Como el dolor que sigue ahí cuando ya no duele
Bueno..., podría haber terminado peor la semana...
Aunque todavía me queda mañana y pasado, porque cuando algo se tuerce desde el principio, está condenado a no llegar derecho al final.
Me voy haciendo a la idea. Ahora mismo, no lo llevo ni mal ni bien. Es..., es la misma sensación de cuando para calmar un dolor físico insoportable, que has intentado primero dejar que se pasase solo, y que has intentado quitarte con analgésicos comunes, terminas por claudicar y te tomas algo más fuerte. Como cuando te tomas un Nolotil, por fin. Es esa sensación rara: sigues sintiendo el dolor... pero ya no duele. Sabes que no te lo ha quitado, pero te ha adormecido...
Así me siento yo ahora mismo.
Sé que el origen de mi desasosiego es el inminente e inevitable final de algo que no voy a intentar prolongar. Y sé que mi angustia de los dos, tres, últimos días no sólo estaba provocada por mi reacción del pasado martes al ignorar, de forma directa, a "K" (porque de él he estado hablando estos dos ó tres días pasados, básicamente)..., sino que esa reacción fue la consecuencia de lo mucho que me cuesta hacerme a la idea. Sé el cambio de ambiente que estoy a punto de tener que hacer tendrá como consecuencia dejar de vernos (insisto: porque no voy a hacer nada más por forzar la situación), y no quiero admitir lo mucho que sé que va a costarme. Y como algo en mi naturaleza contradictoria se rebela contra ello, y reacciona contra todo y todos..., y, casi en plan rabieta, decide que la vida no le va a volver a marcar la obligación de tener que renunciar a lo que quiere tener. Que si tiene que perder a "K", mejor ya mismo, y renunciando voluntariamente a verle. A mirarle cuando le tiene cerca. A no querer devolverle la mirada...
Fue un error. Él no lo entendió. Y obró en consecuencia, claro..., como yo también habría obrado en su caso. Poniéndose a la defensiva. Levantando un muro de indiferencia ante la que yo le había mostrado...
Hoy las cosas han vuelto, sutilmente, a su lugar. Bueno, no han vuelto porque ya no hay tiempo, porque ya es inútil intentar nada más. Pero parace haber bajado las espadas. Y, al menos, aún no me he echado a llorar.
A ratos, pienso que nunca hubo el menor interés por su parte. Que quizá todo fue curiosidad, ó que me devolvía las miradas que yo le enviaba, y no había nada más. Que quizás algo en mí necesitaba pensar que existía un interés..., y me lo imaginé todo.
A ratos, sé que no me he imaginado nada. Que ha existido una atracción mutua que ninguno de los dos ha querido que prosperase hacia otra cosa... porque los dos sabíamos que no podía ser...
Ahora mismo, el dolor sigue ahí (el dolor de los últimos días, de no saber qué reacción iba a tener, de saber que no había entendido mi indiferencia..., el dolor de saber que estoy en una cuenta atrás inevitable), pero lo siento "dormido". No duele. No sé qué efecto tendrá esta anestesia, pero ahora no duele.
Dentro de una semana, todo habrá terminado. Para siempre. No soy capaz de hacerme a la idea.
Y sé que es lo mejor: terminar ahora, cuando sé que puedo echarle de menos (hasta hace unos días, no me había pasado), pero sé que no estoy enamorada de él. Terminar antes de que los dos pudiéramos decidirnos a dar otro paso, y luego la ruptura fuese demoledora. Para mí, claro: los hombres siempre han estado hechos de otra pasta. Y no quiero sufrir más.
No soy capaz de imaginar los días sabiendo que no va ha haber nada más. Nunca.
Necesito que me siga mirando. Pero sé, como pocas veces he sabido algo, que no será así. Que el final será definitivo, y punto. Y que he conocido esta fecha de caducidad desde la primera vez que le ví. Desde la primera vez que me miró.
Y ya no sé qué inventar para prorrogar el partido.
Y sé que no debo hacer nada más. Admitir las cosas. Dejar pasar el tiempo. Evitar por todos los medios encontrarme con él.
Por mucho que me duela y que me cueste. Buscar más anestesia, hasta que deje de recordar que existe.

