No pienso en él, pero le echo de menos
Ha pasado más de una semana.
Se supone que los primeros dias son los más difíciles de pasar. El "mono", que no es sólo un compendio de síntomas físicos ante la falta de determinadas sustancias a las que tenemos habituado el cuerpo y que las suministramos para conseguir sosiego, euforia, calma, ganas de vivir, sensación de olvido.
Hay personas cuya presencia nos provoca todo eso. Simplemente estar cerca, oir su voz, sentir su olor, recibir el peso de su mirada... nos desencadena tal cantidad de sensaciones, nos hace producir tanta adrenalina, oxitocina ó cualquier otra hormona de la felicidad..., que su falta es, eso, "mono". Una necesidad de algo que no podemos definir, pero que sabemos que nos falta...
A veces, se confunde esa necesidad de alguien con amor. A veces, lo es. La presencia del ser amado nos hace sentir protegidos ó protectores, nos proporciona caricias y la posibilidad de darlas sin pudor. Nos da pié para hacer planes, para intercambiar ideas. El amor implica esa necesidad del otro, esas mariposas en el estómago cuando nos llama, ese estado de euforia permanente. Esa necesidad de verle siempre, a todas horas...
Pero, a veces, esta necesidad de otro no es amor. Es otra cosa..., no sé cómo definirla...
Es lo que me pasaba (¿pasa?) con "K". No era amor. No me planteé nunca hacer planes con respecto a ninguna futura relación. Como dije, no verle no implicaba echarle en falta. Él tenía su mundo y yo el mío. El trato era producto de una serie de circunstancias.. simplemente, y con fecha de caducidad. Podriamos no habernos conocido nunca: hubiera bastado que yo no atendiera el teléfono aquella noche de mayo. Podríamos habernos conocido y que él nunca me hubiese mirado. Podría no haberle devuelto las miradas, no haber repetido él mis gestos ó yo los suyos. Y no habría pasado nada... Mi vida no habría cambiado en nada: sería como es hoy... pero sin acordarme de él, porque no lo habría conocido.
Pero yo sí estaba esa noche en casa. Pero me miró y yo le sostuve la mirada. Pero un día sentí el olor de su piel. Y..., y eran demasiados puntos en común, y habíamos estado demasiadas veces en los mismos sitios y en el mismo momento, pero, como no nos conocíamos... no nos dimos cuenta.
Y yo fuí resucitando. A la vez que no dejaba de tener claro que lo nuestro tenía fecha de caducidad, yo iba volviendo a ser quien fuí. Volví a sentir cosas. Él me miraba. Se acercaba a mí. Seguramente, no había nada más. Por mi parte, tampoco lo había. Me sentía bien a su lado. Y, supongo, él también al mío (de otro modo, no lo entendería. Porque los dos teníamos otras opciones para pasar el tiempo que podíamos compartir. Los dos podíamos mirar a otras personas. Pero la realidad era la que era... y no entendería que no hubiese sido real).
Ha pasado más de una semana.
La sensación de convalecencia..., viene y va. No sé si le echo de menos, ó si, simplemente, añoro lo que me hacía sentir su mirada. Soy consciente de que mi reacción una semana antes del fin definitivo "rompió" la mitad del castillo de naipes que habíamos creado a base de complicidad. Sé que él no fue el mismo que era antes de ese día en que reaccioné como reaccioné. Sé que si esto se hubiera prorrogado un mes más..., no quiero definirlo, pero estoy segura de que el tema se me habría ido de las manos. Y sé que si, además, yo no le hubiese ignorado aquella tarde y la relacion se hubiese podido prorrogar otro mes más...
No, no quiero pensar en ello.
Hace más de una semana que no estoy a su lado. Que no siento el olor de su piel cerca de mí. La evidencia, más allá de un hipotético e improbable reencuentro es ésa: se terminó. Y no es algo que me pueda sorprender: esto siempre tuvo fecha de caducidad.
No quiero preguntarme si él se acordará de mí. Si se habrá acordado en algún momento (bueno, sé que sí. Que me vió como yo a él. Y que se acordó a la vez que dudase de si me había visto realmente... ó si me había imaginado. Contaré qué pasó cuando hablar de ello no me haga daño. De momento, quiero guardar para mí esa sensación de haberle vuelto a tener, de haber sentido su mirada sobre mí una vez más, por sorpresa, fuera de nuestro entorno común...).
No pienso en él, pero le echo de menos. Algo en mí le echa de menos, mucho. Ese algo en mí que tiene que aprender a asumir que nunca, nunca más va a estar a su lado.
Como dijo el poeta: "ya no le quiero, es cierto, pero tal vez le quiero. Es tan corto el amor y es tan largo el olvido".

