"Mi norte, mi guía, mi perdición. Mi acierto, mi suerte y mi equivocación..."
Él es la enfermedad y es el único remedio que la puede curar. Es un veneno, pero también es el antídoto.
Sé que el tema es así, tal cual. Ése es el problema y ésa la razón por la que sé que tengo que saber, que estar segura, de que no hay absolutamente nada entre nosotros. Y sé que saber eso pasa por hablar con él.
No es amor. Creo que nunca estuve enamorada de él. ¿Él de mí...? No. Básicamente, porque dudo que él sea capaz de querer algo más que a sí mismo. A veces me pregunté incluso si querría de veras a sus hijas... Con su mujer estoy segura de que le unía una mezcla de comodidad, de ésa de saber que su ropa estaría limpia y planchada y la comida en el plato, fuese la hora que fuera a la que llegase, y de los lazos que teje la fuerza de la costumbre. No creo que en ningún momento llegase a estar enamorado de ella..., y si seguían juntos es porque ella siempre lo estuvo de él. Sé que ella estaba dispuesta a seguir cerrando los ojos para no ver que no era la única, que nunca lo fue. Que seguiría sin hacer preguntas. Y que seguiría aguantando..., no sé, creo que nadie se merece aguantar tanto y tantas cosas a otra persona, pero quién soy yo para poder juzgarla... si mi problema era el mismo y con el mismo individuo.
Sé que si nos volvemos a ver, por muy enamorada que yo pudiera estar de otra persona, por muy sensata y estable que fuese mi situación personal... el problema existiría. El "riesgo" existiría. ¿Por qué lo sé? Porque ya pasé por ello. Porque volví a verle cuando "ya no había nada", cuando "ya había pasado tiempo, y cosas, suficientes"... y bastó una sonrisa, una caricia descuidada, un "¿no me vas a dar un beso?", así, como de pasada... para que todo volviera a empezar. Ó para que todo continuase, a pesar de lo pasado y de lo sufrido, y a pesar de que yo no había olvidado nada.
¿Qué nos unía? No lo sé. En algunas cosas somos tan diferentes...En lo básico, en lo "social", tenemos tan pocas cosas en común... Pero luego... tenemos también otras tantas en las que somos idénticos. Cosas de las que no hablamos, por cierto, pero que están ahí. Aficiones comunes que nunca practicaríamos juntos. La capacidad de entendernos con una mirada. Quizá por eso me rehuía tanto, cada vez más, la mirada...
No sabía que a mi me bastaba con tenerle cerca para saber no qué pensaba, sino qué sentía...
Para él, yo fuí la gran sorpresa que le guardaba la vida. Alguien que le hacía frente, a quien le gustaba jugar aún más que a él mismo. Alguien que se iba totalmente del tipo de mujer con quien estaba acostumbrado a tratar: chicas para quien él era poco menos que dios... Yo no era así: yo era independiente, yo leía, yo era capaz de hablar con cualquiera y de cualquier cosa. De mí se hablaba en nuestro común entorno laboral. La "niña de moda". Y yo era, además, poco menos que innaccesible. Y su amigo Pedro (mi amigo y ex jefe) me tenía en tanta estima, tanta y tan llena de secretos y silencios, tan incomprensible...
Me convertí en una pieza a cazar. Y cuando me quise dar cuenta...
En fin, qué más da ahora.
Él es egoista, profundamente egoísta. Te enreda en su tela de araña a base de empezar siendo un encantador de serpientes... que deriva en víctima del mundo entero cuando vé que por ahí puede llegar a conseguir lo que quiere. Todo el mundo es malo con él. Su familia, en general, no le entienden. Sus empleados no trabajan lo suficiente. Él siempre está dispuesto para echar una mano a todo el mundo..., y luego, "ni agradecido, ni pagado". Y le crees, porqué no vas a creerle. Con reservas, sobre todo cuando vas conociendo a personas de su entorno... y ves que lo que él te dice no se ajusta exactamente a la realidad que estás viendo...
Y cuando ya has aceptado que es mejor no decir nada que pueda molestarle, que es mejor no preguntar dónde va ó de dónde viene, que si le da por dar patadas a los rodapies ó puñetazos a los marcos de las puertas, es mejor ni mirarle..., ya es demasiado tarde.
Y cuando te mira y te sonríe, después de días, de semanas, de indiferencia, de gritos sin que venga a cuento..., eres capaz de cualquier cosa con tal de que todo siga siendo así, con tal de que la persona que conociste vuelva...
