El pasado es un tiempo que existe cuando es presente (Jugando con las fechas)
Ayer fue nueve de enero.
Bueno, con el desfase que hay entre el momento en que escribo los textos (por la noche, a "día pasado") y la fecha que consta como "de publicación", lo coherente sería decir "anteayer fue nueve de enero". Pero como la principal razón por la que escribo soy yo misma (esto no deja de ser un diario personal), reitero:
Ayer fue nueve de enero.
Desde el año 91, y durante varios, alguien de quien todos los que le conocíamos estábamos seguros de que apenas tenía nada más que serrín (y malas ideas) en la cabeza esperaba mi llamada en torno a esa fecha... Y no porque tuviese ninguna obligación de llamarle, ni en esa fecha ni en ninguna otra. Ni siquiera porque mantuviésemos una relaciòn más ó menos seria, ó porque fuera "nuestro día"..., de hecho, no había ninguna razón. Ó sí. Para mí supongo que la había... cuando sigo relacionandola con él.
El nueve de enero de mil novecientos noventa y uno (sí 09/01/1991), pisé por última vez la oficina donde trabajé durante algo más de ocho meses con Pedro. La oficina donde empecé a trabajar "en lo mío". No estaba planeado: ni ir ese día, ni que fuese la última vez... De hecho, no estaba en mis planes ni siquiera volver a verla. Por entonces, había pasado como año y medio desde la última vez.
Fue una curiosa concatenación de factores. El socio de Pedro que se quedó con la dirección de aquella oficina (del que ya hablé en "Wonderful life y El Tercer Hombre "http://www.espacioblog.com/bruxana/post/2006/12/18/-wonderful-life-y-tercer-hombre ") necesitaba que le llevase alguien de mi empresa un modelo de contrato para firmarlo... Bueno, tampoco fue exactamente así...
El tema empezó un mes, más ó menos, antes. Por una serie de factores que no viene al caso, por extensos, relatar, coincidí en una negociación con unos conocidos de Pedro y sus socios. Cuando uno de estos conocidos me identificó con un "ah, ya sé de qué te conozco: tú eres la amiga de Pedro"..., el tema derivó en una inesperada confesión: los tres socios se separaban y cerraban la empresa.
De todos quienes les conocíamos, nadie sabía nada de este tema. Algunos no se lo creyeron cuando lo conté. A mí misma me costaba creerlo. No sé porqué, supuse que me bastaría con "pillar" un día al socio de Pedro que ya lo era cuando yo trabajaba con él (y con quien me llevaba muy bien) para que me lo contase...
A finales de diciembre, mis jefes tuvieron que ceder un negocio a Pedro y sus socios, por asuntos económicos. Todavía nos costaba creer en la disolución de su empresa (mi jefe de entonces había trabajado también allí).
El asunto de la cesión terminó en escena surrealista: el "Tercer Hombre" vino a nuestra oficina un miércoles, nueve de enero, a preparar el contrato por el cual "compraba" el negocio. A las diez y media de la mañana, cuando mi compañera de trabajo y yo aparecimos, llevaba un rato esperándonos. La verdad es que para nosotras era un perfecto desconocido... a quien habíamos visto media docena de veces y que no nos caía bien. La escena pasó al surrealismo cuando mis jefes no aparecieron (habían estado de marcha por la noche, y, en esos casos, no solían aparecer antes de mediodía), nos quedamos sin folios para redactar el contrato...Yo me tuve que ir a Madrid, a hacer gestiones importantes a media mañana... por lo que el final de la historia no me lo contaron hasta la hora de comer.
Al parecer, el contrato no se pudo pasar a máquina (falta de papel, de tinta y de mí, que era quien hacía estas cosas), por lo que teníamos que llevar el contrato para ser firmado esa tarde, ó nuestro "Tercer Hombre" pasaría a recogerlo. Al final, él no podía venir, a mis jefes no les apetecía ir...El plan se concretó en que mi compañera y yo lo llevaríamos. El plan terminó en que solo yo podía ir a llevárselo...
Y así terminé volviendo a pisar esa oficina. Y así me encontré con que quien me iba confirmar el cierre era... la misma persona que precipitó mi salida de esa empresa año y pico después... y que había terminado por cargársela. Como todos le advertimos a Pedro, y él no nos quiso hacer caso...
