Hay sitios gafes... hasta que se ven con otros ojos.
Tendemos a relacionar cosas con sitios, sitios con sensaciones, música con relaciones... Tendemos a relacionarlo todo, consciente ó inconscientemente.
Y se puede dar el caso de que algo que nos traía recuerdos agradables, de pronto, pase al otro extremo. Si, por ejemplo, un parque es el sitio donde quedábamos con nuestro primer amor, pero un día resulta que nos intentan atracar al cruzarlo... pues dejará de ser ese "recuerdo mágico-secreto" para que, igual, no volvamos a pasar por él...
Y nos puede pasar lo contrario.
Hay sitios que me traen mala suerte. Bueno, tampoco estoy segura de que esto sea cierto. Digamos que suele coincidir que cuando tengo relación con determinados sitios, las cosas no evolucionan ni como yo quisiera, ni como deberían evolucionar en condiciones normales...
Esto me ha pasado, durante años, con determinado barrio de Madrid (que mejor no voy a nombrar). Lo tengo como parte inseparable de mi vida (esto ya es algo innegociable) pero no tengo buenos recuerdos ligados a esta zona...
No había ido nunca hasta principios de los 90'. Ó, si había ido, la verdad es que no lo recuerdo claramente. Hay una historia de un día, a finales del 89, en que fuí a recoger unas llaves..., pero no estoy segura de que fuese ahí. Y otra vez en que, una noche, "M" me mandó a recoger unos papeles (no le apetecía ir a él, y, total, yo ya era "chica para todo"). Así que, pese a tratarse de un barrio de lo más conflictivo y yo ser mujer, y tener poco más de 20 años, ni él se lo cuestionó, ni a mí se me ocurrió negarme. Pero no fue exactamente a la zona de este barrio de la que quiero hablar hoy (es una zona con tres estaciones de tren. Mejor dicho, tiene alguna más, pero porque es un barrio con varios "sub-barrios").
En la primavera del 93, tras mucho soportar a "M" (incluidos chantajes y otras amenazas), decidí dejarle. No solo personalmente (la última vez que entre nosotro hubo sexo fue en abril de ese mismo año. Y yo decidí que había sido LA ÚLTIMA VEZ. No hubo más hasta años después) sino también como empleada suya. En junio me fuí un día pensando en no volver nunca más (me puso una condición si quería seguir trabajando con él, y yo no transigí). Sólo pasamos un sábado separados profesionalmente: él dándole la tabarra a mi compañera, que estaba deseando irse también, y yo en casa, deprimida. Le llamé y le dije que el lunes volvería a ver qué pasaba. Volví, no se volvió a tocar el tema por el que me fuí... pero por mi parte la decisión estaba tomada: me iría a la primera propuesta que tuviese a partir de ese momento...
Siempre he sido fiel a mis promesas. También a las auto-promesas.
Unos días después, me llamaron para proponerme uno de esos negocios que no se pueden rechazar. Al menos, que hay que pararse a valorar: ser responsable de mi propia oficina. Una persona había hablado de mí a otra, y esa otra buscaba una socia con quien abrir delegación en el mismo municipio donde yo ya trabajaba...
Mientras trabajé con "M", no falté nunca. Ni para ir al médico. Fuí a trabajar con fiebre, recién operada, haciendo virguerías con el tiempo. Fuí a trabajar hasta cuando no debía ir. Sólo falté un día, inventándome una revisión médica: el día en que fuí a esta entrevista.
En ese barrio.
Por ser un barrio de Madrid-capital, me esperaba otra cosa. Me encontré con un sitio más que antiguo, viejo. De viviendas construidas de cualquier forma, en los 60'-70'. Sucio y abandonado. El local-oficina donde me atendieron tampoco era lo esperado: un local que antes había sido una tienda de comestibles, a medio amueblar, con cierre de tijera y los cristales no muy limpios... Aún así, el proyecto podía ser interesante (el que negociamos, que no era el inicial): trabajaría con ellos durante un par de meses, al tiempo que buscábamos un local en la zona de la que yo venía, y luego, ya se vería qué condiciones y demás...
