Han pasado cuatro años
Había decidido pasar el día sin pensar en ello. Ó, al menos, sin mencionarlo. Pero he visto que no iba a poder ser...
Hace cuatro años que ví a "M" por última vez. Lo último que me dijo es que nos veríamos enseguida. Que tenía que volver a Madrid a mediados de agosto, a primeros de septiembre para arreglar no sé qué de los estudios de su hija pequeña...
Yo ya sabía que no iba a volver a verle. Lo supe el nueve de junio. Lo reafirmé dos días después, cuando vino a verme, cuando le tuve a mi lado casi una hora, dándome una explicación a su marcha, una explicación que ya no me importaba porque no iba a solucionar nada. Además, en aquellos momentos yo por lo único que quería verle es para comprobar que estaba vivo y que estaba bien. Lo demás, referente a él, me era indiferente. Ni siquiera le besé cuando llegó, y llevaba ocho meses sin verle... No sé, la verdad es que ese mediodía de miércoles estaba bajo los efectos de dos tilas y un lexatín, llevaba dos días llorando y creo que me mantenía en pie el piloto automático que a veces me ha mantenido con vida a pesar de que todo me fuese mal...
Se lo dije el 24 de julio, cuando me dijo que quizá no podría quedar conmigo la semana siguiente, para despedirse antes de irse definitivamente (ya con el local alquilado, que no vendido como era su intención). Que su mujer iba a venirse con él, y, claro, era mejor que ni hablásemos... Le devolví la llamada desde casa, cuando ya estuve sola. Le pedí que no me hiciese eso, que necesitaba verle, siquiera dos minutos. No lo entendió: en el fondo, nunca entendió nada.
Le dije que necesitaba verle porque sabía, estaba segura, de que no nos íbamos a volver a ver más.
Y me montó una de sus escenas, claro. Que cómo se me ocurría decir eso. Qué cómo podía pensar que no íbamos a vernos más, con la "amistad" tan importante que habíamos tenido...
Da igual. Me hubiese gustado tanto equivocarme con él, no conocerle tan bien. No conocerle incluso mejor de lo que creía conocerse a sí mismo...
A veces, la vida conspira contra nosotros.
Me llamó el lunes, para ver si podíamos comer juntos. Habían ingresado a mi padre y no pude hablar a solas con él hasta la tarde: por descontado, no podíamos quedar ese día.
Me volvió a llamar, con la excusa de preguntar por mi padre, y para ver si era posible "pasar a desayunar" por mi casa al día siguiente: tampoco era posible, yo tenía un ileludible compromiso profesional a esas horas. Y a mediodía volvía al hospital, claro.
Por simple cortesía, me llamó de nuevo, a media tarde. Más que nada, para decirme que su mujer llegaba al día siguiente.... y que ya no sería posible quedar. Y yo le contesté que a ver si podía arreglarlo de algún modo...
Sí. Me inventé una excusa (sobran dedos de la mano para contar las ocasiones que yo he hecho algo así) y me fuí. A verle. Porque necesitaba despedirme de él.
No lo alargaré. Perdí más de una hora para llegar a su oficina. Le pillé casi yéndose. Se ofreció a traerme a casa "ya que has venido hasta aquí, me sabe mal que te vayas en tren".
Solía tener tan pocos detalles... que cosas tan básicas me parecían de una importancia suprema.
Perdí más tiempo hablándole de trivialidades. Frente a mi portal, le dije si quería subir. Declinó la invitación: tenía que ir a casa porque su mujer le iba a llamar (excusa tonta en la era de los móviles). Le dije que, si quería, se pasase el día siguiente a tomar café... No, tampoco podría ser, claro...
Fue entonces cuando repitió que nos veriamos a finales de agosto, a lo más tardar. Que él me llamaba...
No le he vuelto a ver.
Aquel día, aun sabiendo que era la última vez, quise creerle. Me agarré a aquello: tenía que despedirme de él, en condiciones.
La noche del nueve al diez de junio le escribí una larga carta. Quizá diciéndole todo lo que no me dejó, y no le dejé, y no me atreví, y no nos dió tiempo, a decirle en todos aquellos años. Aquel veintinueve de julio de dos mil tres no la llevaba encima. Se la daría la siguiente vez que nos viéramos, y, esa sí, sería la última.
Tengo la carta guardada en lugar seguro.
No es una carta de amor: no sé si llegué a estar enamorada de él. Sí sé que por entonces ya no lo estaba (le quería como algo inevitable, pero no era amor: no quería pasar a su lado el resto de mi vida, ni que fuese el padre de mis hijos, ni nada similar), y que menos aún lo estoy ahora. Es..., no sé, nunca fue una relación normal. Supongo que ni él ni yo lo somos. Quizás era eso lo que nos atraía.
Esa tarde, quise creer que, por una vez, no me estaba mintiendo. Y quizá por eso, aún sabiendo que nunca le volveré a ver, sigo esperándole.









Oli dijo
Me ha emocionado mucho lo que has escrito, es muy triste lo que cuentas, que no te hayas podido despedir en condiciones, pero ahora ya esta, hasn pasado cuatro años, y "palante", sin mirar atras, sin recordar aquel 29 de Julio, está bien que lo guardes en tu memoria como un dia especial, pero sin mas, sin pensar en lo que pudiste decir y no dijiste, ni nada de eso.
Mucho animo, que tu eres mas fuerte que ese recuerdo,
MUCHOS BESOS!!!
29 Julio 2007 | 01:31