Encuentros y desencuentros familiares
En circunstancias normales, hoy debería haber tenido lo que se llama "comida familiar": es el cumpleaños de mi padre.
He de reconocer que en mi familia no somos muy "familieros", me explico: no tenemos absolutamente nada que ver con las familia/tipo de las teleseries: ni nos llamamos mutuamente "hermanito/hermanita", ni nos contamos nuestras neuras (no digamos ya nuestros líos amorosos: de cara a mi familia, servidora no ha tenido jamás novio ni similares), ni sé qué es eso de tener una "paga" de cría ó que me comprasen nada que no fuese estrictamente imprescindible. Pero el afecto familiar no tiene absolutamente nada que ver con esas cosas, servidora es generosa por naturaleza (no solo con la familia "de sangre") y hay algo que sí hemos celebrado siempre: los cumpleaños/santos en familia (con una excepcion: mi cumpleaños, pero es que coincide con una fiesta de esas que ya suponen todo el día dulces y comilonas. El problema es que tampoco he pasado nunca ese día con amigos ni similares, porque no "es fecha").
A lo que iba. En los cumpleaños familiares, la verdad es que nos reunimos todos. La familia directa; cuando éramos pequeños, algún pariente más; cuando mi hermano se echó novia, desde el comienzo se le invitó a venir (tardó algo más de un año en hacerlo... lástima no se lo siguiera pensando). En cumpleaños y santos, como digo. Normalmente, se celebraba con comida en casa, terminando con pasteles y cava. Luego, según fuimos trabajando, empezamos a salir a comer fuera, ya fuese un "chino", ya un restaurante de más categoría...
Contarlo todo daría para un post demasiado largo. Lo cierto es que llegó un momento en que "quedar para comer" se convertía en un suplicio y convertía en pesadilla los días siguientes. ¿Razones? La imbécil que se terminó casando con mi hermano. Cuando no era presentarse una hora tarde (y que en ese intervalo la paella estuviese incomible, la pasta se hubiese pasado, hubiera que recalentar lo que fuese), era llegar de morros (a veces fueron las dos cosas). Empezóa ser habitual el pataleo en la mesa, el levantar la voz. Tuve que ponerme firme y decir que "con la comida no se jugaba, y punto", harta de verla en plan "te doy la patata, te quito la lechuga, jiji, jaja" con mi hermano (lo siento, que lo hagan en su casa. Ó que lo haga con sus supuestos padres, que mi hermano tampoco ha jugado nunca con la comida). Hacerse los sordos ante "uy, no, qué asco, comer aceitunas". "Uy, gulas, a mí eso no, que parecen gusanos". Cuando era previsible que esa idiota viniera a comer, éramos tan tontos que amoldábamos el menú a sus supuestos gustos (al principio, creímos que era un tema de alergias. Con el tiempo, entendimos que se trataba de simple y llana estupidez cronificada por los años y la mala educación). Pescado no se podía poner, de ningún tipo (mi hermano lleva casi 7 años sin comer absolutamente nada de pescado. Bueno, miento: alguna vez le hemos llamado, casi en secreto, para que probase unas sardinas. Y yo sigo comprando salmón ahumado en navidad... aun a sabiendas de que a ella le repugna verlo). Es tan, tan imbécil... que un año (ya no colaba lo de la alergia) preparamos atún en salsa... y aún está preguntándose qué tipo de carne era aquella...
Aguante más que nadie y más que nunca. Toque fondo el día de mi cumpleaños del año 2002 (el relato queda pendiente para otro post), en mi casa. Los tres primeros meses del 2003 fueron una tontería tras otra, un desplante tras el anterior. Según ella, cumple los años el día de San Jordi (no sabemos ni si es cierto, ni cuántos son). Desde que mi hermano empezó a salir con ella, siempre, siempre, nos esforzamos por buscar regalos que le gustasen y le sorprendieran: una de las contadas veces que yo pedí permiso para llegar algo más tarde al trabajo fue un 23 de abril, para poder comprar una bola de cristal musical, de las que "nieva" si se agitan... porque me había dado a entender que le encantaban y que siempre quiso tener una (ahora son más fáciles de conseguir: hablo de hace unos 10 años). Le hemos regalado perfumes (ella, que se compra las colonias en el "chollo-chino", que un día nos comentó, como quien cuenta algo increible, que "su primo le había dado unas muestras de esas en sobrecito de un perfume carísimo..."; y yo aluciné: en el mueble del baño de mi oficina languidecía un frasco de "Nº 5", edición limitada; lo más corriente que uso es "Eau de Rochas"; a su novio, luego marido, le comprábamos perfumes de "Adolfo Dominguez" y "Loewe"..., en fin. Menos mal que la hija del empresario era ella, que su pareja y servidora somos hijos de un obrero de la construcciòn y una ama de casa tradicional. Bueno, debe ser que como trabajamos desde que tenemos uso de razón y ella no ha dado un palo al agua en su puñetera vida, pues...). Le hemos regalado joyas, complementos, discos. Cámaras de fotos, objetos de artesanía únicos. Nos ha faltado tiempo para felicitarla..., qué tiempo más mal empleado, dioses.