A ellos les interesé, y mucho. Yo sólo quería dejar de trabajar con "M".
Ese mismo día el acuerdo verbal quedó cerrado.
Ese mismo día se cumplían dos años desde que "M" y yo nos conocimos. El día de San Juan, 24 de junio.
Recuerdo que hacía el calor propio de junio. Que mientras iba hacia la estación, desde los coches me decían burradas los conductores. Me daba igual. Acababa de dejar a "M", y él no lo sabía.
La verdad es que hasta septiembre el tema no fue efectivo. En este nuevo trabajo podían esperar (la verdad es que estaban pendientes de trasladarse a un local mejor, junto a un Banco que luego sería también parte de mi vida), y hasta septiembre el tema podría esperar. Así que pasé el verano junto a "M".
Le avisé con el tiempo reglamentario: quince días. Como no me tenía legalmente contratada, tampoco habría hecho falta, la verdad... ( y otro día contaré cómo le dí la noticia y cómo reaccionó él. Y porqué y cómo fue Pedro el primero en saber que me iba...)
El treinta de septiembre devolví a "M" las llaves de su oficina. El uno de octubre empezaba en mi nuevo trabajo.
El dos ya sabía que me había equivocado...No dejando a "M" (eso estaba ya asumido), pero sí en esa elección...
No me enrollaré: allí nada estaba organizado. Allí nadie conocía el negocio (y yo no conocía la zona). Entorno al día 20 nos cortaron el teléfono... por falta de pago. A esas alturas, ya había visto suficientes cosas "anormales": nos entraban en cualquier momento a ofrecer productos evidentemente robados (oro, pieles, ropa...), el dueño de la empresa se iba con una conocida a "ayudarle a vender" ese tipo de género sospechoso, venían clientes con los ánimos un tanto exaltados a pedir explicaciones de cosas acontecidas meses antes... Sin contar la extraña relaciòn que los dueños tenían entre sí... y que no escondía otra cosa que el hecho de ser cuñados, de tener ella una niña pequeña hija del hermano de él, sin estar casados (aún sigo sin entender qué podía esto tener de malo ó de raro... en los 90'), cosa que ella nos confesó a finales de octubre, como quien cuenta un crimen inconfesable. Si a esta fauna le unimos el barrio en sí (marginal hasta donde un barrio madrileño pueda serlo), una abogada de 32 años con comportamiento de solterona de pueblo (afinidades religiosas aparte: era parte de todas las cofradías del barrio, vestía con faldas un palmo por debajo de las rodillas, blusas abotonadas hasta el cuello..., sólo le faltaba la toca monjil, y me consta que cualquier monja sería más liberal que ella), que, encima, apenas conocía nada más allá de la teoría de su carrera... Tomé la única decisión posible: anunciar que me iba.
Para cobrar, tuve problemas, claro: no había dinero. Es más, se habían gastado dinero dejado en depósito por clientes para hacer gestiones y pagos. Le dije al dueño (a quien me había contratado) que "tenía mujer y dos hijas, por lo que si no tenían con qué pagarme, que las pusiese en una esquina a hacer clientes".
Terminé cobrando, claro. Con amenazas, con promesas, con... de todo, pero cobré. Y juré no volver en la vida por ese barrio... Había demasiados malos espíritus que podían estar esperándome.
No contaba, nunca lo habría imaginado, que igual también había un ángel... ó algo así.
Y tuve que volver. Pero eso lo cuento mañana...
... y termino de contar porqué, desde ayer, mi visión del barrio, y de esa zona concreta, es otra. Porque he conseguido verla con los ojos de alguien que ya estaba por allí entonces... y que sigue por allí ahora. Y con quien no me importaría ver de otro modo el barrio, que es el suyo.

