Diario de una vampiresa en paro http://bruxana.espacioblog.com ( ó <em>"LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" </em>) <br> El lema de mi vida debería ser <em>"...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!" </em> es-es Fotografía reflexiones http://s3.amazonaws.com/lcp/bruxana/f/5d9ccc342af21e6f482dfdd0e3e24893.jpg Diario de una vampiresa en paro http://bruxana.espacioblog.com the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com La tal Inés y yo, su abducida hiperactiva. http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/11/06/la-tal-ines-y-yo-su-abducida-hiperactiva 2009-11-06T22:11:59+00:00 Esta semana he estado hiperactiva.

Ahora no son ni las diez de la noche y lo que estoy es muerta de sueño. Puñeteros biorritmos. Y puñetero horario laboral. Porque el haber estado hiperactiva no ha sido sinónimo de haber hecho tantas cosas que ahora arrastre una lógica fatiga que me haga anhelar la cama, no. Mi hiperactividad ha sido poco menos que encarcelada día a día en ocho horas de aburridísimo y sedentarísimo trabajo, más las casi tres horas de itinerario dedicado a la ida y vuelta diaria a ese trabajo. Vamos, que yo claro que me levantaba con una energía desbordante, unas ganas locas de ordenar, limpiar, archivar, planchar, recoger, tirar, hacer, hacer, hacer..., pero a las once y media ya no me quedaban excusas para aplazar el inevitable ritual de vestirme medio-adecuadamente, darme el rimmel..., en fin, lo de todos los días para salir corriendo casi a las doce (encima, esta semana casi todos los días he tenido que, eso, correr. Y es que tenía tantas cosas que hacer, tantas ganas de hacerlas... y tan poquitas de irme a pasar el día atada al auricular-diadema del teléfono, que...)

Así que ahí estaba yo: sentadita en mi silla giratoria, con el casco-teléfono, el boli, el cuaderno... y reconcomiéndome por dentro viendo que hasta las nueve de la noche no podría salir de allí... mientras repasaba la de cosas que tenía que hacer en cualquier otro sitio.

El hecho de tener "nombre de guerra" ( lo de presentarnos todas con el mismo nombre a la hora de llamar a los clientes, me refiero) he terminado por emplearlo como "arma de defensa psicológica". Ó algo similar. Vamos, que me mentalizo de que la que está ahí no soy yo, sino la tal Inés ésa a la que no conozco, a la que se le da muy bien eso de vender seguros inútiles a clientes que ni los necesitan ni han preguntado por ellos..., y, no sé. Imagino que funciona. Al menos, consigo no "llevame trabajo a casa". Y eso viniendo de una adicta al trabajo durante tantos años (sí: "me llamo bruxana y soy trabajocólica". Bueno, menos mal que no soy estadounidense ó que esta modalidad de terapia de grupo para esa adicción aún no se trata aquí, que yo sepa),  pues eso, que el hecho de haber logrado aborrecer el actual trabajo y no soñar con él (pero nada de nada) ni obsesionarme con alcanzar mejores resultados; es más, ni con alcanzar los que nos piden..., pues ya digo: que tiene más mérito de lo que puede parecer.

El lunes y el martes la tal Inés estuvo "missing". Ó vaga. Ó enferma. Ya digo, es que no tenemos mucho trato y no estoy del todo segura. Porque yo ya digo que andaba hiperactiva y bastante sana, pero a tenor de la productividad de esos días, deduzco que a la tal Inés le pasaba algo. El miércoles reapareció, a lo grande. Como ella suele de vez en cuando. Y es que mi Inés es muy irregular: lo mismo se pasa tres días seguidos que no vende una póliza, que se despacha siete en cinco horas y se queda tan pancha. Así no hay quien haga planes, claro. Porque la tal Inés Irregular ésta es la que trabaja, pero la nómina y la cuenta donde me la ingresan va a mi nombre. Y con ese comportamiento tan bipolar a ver quién hace planes de nada...

La empresa para la que trabajo es tan.... ¿surrealista? ¿absurda? ¿creativa?, me cuesta precisarlo, que en realidad merecería que le dedicase un blog sólo a ella. Porque con una categoría en éste no bastaría. Además, podría estar enredando demasiado los ovillos..., yo me entiendo. Pero, para muestra breve, un botón: semana pasada, día temático: jalogüín (vale: halloween). No es que se hiciera fiesta como tal, pero se planteó que se podía ir disfrazado..., y que el mejor disfraz recibiría como premio un día libre. Considerando que en esta empresa si se pierden "x" horas para ir al médico te las descuentan aunque traigas justificante, ó, para ser más exactos, tienes que trabajarlas extra para recuperarlas..., pues eso, que lo del día libre es más importante de lo que parece. Como la mitad de la plantilla fue más ó menos disfrazada. Un grupito se puso de acuerdo para ir en plan "cuadro de terror". Y ganaron, claro. Por lo que supusimos que el premio sería de un día libre para cada uno de sus componenentes... ¡¡¡ Qué ilusos!!!! Obviamente, se dá el día libre prometido... a repartir en horas entre los disfrazados/premiados. Y, ojo, que no coincidieran a la vez en las horas a disfrutar cada uno como premio... Pues eso. Y como esto, muchas cosas....

En fin. Que es viernes. Que mi horario ha sido de diez a cinco (y algo, que mi Inés casi todos los días viene a ser la última en irse: algo de la antigua adicción mía le debe quedar) de la tarde. Que me desperté a las ocho de la mañana, que no es exactamente madrugar. Que creo que la hiperactividad se me ha pasado sin poder sacarle demasiado provecho (mis hormonas es lo que suelen conllevar: días salvajes de desear limpiar, limpiar, limpiar..., agggg. Y días de desidia total). Que tengo por delante un fin de semana de tres días: el lunes es festivo en Madrid capital.

Y que estoy muerta de sueño.

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Círculos. Esperanza. Ó simples neuras de este octubre veraniego. http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/10/31/circulos-esperanza-simples-neuras-este-octubre-veraniego 2009-10-31T23:25:05+00:00 Cerrar círculos. Cerrando círculos.

Hace muchos años, tantos que ni podría asegurar que existiera un tiempo antes de ese momento, tuve claro que mi vida se componìa de círculos. Historias a veces triviales, otras importantes, vitales algunas, que tenían su presente... y que el tiempo iba diluyendo ó dejaba en un impass. Las mejores historias siempre fueron las que tenían un final. Bueno ó malo casi era lo de menos: el bueno dejaba ese poso nostálgico que a veces tampoco resultaba grato, porque hay viajes en los que lo que importa es el camino (bueno, eso en todos, ya lo dijo Kavafis) pero en que mientras lo hacemos somos conscientes de que llegaremos al final... y, realmente, lo que nos está gustando es ese camino. Y los finales malos..., en fin, la vida es lo que tiene. Y que algo termine mal, pero termine, es infinitamente mejor que el dejar historias a medias.

Círculos abiertos. Círculos que no lo son.

A lo largo de mi vida (uff... que de abuelita me ha sonado eso) he ido cerrando círculos. Terminando historias a veces con años de suspense en medio. Y en muchas ocasiones, terminándolas del modo más inesperado ó insospechado. Y me he ido encontrando a gente, compañeros de viaje que los llamaba un jefe que tuve y al que apreciaba, bueno, no, aprecio (es que sigo en contacto, tras como 10 años de no saber nada de él), pues eso, mucho. Algunos compañeros de viaje, de pronto, me ayudaban a dar sentido a cosas sueltas que me habían pasado, y que estaban ahí, latentes... esperando una resolución.
Hace muchos años entendí que hay personas que se encuentran... porque no quedaba otra. Y si no hubiera sido en ese momento  y entorno, habría sido en otra situación. Pero se habrían encontrado. Nos habríamos encontrado. Imagino que es  eso que llaman destino. Ó lo mismo lo del destino nos lo inventamos hace milenios para encontrar un modo de justificar algunas cosas. Ó delegar en algo nuestros propios errores. Podría ser.

