Sólo oir su voz en el silencio
A veces no podemos evitar ser "un poquito mal@s" y hacemos cosas que sabemos que no están del todo bien... pero que no podemos evitar hacer.
Somos lo que algunos niños dicen de sí mismos "un poco bichillos".
El otro día llamé a "M". Me contestó... y colgué.
No sé porqué lo hice. Ó sí..., no estoy segura.
La verdad es que llamé con la seria y firme intención de preguntar por él, e intentar que me pasasen la llamada, y hablar con él. No sé de qué, quizá de nada concreto. Del tiempo. De cómo estaba. De...¿de qué se puede hablar con alguien que ha sido parte fundamental de tu vida... pero con quien llevas casi dos años y medio sin hablar? Quizá preguntarle cómo estaba, decidir que no le iba a contestar a esa misma pregunta (un "eso no tiene ninguna importancia" "no te llamo para hablar de mí, sino de cómo estás tú", o similar), despedirme con un "bueno, hasta otro año" si notaba algún tipo de tirantez (es que con "M" uno no sabe a qué atenerse, nunca...)
Lo que no esperaba es, justo, lo que pasó. Que me descolgase él el teléfono. Me quedé tan sin palabras (yo, que soy una fábrica permanente de ellas)... que le oí decir dos veces un "dígame"... y colgué.
Su voz en el silencio, tanto tiempo después. La voz que tantas veces me habló, me despreció, me susurró, se rió de mis ocurrencias y de mí. La voz dicha desde la misma boca que de tantos modos me besó y que me negó sus besos, la única vez que le pedí algo.
Estaba preparada para escuchar que estaba reunido, ú ocupado, que le dijese a quien me atendiera quién era yo y me intentaban pasar..., para a los tres segundos oir que no podía ponerse, pero que le habían dicho que yo había llamado. Ó que si quería dejarle algún recado. Y yo decir que no era nada importante, que sólo llamaba para saludarle...
Estaba dispuesta a escuchar todo ese "ritual" (sabiendo que ni estaba reunido ni ocupado, que, simplemente, no quería ponerse) y a fingir creérmelo... a sabiendas de que era mentira (docenas de veces dí yo esa explicación cuando no quería hablar con la persona que le llamaba. Y muchas veces, cuando era una mujer, sabía que el siguiente paso era mandarme a comprar algo innecesario... para aprovechar mi ausencia y devolver la llamada. Y también lo viví al revés: tras la excusa, su llamada cinco minutos después, diciéndome que había enviado a quien fuera a comprar algo...)
Estaba preparada para su rechazo. Para su frialdad, si me atendía. Me había mentalizado y creía estar preparada para cualquier cosas...
No lo estaba para escuchar su voz al otro lado del teléfono. Y eso fue lo único que pasó.
No me atreví a volver a llamar. Porque si lo hacía... él sabría que la anterior llamada (la hice ocultando el número) habría sido mía. Podría decirle que sí, la verdad, que me había pillado por sorpresa que cogiera el teléfono él directamente. Ó que al mismo tiempo me habían llamado a la puerta, ó al móvil, ó... Mentirle por una vez, a él, el gran mentiroso a quien siempre dije la verdad, aún no mereciéndola...
Lo único positivo es que ahora sé que está vivo.
Lo negativo... que hasta tan lejos de él en el tiempo y el espacio, sigue pudiendo conmigo.

