La noche en que el mundo se empezó a acabar
La noche del ocho al nueve de junio de dos mil tres soñé que el mundo se terminaba.
Han pasado cuatro años y sé que he olvidado detalles del sueño, pero no su esencia. Porque en el lado real del espejo, ese día el mundo empezó a terminárseme.
El sueño:
Ya digo que he olvidado detalles, pero sé que todo a mi alrededor se estaba desmoronando. Y yo huía. Quizás era una guerra: recuerdo el olor a quemado: fue un sueño con olor. Curiosamente, el mismo olor que nueve meses después recobré en la estación de Atocha... Yo huía, segura de poder salir de todo aquello. Recuerdo una casa grande, quizá un cobertizo, unas caballerizas. Cualquiera hubiese decidido refugiarse allí: fuera, recuerdo los relámpagos en el cielo, un cielo nublado y rojizo, un aire denso y naranja.
Pero yo no me refugié allí: no lo ví seguro.
Recuerdo haber subido una pendiente: la seguridad estaba en los sitios altos. Allí la amenaza, fuese lo que fuese, no llegaría. Una subida difícil, arrastrando el peso de mi cuerpo, multiplicado por mil (es curioso: en sueños es más fácil volar que andar. Cuando en sueños queremos correr, vamos arrastrándonosa ras de suelo, nos pesan terríblemente las piernas, vamos agarrándonos a cosas para avanzar unos metros...Creo que últimamente estoy intentando andar mucho en sueños). Pero al final llego arriba: es un monte verde, de hierba corta. Desde él, se vé, abajo, la niebla, la oscuridad. Creo que en lo alto de este monte salvador estaba conmigo la persona para la que trabajaba por entonces. Hemos llegado a la cima: ya no hay nada que temer...
El cobertizo donde no quise esconderme está ardiendo. Sale humo negro por el tejado de paja y madera, sale humo por las paredes de tablones y adobes. Me alegro por no haberme refugiado allí. Estoy en lo alto de un monte amable, viendo el incendio, viendo los relámpagos de lo que no sé si son rayos ó bombas. He salvado la vida y me he convertido en espectadora de...¿de qué?
Y, en ese momento, lo entiendo todo.
No hay salvación posible. Lo veo claro. Simplemente, se está terminando el mundo y ya no hay más lugares a los que huir. Mi monte es el último sitio al que se puede llegar. No hay nada más arriba. Todo alrededor está ardiendo. Sé y entiendo que no volveré a vivir en mi mundo más ó menos tranquilo. Que no volveré a ver a las personas que componen mi vida y mi entorno. Que el mundo se está terminando en ese mismo momento... y que yo ya no tengo nada más que hacer.
Los ángeles del Apocalipsis han hecho sonar sus trompetas: lo que yo veía, olía y sentía no era sino los rios de lava, fuego y azufre que desde el origen de los tiempos fueron pronosticados como causas de destrucción. Yo había intentado subir a una colina para ver desde allí la destrucción de Babilonia, pero ya era demasiado tarde: el séptimo ángel tocaba la séptima trompeta. El dragón me había visto: no había escapatoria.
En ese momento, sintiendo el calor de las llamas cada vez más cercanas y el olor, ese olor... me desperté de golpe.
Estaba en el mundo real y tranquilo de mi cama, de mi dormitorio. Eran casi las nueve de la mañana de un lunes más de junio. Del verano más caluroso de la Historia reciente: llevábamos pasando calor desde abril. Todo había sido una pesadilla...
...pero...
Pero no.
Aquella pesadilla no había sido como las demás. La mayor parte de las noches no recuerdo los sueños, no me afectan ni influyen. Hoy, por ejemplo, escribiendo esto he entendido que estas últimas noches intento andar en sueños, de ahí la sensación de cansancio..., pero poco más.
Pero esa noche fue diferente. La sensación de "el mundo se está acabando en estos momentos y yo lo estoy viendo...y no voy a sobrevivir" fue conmigo a la oficina. Ese mareo contínuo. Ese... está pasando algo que no soy capaz de controlar, aun pensando que todo está controlado, que todo es tranquilo y casi aburrido, que...
Recibimos por correo, como cada dos semanas, los periódicos locales de tirada quincenal donde nos anunciábamos. Nos los mandaban para que comprobásemos que la publicidad salía conforme a lo contratado, que los anuncios que diseñaba estaban más ó menos como yo quería. La verdad es que no me hacía falta comprobarlos todos... Abrí uno casi por rutina: muchos meses ni los miraba...
Y en ese mismo momento, el mundo, mi mundo, se empezó a terminar.




calalola dijo
la descripción de tu sueño, impecable como siempre, te permite revivirlo como si fuera una escena real, buen post, aunque jopeta con el sueño, que stress xd...
Y para terminar va y da fruto... eso será coincidencia o lo casualidad, pero la verdad es que cuando un sueño actúa como premonición, da repelús...
Un beso guapa
9 Junio 2007 | 08:49 AM