He contado muchas veces (demasiadas, que le tengo dedicado una nutrida categoría de este blog) que en mi vida hay una historia sin terminar. Algo que en un momento concreto tuve que dejar ahí. Un último encuentro que debería haber sido otro día y en otro momento, pero que no pudo ser. Y desde entonces... Y desde entonces, han pasado seis años largos. Y, no, como conté en la última carta que le escribí ( y que nunca le enviaré, claro: fue el post del pasado 29 de julio), no pienso en él de forma consciente. No le recuerdo, ni siento nostalgia, ni le sigo queriendo, ni tengo planes para un futuro que no existirá (en realidad, nuestra historia nunca tuvo planes, porque nunca tuvo futuro. Por mucho que durase 12 años, que en realidad fueron 9 con un parentesis en medio  de 3..., sí, regresamos a mis números cabalísticos). Aquella historia ni siquiera se cerró en falso, como algunas heridas. Simplemente, se quedó ahí. Algo en mí se quedó esperando, cual niña de la estación de la copla, sabiendo que nunca regresaría. Pero queriendo creer que esa última promesa no había sido tan falsa como todas las anteriores...

Llevo días recibiendo "mensajes". No, no son emails ni sms ni me dejan notitas en el buzón ó en el contestador. Son.... cosas más sutiles. Detalles que, curiosamente, no me han hecho pensar en él. Sólo eran eso, detalles que de pronto me sorprendían en  forma de canción que me hacía tararear. De etiqueta de procedencia en una caja de dulces mantecados que lleva !!meses!!! pululando por el comedor de mi casa, que ni termino de consumir ni me atrevo a tirar... y que, curiosamente y contra todo pronóstico... va y resulta que tiene un mensaje (esto daba para un post que medio escribí en papel en el curro: "De la magdalena de Prust a los mantecados de brux"). Una dirección en un papel. Ya digo: detalles. Mensajes que no "pillaba".
Y..., no sé. Es que realmente lo que debería contar en este post se reduciría a una línea, porque en realidad no ha pasado nada. Pero desde esta mañana sé que sigue vivo. Y sé que dicho así suena raro...,  pero aunque nunca he querido hablar del tema, aunque si lo he tocado ha sido casi con un tono humorístico..., una de las razones y los motivos por los que muchas veces he trocado mi firme decisión de llamarle en una vuelta atrás de intenciones... es ese miedo, real, a que su silencio se debiera a algo más serio. Había llegado a pensar que igual simplemente no seguía vivo, y, en fin, sé que por mucho tiempo que haya pasado y por muy asumido que tenga el hecho de no volver a verle..., también sé que no soportaría que la respuesta a una llamada mía fuera que ya es demasiado tarde. Sé que no volveré a verle y que, probablemente, nunca más hable con él. Pero que eso no signifique otras cosas. Que otras personas sí puedan verle y hablarle y escucharle. Que siga viendo su propio reflejo al mirarse en el espejo. Que siga donde siga, pero que siga ahí.

Hoy sé que está vivo.

Y en el hipermercado, que no suele tener música ambiente a la hora en que yo voy, va y me recibe  la canción que suena, y que forma parte de un círculo. Porque durante muchos años no es, sólo, que me gustase mucho... es que reconocía en ella una historia que no, no me había pasado... Y que me pasó. Porque aquel nueve de junio en que supe que se iba, y se iba para siempre, la letra de esta canción de pronto tuvo sentido: "Hay una cosa que yo no te he dicho aún, que mis problemas sabes que se llaman tú". Y que esa tarde de dos días después, sentado a mi lado, explicándome lo que pasaba y sin darse cuenta de que a mí se me habían gastado las lágrimas esas 50 horas anteriores, que estaba totalmente sedada y no era capaz de reaccionar, y me daba igual todo, y él me pedía, sin mirarme,  que siguiéramos " siendo amigos. ¿Amigos, para qué, maldita sea...? ", es lo que ni fuí capaz de responderle.   Y aún más lo tuvo esa última tarde de julio: " Te marchas y qué, yo no intento discutírtelo, y sabes y lo sé". Y no tuve la ocasión de poder decir " al menos quédate sólo esta noche. Prometo no tocarte, estás seguro ". Porque nuestro último encuentro debería haber sido aquella mañana, la del día que fue la última vez que le ví. Y no pudo ser porque yo no podía esperarle a desayunar: gestiones inevitables de mi trabajo. Gestiones que nunca aplazaría por él, porque él tampoco las aplazaría por mí. En eso éramos iguales: un par de puñeteros adictos al trabajo. Lo que nos hizo encontrarnos también fue lo que terminó por separarnos: una de las razones de su "huida" eran sus problemas laborales, que además escudó en su cada vez más precario estado de salud. También por eso temía que finalmente le hubiera pasado algo malo, y...

El trabajo, nuestro común sector profesional, era lo más importante.
Y lo fue aquel día. Y..., en fin.
Y tambièn esta tarde, no sé porqué, he variado la ruta de regreso habitual desde el metro a mi casa. Y he pasado por determinado sitio. Y algo muy relacionado con mis gestiones de aquel día, de aquella mañana hace seis años tres meses y dos días..., bueno, que al final tuvo también su fin. Se cerró el círculo.

Y..., qué más decir. Que hoy sé que sigue vivo. Y eso es lo único que importa. Y en el bus, este mediodía, ha sonado la canción, ésa otra que contiene la que es mi filosofía vital desde que tengo uso de razón,  muchos años antes de que la canción existiera: "saber que se puede, querer que se pueda".

No sé si esto tendrá algún sentido. Pero he vuelto  a recordar que esa historia, que se me fue entre los dedos, como él se fue aquel verano, esa historia sigue abierta. E igual la vida me está abriendo caminos y poniendo puentes para que los cruce y la cierre del todo.

 

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A propósito de "K"... tres años más tarde. http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/10/25/a-proposito-k-tres-anos-mas-tarde 2009-10-25T01:03:33+00:00 Desde hace días, me acuerdo de "K". Bueno, no exactamente es así: más bien debería decir que llevo días en que, de pronto, me acuerdo de "K". No es pensar en él de forma consciente, ni echarle de menos, ni nada por el estilo. Como he repetido otras veces: al contrario de lo que se pueda deducir leyendo alguno de mis post, no soy una persona nostálgica. Nunca he creido que el tiempo pasado fuese mejor que el actual. Es más, soy de las que creen que ni el pasado ni el futuro existen: siempre es presente. No podemos volver al pasado, por lo que tampoco es algo "real", ni podemos avanzar a voluntad para visitar el futuro y regresar, así que tampoco el futuro existe. Será presente ó no será.

Pero..., como digo, de pronto me sorprendo recordando a "K". No hay motivos ni razones claros. Nada en mi presente tiene que ver con él. No voy por el sitio donde nos conocimos, ni por su barrio, ni frecuento lugares donde podría hasta encontrármelo, llegado el caso. Mi trabajo no tiene nada que ver ni con su persona, ni con el suyo, ni con la razón por la que le conocí.

¿Entonces?
Pues eso: entonces, nada.
Pero me acuerdo de él. Sin más.
Sin poder proyectar verle en un futuro más ó menos inmediato. Sin tener claro que lo que me vienen sean imágenes del tiempo en que era mi presente.
Sólo es eso: me acuerdo de él.
Y sigue mi vida.
Y ya está.

A estas alturas de la historia, de mi historia, sé que volveré a verle. Que no hay nada que indique lo contrario. Pero no sé cuándo, ni en qué circunstancias. Ni me preocupa. Es más, tampoco me alarma la idea de suponer que igual no vuelva a verle nunca. Como digo: está ahí, en lo que hace tres años era mi presente. Estuvo en una etapa de mi vida. Pudo ser algo más, pero no fue. También porque yo no lo quise, supongo. Dejó como "consecuencia" la creación de este blog, lo que ya es mucho más de lo que otras personas que han pasado por mi vida han dejado, mirándolo bien.

