Isabel Pantoja y yo: una Academia de Peluquería y dos grados de separación
Como ya suponía, no tengo excesivas ganas de escribir.
Sobre todo, porque veo la página en blanco y me veo a mí misma los últimos días, expresando aquí lo que no podía decir en el mundo analógico en que todos vivimos...
Estoy en plena "convalecencia" emocional. Con la sensación de cansancio febril que produce lo que no controlamos, con ese dolor de las pérdidas irreversibles, que no duelen menos por ser esperadas...
Me gustaría, por tanto, intentar hablar de otras cosas, para así no pensar. Y para, así, relacionar este espacio con otras experiencias, con otros relatos...
Además de otras cosas, esta semana he terminado el curso de informática que he estado haciendo estos dos últimos meses. Lo acabé el miércoles. Otro final más...
¿Qué tal si hablo de esto?
Como ya comenté otras veces, son cursos financiados por las Comunidades Autónomas y el Fondo Social Europeo, para la formación de trabajadores en situación de desempleo. Vamos, lo que se suele considerar "cursos del INEM". A la vez que hago otras cosas (la hiperactividad es lo que tiene: un@ no puede quedarse en casita sin hacer nada. Es más, por mucho que se haga, siempre hay ganas de aprovechar TODO el tiempo posible haciendo cosas), pues he aprovechado los cursos que me han ido ofreciendo a través de la Oficina de Empleo. Más por aprender nuevas cosas que por acumular títulos ó diplomas, que de esos ya tengo muchos...
A principios de mayo me enviaron una carta, informándome de que me habían pre-seleccionado para hacer un curso de Administrativo Comercial. Si mi idea fuese la de "acumular diplomas", lo mismo me daría éste que otro curso, pero ya he dicho que mi idea es adquirir nuevos conocimientos..., y que en esto poco podría aprender. No voy a alargame con este relato: tras una absurda charla sobre de qué iba el curso, un más absurdo psicotécnico y una reunión en un aula abarrotada de posibles alumnas, dejé mis datos por si empezaban de forma inminente algún otro curso de mi interés, y me fuí. A la oficina de empleo, a que me dijeran qué cursos y dónde iban a empezar en breve...
Y así acabé donde y como acabé.
Tras insistir, me dieron dos referencias. Una en un centro del que me habían hablado muy bien antiguos alumnos. El otro, en un sitio donde creí durante años que sólo era una academia de peluquería...
En un sitio íntimamente ligado a mi pasado.
Cuando yo iba al colegio, a primaria, apenas media docena de nosotros siguió estudiando "en serio". Los chicos se decantaron, como mucho, por la Formación Profesional. Y las chicas, pues también..., pero no a través del Estado. Se matricularon masivamente a estudiar peluquería...
Mi colegio de toda la vida estaba apenas a dos minutos de la Academia de Peluquería. Apenas a doscientos metros. Allí, como digo, se matricularon masivamente gran parte de mis ex-compañeras..., ó ésa era su idea. Primer lazo con la Academia.
Como digo, para los que nos criamos en ese barrio (y para quienes vivían en él aún procediendo de otros sitios), eso era una Academia de Peluquería.
Cuando se vive en una zona obrera-muy-obrera, en el cinturón sur industrial de Madrid, en los mediados ochenta... y, además, se tienen 15 años, no se tiene dinero. En aquella época, a los niños no se nos daba "paga": se nos compraba lo que era necesario, y nos apañábamos con lo que había. Fuimos, posiblemente, la última generación que se crió "jugando en la calle".
Hoy en día, además, las chicas de 12 años ya se maquillan, se tiñen el pelo, visten como adultas de serie de TV en miniatura. Cuando yo tenía esa edad, no es que no nos apeteciera ( a esa edad, dejémonos de tonterías de que ahora se hacen mayores antes: al revés. Yo con 11 años leía a Kafka, me interesaba la política internacional y había dejado hace tiempo de jugar. Y no voy a hacer la comparativa...), pero no podiamos hacer nada más que ponernos la ropa que teníamos en casa, y procurar que no se nos rompieran las horquillas, la diadema ó cualquier cosa que nos hiciera vernos guapas. Si algo se rompía, no había recambios. Como no había "chollos de chinos", ni tiendas de moda para adolescentes, ni perfumes/maquillajes/complementos para quinceañeras. Se pasaba de los calcetines y la camiseta interior al sostén color carne y los pantis de espuma... y punto...
Por eso, cuando se tenían 14, 15 años, necesidad de gustar, ansia por el cambio de imagen..., y no se podía (entre otras cosas, para "pintarse" hacía falta unos padres muy abiertos de miras... ó hacerlo en el ascensor, y entrar luego a casa directa al baño), y no se tenía dinero para hacer nada..., descubrir una Academia donde te peinaban, cortaban y moldeaban casi gratis..., era descubrir la piedra filosofal...
Y nosotras la descubrimos.
Resulta que, en nuestro propio barrio (porque tampoco se había inventado el Abono Transportes que, por una cantidad fija al mes, te permite moverte por todas partes en transporte público..., cosa que hoy en día tienen todos los críos. Nosotras apenas podíamos salir del barrio, entre otras cosas, por falta de medios), había una Academia de Peluquería donde las alumnas "practicaban" con clientes. Y sólo cobraban los productos que empleases..., por tanto, era casi gratis...
Obviamente, esto derivó en el segundo lazo con la Academia...
Con quince años, yo estaba harta de oir (desde hacía años) que tenía un pelo precioso, que tenía el mismo pelo que una conocidísima folklórica..., conocida por su pelo. Estabamos a mediados de los 80', época de excesos, y yo quería rizarme el pelo. Rizo afro, incluso.
Y encontré el sitio donde podrían hacérmelo, sin que me costase demasiado.
Y lo hice, claro.
Segundo lazo con la Academia.
La tarde del 26 de septiembre de 1984 fuí a que me rizasen el pelo. Tremenda melena larga.
A esas alturas, había perdido la cuenta de las veces que, pretendiendo halagarme ó ser originales, me habían dicho lo de "uy, tienes el pelo como la Pantoja" (la folklórica, que por entonces era famosa más que por otra cosa por eso, por su pelo).
Lo tengo decidido: quiero cambiar de imagen.
Me dieron cita para el día siguiente.
Dicen que entre dos personas, como mucho, hay siete grados de separaciòn. Entre Isabel Pantoja y yo hay mucho menos, y pasa por la Academia en que acabo de terminar un curso hace apenas tres días...
La tarde del 26 de septiembre, más ó menos cuando yo estaba en la peluquería informándome, un toro mata en Córdoba a Paquirri.
Al día siguiente, yo dejo de tener "el pelo como la Pantoja". Y ella deja de ser conocida por su pelo... para pasar a ser conocida por ser la "viuda de España"...
(Continuará).




viagra online dijo
Sin lugar a duda una gran artista, mi padre es un gran fan de ella, y la verdad no lo culpo, ella tiene una gran voz, y aparte de eso un gran carisma.
11 Enero 2011 | 04:24 PM