Y esos favores de los que presumía "hacer a los demás"... terminan siendo encargos a los que no puedes decir que no vas a hacerlos, porque no es tu obligación, y sabes que luego dirá que lo hizo él. Y sabes que para los demás, los "nuevos demás", tú has pasado a ser parte de ese mundo que está contra él, que no le ayuda, que conspira en su contra... Pero ya te da igual. Sólo quieres que vuelva. Porque le conociste de otro modo, y quieres que vuelva esa persona que conociste, y que era tan encantadora, y que te hacía reir y te seguía el juego, y que te trataba tan bien, y que te prometía tantas cosas... Y deduces que quizá tenga razón, que igual no eres lo bastante buena y lo bastante capaz, y te esfuerzas más, y hablas menos, y casi desapareces...
Y un día decides desaparecer de su lado. Porque a esas alturas ya has entendido que lo que más te importa es que él esté bien y sea feliz. Y para que él sea feliz, estás de más... y porque has llegado a intuir que igual un día decide hacerte desaparecer por metodos no precisamente verbales... y sabes que no opondrás resistencia. Entonces te vas. Lejos y para siempre...
Y un día hay un intercambio cordial de llamadas. Y una propuesta de encuentro, que se postpone y se postpone hasta que un día te lo encuentras esperándote en la puerta de casa. Y su mirada vuelve a ser la que conociste hace años. Y descubres que basta que te toque para ponerte a temblar por dentro...y que has estado esperándole todo ese tiempo que decidiste no estar con él. Y, lo que es peor, que a él le pasa lo mismo. Que no te lo va a decir de ese modo, pero que le ha pasado exactamente lo mismo.
No sé, es largo de contar. Y creo que no es eso lo que hoy quería escribir.
Y esta mañana he estado a unos minutos de hablar por fin con él. A los minutos que he llamado desde que salió de su oficina. A los minutos en que he quedado en volver a llamar y no lo he hecho. En casa de mis padres se están recibiendo, otra vez, llamadas en las que nadie habla. En mi teléfono se recibe alguna que coincide con el horario en que yo debería estar en casa si siguiese con el horario que he tenido siempre. No sé..., quizá sea casual..., quizá sea esa conexión que, aunque desearía que no existiera, siempre estuvo ahí...
"M" es mi enfermedad y es la única cura que conozco para ella. Es un veneno para mi vida, pero sé que es el antídoto.
No podemos estar ni juntos ni separados, es algo que los dos sabemos casi desde siempre. A pequeñas dosis, sólo así funciona esto que no sé lo que es. Él intentaba "curarse" de mí rechazando la necesidad de mí que tenía, y para rechazar lo que sentía me trataba fatal..., pero al final siempre "recaía". A mí me bastaba que él volviera para olvidar todo por un rato. Para olvidarle a él mismo por un rato..., porque luego todo volvía a estar igual de mal, y yo al final ya lo sabía...
Por cierto, "M" se llama Miguel. Seguiré refiriéndome a él como "M" pero tiene nombre.





isabel61 dijo
Brux, a ver. Ya estamos en las mismas de tres post más abajo. Este es un tema recurrente, malo, dañino y que tienes que finiquitar porque te sube la tensión (fijo), te aumenta la alergia (sobre todo el lagrimal) y te evita pensar en otras cosas más constructivas.
Lo pasado, pasado está y tienes miles de años por delante ¿qué no? , espera que se dispare la ingeniería genética aquí, vamos a vivir más que los vampiros y tú eres uno.
Así que nada de "M", vamos a dar un salto en el abecedario y nos vamos en busca de una "N" o una "J" qué más da. Que el barrio está lleno de gente maravillosa y no digamos si salimos de él y nos vamos al centro a otra comunidad o a otro país.
¿Cómo se puede vivir pendiente de un teléfono fijo o de un móvil sin respuesta ni pregunta?. Basarse en sospechas infundadas, basadas en son las tres y está tomando café o son las nueve y lleva a sus hijas a clases de tenis. Eso se llama "sin vivir" o vivir la vida de otra persona.
Siéntate y piensa o echate en la cama , pero sigue pensando ¿en qué te compensa semejante historia?¿qué me aporta?¿qué busco?¿qué espero?. Como la mayoría , van a ser respuestas negativas, cierra el libro y empieza otro.
Besos guapa.
17 Junio 2007 | 12:51 AM