En diciembre hará tres años que dí por concluida aquella historia, que pude ser otra cosa pero que no lo fue. Lo que no significa que quedase en nada: para mí, fue importante. Creo que "K" es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Conocerle, ó encontrarle, ó encontrarnos... ó lo que fuese aquello. Desde entonces, le he visto dos veces. Nos hemos visto dos veces. La primera vez...., bueno, me quedó claro, otra vez, que lo que sentí en su día, lo que intuía y lo que me repetía que no, que seguro eran imaginaciones mías... no fue así. Ó sí lo fue: hubo algo. Ese "algo" que le hizo recibirme en ese encuentro con frialdad, casi con reproche... para en dos minutos derretir de nuevo el hielo y retomar la conversación donde lo dejamos. Porque eso es lo estupendo de "K", ó lo estupendo de nuestra relación: es todo un diálogo. Es como mantener una conversación sin final, donde siempre hay algo que contar, donde encontrar paralelismos, donde..., donde están sus ojos y me miran. Y yo resucito, de pronto, porque me veo en su mirada.
La segunda vez fue el pasado diciembre. En mi vida todo iba fatal. Y en la suya..., bueno, las cosas tampoco iban bien. Fue un encuentro buscado por mí... y distinto a lo esperado. No, no por su recibimiento. No por sus gestos, ni por sus palabras, ni..., no sé: igual estuvo de más. Pero no, no lo estuvo. Hacía año y medio que no nos veíamos, y la conversaciòn, la complicidad, fue mayor que la que  tengo con gente a quien veo a diario. Regresó la magia. Seguro es que, simplemente, nunca se fue.

Y ahora..., ahora de pronto me estoy acordando de él. Sin explicación. Ó..., quizá sí la hay.
Porque en realidad cada día bordeo con el tren el barrio donde vive. Y aunque sé que jamás me lo encontraré (entre otras cosas, porque creo que nunca ha cogido un tren de cercanías: es de los que conduce para todo y además le gusta mucho hacerlo), es probable que inconscientemente lo desee. Encontrármelo. Verle, siquiera eso, aunque él no me vea a mí. Qué tontería.
Y porque en la época en que nos conocimos yo estaba aprendiendo a manejar el programa Access,  y en Access está creado el puñetero aplicativo que empleo cada día para trabajar (y que tanto me complica la vida), e igual, por asociación de ideas...
Incluso, porque un día me contó que un familiar suyo había trabajado años en la empresa matriz a la que pertenece la que me tiene a mí contratada: claro que somos como trescientos mil empleados, y que, seguro, conozco más personas relacionadas con ella, pero...

No sé. Claramente, estoy intentando encontrar explicaciones lógicas a algo que no, no entiendo. Y es que si me paro a pensarlo, deberé reconocer que, en realidad, es que le echo de menos. Que lo que desearía es irle a ver, contarle qué estoy haciendo con mi vida, también la laboral.
Sentirle cerca de mí. Verme en sus ojos.
Y volver a sentir lo que sentía cuando estaba cerca de él.
No, no es amor. Nunca fue amor. Ni siquiera realmente me planteé entonces que pudiera serlo. En realidad, no sé lo que fue, pero si que fue algo.

Inconscientemente, echo de menos a "K", y me gustaría tanto, tanto, verle, que...
Pero no puede ser: nuestros horarios son completamente incompatibles. De eso sí que estoy segura. Y... quizá por eso su recuerdo me asalta la memoria, sin vernir a cuento.
Y si paso por su barrio, aunque jamás piense en él, alguna célula de mi piel debe sentir que el aire que la roza ha pasado antes junto a él, y eso debe hacer que se estremezca. Y yo no sé qué ha pasado, pero de pronto, le recuerdo.
Y si veo una casilla errónea en el aplicativo del programa de marcación automática... de repente, una neurona que hace tres años ya estaba presente el día en que le comenté  que "andaba con el access", y supo que él conocía también el programa, va, y lo relaciona, y...Y vuelvo a recordarle, aunque sólo sea eso: un recuerdo repentino.

No sé. Igual todo esto es una soberana tontería. Ó, lo mismo, simplemente llevo días acordándome de "K" porque tenía que escribir este post. E, igual hechos los deberes, su recuerdo abandona mis días conscientes.

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Intentando justificar mi caos. Ó... !!yo que sé...!!! http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/10/23/intentando-justificar-mi-caos-yo-se 2009-10-23T22:45:16+00:00 Mis vecinos tienen una enorme perra pastor-alemán como guardián. Yo tengo una impresora.

Veamos: esto al final ha sonado muy raro. Y es que pretender que una frase (dos, para ser exactos) a las que he llegado en plan "colofón" intentando encontrar un modo breve de redactar un post-resumen-de-situación..., pues eso: que suena raro. A ver cómo lo explico:

Como he repetido muuuuchas veces (y ése es el tema, que no quería repetirme), tengo el blog bastante abandonado. La excusa/explicación es mi falta de tiempo. No porque no lo tenga (a ver, me voy a trabajar a las once y pico, doce, del mediodía: si quisiera, podría actualizar antes. Y regreso a las diez y pico, once, de la noche, y no me acuesto hasta bien pasada la una, casi más cerca de las dos, de la mañana: podría actualizar perfectamente en ese tiempo) sino porque me puede la pereza, el cansancio..., y porque cuando me vienen las ideas suelo estar en el tren, en el bus, frente a la pantalla del pc del curro y con los cascos puestos. Y claro que puedo tomar notas. Incluso redactar el post enterito a mano. Pero..., la verdad es que me he vuelto vaga. Y la étapa de "pasar apuntes" me pilla muy lejos (yo, que era de las que anotaba a toda prisa... y luego hacía unos "apuntes a limpio" para uso y disfrute ajeno, vamos, de premio), y,  francamente, la idea de ponerme a las doce de la noche a "copiar", borrador del post sobre las rodillas..., pues como que no. Por lo que, como he repetido tanto que hasta casi dan ganas de dedicarle un apartado/categoría independiente al blog: no tengo tiempo para actualizar en condiciones.

Como también he repetido/relatado otras veces, vivo por temporadas rodeada del más absoluto de los caos. Físico y estético, me refiero. Vamos, que como dije antes, me voy a las once y pico..., pero admito (a ratos con mucha vergüenza) que no, que no madrugo. Que raramente me estoy levantando antes de las diez. Y que si lo hago es porque me toque ir al Banco ó algo que obligue a estar antes de determinada hora, que sino..., como que no, vaya. Por lo que entre que me ducho, preparo café, caliento leche, desayuno, oigo un rato la radio (lo hago al mismo tiempo que todo lo anteriormente dicho y lo que enumeraré a continuación), preparo el sandwich de la hora de comer, lleno la botellita de agua (ya sé que podría tenerla siempre en el trabajo y no ir cargada con ella..., pero basta que me la olvide para sentir sed por el camino, qué tontería más tonta, cuando lo del agua es casi una novedad en mi rutina), darme la hidratante, vestirme, darme el rimmell, peinarme, calzarme, echarme el perfume (ando ahora con una vesión "fresca" de "Nina", la del frasco-manzanita) y toda la rutina habitual..., pues eso, que no hago nada. Pero nada/nada. Además, sé que para mí el hecho de no fregar la taza del desayuno en plan "por un día no pasa nada" es un peligro: se pueden acumular las de dos ó tres días, con los platos de cena (bien limpitos de residuos y pasados por agua, eso sí). Y con poco se llena el fregadero. Y aumenta mi desidia. Y lo mismo con la ropa limpia pendiente de plancha y/ó armario, con los periódicos usados, con... En suma: que llego al sábado rodeada por el caos. El que nunca hubiera imaginado me terminase por rodear, con lo metódica que siempre fuí con mi entorno...

Uff...

Por otra parte, el pc sigue a lo suyo. Esto es: algunos días se enciende al 8º intento (ó más) tras apagar/encender desde la tecla trasera, abrirlo para comprobar que los ventiladores no tienen nada enganchado, desesperarme, hacer tiempo mientras me desmaquillo, regresar, quitarme la ropa... Así que si llego con alguna gana de escribir, pues como que se me pasan. Y llegado a este punto empieza a tener sentido lo de la impresora-guardiana:

Mi impresora es una multifunción. De las que te fotocopian en b/n y color sin necesidad de pc, te imprimen fotos y todo tipo de documentos desde el pc, te escanean cualquier cosa y te reciben/envían fax. Completita. Obviamente, la tengo conectada al pc. Y éste al modem del adsl. Pero la multifunción, salvo que haya descargado fotos en el pc (también tiene ranuras para leer tarjetas. Y menos mal, que no tengo ni idea de dónde está el cable que para este fin venía con la cámara) está apagada. Siempre. Enchufada a la electricidad y conectada al pc, pero apagadita. Bien...