Por mi parte no había dobles intenciones: le dije que porqué no salíamos a tomar un café, ya que había ido a llevarle el contrato. No había nada más: de hecho, creo que hasta ese día él ni había reparado en que yo existía. Y él a mí no me gustaba: ni como hombre, ni como persona. Tampoco mi aspecto, a las ocho y pico de la tarde, tras todo el día fuera de casa, era de lo más lozano y hermoso...; bueno, la verdad es que acababa de cumplir 22 años... y él no.
Lo uno fue a lo otro. Me dijo que porqué no le leía las líneas de la mano (curiosamente y contra todo pronóstico: se acordaba de que, entre tonteo y tonteo, terminé haciendo eso con su mujer en una fiesta, casi dos años atrás... Cosa que yo ya ni recordaba). No sé qué le dije (la verdad es que es algo que tampoco me tomé nunca muy en serio... y que ya no hago). Pero sí sé que se lo tomó por el lado de la insinuación personal..., la verdad es que su fama era ésa (yo no lo sabía): todo iba al mismo sitio...
No me voy a alargar. Me comentó que era verdad que cerraban. Me dió su versión de la historia (la más falsa, eso lo supe tiempo después). Cerramos (yo no sabía que sería la última vez que pisase esa oficina) y se ofreció para llevarme a casa. Le dije que vivía en el barrio: apenas eran 15 minutos andando. Aún así, insistió...
Fue la primera vez que intentó besarme. En su coche: no le dejé, claro. Me cogió las manos con la excusa de "las tienes heladas " (siempre las tengo heladas. Hasta en verano), me acarició los dedos. Me dijo que porqué no volvíamos a su oficina... y hablábamos de nosotros. Me propuso que trabajase con él en la nueva empresa que iba a abrir: el sueldo y las condiciones serían las que yo quisiera. Me cogió la cara por la barbilla y no fue nada original: me dijo que no había visto una mirada como la mía en todos los años que tenía, y que dónde me había estado escondiendo para que no se hubiese dado cuenta hasta esa noche...
La verdad es que le seguí el juego... dialéctico, pero hasta ahí. Porque tampoco había razones para esquivarle. Porque no me estaba haciendo nada, ni proponiendo nada... que no me hicieran y propusieran con mucha frecuencia. Además, tenía negocios con mis jefes. Además, había sido socio de Pedro. Además... la sorpresa de que aquella empresa, que creíamos eterna, cerrase... me tenía tocada.
Me dejó en la puerta de casa. Sin que pasase nada más, por supuesto.
Al día siguiente, me llamó a la oficina para decirme que me había dejado el paraguas en su coche (lo comprobé y era verdad), y preguntarme que cuando quedábamos para que me lo diese. Le pedí que lo dejara en otra de sus oficinas (donde estaba Pedro).
Y ahí quedó todo...
Cuando hablamos un 10 de enero de dos años después, tras muchas cosas, tras tantos cambios en mi vida que aquella vida mía de enero del 91 era la vida de otra persona... y me dijo "esperaba que me llamases ayer"..., sólo pude sorprenderme. Se acordaba de la fecha.
Y yo también. Y sigo acordándome.
Como me acuerdo de un detalle tonto. Le "predije" que una mujer iba a querer tener un hijo con él, ó el con una mujer. Como digo, algo sin importancia...
En febrero de 1993, decidí cortar con él cualquier tipo de relación (la verdad es que "lo nuestro" nunca fue normal. Nunca me fié de él. Nunca hubo una continuidad. Apenas duró seis, siete meses... y apenas fueron media docena de encuentros. Clandestinos a más no poder: apenas dos o tres personas lo supieron. Y no entendieron qué hacía con semejante sujeto).
Decidí cortar después de que, sin contar para nada con mi opinión al respecto, decidiera "jugar a la ruleta rusa"... y probar a ver si me quedaba embarazada. Porque a él "los niños le gustaban de pequeñitos... y los suyos ya no lo eran".
Falló. No volvió, ni volverá, a tener otra oportunidad...
Su única virtud era lo bien que besaba. Bueno, y que de puro absurdo me reía cuando estaba con él. Nada más.
Jugando con las fechas. La primera vez que pisé esa oficina fue el 09/09/88. La última, el 09/01/91.
Hay más.
Él tenía más que yo, exactamente, diecinueve años y diecinueve días.
Hablo en pasado a propósito: los tenía entonces. Hoy en día... me da igual si tiene ó no años. El pasado es un tiempo que sólo existe cuando es presente. Y él ya no está en mi vida ni lo estará nunca.

