Treinta de abril
Hay temas de los que nunca pensé que llegara a hablar. Y menos en un blog...
Hoy es el cumpleaños de mi amiga Paz. Quizá lo más parecido a una hermana que yo he tenido. Vive... a unos 500 mts de mi casa. No sé nada de ella desde hace unos 7 años.
Así. Todo seguido.
¿Cómo llegar a este punto, ó a "ese" punto, más bien...? Porque a veces hay que dejar de poner "la otra mejilla" y tomar el control de las situaciones. Y dejar de ceder, por fin.
Conocí a Paz en el primer trabajo de lo que luego sería mi profesión. Era la secretaria de la empresa. Tiene varios años más que yo: no tantos como para pertenecer a "otra generación", pero sí para, sobre todo en aquella época, tener ya vividas muchas cosas que a mí era imposible que me hubiese dado tiempo.
La empresa era bastante peculiar, en gran parte por el "equipo humano". La verdad es que todos nos llevábamos muy bien. Las tres chicas congeníamos enseguida. Cuando, meses después, nuestro común jefe decidió (mal-aconsejado) ir prescindiendo de gente, y yo fuí la primera..., terminé yendo a echarle una mano al novio de Paz (que también había trabajado en la empresa) de forma totalmente altruista. Sin cobrar, vamos....
Al final, lo que iba a ser "echaros una mano unos días, ya que no podeis pagar a una secretaria y os hace mucha falta", terminó en una relación laboral que duró más de dos años. Las cosas provisionales y yo, ya se sabe...
A Paz también la despidieron, poco después. Tras otras experiencias breves intermedias, terminó trabajando en la misma planta de oficinas que yo (y que su novio, a ratos ex-novio). Al final, pasábamos media vida juntas. Trabajar para el novio de tu mejor amiga es lo peor que se puede hacer (si están de buenas, no tienes amiga, ni casi jefe; si están peleados, estás en medio, en plan "que te ha contado", "dale a entender que..."). Pero..., bien. La verdad es que era una relación en la que yo siempre estaba a su disposición (lo dicho antes: ¿que se había mosqueado con mi jefe, y no tenía mejor plan?, pues me terminaba convenciendo para que me quedase a comer en el bar con ella. ¿Que tenía que ir a la peluquería y no le apetecía ir sola? Al final, terminaba yendo con ella. No sé, supongo que tampoco tenía yo nada mejor que hacer... ó que cancelaba posibles planes por ella). Obviamente, había pequeños préstamos de dinero (siempre estaba en números rojos, pese a ganar más que yo y tener menos gastos fijos) y tonterías así. Pero era mi amiga, era muy simpática y estos temas funcionan así. Sin más.
Como dije, cumple los años el 30 de abril. Como en Madrid no sólo es festivo el día 1 de mayo, sino el 2, lo celebrábamos en su casa uno de esos días. Yo era de las que llegaba la primera a ayudarle. La verdad es que con su familia (madre, hermana, sobrinas) la relación que yo mantenía era óptima: como decía, era como un pariente más. El regalo solía ser su perfume favorito (que no solía poder permitirse siempre, por un tema de presupuesto).
Viví con ella cambios de pareja, crisis personales y sentimentales, etapas de paro... Nos recorrimos a todas las echadoras de cartas del tarot de la zona sur de Madrid. Terminó de nuevo trabajando con Pedro y en realidad ellos me buscaron el trabajo con "M".
Por entonces, conoció al "hombre de su vida": un chico suramericano (en aquella época no había tantos), estupendo. Culto y guapo. Se fueron a vivir juntos (la relación con ellos por mi parte seguía siendo igual de magnífica), y la vida siguió su curso. Cambios de trabajo mutuos, pequeños problemas...
Cuando se casaron, por descontado estuve invitada. Y digo "por descontado" porque los invitados totales, incluidas familias mutuas y demás... creo que no llegamos a las 30 personas. Sólo los más-más allegados. Recuerdo lo que les regalé... por el peso (físico): encontré una vajilla que ella andaba buscando, y cargué con ella... de un remoto centro comercial con mucho campo alrededor hasta mi casa (con viaje en tren, ascenso de cuestas..., en fin) y de allí a la suya... otro tanto de viaje. Le encantó, claro.
A su marido le llegó una oferta de trabajo en su país. A la vez, ninguno de los dos tenía trabajo "serio" aquí. A la vez, ella estaba (por fin!!!) embarazada.
El día en que se fue, se suponía que para siempre, fue también uno de los pocos que yo falté al trabajo. Lo cierto es que me habían operado tres días antes (algo sin demasiada importancia pero incómodo) y había vuelto al trabajo al día siguiente. El día en que Paz volaba al cono sur tenía una revisión en el hospital... y de ahí me fuí a Barajas. Allí nos juntamos su hermana, su madre, un amigo del alma y yo. Nadie más.