Pues parece que eso no es óbice para que, sin venir a cuento y un par de veces a la hora, se encienda solita. Sin más ni más: de pronto, se me bloquea la pantalla (me ha pasado hará un par de minutos), veo como el piloto de encendido de la impresora se ilumina, se enciende también la pantallita que indica qué va a hacer, hace el ruidito inconfundible de "me voy a poner a imprimir"... y se apaga. Es cosa de cinco segundos, no más. Ya digo que es independiente en cuanto a copiadora del pc, pero, obviamente, si no está encendida no funciona. Además, y a diferencia de las que tuve antes (dos idénticas entre sí, pero diferentes a ésta), no se enciende "activándola" desde el ordenador: hay que pulsar la tecla de "encendido". Bien. Pues ya digo que tiene esos arrebatos autónomos... y que se enciende/apaga solita. Hale.

No le encuentro explicación. Ni se la busco, a estas alturas. Unos días estuvo "desconectada" del pc... y seguía haciendo ruidos (los mismos) lo que me dejó completamente fuera de juego. Así que volví a conectarla.

Ah..., y es que lo de "encender pilotito de funcionamiento, pantallita de función, ruidito de impresión"... lo hace también, de vez en cuando, con el pc apagado. Apagado del todo (que ya digo lo estoy apagando, cuando me acuerdo, de la tecla trasera). Vamos: que la impresora está poco menos que viva. La primera vez que me juré haberla oído de noche... me levanté a ver si tenía el pc encendido. Y no. Así que  me convencí de que no:  era imposible que la hubiese oído intentar "imprimir" . Pues no, no lo era: cada vez que me despierto en la noche, si tardo un rato en recuperar el sueño... tengo la ocasión de oirla. Y de ver el reflejo (está en la habitación contígua a mi dormitorio y duermo con la puerta abierta). Vamos que la impresora, a lo suyo.

He querido explicarme que igual era el fax..., que como mi nº de teléfono fue de una empresa como doce años, y allí nos entraban faxes/spam nocturnos..., pues lo mismo. Pero me quité la idea: de hecho, cuando me traje el número, los primeros meses, sí sonaba el teléfono alguna noche (y eso: era un fax fallido. De hecho, llegué a quitarle el sonido al timbre de noche), pero han pasado como cuatro años... y hace mucho que eso dejó de pasar (en realidad, ya cuando cerramos apenas nos llegaba ese tipo de spam: unas cuantas cartas recordando la Ley de Protección de Datos... y mano de santo). Aparte, si fuese un fax..., en primer lugar, el pc debería estar encendido (ó no) pero sonaría el teléfono. Y, en segundo lugar... recibiría el fax. Que papel tengo siempre en la impresora. Y si no pudiera "entrar" en ese momento se quedaría esperando a que yo encendiera el pc, la multifunción, me reflejaría la "llamada perdida"... qué sé yo...

 

Y a esto es lo que iba:

Tengo la casa en tal estado de caos (sobre todo lo que se vé nada más abrir la puerta: salón, comedor y cocina. Además del recibidor donde, por haber, hay hasta una fotocopiadora en el suelo... de repisa) que si a una pareja de ladrones, mismamente, les diera por forzar la puerta para entrar... se irían de inmediato con la idea de "llegamos tarde: visto lo visto, ya se adelantaron otros y lo han dejado todo patas arriba".

Porque es lo que parece: como si alguien se hubiera dedicado a tirar periódicos en dos montones, revolver la superficie de las dos mesas..., horror.

Y, si aguzasen el oido nada más abrir... por si la casa sólo estuviera aparentemente en silencio..., pues eso: que seguro que la impresora avisando que iba a ponerse en funcionamiento les haría deducir que, mejor, salir corriendo... no fueran a estar dentro los anteriores desordenados cacos.... imprimiendo algo.

Ya digo: impresora guardiana.

(Y, evidentemente, lo de tener una antena enorme sobre el tejado de mi lugar de trabajo, y trabajar en ese "ambientazo de compañerismo" que otras veces ya mencioné... pues ya se vé: me sigue afectando. Esto va a peor, me temo).

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Lapsus 2 (ó Apostilla al post anterior) http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/10/18/lapsus-2-o-apostilla-al-post-anterior 2009-10-18T02:09:43+00:00 Pdta del post precedente:

Mediamañana del mismo viernes, el de ayer-anteayer.  Llamada (una de tantas) a un cliente de la empresa para la que comercializo seguros de élite.
Un municipio en mitad de la meseta. Cliente que responde: "Señorita, me llama usted de Latiendaencasa ¿verdad?"
-"No, sr. X: soy Inés Tal y le estoy llamando desde  Talytaless".
- "No, señorita: usted me está llamando desde Latiendaencasa, y  me ha llamado ya otras dos veces esta mañana, que tengo los números en la memoria y son también de Madrid".
-"Lo siento, don "X", pero seguro que no, que esta es la primera llamada que le hacemos y, ya le digo, le estamos llamando desde Talytaless".
."¿Está usted segura, señorita, de que no me llama desde Latiendaencasa ?

Y, a esas alturas de la película, digo, de la mañanita surrealista que llevaba... pues he tenido que mirar a la mampara que tengo frente a mí, donde tenemos un folio con el logo de la empresa para la que trabajamos (mira por donde que por fín entiendo porqué está ahí... que llevaba meses preguntándome para qué lo teníamos que tener a la vista, si estamos solas y no hacemos videollamadas). Y lo he mirado... pues eso, porque he estado a puntito de responder lo de:
-"Mire, don X, que yo, segura-segura, no estoy de nada, y menos hoy. Que igual sí que le estoy llamando desde la Tiendaencasa, porque, total, tampoco es cierto que me llame Ines Tal, así que, para qué le voy a asegurar nada, si hoy no sé ni dónde estoy...."
Pero no, no se lo he dicho, porque he visto el nombre de la empresa tan azul y tan visible, que... Bueno. El caso es que tampoco me ha comprado el seguro. ¿Razones? Pues que su mujer es médico y él trabaja en una central nuclear, me ha dicho. Y como el seguro es para viajes en avión, pues...

(Ya, ya sé que la explicación/justificación/excusa  no tiene pies ni cabeza. Pero yo lo he entendido: si a mí tener un antenón sobre la cabeza me está produciendo trastornos temporales y olvidos, no quiero imaginarme lo que debe ser lo de la Nuclear. Pues eso).

 

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Lapsus http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/10/18/lapsus 2009-10-18T01:48:30+00:00 Los viernes, desde hace años, empiezo el periódico por la columna de la última página. Juan José Millás. Lo que nunca me esperé es que un viernes lo empezara viviendo algo que casi, casi, era como uno de sus geniales relatos en columna...

Cuando se hace mención a mi memoria (eso que siempre pensé que era de lo más normal, acordarse de todo con detalle, hasta que resultó que no, que lo mío era una rareza), suelo responder dos cosas: una, que es un defecto de fábrica (y es que lo siento así: acordarse de todo sin esfuerzo y en detalle no me parece una suerte, la verdad: hay cosas que es mejor olvidar cuanto antes); otra, que veremos qué gracia el día en que se me llene el disco duro... y no haya sitio para más conocimientos. Que a ver qué pasa ese día. Bueno. Pues me temo que está llegando ese momento...

