Hasta la empatía tiene un límite
Yo lo intento, de verdad, lo intento a diario y me esfuerzo mucho. Lo prometo. Cada día, me armo de valor y digo "venga, que seguro que esta vez no es así"...
Si alguna "virtud" tengo, es que soy empática. Creo que de nacimiento. Soy capaz de ponerme en el lugar del otro, siempre. Estoy segura de que me viene alguien a contar que ha descubierto el canibalismo y le digo que vale..., y antes de pararme en consideraciones morales, penales (que para eso ya habrá tiempo), me intereso por qué sabor tiene la carne humana ó qué técnicas emplea para conseguirla (cazar, visitar cementerios...). Y cómo se le ocurrió entrar en tan complejo ambiente gastronómico. Más que nada, para tener claro si el caníbal me es ó no peligroso..., e, incluso, por si hay algo que aprender de la situación. Luego, como digo, ya tendremos tiempo de poner el asunto en manos de la policía, la ciencia ó el psiquiátrico... Pero, antes: empatía. Ponerse en el lugar del otro para comprender sus motivaciones.
Bien. Pues a pesar de eso..., dioses, qué trabajo me cuesta todos los días el puñetero cursito de Financiación de Empresas.
Que no es por el curso, vamos a ver: que no deja de ser un curso de contabilidad. Ni por el hecho de incluir el programa Contaplusen su faceta "práctica" (es que los programas del Grupo SP y servidora... tenemos desencuentros. Menos mal que tengo sobradas pruebas y confesiones ajenas que me indican que no se trata de un tema sólo mío con estos programas, que es real que fallan mucho). Ni por el profesor: bastante tiene el pobre con lo que tiene (tener que dar cursos a desempleados que muchas veces no saben bien qué hacen allí). Ni porque el vecino del piso de arriba haya decidido aprovechar el mes con más horas de luz natural del año para tirar el piso abajo (martillo pilón y taladro industrial en mano: vibra hasta la calle). Es... es por todo. Por todo y más.
Ya he contado otras veces que no es el primer curso de este tipo que hago: es el quinto. Que me he encontrado de todo (todo es todo. Bueno, eso creía yo). Pero, esto...
Es imposible que hayan juntado tal acumulación de despropósitos todos juntos. Y tal grupo de frikis (vamos, que la más normal estoy viendo que voy a ser yo, que soy de letras puras y me muevo entre números y tengo varias personalidades y ejerzo de ex-vampiresa...).
Hay detalles tan, tan alucinantes... que, lo juro, me cuesta creerlos...
Esta mañana me acordaba de mi último profesor (el que me dió el curso de Contabilidad el año pasado). Y no es ya que me acordase de él como profesor (que también, vamos, pero eso casi todos los días). Me acordaba de una conversación, de las muchas al margen del curso que mantuvimos, sobre el tipo de alumnado que se puede llegar a juntar en este tipo de cursos. La gente que viene a "hacer terapia". A quienes el médico de turno les dice "tiene que salir , que relacionarse con otras personas...,apúntese usted a hacer alguno de esos cursos que dan gratis para la gente que está en paro". Y se lo toman al pie de la letra. Y se apuntan: en vez de estar en casa vegetando frente a la tele, viendo al Arguiñano hacer croquetas con las sobras de la receta del día anterior, ó espiando a las vecinas por la mirilla, ó cualquier otra actividad inocua... pues se apuntan a cualquier curso. Mejor dicho, van a su oficina del INEM y preguntan qué cursos está proyectado que empiecen. Y de los que les dicen, eligen el más corto, claro. Y, de pronto, uno se encuentra con auténticos casos clínicos... en lo que, aparentemente, iba a ser un curso sobre diseño web ó sobre contabilidad financiera... (pongo estos dos ejemplos porque en los dos casos eran cursos cortos, 150 horas,y en los dos me he encontrado... pues, eso, frikis de museo de los horrores).
Y a los que realmente nos hubiese interesado hacer el curso..., pues a alucinar en colores ante ciertas cosas.
Cuando hablé este tema con mi ex-profe de contabilidad (llevaba como 30 años dando clase, desde el 85 en cursos para desempleados, había pasado por todo) y vió que le entendía... me dirigió tal mirada de agradecimiento, de reconocimiento... Empatía: yo sí era capaz de ponerme en su lugar, de entender lo que debe ser intentar dedicarse a la enseñanza... y que por alumnado se tengan una docena de adultos de diferentes edades, diferentes trayectorias profesionales... y entre ellos, cuatro ó cinco psicóticos que no sólo no están interesados en la materia, sino que van a cargarse las clases con la tranquilidad de "estos cursos son gratis, bah, qué más da lo que haga. Además, el médico me ha dicho que es bueno para lo mío".
Y cruzar los dedos para que no se formen un par de grupitos de pirados y terminen enfrentados entre ellos... que casos me han contado...
Juro que cada mañana me esfuerzo. Me esfuerzo para levantarme a las 8, tomarme el café con una pastilla de l.carnitina. Darme un poquito de rimel en las pestañas (para no restregarme los ojos, básicamente. Los fluorescentes y una academia rodeada de parques, con mi alergia, es lo que tienen). Echarme mi "Anaïs" versión veraniega, para no notar que la gente no se lava (en el autobús). Cargar con la carpeta que pesa como un muerto bien alimentado, con el bolso donde llevo tremenda calculadora y los bolis en un estuche metálico (simple masoquismo). Me esfuerzo. Digo que ese día todo me va a resbalar. Que oiga las barbaridades que oiga..., yo, tan fresca. Y aguanto. Aguanto las cinco horas sin gritar, sin preguntar dónde está la cámara oculta, sin decir que "hasta aquí hemos llegado, señores, y yo me voy al INEM a que me expliquen qué criterios de selección se han hecho aquí para seleccionar al alumnado".
Aguanto desde el día 20 del mes pasado, porque el curso, total, es corto. Porque el día 31 se termina, y punto, y ya está...
...pero, siendo el más corto de todos los que he hecho, siendo algo que incluso me gusta... qué largo se me está haciendo.
Qué dos semanas más eternas me esperan...







Agar dijo
por lo que veo creo que prefieres al caníbal...
ánimo que te queda poco!!
saludos
16 Julio 2007 | 11:24 PM