantasía, y hago planes. Planes muy básicos, en realidad: ni siquiera fuí nunca capaz de imaginar grandes proyectos. Supongo que porque me conformaba con poco, porque me habría conformado con cualquier cosa, con cualquier detalle pequeño... Porque la vida me ha ido enseñando eso que digo a veces: no tengo derecho a algunas cosas. Y, cuando he creido lo contrario, y que igual quienes me recriminan por no quererme y pensar así, y entonces me he confiado, y..., al final, todo ha vuelto a su cauce normal. Arrastrándome en ese retorno. Porque no se puede remar mucho tiempo contra corriente, ni creer que las playas se pueden fabricar cubriendo de arena donde antes se extendió asfalto: el viento se llevará la arena reseca y el alquitrán quemará los pies. <br />Evidencias.</p> <p>Al final, siempre es así. Sé que iré cediendo, poco a poco, y voy cediendo. Ceder uno poco para no perderlo todo, renunciar a alguna apetencia, para conservar... qué sé yo, el derecho a tener siquiera unos instantes. Tenerle unos instantes. Pero también sé, siempre lo he sabido, que llega un momento en que ya no queda nada. Se ha cedido tanto, tanto... que ya no queda nada más. Sólo el deseo íntimo y propio, la necesidad de lo que ya no se tiene ni se tendrá nunca. <br />Ya no. Y lo sé, lo sé desde hace tiempo, por mucho que me haya empeñado en hacer planes, en creer en treguas, en aplazar, en... En esperar. Simplemente eso: esperar.</p> <p>Lo que sé que nunca podré dejar de hacer. Esperar. Aunque ya no sé qué estoy esperando, la verdad.<br />Pero me sorprendo haciendo planes, pensado en días más largos, en noches cortas, en que mis dedos vuelvan a reconocer lo que ya conocen, en descubrir cosas nuevas ó descubrir que recuerdo el camino con los ojos cerrados. Planes de cosas que no han llegado a poder ser, planes de cosas deseadas y aplazadas en un tiempo en que llegué a creer eso, que tenía por delante todo el tiempo del mundo. Que para qué prisas, que porqué no recrearse en ese instante en cada uno de esos centímetros concretos de su piel, si ya tendría tiempo para más, otro día...</p> <p>Me sorprendo haciendo esos planes, planes que sé absurdo hacer, planes de lo imposible. <br />Porque, sí: para eso también tengo el resto de mi vida. Todo el tiempo del mundo. Pero no sé si me apetece tenerlo. Ni sé si me será bastante, si me bastará todo ese tiempo, para conseguir asimilar que, otra vez, vuelvo a perder lo que llegué a soñar al alcance de mis dedos. Perder, otra vez y como el castigo bíblico, mitológico, que se repite una y otra y otra vez, eso a lo que no tengo derecho por mucho que lo desee, por mucho que me empeñe, por mucho que me importe.<br />Tengo todo el tiempo del mundo, también y ahora, para intentar siquiera olvidar que le quiero.<br />Y nunca sabrá cuanto. <br />Aunque también sé que esas cosas, como yo misma, no le interesan. Ni le importan.</p> Soñar con dormir sin sueños... http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/01/19/sonar-con-dormir-sin-suenos 2012-01-19T00:47:21Z Diario de una vampiresa en paro Sueños raros. Ni siquiera sé de qué van. Los siento 'pesadilla' porque me despiertan asustada... No: porque me mantienen ... <p>Sueños raros. Ni siquiera sé de qué van. Los siento <em>'pesadilla'</em> porque me despiertan asustada... No: porque me mantienen despierta y asustada en mitad de la noche. Me despierto de pronto llorando y muerta de miedo. No recuerdo haber tenido pesadillas de niña: nunca creí en monstruos que se escondieran bajo la cama ó dentro del armario. Nunca necesité de una luz en el pasillo, ni de cuentos antes de dormir, ni de besos de buenasnoches. No sé: igual sí lo necesité algún día, pero, como tantas cosas, el no tenerlo y saber que no lo tendría me habituó a vivir sin esa necesidad, sin esa tabla de salvación cuando se vé cerca el riesgo de naufragio.