Explico:
Desde hace meses, todos los días laborales sigo la misma rutina 
- A menos diez, más ó menos, salgo de casa.
-A la hora en punto, hora y cinco minutos, llego a la estación del tren.
-Sobre y diez, llega éste y me subo. Ocho estaciones.
-Más ó menos son y media cuando llego a la estación donde me bajo y hago trasbordo al metro, cruzando una estación bastante grande y concurrida, con salida hasta a un centro comercial y todo.
-Entro en el metro tras dos tramos de escalera mecánica. Cruzo andando todo el andén, puesto que sé que si me montó en el último vagón tardaré menos al hacer el siguiente trasbordo. A veces, el metro llega antes de que yo llegue a ese último vagón, cosa que tampoco tiene demasiada importancia. Cuatro estaciones.
-Si he conseguido montar en ese último vagón, es apenas salir, caminar dos ó tres metros hasta la escalera mecánica, ahora de subida, que me permitirá llegar al vestíbulo donde cambiaré de línea. Sino estoy en ese vagón, pues caminaré por el andén un trecho hasta llegar a la escalera mecánica y etc, etc.
-Ya en el vestíbulo, lo más cómodo es coger el ascensor que me bajará de golpe al andén donde haré el último tramo del viaje. La mencionada comodidad del ascensor no es por el uso del aparato en sí (en realidad, prefiero las escaleras. Y más subirlas que bajarlas: cosas del vértigo), sino porque la cabina aterriza justo frente a la cabecera del convoy. Lo que permite, por un lado, que si en ese momento está en la vía... el conductor espere esos dos segundos que permitirán coger ese metro, y no tener que esperar los tres, cuatro minutos a que llegue el siguiente (cuando se va con hora fija, esos tres minutos pueden ser determinantes). Y, por otro lado, que al llegar a la estación de destino (dos paradas), la salida esté justo frente a ese primer vagón, lo que evita tener que atravesar todo el vestíbulo superior, ó caminar por el andén hasta esa salida. Ó, en superficie, cruzar calles esperando semáforos.
-Ya en la calle, son cinco, seis minutos de paseo cuesta arriba hasta el centro de trabajo. Son casi en punto.
-Fichar, subir en ascensor..., eso que ya he contado otras veces.

Bien. La diferencia, la única diferencia, es que de lunes a jueves mis "menos diez, más ó menos" son las doce menos diez. Y la llegada-fichaje, a las trece horas, una de la tarde. Y los viernes, pues son las nueve menos diez, puesto que entro a las diez de la mañana. Eso hace también que sea el viernes el único día en que también tengo el tiempo más ó menos justo y programado: me despierto/levanto sobre las ocho (es el único día en que empleo el despertador. Y aunque cuando suena ya lleve unos minutos despierta y sé que eso será así... prefiero ponerlo. Por si acaso), aseo, café, hidratante, rimmel, llenar botellita de agua, perfume, sandwinch en su bolsa..., ya digo. Poco más.

Ayer (anteayer cuando esto se publique, seguro) fue viernes. Así que la rutina debía ser la diaria... con salida de casa a las nueve menos algo de la mañana. Como cada viernes y como fue cada día en el mes de julio (no olvidemos que ese mes hice once horas diarias de trabajo).
Así que..., aun ahora no tengo claro qué pasó. Qué falló.

En hora punta, el tren ya llega lleno. Pero como mi estación de partida es de las primeras de la línea, y, dos más allá, hay una cerca de una universidad..., bueno, la verdad es que raro es el día que no hago sentada la mayor parte del recorrido. Además los viernes consigo algún periódico gratuito de los que entregan en las estaciones a primera hora, lo que hace más entretenido el trayecto. Antes de llegar a la última estación, pasamos sobre el río (casi todo el trayecto es por superficie: cosas del tren en Madrid). Tengo la costumbre de mirarlo, a diario. Y ayer..., no sé, igual debí tomármelo como una señal. Pero ó no me dió tiempo, ó..., la verdad es que no sé porqué, pero cuando me quise dar cuenta acabábamos de pasarlo. Y no llegué a verlo. Claro que no se me ocurrió algo tan peregrino como que no estuviese en su sitio...
(Que sí, que estaba. Que por la noche lo ví, y estaba ahí. Y no creo que por la mañana se lo hubiesen llevado a ningún sitio ni que lo que vì de noche fuera una foto muy lograda. Que lo mismo, pero..., en fin, que no).

Trasbordo. El metro, ya lleno. Avisaban por megafonía del corte en otra línea. Lo que redunda en retrasos y apreturas en la mía, que es circular. Pero, más ó menos hasta la estación donde hago trasbordo, la cosa la recuerdo normal.
Llego. Salgo. Unos metros hasta la escalera mecánica... que resulta está averiada. Subo andando. No me gusta subir andando las escaleras mecánicas paradas. Opto por la escalera "manual", la de piedra de toda la vida. Las mecánica paradas, ya digo, me desagradan. Me dan la sensación de irse a poner en marcha de golpe. Además, la luz refleja en ellas y, como son de hierro, el reflejo es desagradable. Más aún para una fotofóbica como yo.
Vestíbulo. Ascensor. Horror: está parado. Hay unos chicos con mono azul ante las puertas abiertas. No me queda más remedio que bajar por las escaleras. En esta ocasión, mecánica y funcionando. Dos tramos. Llego al andén... y en ese momento llega también el convoy. Así que me monto. En el último vagón, en vez del primero. Lo que me hace saber desde ya que en la estación de destino deberé andar todo el andén hasta la salida que me deje cerca del lugar de trabajo. Nada: mejor eso que haber perdido el metro y tener que esperar cuatro minutos.

Como digo, son dos estaciones. Por megafonía, las van nombrando. "Próxima estación: Estrella". Lo escucho perfectamente. No voy prestando atención: son sólo dos. Igual estoy hojeando el periódico, no sé. "Próxima estación: Artilleros"

¿Artilleros? Vaya: además de la escalera mecánica y el ascensor, está averiado el sistema de megafonía. No me extraña porque la verdad es que falla mucho (pobres turistas, si se van guiando por éste). El convoy entra en la estación, mi estación de destino: Vinateros. Artilleros es la siguiente a ésta.
Pero..., no. Artilleros. La estación es la que han avisado. No, no ha fallado el sistema de megafonía... he fallado yo. De algún modo, me he saltado la estación..., y no sé cómo ni en qué momento. Es más, estoy segura de no haberla ni escuchado anunciar, ni haber visto el metro pararse, ni abrirse las puertas que tengo a mi lado, ni bajar gente, ni subir, ni... Pero estoy en la siguiente estación. Y por la reacción de la gente..., pues no parece que de veras haya habido ese fallo (sí, sé que puede parecer raro...  pero a veces el metro se "salta" estaciones. Claro que porque están en obras y lo sabemos desde que montamos en el convoy. Y en esos casos se pone transporte de buses alternativo y tal). Así que perpleja... salgo del metro, y planifico la salida: la verdad es que mi lugar de trabajo está equidistante de ambas estaciones. Si me quedo en Vinateros es porque así me "ahorro" esos dos minutos que tarda en llegar a la siguiente, porque la distancia es casi idéntica. Además, casi me alegra estar en la cola del convoy: estoy junto a una de las salidas que conduce a la calle en que queda próximo mi destino...

Tengo un sentido de la orientación casi animal. Felino, digamos: no me pierdo ni aún no conociendo los sitios. Y cuando he ido una sola vez a algún lugar, ya pueden pasar años... que con los ojos cerrados. Eso que dicen de que "las mujeres no entienden los mapas" no va conmigo. Bueno, igual que sepa dibujar planos a escala ayuda algo, ahora que caigo... En fin. El caso es que subo las escaleras (que la estación "desaparecida" y en la que estoy sean hermanas mellizas no ayuda mucho a eliminar mi desconcierto, ciertamente). Y salgo a la calle... que, evidentemente, me es desconocida como paisaje cotidiano. Resulta inquietante eso de salir de una estación que es calcadita a la que atravieso en la rutina diaria y que el exterior sea otro, la verdad...
Como a esas alturas son las diez de la mañana... pues acelero el paso. Mejor dicho: salgo de la boca de metro, me doy la vuelta (mi sentido de la orientación es claro: si en la anterior se sale "de  frente" y se sigue andando..., en ésta, que es gemela, pues se sale y se da la vuelta. Lógico... digo yo) y camino a buen paso.

