Nunca dejamos de tener doce años...
Nunca dejamos de tener 12 años.
Al menos, los hombres nunca pasan de los 12 años.
Tengo una teoría al respecto (bueno, no es una teoría: son ejemplos prácticos procedentes de experiencias), pero creo que hoy no voy a hablar de eso.
Hoy he terminado (definitivamente, porque mira que ha costado terminar definitivamente) el curso que empecé en junio (bueno, en mayo: empezó el último lunes de mayo tras todos los retrasos del mundo, se volvió a aplazar el segundo día y, finalmente, lo empezamos en junio). Y lo de terminarlo casi ha sido lo mismo: entre el día en que oficialmente se terminaba, el que realmente se terminaba y los flequitos pendientes que hemos terminado hoy (y que, por circunstancias, me he perdido), y lo poco que hicimos los últimos días..., pues eso mismo: principio y fin peculiares.
El caso es que mañana ya no me sonará el despertador a las 7,30 h. Ahora, que ya me había acostumbrado!!! Y que además, por el cambio de hora, realmente esta semana las 7,30 eran en mi reloj biológico las 8,30h.
Ya el año pasado me quedó claro que lo que realmente una se lleva de estos cursos es la experiencia de hacerlos. Y el trato diario con personas que apenas nada, en apariencia, tienen de relación entre ellas. Pertenecen a mundos distintos. Y, en mi caso, en que desde hace casi 20 años mi "ambiente" es el de mi profesión..., pues aún más contraste.
Los contrastes enriquecen moralmente. Una se da cuenta de que hay otros mundos. No está obligada a ser la perfecta profesional que SIEMPRE tiene la respuesta correcta en la boca. Puede hablar de otras cosas. Es más, puede permitirse el lujazo de no tener que mencionar PARA NADA a qué se dedica. Y es este tipo de relaciones lo que de veras vale la pena en este tipo de cursos. Al margen de tener un diploma más para colgar en la pared (creo que es el 10º), de incluir un dato más en el currículum (como me dijo un día "M", algunos se van a asustar cuando lean tanto diploma en tan poco papel. Claro que los dos Diplomas de "M" los consiguió cuando le pasé los ejercicios, ya hechos por mí y dignos de sobresaliente, del curso que empezó cuando supo que yo iba a hacerlo. Por lo que no creo que sea el más indicado para opinar).
Cuando se termina un curso de este tipo, quienes lo hacemos nos prometemos llamarnos, quedar, escribirnos por Internet. Y luego volvemos todos al mundo real a que pertenecíamos... y en pocos días se nos ha pasado el "mono", hemos rellenado de nuevo nuestro tiempo y damos por zanjada la historia. Desgraciadamente, supongo que en este caso se volverá a repetir el tema.
Otro día hablaré un poco de mis compañeras. Sin dar nombres ni datos concretos, pero sí lo que ha sido el curso con ellas. Creo que un punto común era la soledad estando rodeadas (por trabajo, familia, relaciones varias, residencia en un municipio muy poblado) de gente. Curioso.
Estamos en Noviembre. Tengo que llamar a "M". Pero sé que la ecuación "M-Noviembre" nunca me ha sido favorable. Es más, siempre fue nefasta y funesta. En nuestro primer Noviembre, el Doctor Jecklins se convirtió en Mr.Hide... y apenas dejó de serlo nunca más. En el segundo Noviembre mutuo, me demostró que se puede vivir en el infierno (yo, no él, claro). Fue otro Noviembre de muchos años después cuando no pude quedar con él (no pude estar en casa, a pesar de que me dijo que tenía muchas ganas de verme) y la siguiente noticia que tuve fue, 7 meses justos después, que le perdía definitivamente. Sólo le volví a ver dos veces. No volvió a besarme (más allá de los besos de cortesía) nunca más.
Aun así, tengo que llamar a "M". Más que nada, porque nuestra historia no se llegó a cerrar nunca. Y creo que ahora a mí sí me apetece cerrarla. En el sentido que sea, pero terminar de una vez.
Y con respecto a "K"..., novedades.
No del tipo que pensaríamos, nada que ver.
Simplemente, he comprobado que cuando no le veo no le echo en falta. Bueno, tampoco es así. Digamos que cuando sé que no le voy a ver, tampoco siento ningún tipo de desazón al respecto. Sigo acordándome de él si llega el caso, mis sentimientos hacia su persona no cambian, sé que me gusta..., pero no tengo ni angustia, ni deseo verle, ni correría a esconderme tras una farola frente a su portal para verle salir.
Vamos, que no estoy enamorada de él.
Lo que me tranquiliza bastante: sólo cuando le tengo cerca me "altero" (cada vez noto más que es mutuo). Ó, lo que es igual, lo nuestro (si es que existe algo que se pueda definir así) es algo meramente físico. Feromonas. Por lo que si, por circunstancias ajenas a nuestra voluntad ó voluntad personal mía no volvemos a vernos, creo que no me pasará nada. Le recordaré cuando toque con simpatía, comentaré si llega al caso sus rarezas ó las cosas que teníamos en común y me acordaré de él cuando otras experiencias en mi vida me hagan relacionarlas con algo suyo.
Mucho mejor así.
Al menos, de momento tengo claro que si pasa algo, hoy por hoy, será puramente físico. Y si no pasa... pues no pasará y punto.
El problema sería que un día me despertase echándole de menos...
Uff, nunca dejamos de tener 12 años.


salud-y-republica dijo
Tu historia con "M"...cuestión de cerrar el círculo.
Con "K" pues... ya veremos. Apenas me estoy empapando de la historia y no quiero adelantar capítulos sino leerla paso a paso, con intriga y suspenso...
Madame Rosa
29 Septiembre 2007 | 11:35 PM