<br />Probablemente, a base de no tener ese tipo de cosas pueriles me hice fuerte. Y probablemente también maduré demasiado pronto. E igual por eso ahora no sé cómo reaccionar cuando, de pronto, me asaltan estos miedos. Cuando sé que no hay, tampoco, monstruos en el armario empotrado ni bajo la cama de bronce...<br />Da igual.</p> <p>Sueños raros que me tiene asustada durante horas. Que, aunque no se note ese miedo... yo sé que está ahí.</p> <p>Sueños raros de lo que no recuerdo el argumento, que no me dejan otra cosa que una sensación de desasosiego, imágenes inconcretas, reflejos en espejos rotos de azogue gastado. Imágenes que me abandonan al despertar de golpe y llorando. Desasosiego que me tiene despierta horas, llorando hasta no quedarme lágrimas y hasta no poder respirar y hasta conseguir de nuevo que el aire me entre en los pulmones. <br />Sueños raros de enero, que me traen sensaciones de cosas  que igual ni siquiera he sentido en esta vida. Añoranza de lo que no tengo ni, quizá, tendré nunca. <br />Y miedo,  miedo irracional e irrazonable a perder otras cosas, las pocas que  tengo. Ó, peor aún: miedo a admitir que algunas cosas ya no puedo perderlas porque no las tengo. Ni las tendré nunca, aunque en algún momento llegase a creer que sí, que estaban al alcance de mis dedos...<br />Miedo que, quizá, bastaría con un abrazo nocturno para dejar de sentir...</p> <p>Tengo sueño, me duelen los ojos llenos de azules artificiales, horas ante una pantalla de ordenador repleta de datos monótonos, horas encerrada en el garaje convertido en puesto de trabajo, horas carentes de luz natural, de contraste de sol en estos días que, sé, cada vez son un poquito más largos...<br />Tengo sueño, sí. Tengo que cerrar los ojos, dormir.<br />Pero también tengo miedo al sueño que me traerá esos sueños. A que al cerrar los ojos aparezcan, y desaparezcan al abrirlos de golpe... aunque luego no me abandone su viscosa presencia en todo el día. Miedo a esos sueños que no recuerdo...<br />Soñar con dormir sin sueños, soñar con soñar lo que pueda recordar al despertar ó que se desvanezca sin más, sin dejar rastro...</p> Dormir, sin más. http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/01/14/dormir-sin-mas 2012-01-14T01:01:59Z Diario de una vampiresa en paro Hoy necesito dormir. Dormir, a poder ser, sin sueños. Taparme con la sábana de satén y la manta blanca, en este dormitorio... <p>Hoy necesito dormir. Dormir, a poder ser, sin sueños. Taparme con la sábana de satén y la manta blanca, en este dormitorio donde nunca hace frío, abrazarme a la almohada casi incorpórea, cerrar los ojos fuerte. Dormir. Dormir durante horas, uno de esos sueños pesados donde no hay sueños. Ó donde, como en los sueños de fiebre de los niños, los sueños se desvanecen al despertar sin dejar imágenes.</p> <p>Dormir, aunque ni descanse con ello. Dormir para no pensar, para no querer hacer otras cosas. Simplemente eso: dormir.</p> <p>Dormir para que no duelan los pedacitos astillados de eso que creí era un corazón, porque lo llamaba así. Dormir para anestesiarlo, para que cicatrice solo, en sueños.