Alexis y el Poeta
La gata Alexis recibió ese nombre porque, al ser el primer bebé gato con el que yo tenía "trato" en mi vida, al no dejarse coger, al no saber cómo iba a reaccionar su madre..., en fin, que le busqué un nombre "neutro".
La primera vez que la ví, era una bolita de pelo negro. Su madre, la bellísima Silvestra, los había tenido a primeros de abril y los tenía escondidos en el sótano del edificio donde yo tenía la oficina. Silvestra, aparte de un bellezón, era un ser extremadamente inteligente. Era una gata callejera, negra, de pelo brillante y ojazos amarillos fosforescentes. Y, además, se cargaba cualquier idea preconcebida sobre el comportamiento felino..., era muy sociable. Y decidió atender por su nombre... a pesar de que simplemente se lo puse para referirme a ella de algún modo. Mi vida con Sylves y sus hijos daría par un blog paralelo.
Alexis perteneció a la primera camada de gatitos que tuvo tras conocerla. Esperábamos un grupito de gatos negros (el único macho que aparecía por allí de vez en cuando también lo era). Una mañana, al rato de abrir, escuché agudos maulliditos. Y al asomarme, ví tres diminutas cabecitas maullando en plan "ánimo, que tú puedes", y una bolita negra pegando saltos, para intentar subir de nuevo al agujero por el que se había caido, y desde donde sus hermanos lo animaban.
Yo, ingénua de mí, decido bajar a coger al mini gatito y meterlo en su guarida. Ya. No contaba con que el mini gatito era un proyecto de loca histérica...
En cuanto me vió entrar al jardín, huyó despavorido... hacia el sitio desde el que yo había salido. Esto es, atravesó el jardín, corrió por la acera, subió la escalera..., a una velocidad endiablada. Y escuché un golpe y un gritito. Y dije: "se ha matado".
Vuelvo a la oficina, pensando en cómo se lo iba a tomar la Silvestra...y ni rastro de bolita negra. Había desaparecido. Registré la oficina totalmente, y allí no había gato negro. Hasta que, al rato, veo una diminuta patita asomando... por debajo de un frigorífico que nunca empleamos, y que estaba en un rincón de lo que empleábamos como trastero. El puñetero gatito se había metido !!dentro del motor del frigorífico!!!. Y yo que tengo que hacer girar el aparato, para intentar sacar de ahí a la bolita..., que en cuanto vé un hueco libre (aún me pregunto cómo entró...) sale escopetada. Y otra vez a buscarlo...
Mi "preocupación" es cómo se lo va a tomar la madre. Porque, llena de tópicos, pienso que igual al ver que su cría ha tenido trato con humanos ya no la quiere, ó que nos va a atacar...
Localizo al baby gato bajo un mueble de lo que fue la antigua cocina..., alargo una mano...y me llena de arañazos. Como corresponde. Pero lo llego a coger (en mi vida había tocado algo así), y lo saco de allí. Obviamente, tengo que dejarlo en el suelo... mientras chilla como un poseso.
Tras recorrerse toda la oficina maullando, termina medio escondido tras un paragüero (mientras yo rezo porque venga cuanto antes la madre). Y desde allí me vigila. Y yo le pongo nombre "Alexis, tu madre se va a enfadar con nosotros cuando te vea aquí, ya verás". Y ella me mira con los ojos de alucinada con el mundo entero... que no perdería nunca.
Ya. Yo no contaba con que Silvestra era... pues eso, Silvestra. Que no sólo no se enfadó cuando vió que su hijo (bueno, hija) se había metido en la oficina, sino que le pareció estupendo. La lamió bien (era de la idea de que "donde esté un gato limpio...!!!", y se pasaba la vida lamiendo gatitos) y se paseó por toda la oficina con su hija detrás. Empeñada en que se dejase acariciar por nosotros (la gatita no lo tenía tan claro... tardamos meses en conseguirlo...)
