Esto no me podía pasar a mí... ahora.
Regreso.
Lo de anoche (mi última entrada en el Blog) fue en parte un problema de estrógenos, como me temía...
No obstante, no niego nada de lo que publiqué: por vez primera le echo de menos. Mejor dicho: echo de menos el poder estar con él.
Cuando, simplemente, se echa de menos a alguien, suele bastar con poder llamarle. Otras añoranzas ni siquiera se arreglan con la presencia física real del ser añorado: es cuando lo que se recuerda es otros momento pasados juntos..., a veces, junto a alguien que se terminó transformando en quien ahora está con nosotros, pero que sabemos que no es la misma persona...
Antes de enviar el texto inmediatamente anterior a éste, escribí otro, mucho más largo. No sé qué paso, pero se lo tragó el ordenador (ó el sistema, ó lo que fuera) antes de poder enviarlo... y no he sido capaz de recobrarlo. Igual fueron los duendes de la informática, ó mis ángeles de la guarda (que lo mismo saben de estas cosas) que no querían que publicase algo de lo que lo mismo me iba a arrepentir. No sé quién puede estar leyendo esto, ni si un día terminará por leerlo quien no debería saber algunas cosas.
A veces, creo que desde el primer momento supe que "algo" estaba pasando. No quise admitirlo, porque era admitir que podía volver a sentir algo por alguien, pero...
Ayer conté que tengo una imagen muy, muy nítida de en qué momento concreto supe que algo no iba como estaba planeado... Creo que puedo volver a hablar de ello...
Segunda quincena de junio. Voy en tren de cercanías. Mediodía de un día entre semana (martes, miércoles...).Voy a Madrid, a un centro comercial. Quizá a comprar algún regalo a algún familiar, ó a ver personalmente algo de un catálogo. Da lo mismo.
"General Fanjul". Es una estación de la línea 5 de Cercanías de Madrid. Es una estación que, siempre, siempre, y desde hace 15 años, me recuerda a "M". A una cita con él a la que no quise ir... y que posiblemente me habría cambiado la vida. A veces he sospechado que si aquella mañana hubiese me hubiera dejado recoger por él, y llevar hasta allí..., quizá entre nosotros no habría pasado nada más. Habríamos tenido (ó no) sexo esa mañana... y hoy mi vida habría sido otra: posiblemente nada más habría pasado entre nosotros. Ni habría trabajado para él (esto fue antes) ni nada más...
Bueno, eso hoy ya da lo mismo.
Sé que fue al pasar, más ó menos, por esa estación.
Llevaba días intentando interpretar algunas cosas. Señales que, en otro caso, me habrían resultado inequívocas. Pero que, siendo como era la historia donde estaban englobadas... me costaba creer. Miradas. Atención casi injustificada. Sostenerme la mirada mientras hablaba a otras personas. Algo que, en definitiva, son síntomas de interés personal...¿no?. Pero en este caso no podía ser así...
Sé que fue entonces. Me veo a mí misma como en ese momento me ví en el futuro. Me ví echándole de menos. Y me asusté.
Nuestra relación (siempre lo he dicho) era algo circunstancial. Tenía una clara fecha de caducidad. Y, por eso, era absurdo hacer cualquier tipo de plan ó de conjetura. Y, por eso, y por lo breve y circunstancial de nuestros encuentros, no podía haber "nada más"...
Y, sin embargo..., su mirada. Apenas nada más. Ó nada menos.
Tuve miedo a echarle de menos. Tuve miedo a necesitar que me mirase, a terminar como una adolescente tonta, escondiéndome por las esquinas buscando verle, siquiera un momento. Buscando hacerme la encontradiza a la vez que me diese terror encontrármelo y no saber qué decir, ni qué excusa dar de porqué yo estaba en ese momento allí...
Apenas fue un flash, un momento. Pero pasó. Y anoche me ví a mí misma sentada en el tren, a favor de la marcha, pensando en la fecha de caducidad de una relación que realmente no existía. Me ví pensando en qué haría si no era capaz de controlar unos sentimientos que aún no existían... pero que podrían existir en cualquier momento.
Me ví en el futuro inmediato echando de menos a alguien que apenas un mes antes no conocía... y me asustó lo que ví.
Luego...
Luego llegó el calor, y no pasó nada. Y no varió nada. Miradas y alguna sonrisa. Luego llegó agosto, y fue casi mes y medio sin vernos, y no le eché de menos en lo más mínimo. Mentiría si dijera que no me acordé de él..., pero de forma totalmente circunstancial y al hablar de alguna cosa con algún conocido común. Nada más. Y llegó septiembre, y creo que por vez primera me dí cuenta, no sé hasta que punto de consciente de ello, de que me gustaba su piel. Y empezó algún pequeño intercambio de ideas, de información sobre nosotros más allá de la cordialidad...
Y luego me sorprendí a mí misma comprando ropa interior pensando en él. Ropa que sabía que él jamás vería..., que él jamás verá.
Y, antes, pedí por Internet el perfume que he usado toda mi vida, y que no se vende en España desde hace años. El perfume que tanto (no sé si él era consciente) afectaba a "M". El que llevaba puesto ese día que Pedro me dió un beso en el cuello sin que viniese a cuento, diciéndome que qué bien olía... El perfume que una amiga y yo definíamos para "seducir ejecutivos". El que llevo usando, cuando lo tengo, desde los 15 años... No sé porqué lo hice. Por mí, supongo. Lo uso ahora. ¿Por mí...?
Y pasé a perfilarme, poco a poco más intensamente, los ojos. Y a darme brillo en los labios...
Siempre he sabido del poder de atracción que puede tener mi mirada cuando quiero. Si hubiera empezado a sostenerme la mirada yendo yo maquillada..., no le habría dado importancia: era eso.
Pero no fue así. Cuando me dí cuenta de que no dejaba de mirarme, yo no era la vampiresa vestida y pintada "para matar". Yo no estaba buscando seducir a nadie, y menos a él..., y fue eso lo que me descolocó...
Sigo pensando que no hay nada por su parte. No va a pasar nada, porque no hay nada más.
Pero de lo que ya no estoy tan segura es de que no haya nada por la mía...
Anoche, por primera vez, le eché de menos. Necesité tenerle cerca. Y desee poder besarle. Algo impensable e imposible: no sólo imposible anoche, sino imposible e impensable si admitimos la realidad...
La única certeza es que esta no-relación nuestra tiene fecha de caducidad. Y me da miedo engancharme a algo que no puede, de ningún modo, ser posible.
No contaba con esto. Esto no me podía pasar a mí.
Y desde anoche, sé que ahora "General Fanjul" no será solo de "M" en mi recuerdo.