El plan familiar, para el San Jordi del 2003, era no estar en Madrid: estábamos en plena reforma/mudanza de una segunda residencia en La Mancha, y era la excusa perfecta. Por mi parte, simplemente dije que "al cumpleaños de esa tipa, ese año, iba a ir su p... madre, fuese quien fuera esa desafortunada señora". Así que cuando me llamó para decirme dónde lo iba a "celebrar" (un chino: pagaba mi hermano y le dió a elegir sitio), decliné la invitación: tenía unos asuntos inaplazables...
Supuestamente, ni mis padres ni mi otro hermano iban a ir tampoco.
Eso fue un sábado. El domingo, fuí a comer a casa de mis padres. Ambiente raro, caras largas. A media tarde, por fin, me enteré del porqué: fueron todos. Y, por supuesto, hubo lloriqueos, pataletas... y la noche culminó con mi hermano, a las 3 de la mañana, hablando en un tono... digamos más alto de lo normal, en casa de mis padres. La primera vez que hizo algo así. Y la última, claro.
No quise enterarme de qué fue el asunto aquel día (me consta que mi ausencia fue una de las razones).Eso sí: dije y dejé muy, muy clarita una cosa: al cumpleaños de esa hija de padres desconocidos, por decisión familiar, no íbamos a ir ninguno, y por eso yo no fuí. Por simple solidaridad y harta de los desplantes de la fulana en cuestión a mi familia. Al final, fueron todos en amor y compañía... y la mala de la película terminé siendo yo, claro. Así que lo dije de forma clara y concisa: nunca más celebraría nada que tuviese que ver conmigo... y en lo que existiera la menor posibilidad de que esa individua apareciera por allí. Nada de nada. Y nada era... nada.
En definitiva: el matrimonio no entra en mis planes. Pero si me casara, tendría que ser en el más riguroso de los secretos: mi familia no iba a estar invitada.
Al final, como en casi todo, el tiempo ha terminado dándome la razón. Cuatro años después, en mi familia no se celebra nada. E intentamos no asistir a cumpleaños que tengan nada que ver con esa supuesta sobrina de ex-concejal fascista (el partido no lo era; él, sí). Más que nada, por un tema sanitario. De salud mental.
Así que hoy es el cumpleaños de mi padre (que desde el año 2003 hasta ahora se ha tenido que jubilar anticipadamente, ha superado un cáncer inesperado por el que los médicos no daban ni un 20% de esperanza de curación; es abuelo de un niño que es cualquier cosa menos un crío normal...), y aquí estoy yo, redactando un post que quién sabe si leerá alguien, en vez de estar comiendo pescado, tomando albariño (es que me gusta mucho y lo suelo llevar) y terminando con una buena bandeja de pasteles, que le encanta el dulce...
Me tendré que conformar. Y, antes de irme a pasar calor a un mega polígono comercial, a ver qué le compró, pues una canción:
Él es más de copla, pero se entre que en GoEar las cosas siguen sin funcionar (y por eso no puedo poner música propia y copiar luego aquí) y que tampoco es un género muy habitual en este tipo de portales... nos conformaremos con esto (y disfrutaremos de esta gran voz).












mamporrero dijo
Joer, bruxana, no sé si reirme o llorar con ése relato hiperrealista de "mi cuñada y yo" que, por otra parte, es muy común en todas las familias, en las mejores familias...Nos pasamos la vida haciendo concesiones a los más egoistas, a los más impertinentes, para al final, por salud mental, hacer, eso, borrarse de los actos en los que esté la cuñada/o asisino/a...¡¡Que los aguante su madre¡¡..Hay un millón de maneras mejores de ejercitar la paciencia y las relaciones públicas...Y no hacen falta excusas, la transparencia es lo mejor: "No voy a ese cumpleaños porque no quiero coincidir con ese tipo/a, y me importa una mierda que sea la pareja de mi hermano/a"..Cuesta decidirse pero , luego, te lo digo por experiencia, todo el mundo gana en tranquilidad al estar las cosas muy claritas..
Un beso. No sé si era tu intención, pero me has hecho reir de verdad...
14 Julio 2007 | 08:56 PM