Alexis fue la única de aquella camada de gatos de diseño que salió negra y con los ojos amarillos, como la madre. Durante meses los gatitos fueron el espectáculo a contemplar por el vecindario. Que decían "uy, qué tres gatitos tan monos". Y yo contestaba "no, hay cuatro. Esos tres... y Alexis, que es una negra histérica que estará por ahí escondida".
Alexis era Alexis... por Alexis Carrington. La de "Dinastía".
Alexis no es que no se dejase coger... es que no se dejaba ni mirar. Huía despavorida maullando a gritos (la discrección nunca fue con ella). Y lloraba. Lloraba con lágrimas y todo. Lloraba por todo. Si ella estaba en la oficina y sus hermanos fuera. Si sólo estaba uno de sus hermanos fuera. Si la que estaba fuera era ella. Nos la ganamos a base de galletas de chocolate y pelotas (terminó siendo adicta a ambas cosas: entre un trozo de chocolate y sus hijos..., primero el chocolate). Le iba arrojando trocitos de galleta de chocolate y, al final, hacía una bola con el envoltorio. Y Alexis enloquecía persiguiendo la pelotita...
Pasó de la desconfianza al extremo contrario. Terminó amamantando gatitos encima de mi falda (gato en los dientes, subía a una silla, desde ahí saltaba mi mesa, se me acomodaba encima, ponía al gatito cómodo... y ronroneando lo daba de mamar. Y si le preguntaba si no había mundo suficiente para esa tarea, que tenía que estar encima mío..., me miraba con sus ojos amarillos y me maullaba en plan "y dónde mejor que aquí, que luego me largo y te dejo a tí el bebé"). A Alexis no hacía falta quitarle los gatitos: si venía alguien, huía..., así que pasó media vida pariendo gatos negros. Que vistas madre y abuela... tenían un éxito tremendo: se los llevaban. Así que la loca de la Álex amamantaba a todo gato pequeño que anduviese por allí (los de otras gatas, también: la sociedad felina es matriarcal y solidaria. Si hay dos ó tres gatas con gatitos, se montan una guardería entre ellas. Es alucinante).
De todos es conocida la afición de Rafael Alberti por los gatos. En Roma, donde vivió años, los hay por centenares.
De todo el que me conoce es sabida mi pasión por los poetas del 27.
A Alexis la mató un conductor que se cruzó a gran velocidad una calle con apenas tráfico, el amanecer del último día de octubre del año 99. Alexis cruzaba por el paso de cebra, siempre (una manía de su madre... que enseñó a sus gatos a cruzar por semáforos y pasos de cebra. Sé que suena increible... pero lo sabía todo el barrio). A Alexis la recogimos al día siguiente, muerta, del paso de cebra. Está enterrada en el jardín, junto al sótano donde su madre los escondió cuando nacieron. Exactamente, en el mismo sitio donde yo la ví el primer día. Ahora ha crecido encima una enorme planta de flores rojas.
No he vuelto a tocar nada con el tacto del pelo de Alexis.
Ese mismo día, Alberti, el último poeta vivo de la generación del 27', volaba también hacia otras dimensiones.

Estoy segura de que se encontraron por el camino. Y estará el pobre Rafael teniendo que hacerse cargo de una bola de pelos negros, que llora por todo, adicta al chocolate, que sólo quiere brazos y caricias, que se te tira encima si ve que hablas con alguien que te importa más que ella, que está convencida de que todo paquete envuelto contiene algo que a ella le va a gustar...
Qué suerte tienen los dos. A ella le recitarán poemas en sesión contínua, y él tendrá compañía para el resto de la eternidad. La compañía con el pelo más suave que dedos humanos hayan tocado nunca...











jose luis fernandez rodriguez dijo
precioso , me encantan los gatos y he tenido ya varios y tendre sin duda y aun con mas ganas e ilusion despues de leerte, gracias.
5 Mayo 2007 | 04:09 PM