Camino. Camino. Tiendas de barrio que empiezan a abrir. Bares que son tascas. Un par de franquicias: inmobiliaria, viajes. Árboles. Camino. Camino.
No me suena de nada lo que tengo enfrente. La calle sí es ésa, en la que debo estar. Pero... llevo un buen trecho andando y no, ya debería estar llegando... y es que el barrio me parece otro mundo. Otra ciudad.
Y veo el cartel: "nº del 179 al 201".... agggg..... Y de pronto, me asalta la duda: ¿no estaré soñando? Porque, veamos, primero (y sin pensar en lo del río, lo de no verlo, digo) me "salto" una estación de metro (mejor dicho: es que no me entero de que el tren haya pasado por ella, cosa totalmente inexpliacable).  Segundo, cuando sé, porque lo sé, que mi trabajo está a apenas 300 metros de esa siguiente estación... llevo un rato corriendo... y no sólo no veo edificios conocidos (que debería estar rodeada de ellos: los que mi lugar de trabajo tiene enfrente y veo por las ventanas del aseo cada día) sino que juraría que estoy casi en otra ciudad...como muy de los años 70'...

Dioses: de pronto, recuerdo la serie. En España se ha titulado "La chica de ayer". La del poli que de pronto se encuentra en los años 70'. Ay.... Mi reacción, no sé bien porqué (bueno, claro que lo sé: creo que estoy intentando encontrar una explicación lógica a todo esto) es sacar el bolso el móvil. Sí: tengo móvil. Ergo, no estoy en el pasado: son las diez y diez de la mañana. Y tampoco estoy soñando: no son las cuatro de la madrugada. Y llego tarde. Pero... como la sensación de irrealidad no me deja (que esté llegando el otoño a un sitio como Madrid, con esa luz que tiene esta ciudad, tampoco ayuda), pues saco el abono transportes... donde llevo metida la tarjeta magnética de la empresa, con la que ficho cada día. Sí: la tarjetita naranja y gris existe, ergo, no sé si estoy donde estoy, pero no estoy soñando y es cierto que trabajo ahí. Así que desisto del último trámite (que era sacar el dni, a ver si soy quien creo ser), y sin dejar de andar, intento averiguar qué demonios ha pasado...
Y veo la luz (bueno, la luz del conocimiento, y el cartel de "nº 205". Y me paro en seco. Y me doy media vuelta.
Y el Pirulí (Torrespaña, la mega-antena de TVE) aparece cual faro  en el horizonte, al fondo de la calle en cuanto he girado sobre mis pasos. Horror: !!! estoy yendo en dirección contraria!!!!
Así que me lanzo calle abajo..., eso sí, por la acera del otro lado de la calle, que cruzo casi sin mirar. Más que nada, para no tener que cruzar más arriba, que hay más tráfico que en esto que casi parece un pueblo. Bueno, lo mismo no es esa la razón de mi cruce: igual es para que los comerciantes, jardineros y demás de la zona no se den cuenta de que la loca que antes corría en una dirección ahora lo hace en dirección opuesta.


En fin: que es la primera vez que esto me pasa. Que sigo sin encontrar explicación al hecho, sobre todo, de no haber visto la estación donde, cada día y desde hace seis meses, me tengo que bajar. Que, ya digo: no es que me la saltase (que podría haber sido, que a todos nos ha pasado: un despiste y no nos da tiempo a bajar. Y en la siguiente nos damos la vuelta en el andén y punto), es que ni la ví, ni la escuché ni nada. Que no sé porqué luego en la calle me lié con las distancias y las orientaciones (sigo convencida de haber hecho toda la maniobra de orientación correctamente: es más, que volvería a hacer lo mismo.  Claro que me volvería a perder, ó algo similar).

Que..., lo dicho: que igual esto es un aviso: el disco duro de mi cerebro está a tope. Eso, ó que estoy empezando con síntomas de alzheimer. Cosa que, francamente, ya no me haría tanta gracia...

 

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Arpías, hienas... y otras bichas. http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/10/10/arpias-hienas-y-otras-bichas 2009-10-10T22:01:47+00:00 En mi trabajo, el que considero "profesión" (ó sea, no el tema este extraño a que dedico 39 horas semanales por convenio y que me da para medio cubrir gastos, sino el otro, el que ha sido mi trabajo de años) teniamos, tenemos, fama de ser varias cosas, a saber:

Muy sociables: imagino que es la pescadilla que se muerde la cola. Nos dedicamos a eso porque somos sociables, locuaces y comunicativos ya por naturaleza. Y, si no lo fuésemos del todo, ó dejamos la profesiòn enseguida, ó nos volvemos sociables al poco tiempo. Así que seguimos porque somos sociables y... En fin: que somos sociables y parlanchines, en general.

Bastante endogámicos. Sí, sé que puede sonar contradictorio con lo antes expresado. Suena raro afirmar que sólo nos relacionamos (ó casi) entre nosotros cuando he afirmado que somos un sector sociable. Pero es que somos bastantes (éramos, al menos). Y como nuestro horario natural digamos que es... extenso, al final tendemos a agruparnos. Eso hace que socialicemos entre los del mismo gremio, porque a medio plazo resulta complicado mantener relaciones con alguien que tiene el horario que yo tuve durante años (esto es: todo el día fuera de casa). Así que lo dicho: endogámicos a la vez que sociables.

(Pelín) promiscuos. Aunque en esto creo que hay más fama falsa que realidad. Eso, y que como dice el dicho (redundo y soy consciente): "unos cardan la lana y otros llevan la fama". Pues seguramente. Pero también es que es probable que vernos socializar tanto entre nosotros, ser tan comunicativos y tal... dejase esa imagen de promiscuidad. Que casos reales he conocido, con nombres y apellidos (y de alguno he hablado aquí, aunque sin dar detalles... que eso lo dejo para mis memorias). Pero reconozco que con un horario tan amplio fuera de casa, tratando con gente comunicativa, que por estar cara al público debía cuidarse mínimamente, con un cierto nivel económico... pues que tampoco era tan raro eso de poder ir variando de pareja... incluso para quien gustase de ello, tener frecuentes aventurillas ocasionales. Claro que entre nosotros, que ya dije que éramos endogámicos...

¿A qué voy? Pues seguramente a nada. Ó sí. Ó..., bueno, son casi autoreflexiones, por comparación con el grupito en que trabajo... Las hienas y arpías del título, a las que ya he mencionado en otras ocasiones. Y entre las que me sigo sintiendo cual burro en garaje... por mucho que intente socializar (reconozco que me llevo bien con todas, básicamente porque las trato por separado. De una en una y sin mezclar, digo).

Pero es que hay filosofías vitales que me superan. Para muestra, la de una de ellas:

Al principio, la saludaba. Más que nada, porque algún momento de conversación habíamos tenido y tal: digamos que habíamos sido presentadas. Y porque..., no sé, igual es que soy muy rara ó estoy muy pasada de moda ó..., pero es que yo saludo al conductor al picar el billete, al vecino cuando nos cruzamos en el portal, a la vecina si la veo en el mercado, al portero, a..., vamos, lo normal. Ó lo que yo creía normal. Y si llego por las mañanas doy un "buenos días" general y un saludo más personalizado a la persona que tengo a mi lado, qué menos. Pues a ésta la saludaba cuando pasaba junto a mí (por término medio, es la última persona en subir por las mañanas)... y no escuchaba respuesta. Y me cruzaba con ella (sola ó acompañada) en el cambio de turno de descansos, por los pasillos...  y como si fuese invisible. Yo, digo, porque no me miraba (de responderme al "hasta ahora" ni pensarlo, claro). Y, como ya digo que vengo de un sector donde si nos encontrábamos en cualquier sitio, aunque nos hubiéramos visto media hora antes, intercambiábamos pareceres, que era normal tomar café juntos si teníamos el mismo horario, que eso era así desde el primer día..., pues no sé, que no entendía nada.

Caray: !!! resulta que es una filosofía de vida que tiene!!! !Que no es nada personal conmigo!!!!

