El día en que Pedro y yo nos encontramos.
Hoy hablaré de "P.J."
Han pasado tantos años.. que aunque sea la primera vez que hable de este tema tal y como fue, creo que ya no va a perjudicar a nadie.
En primer lugar, no me importa (en este caso) decir su nombre. Se llama Pedro. Y hablo en presente porque, aunque haga más de 10 años que no le veo ni sé nada de él, estoy segura de que sigue estando vivo. No sólo porque si le hubiese pasado algo alguien me lo hubiera hecho llegar... sino porque LO SÉ. Sé que está bien porque de ser de otro modo yo lo sabría dentro de mí.
Conocí a Pedro con 19 años. Yo, no él: él casi tenía el doble. Fue un encuentro fruto de una concatenación de casualidades...
La verdad es que yo no había comprado el Segundamano para buscar trabajo (aunque sí llevaba unos meses planteándome la posibidad de cambiar). Lo compré porque habíamos puesto un anuncio con la idea de montar un grupo de teatro... El caso es que hojeé la sección de Ofertas de Empleo... y allí estaba: ese anuncio otra vez.
La vez anterior fue en enero de ese mismo año. Guardé la página donde estaba para llamar... y no llegué a hacerlo nunca. No sé porqué, pero supe que no era el momento...
El momento apareció de nuevo el seis de septiembre en las hojas grises del Segundamano. Y supe que ahora sí debía llamar.
Llamé, me dieron cita para una entrevista para el día siguiente, miércoles día siete, a las doce del mediodía..., y no fuí. No porque no quisiera: una serie de casualidades lo hicieron imposible. Y al día siguiente, día ocho, ni me molesté en ir ó llamar: era festivo en la localidad donde estaba la empresa, así que...
Visto desde ahora, todo me parece un disparate. Simplemente, dejé de ir a una entrevista de trabajo con cita de día y hora...y no me preocupó lo más mínimo. Para mí, lo estaba aplazando...
Cuando aparecí por allí, eran las dos menos cuarto del mediodía del día nueve de septiembre. Viernes. Si, simplemente, hubiera perdido un autobús, ó ellos hubiesen tenido otro horario..., creo que hoy mi vida sería otra.
Pero estoy segura, siempre lo he estado, de que cuando tenemos un destino escrito, los hados se confabulan para que éste se cumpla. El momento no sólo no era en enero, cuando encontré el primer anuncio (luego supe que sólo lo publicaron aquellas dos veces): tampoco habría sido el miércoles a las doce, ni al día siguiente (que aunque fue festivo en el municipio, ellos no se regían por el calendario de fiestas local... una de sus muchas peculiaridades).
Y así conocí a Pedro.
Pedro podía tener entre los años que realmente tenía y cerca de 50. Era moreno, se estaba dejando la barba, tenía los ojos muy oscuros, muy vivos y muy grandes y las pestañas largas. También tenía la boca grande: la verdad es que todos sus rasgos lo eran. No se ajustaba al tipo de hombre que me pudiese gustar...pero eso en ese momento no tenía la menor importancia: era una entrevista de trabajo, simplemente.
Me saludó diciéndome que era Pedro. Y yo le contesté con mi nombre..., y no sé porqué, pero en ningún momento ni le llamé de Usted, ni me sentí intimidada. Aquello claro que era una entrevista de trabajo, pero no tenía la sensación de estarme jugando nada (como en otras ocasiones). Había llegado con dos días y pico de retraso, sin excusarme por mi ausencia anterior ni avisar de mi llegada. Pero aún podía "desinteresarme" más...
Ellos, en realidad, buscaban un chico, mayor de 25 años, con experiencia en el sector y coche propio. Ó, lo que es igual, yo no reunía ni una sola condición. Para rematar la faena, necesitaban que quien contratasen se incorporase al día siguiente, sin dilación. En ese asunto fuí tajante: imposible. Yo no podía dejar "colgados" a mis actuales jefes..., y estábamos a día nueve. Podría incorporarme a primeros de octubre...
Por los altavoces de música sonaron Julio Iglesias, Camilo Sesto, Víctor Manuel. Pedro rellenó una ficha con mis datos. Observé sus manos: eran bonitas. Su letra también lo era.
Y tenía la sensación, siempre la tuve, de que le conocía. De alguna vida anterior, seguramente.
Al final, quedé en que podría incorporarme, en tal caso, el día 15. Le pareció bien. Su despedida fue el clásico: "Tenemos tus datos; si decidimos algo, te llamamos".
Al salir, desde la calle, miré hacia la ventana del despacho donde acababa de estar. Había una enredadera en el jardín que empezaba a trepar por la reja. En ese mismo momento supe que me iban a llamar y que iba a trabajar allí. Eran las dos de la tarde. Ni siquiera se me había ocurrido preguntar qué era Pedro en esa empresa...
Me llamaron a las 5 en punto de la tarde. ´
Habían decidido contratarme. El Jefe de Ventas quería conocerme al día siguiente... si podía ser.
Hasta que no empecé a trabajar con ellos (por cierto, me esperaban el día 15... y aparecí el 16. Cuando ya pensaban que no iba a ir) no supe que Pedro era el dueño de la empresa. Y tiempo después supe que cuando yo aparecí para aquella entrevista peculiar, ya tenían decidido a quién iban a llamar... tras más de 20 entrevistas realizadas. Y también supe después que las entrevistas las hacía, lógicamente, el Jefe de Ventas..., que no estaba el día en que yo aparecí a la mía, porque ya no se iba a entrevistar a nadie más...
Y también supe que aquella tarde, cuando el personal apareció a las 4 y media, se encontraron a Pedro diciendo que acababa de conocer a la persona que iban a contratar. Que tenía un presentimiento (a pesar de que sobre el papel no reunía ni un solo requisito...y, encima, ni siquiera podía incorporarme de inmediato, como necesitaban). Que acababa de encontrar a la empleada de su vida...
Por eso digo que Pedro y yo nos encontramos. Simplemente. Y que no podríamos haberlo hecho ni antes ni después de ese momento justo: el Jefe de Ventas, guión en mano, nunca me habría seleccionado. En enero, tampoco habrían contado con alguien sin experiencia para una empresa que se abría nueva. Un día después, ya no habría habido entrevista ni puesto a cubrir...
Aquel viernes hacía calor. Me hice unas fotos de carnet antes de la entrevista: llevaba un vestido negro, sin mangas, el pelo suelto, los labios rojos, los ojos con sombra gris. Collar y pendientes de perlas.
Aquella mañana, me levanté, conscientemente, con el pié derecho. Desde ese día, lo hago siempre. No recuerdo haberlo hecho antes de esa fecha.
Era el nueve de Septiembre de Mil novecientos ochenta y ocho. 9/9/88.
Empezaba mi futuro.



Arturo dijo
¿Cómo sigue la historia?
23 Noviembre 2006 | 01:00 AM