Le escribí varias veces. Cuando volvió... su niño tenía ocho meses y era una preciosidad rubia. Por supuesto, vino a verme al día siguiente de llegar. Todo seguía más ó menos como debía seguir. Venía de visita, apenas una semana.
Nos vimos un par de veces.
Un año después, recibí una llamada: estaba en España y seguramente iban a volver en breve para quedarse. Me hizo una ilusión tremenda (porque aunque yo la escribía... la verdad es que nunca me contestó). Pero..., fue una llamada rara. Realmente, me llamaba para hacerme una serie de consultas profesionales. De todos modos, quedé con ella..., mejor dicho, la llamé dos ó tres veces al día siguiente para preguntarle cómo y dónde podíamos quedar para vernos, tomarnos un café, que me comentase algo más...
La verdad es que estaba tan mal de tiempo... que me tuve que acercar a la peluquería (de conocida común) para verla un rato. No sé..., me mosqueó un poco saber que llevaba diez días en Madrid... Pero tampoco quise darle más importancia.
Meses después, de pronto, se presentaron ella, su marido y el niño en mi oficina. Resulta que habían vuelto a España, que estaban viviendo con la madre de ella..., y, otra vez más, el tema de la visita era "profesional". Me dió la extraña impresión de que estaban buscándome... para ahorrarse un dinero. No sé, era algo absurdo. Ella sabía de sobra que podía contar conmigo para lo que quisiera. Que, por supuesto, jamás le habría cobrado nada por según qué cosas... Fue un encuentro... raro.
Y un año después (tras un par de mensajes sin respuesta, no le había vuelto a llamar), me la encontré, de pronto. Casi en la puerta de mi oficina.Y, no, no venía a verme: estaba de compras. Y, oh, sorpresa: tenía otro niño.
Me enteré del nacimiento de su segundo hijo cuando éste tenía dos meses. Ella,que si pensaba que sehabíaroto unauña ó sitenía que contarle a alguien con qué recordaba haber soñado,me llamaba sin pararse a pensar que igual yo tenía que hacer...,tenía otro niño y ni me había llamado. Vivía a apenas trescientos metros de mi oficina, que seguía estando en el mismo sitio, con los mismos teléfonos desde siete años atrás (aún así, me "creí" el "no sé, perdí tu teléfono" ¿Qué decirle, que si todos mis teléfonos? ¿Que si no se le habia ocurrido mirar en cualquier periódico local... donde nos anunciábamos a lo bestia como empresa...?).
Nos tomamos un café. Sus hijos eran preciosos. Quedamos en llamarnos (por supuesto, le volví a dar mis teléfonos).
Han pasado casi 7 años. No he vuelto a saber nada más de ella.
¿Por qué? Porque ella no me llamó. Y porque, de pronto, es como si yo viese "la luz". Realmente, quizá me imaginé que éramos muy buenas amigas. Porque, la verdad... es que yo sí estuve siempre a su disposición, de forma incondicional. Pero, de golpe, ví que no había sido mutuo nunca. Yo estaba alli con la cámara para los acontecimientos importantes de su vida (debe tener un montón de fotos hechas por mí. Salvo de su hijo pequeño). Si necesitaba que la cubriese ante su novio porque tenía otra cita, ahí estaba yo. Y si luego se lo terminaba contando a él..., pues ahí estaba yo como la "tonta" que le cubría las historias. Si necesitaba un recogido en el pelo porque no tenía tiempo de pasar por casa, ahí estaba yo, que tenía manos para peinar y de todo en el bolso. Si se iba de viaje y necesitaban un aparato de radio pequeño, no había más que insinuar. Compartíamos el esmalte de uñas, la música... si se aburría un sábado por la tarde, sólo tenía que llamarme...
Mentiría si digo que no me acuerdo de ella ó que no la echo de menos. Pero creo que nunca me arrepentí de la decisión tomada.
Vive a la misma distancia que yo de ella. Y debería saber que, si me necesita para cualquier cosa... sólo tendría que llamarme.
Debe ser que le va muy bien, y no me ha necesitado para nada. Al menos, y de corazón, eso es lo que espero y deseo.








ultreia dijo
Te entiendo muy bien, Bruxana, yo he tenido una amiga igual... De ser uña y carne a un casi "si te he visto no me acuerdo". Algun dia hablaré sobre ella en un post. A veces me da por pensar que podría llamarla... pero los caminos se han separado tanto que, hemos llegado a ese punto. En fin, quizá algun dia la llame, quizá ella me conteste... yo sé que nuestra amistad ha cambiado, aunque ella las veces que nos hemos visto me muestra que no piensa lo mismo
30 Abril 2007 | 08:02 PM