Me consta que no seré capaz de entenderlo nunca, y mira que soy una persona abierta, pero que muy abierta de mente. Pero es que te lo cuenta como si lo normal fuese eso. Esto, para ser concretos: ella no saluda a nadie del trabajo (imagino que del resto de su vida tampoco, si es que esa vida al margen existe, que yo que sé). Por sistema y porque, por lo visto, lo normal es eso. Luego, con el tiempo, si va viendo que alguien le cae bien (por lo visto, yo le caigo bien..., misterios) pues lo mismo ya le saluda alguna vez, y eso. Y ya con el paso de los meses, ó de los años..., quien sabe. Lo mismo hasta termina teniendo una relación  con esa persona: hablar con ella en los ratos libres del curro ó, incluso, hasta tomar café. Pero eso ya con el tiempo, y según vaya viendo si esa persona le cae ó no del todo bien... Lo normal, según ella.

Vamos a ver: toda la vida creyendo que esto funcionaba de otro modo... y resulta que no. Porque yo soy más bien de otro punto de vista: claro que al trabajo no voy a hacer amigos, pero si surgen, estupendo. Pero eso no quiere decir otras cosas. A la gente se la saluda (por educación, al menos). Si se le puede echar una mano, se le echa (no, no al cuello para terminar de ahogarla, precisamente), se le da conversación si se coincide en el ascensor ó en el aseo. Si se sabe que ha faltado por estar enferma, se pregunta. Siquiera por educación. Y lo mismo aplicable en caso de que se sepa de hijos enfermos, viajes recientes, obras en casa... qué sé yo. Que si la gente hace comentario de esas cosas, será para que lo sepamos, imagino...  Y si con el tiempo surge una amistad/amistad, pues estupendo. Ó, si con ese mismo paso del tiempo... si una de esas personas vemos que no se porta correctamente, que tiene ideas dispares a las nuestras que propician enfrentamientos, que tiene salidas de tono, que nos hace putaditas ó se las hace a los demás.... pues se puede ir distanciando la relación. Vamos, que no es necesario llegar a la amistad: pero eso no es óbice para  mantener una relación cordial. Y si pasa algo tan gordo y tan inevitable como para tener que retirarle hasta el saludo a alguien... pues será desagradable, pero igual es la única solución.

Al menos eso es lo que creía yo que era el comportamiento normal.

Pues no, vaya. Por lo visto lo normal es lo contrario. Y digo "por lo visto"... refiriendome a que lo estoy viendo aquí. Porque esa persona no dirige la palabra a, por ejemplo, otra en concreto... reconociendo que no le ha hecho nada... pero que no: que no la soporta. Tal cual. Y desde el primer día en que la vió: rechazo a primera vista. En fin...
Y todo esto casi no tendría importancia si no fuese porque somos cuatro gatos (bueno, diez) y pasamos ocho horas juntas y apiñadas en poco espacio.

Aunque..., aunque todo lo que he contado llevaba días para convertirlo en post. Y resulta que..., bueno, que en los dos últimos días las cosas han dado un giro... y las hienas y las arpías resulta que se han ¿reconciliado? ¿confabulado? No sé. El caso es que se hablan...

Yo casi que me quedo con la quimera de la foto, que parece hacer buenas migas con las palomas. Y que como ya dije que no pensaba tomar partido cuando había grupitos enfrentados, me pienso quedar igual. Entre hienas y arpías, servidora, ha decidido ser pécora. Sociable, endogámica de lo suyo y con un ligero pasado promíscuo, pero pécora. Que es lo que, también, eran las vampiresas clásicas: unas (malas) pécoras. Igual así se saca más.

(Y admito desde ya que haber elegido como Banda Sonora de este post tan tonto una canción que tiene una de las letras más hermosas y tremendas que he escuchado nunca, el relato más real de cómo evolucionan algunos amores... puede parecer fuera de lugar. Es más: es casi un sacrilegio... pero es que poner la que debería ser la B.S. de lo que cuento sería dar demasiadas pistas... si alguien que trabajara en el mismo sitio que yo fuese lector,  casual ó habitual, de  este blog... Mejor no despertemos al Minotauro ni a las Hidras. Yo me entiendo. E igual al final este  "Ruido" no está tan fuera de tono...).

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Olas urbanas (en medio de la avenida). http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/10/08/olas-urbanas-en-medio-la-avenida 2009-10-08T00:31:58+00:00 No, no he sido abducida por los extraterrestres (que podría haber sido también. Pero ya me habrían devuelto, aburridos de escucharme hablar), ni he pillado la Gripe A (ni la B, ni la del pollo, ni la de las vacas locas, ni la del murciélago tuerto, ni la del pavo real desplumado, ni...), aunque esto último, lo de la gripe, casi que tiene mérito. Lo de no pillarla, digo. Aunque eso dará para otro post...

No. Simplemente es que no tengo tiempo. Y el poco que me queda, como he contado alguna que otra vez (bastantes, creo recordar) me pilla con tan pocas ganas, tan tarde y tan cansada, que... Que desafortunadamente, es el blog quien paga las consecuencias, qué le vamos a hacer.
Además, tengo el pc perezoso. De unos días a esta parte me enciende al cuatro, quinto intento (se apaga solo apenas 2 segundos tras el encendido), tarda mucho en "cargar" la configuración, más aún en conseguir iniciar sesión de internet... Hay días que perfectamente puede pasar media hora entre el primer intento de encendido y el estar ya conectada. Así que casi tengo que apagar cuando por fin funciona. Y, ya digo: lo paga el blog.

Acaba de caer una de las tormentas más antológicas que recuerdo en la zona donde vivo. Otras veces ya me habían contado de acumulación de más de un metro de agua (de alto) en  plena calzada, de coches bloqueados por el lodo. De hecho, una noche me costó llegar a casa: todo era un mar de lodo pegajoso. Se inundaron las 3 plantas y media de un garaje subterráneo de un edificio de cierta categoría, dependencias de una concejalía cercana, cortaron la avenida de entrada al municipio... Al día siguiente, ya con todo medianamente seco... pude comprobar cómo el agua en el paso bajo la vía del tren había alcanzado los 3 metros (estaban las marcas del barro), y cómo por todas partes había cadáveres de roedores (muchos y muy asquerositos). Bueno: pues hoy he podido presenciar las olas en la avenida, cómo vecinos voluntarios se han echado a la calle (casi eran las doce) para evitar que más coches se lanzaran a la inundación, ayudar a sacar otros (he visto coches con el agua hasta las ventanillas), intentar hacer un dique, dar la vuelta a las tapas de las alcantarillas para que traguen más agua... ¿Los bomberos? Ni rastro. Imagino que porque en otros puntos del municipio el tema debe haber sido aún peor y estarán aún sacando agua. En este momento, no se ven los pasos de peatones frente a mi casa (calculo medio metro de agua: hay olas), ni rastro de los jardines, los arbustos tienen agua hasta la mitad... Eso sí: como han conseguido cortar el tráfico, al menos ya no remolcan coches...

Y todo esto, en un municipio cerca de la capital, de unos 200.000 habitantes. Incomprensible la reiterada acumulación de agua frente a mi casa, tormenta tras tormenta. Bueno, sí: que donde hubo cauce de agua ésta vuelve en cuanto llueve lo suficiente. Y, aunque no lo he conocido, imagino que en esta vaguadita debió haber algún tipo de riachuelo...

En fin: que como esta noche vuelva a llover, me temo que mañana voy a necesitar de una piragua para llegar al tren...
A ver si el próximo post se parece menos a una versiòn reducida del inicio del telediario.

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Fragilidad http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/09/30/fragilidad 2009-09-30T00:05:49+00:00 "Deshilo con quietud un poema de amor, que hoy nace para tí por añoranza,
y sé que no será más que estela en el mar: desaparecerá, en la distancia.
Tan delicada la voz que susurra el ayer, toda fragilidad.

Septiembre vuela sobre el corazón, y de hojas secas viste nuestro hogar.
Septiembre nunca me abandonará.

El brillo de tu luz me hizo amanecer, abriendo para mí tantas ventanas,
que tan lejos de tí aún tengo lo que fue el aire de tu amor y su fragancia.
Tan delicada la voz que susurra el ayer, toda fragilidad.

Septiembre vuela sobre el corazón, y de hojas secas viste nuestro hogar.
Septiembre nunca me abandonará.

Si alguna vez amé la dicha de vivir, fue solo junto a tí, y entre mañanas.
Si tuve algún lugar, si todo lo aprendí, si apenas algo fuí..."

