"Muñequita rusa": un trozo de texto
Anteayer, revolviendo papeles buscando otra cosa (que no encontré: abandoné la búsqueda), dí con parte de una de mis "novelas": "Muñequita rusa".
Digo "con parte" porque, com mínimo, falta el primer capítulo. Quizá los dos primeros.
Siguiendo el post que publiqué hace unos días (mi duda en si volver a escribir ó no), copio aquí un trozo. Elegido al azar. Sin cambiar un verbo, una coma, una expresión. Lo escribí con 17 años:
"Se miró en el espejo y se sonrió. Había dudado absurdamente de sí misma. En aquel paréntesis sin él, en que llegó a pensar que ese modo de jugárselo todo a una carta le había hecho perder, habían pasado demasiadas cosas. Muchas más, seguro, de las que ella pudiese sospechar. Pero, en definitiva, a su favor. Había vencido una nueva batalla; entraba en una fase distinta. Quizás, en la fase final.
Estaba sin arreglar, y no tenía demasiado tiempo. Y, hoy, necesitaba estar deslumbrante para Darío. Más y más que nunca. Abrió el armario, todos los cajones, todo. La mini de pana negra. La blusa blanca de seda. El jersey azul esponjoso, que hacía frío. Medias de malla. Y su conjunto de braguitas y sostén nuevo, que le encantaba, en satén color salmón clarito. Lo primero que tenia que hacer era ducharse. Una ducha rápida. Preferiría un baño de espuma, con sales perfumadas y esas cosas, pero no había tiempo….
Recogió su ropa, su colonia favorita, desodorante, talco suave… y se encerró en el baño. Contrarreloj. Afortunadamente, tenía las uñas perfectamente arregladas y las piernas depiladas hace dos días. Se instaló bajo la ducha, dejando que el agua tibia acariciase su cuerpo desnudo. Se quedaría así mucho tiempo… pero se enjabonó con el gel rápidamente y se lavó el pelo. Se envolvió en una toalla grande, secándose mientras se peinaba. Ya le había crecido un poco el pelo: a principios de año se lo volvería a cortar: empezaban a írsele los rizos. Se puso un poquito de gomina que le daba un aspecto húmedo muy atractivo. Se perfumó estratégicamente todo el cuerpo y comenzó a vestirse. Hoy, todo en ella tenía que ser agradable a la vista, suave al tacto, seductor al olfato. Las medias le hacían finas las piernas, y la falda negra, a un palmo de las rodillas, se las hacían más esbeltas. La seda blanca le producía una grata sensación de fresco calor, y el jersey era muy suave. Ya estaba vestida.
Se maquilló con la rapidez que le daba la práctica. Ojos delineados y rimel negro en las larguísimas pestañas. Sombra entre siena y dorado, con un sutil toque de azul que entonase con el jersey e iluminase su mirada. Lápiz fucsia, con reflejos irisados, en los labios. Una ligera sombra de colorete rosado en los pómulos… y ya estaba. Se ahuecó un poquito el pelo con los dedos, se peinó las cejas y las pestañas, y añadió un toque de rimel azul en la punta de éstas. Estaba guapa. Lo admitía.
Eligió unos pendientes de aro, dorados; el cinturón, ancho y negro sobre el jersey que caía sobre sus caderas y unos zapatos de tacón que potenciaban su imagen de mujer fatal que le daban ya las medias y la mini. Miró el reloj: aún le quedaban cinco minutos. Se entretuvo poniéndose un par de pulseras doradas, extendiendo un poco de perfume más sobre su cuello, poniéndose una fina cadena de oro que se perdiese en su escote… Se puso el largo abrigo negro, que no abrochó, sino que cruzó y ató someramente con el propio cinturón, y cogió el bolso. Las seis y media. Era ya, casi, de noche.
Bajó, con tranquilidad. Estaba segura de que Darío ya estaría esperándola. O que, sino, estaría a punto de llegar. Miró desde el portal, sin ver su coche, y salió. Dio tres, cuatro pasos por la acera y vio como los hombres, como siempre, se volvían a mirarla y susurraban palabras a la que no atendía. Una mano se posó en su hombro y se volvió, extrañada, casi sorprendida:
-¿Eh…?
-Nora…
Se miraron, sin hablar, cinco, seis eternos segundos. Por fin, ella sonrió.
-Hola, Darío.
-Hola. ¿Cómo…, cómo estás?
-Bien. ¿Y tú?
-También. Pero… tengo aquí el coche…
Sin rozarse. Ella le acompañó, montó en el coche, junto a él. Darío, siempre un poco despeinado, cazadora negra, moderno jersey gris, vaqueros, ojos verdes, enfiló la carretera.
Ella mantuvo el silencio (….)
En realidad, mi idea era copiar el final... cualquiera de los dos finales. Pero eran textos largos e igual demasiado densos... para un mes de agosto.







lluna dijo
Continua, continua,...Bruxana. Me encanta, me he sentido reflejada a la hora de arreglarme a esa edad todavía descerebrada y ahora, cuando tengo que acudir alguna cena, sobre todo cuando es de noche y hay desconocidos, el ritual más o menos es el mismo que tú describes; las cejas , las pestañas, los polvos talco, la colonia repartida estratégicamente...
Me gusta, y sinceramente y ya te lo dije, creo que si te tomaras lo de escribir más en serio y con ambición, podrias llegar lejos..
Esa es mi franca opinión, creeme.
Al igual que yo seguro que los demás votarán para que sigas.
Besos escritora!!! Qué eso de escribir, hoy en día cualquiera sabe, pero talento, muy pocos, y tú lo tienes.
10 Agosto 2007 | 10:54 PM