</p> <p>Dormir. Con el recuerdo, si pudiese elegir uno, del precioso crepúsculo de sol invernal, sol de viernes, crepúsculo en el cielo de Madrid...que la soledad y esta tarde me han regalado por sorpresa. <br />Dormir. Y que se termine de una vez esta semana desastrosa, deprimente, que quisiera poder olvidar ya que sé que es imposible reparar, salvar algo de ella, en estos dos últimos días que quedan. <br />Que aun quedan de ella.</p> Crónicas de la monotonía. http://bruxana.espacioblog.com/post/2012/01/12/cronicas-la-monotonia 2012-01-12T01:33:36Z Diario de una vampiresa en paro Falta de tiempo. No hago gran cosa a lo largo del día... pero no me queda tiempo para nada. Digamos que como lo que hago por... <p>Falta de tiempo. <br />No hago gran cosa a lo largo del día... pero no me queda tiempo para nada. Digamos que como lo que hago por obligación tampoco tiene demasiada enjundia (bueno, ni poca ni mucha, para qué vamos a decir otra cosa), pues me queda esa sensación perenne de <em>'falta de tiempo'</em>... y de absoluta inutilidad.</p> <p>Me falta tiempo para todo lo que me apetecería hacer. Aunque... esto sé que ya lo he escrito otras veces. Dejà vú. Entro en internet y doy un rapidísimo repaso al correo, a las redes sociales, al blog. Ni siquiera entro todos los días: aunque podría... la actividad tan poco provechosa de esas ocho horas en el sótano, con la diadema-casco, las dos horas y pico de trayecto, la mínima intendencia doméstica diaria <em>'hacer cama-fregar tazas, plato, cubiertos-limpiar baño'</em>, la ducha, el intentar no olvidarme de la hidratante... la verdad es que me hace llegar a estar horas agotada. Y si acompaña el carácter del pc, vago también él muchos días, tan repleto de cosas en su interior como el cuarto donde está instalado..., que a veces se niega a arrancar, ó el ratón-psicópata decide bloquearse, ó hacer desaparecer el puntero, ó empeñarse en mandar éste a la esquina superior derecha y cerrar la sesión sin que yo pueda evitarlo... pues eso mismo: que no todos los días, siquiera, entro por aquí.</p> <p>Trabajo monótono en una Campaña de ventas que no sé, francamente, cómo consigue sobrevivir. Y que no sé, ni sabemos, si terminará en dos días, en dos semanas, en... <br />Treinta y ocho horas y media semanales en el sótano, diciendo que soy <em><strong>'Alicia'</strong></em> por contrato... En fin. A ver si un día el Conejo Blanco decide venirse a la madriguera-sótano y, al menos, nos entretenemos un ratito... Porque, a veces, sí he creido ver la sonrisa flotante de un gato riéndose de mí.</p> <p>Radical falta de tiempo. Enero raro, casi primaveral de nuevo en este Madrid donde las terrazas de los bares ya se mantienen todo el año. Enero raro de un año que, casi dos semanas después de empezar, no termina de arrancar en condiciones en mi vida.</p> <p>Falta de tiempo. Ganas que agoto a base de no poder llenar los días de cosas que me gustarían. Ganas de agoto de puro aburrimiento, el hastío que me suele producir  no ver avanzar las cosas en condiciones.</p> <p>Al menos, creo que en algo he avanzado. Si es un avance, claro, no quedarme dormida cada noche del puro cansancio de llorar. Borrachera de lágrimas. Lágrimas inevitables. <br />No, no duele menos: el dolor sigue ahí. Y siguen el deseo, ése que quema, y esa chispa de rebelión que tengo que sofocar, y el no entender aunque se entienda, y... Pero... Igual también es que ni tiempo ni capacidad me quedan, tras tantas horas de tareas inútiles, para poder llorar con ganas.<br />Ó igual es que, simplemente, algunas cosas cotidianas terminamos por no reparar en que seguimos haciéndolas. Tal vez simplemente sea eso, y de puro hastío ya ni recuerde si sigo quedándome dormida tras no poder evitar llorar.</p>