(Sole Giménez- Presuntos Implicados. 1994)

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...Septiembre vuela sobre el corazón... http://bruxana.espacioblog.com/post/2009/09/30/septiembre-vuela-sobre-corazon 2009-09-30T00:00:25+00:00 (....)Si tuve algún lugar, si todo lo aprendí, si apenas algo fuí...(...)

Llevo intentando poner la letra de esta canción desde primeros de mes. Desde el día nueve, para ser exactos. Porque la canción es la banda sonora del post de ese día, pero yo quería ponerla aparte, además, letra y música, para ser escuchada además de oida...

Cada intento ha supuesto un "windows ha detectado un problema y debe cerrarse", un bloqueo inexplicable de la pantalla, un desaparecer del post a medio redactar. Así que, casi, desistí. Pero no podía terminarse septiembre sin publicarse...

No es, ni con mucho, una de las canciones más conocidas del grupo que la interpreta (Presuntos Implicados). No fue lanzada como single, ni está en uno de sus cd's más vendidos. No sé si la recordaría en una lista rápida de mis "canciones favoritas". Pero..., pero llega septiembre y ahí está.
Porque desde la primera vez que la oí, sin apenas poder escucharla, supe que hablaba de mí. Porque algo me hizo entender que contaba una historia, y que era mi historia. Una historia que está detrás de este blog y detrás de todo lo que haya podido contar, aunque sé que de ésa apenas he dicho nada. Porque me hizo llegar hasta donde estoy, hasta el "ninguna parte" que ha sido mi destino. Porque un día supe que todos tenemos derecho a vivir una gran historia de amor, sin que eso quiera decir que sea una historia feliz, ni que sea eterna. Ni siquiera, que tenga que ser necesariamente vital ni que sea correspondida. Y mi historia existió, aunque no fue de un amor "al uso".Y fue él. Y le conocí en septiembre, y en septiembre de un año después me juré que no dejaría que aquello se cerrase en falso. Y otro septiembre por fin pasó lo que tenía que pasar...

Y esta canción no se quería publicar. Y..., no sé, imagino que quería que me diera cuenta de algo más. Porque publicarla simplemente como anexo al post del día nueve sería dejar las cosas a medias... ó dar a entender que significaba otras cosas. E igual yo misma he creido que era eso, que contaba otra historia...

Aunque alguna vez se haya podido creer que fue así, "M" no fue el gran amor de mi vida. De hecho, ni siquiera tengo claro si estuve realmente enamorada de él (al menos, no todo el tiempo que estuvimos juntos) ó si lo nuestro sólo fue una especie de pasión extraña y destructiva. Tal vez porque era pasión y la pasión es eso... no lo sé. Pero tampoco sé si el amor de mi vida realmente fue él, la persona de quien hablo sin nombrarle. Pero sí sé que "M" no fue sino una consecuencia de aquello, algo a lo que llegué y me llegó cuando mi proyecto era otro, y era volver a él. Nos conocimos y, sin darme cuenta, me cambió la vida. (... )el brillo de tu luz me hizo amanecer abriendo para mí tantas ventanas, que tan lejos de tí aún tengo lo que fue (...). No sé qué habría sido mi vida si él no se hubiese cruzado en ella: probablemente hoy sería madre de familia, y estaría felizmente casada, ó sería una divorciada más, y tendría una casa propia ó una hipoteca a cuarenta años ó viviría debajo de un puente ó en otro país (siempre soñé con viajar y nunca lo hice), y mi trabajo, seguro, sería otro..., ó sería el mismo, pero no sería la misma la que considero mi profesión. Ó... ó quizá nada habría cambiado, porque ser lo que soy era mi destino.

Pero..., no. Porque está claro que mi destino era conocerle. Y punto.

Hace muchos años que no le veo. Durante muchos, verle era mi gran deseo, lo reconociera ó no. Estar con él me hacía sentir que estaba viva. Sin más. No era un tema sexual, no, nada de eso (realmente, sólo tuvimos un encuentro de ese tipo... y creo que fue un error. No me arrepiento, pero fue un error). Hay personas bajo cuya mirada existimos. Y si no nos miran..., bueno, seguimos vivos. Hacemos cosas, tenemos proyectos, vivimos, disfrutamos y sufrimos, hacemos lo que hace todo el mundo en cualquier situación,  y podemos asegurar que no necesitamos nada más, ó que sí, porque para eso están los deseos y los sueños.., pero si vuelve y nos mira, la vida recobra el color. Un color que igual tampoco añoraríamos si no lo hubiéramos conocido. Nadie es imprescindible, sí. Y tal vez por eso hace tantos años que no nos vemos, y yo sigo viva. Y he hecho tantas cosas después, y estuve con "M", y tengo este blog, y aprendí a conducir, y vivo sola, y cambié de trabajo a la fuerza, y...  y tengo una vida que él no conoce (ó igual sí), y  tal vez por eso, por haberle conocido, cuando conocí a "K" lo "reconocí", como algunos animales reconocen por el olor, ó qué sé yo porqué, a sus descendientes, y yo reconocí a "K" como "uno de los míos", ó de los nuestros... porque al mirarme yo volví a brillar..., y por eso, también lo sé, no llegó a pasar nada entre nosotros. Porque sabía que eso me haría daño y se lo haría a él. Y..., en fin, no sé. Es todo tan extraño.

Pasé con él, aunque no todo el tiempo físicamente cerca, siete años de mi vida. Siete que para mí fueron un soplo, pero me parecen como si hubieran durado siempre, como si hasta en los años en que no le conocía, estuviera allí, y sólo hubiesen transcurrido como una excusa para llegar hasta él. Y, ahora, llevo catorce años sin verle. El doble. Y, sin embargo..., es como si fuese ayer mismo la última vez que nos vimos.  Porque no supe que ésa era la última vez. Y porque la vida, mi vida, las circunstancias, el trabajo..., hizo que tampoco me esforzase en volver a verle cuando tuve otras ocasiones: qué más daba, si ya era, siempre, como si fuera ayer la última vez que estuvimos juntos...Porque, como en el tiempo en que ni intuía su existencia, es como si  estuviera presente.

Supongo que hay lazos que nunca, nunca, se pueden romper.

La última vez que hablé con él fue el día en que, además, llamé a "M" tras muchos meses de ausencia, en un tiempo en que nuestra relación sólo era el recuerdo de los dos años en que trabajamos juntos. A "M" no le localicé aquella mañana primaveral y aburrida.  Entre llamada fallida y el mensaje que finalmente dejé, casi por cortesía, en el contestador de su empresa, sí le localicé. A él. Y hablamos. Y..., supongo que tampoco imaginé que sería la última vez. Porque era impensable que sólo cinco días más tarde "M" me devolviera la llamada... y aquello fuese el comienzo, el recomienzo, de mi turbulenta relación con "M". Lo demás es historia.

Da igual.

Hace unos días me he dado cuenta de que no sólo le conocí, me propuse recuperarle y supe del sabor de su piel mientras el mes de septiembre caía sobre nuestras vidas. No. También fue en septiembre aquella última vez que sus ojos me miraron, que sus palabras jugaron al coqueteo que constituían nuestros encuentros en público. Y, como siempre, por unos minutos volví a sentirme inmensamente viva, volví a tener claro que todo había valido la pena, que por mucho que pasase, aquella mirada me devolvía al mundo donde querría pasar el resto de mi vida, al universo del más real  de los sueños y al deseo de querer más. Fue la última vez. Y fue en septiembre.

Tal vez ése era el detalle que impedía que pudiera colocar como post independiente la letra de la canción. Tenía que reconocer, admitir y contar, siquiera brevemente, esta historia. Ahora sí. Y ese post sólo musical irá tras éste.

No le he vuelto a ver. Acaban de cumplirse 14 años, sin él, pero sé que con él, siempre. Porque  sé que, en el fondo, siempre estará ahí. Y es que septiembre tampoco a mí me abandonará nunca. Porque septiembre, y este año lo he visto claro y por fin lo he entendido, no es mi mes: es el mes que me une a él. Para siempre.

 

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