Mis dos terremotos del fin de semana
En fin... Lacoctelera está en "uno de esos días". De ésos en que no me deja ni leer los comentarios que me han dejado, ni entrar en blog's amigos (selectivamente), ni estar segura de si los comentarios que sí he podido hacer en los blog's donde sí me ha dejado entrar se han publicado satisfactoriamente...
Así que éste es casi un post "de prueba".
Ayer por la mañana "tocó terremoto".
No es el primero que noto. La verdad es que todos los "pequeñitos" de los últimos años los he percibido con absoluta claridad (el lado felino de mi personalidad, el mismo al que le dan calambre las tormentas) y he desconfiado de esa percepción hasta no oir en la radio que el temblor había existido realmente.
El de ayer fue más claro y más fuerte. La verdad es que a esas horas estaba aún en la cama, y, seguramente, dormida de verdad. La noche anterior apagué la luz a más de las tres, totalmente embebida en un libro magnífico que ha sido mi otro terremoto del fin de semana. Uno que, de ser medible, alcanzaría una escala considerablemente superior... A lo que iba. Estaba en la cama. Mi cama es de hierro forjado: piecero, cabecero, largueros que unen las dos piezas. Somier, colchón alto y yo misma. Vamos, que pesar... pesa lo suyo. Por otra parte, no es raro que los cristales de las ventanas, las vitrinas, incluso a veces el suelo, vibren (creo que por eso cada vez más baldosas del terrazo se mueven): la casa da a una avenida con mucho tráfico, parte de la circunvalación por la que sí pueden pasar camiones de gran tonelaje, los autobuses que van/vuelven a cocheras, los bomberos vayan donde vayan...: estoy acostumbrada al ruido, es muy frecuente. Y por si todo esto fuese poco, ya venía acostubrada "de casa": la vivienda donde me he criado y he vivido siempre está en una de las avenidas más ruidosas, más concurridas a todos los niveles y una de las pocas conocidas en toda España por su nombre. Y durante más de medio año duermo con la ventana abierta. Y hay más: el aeródromo. Vivir durante años en un piso en el punto más alto de un municipio que está en alto y que limita (incluso tiene parte en su término municipal) con un aeródromo... inmuniza bastante al ruido. En mi caso, funciona en ambos sentidos: hace que el ruido cotidiano no me desvele... pero también hace que escuche todo tipo de ruidos. Reconozco los diferentes buses por el sonido, y oigo los convoyes del metro cuando aún están dos estaciones más allá de la mía..., entre otras rarezas...
Todo esto es para decir que si el terremoto hizo ruido, no fue lo que me despertó. Creo. Me despertó el movimiento de la cama (ni dos forzudos con ganas de juerga habían podido moverla así). Abrí los ojos... y la lámpara se había vuelto loca. Es de bronce, con largos flecos de cristal, y lágrimas... un capricho y una lámpara poco "de dormitorio". Si no se hubiese movido la cama, habría achacado el baile loco de la lámpara a una ráfaga de aire. Miré el reloj: nueve y cuarenta y siete minutos. En ese mismo vistazo, ví como los dos largos collares de cuentas de cristal que dejé en el picaporte de la puerta también bailaban. Y en ese momento, se me quitaron las dudas: el edificio entero se había movido. Y no sonaban sirenas ni alarmas, por tanto, ni explosión fortuita ni provocada (que de ésas también he oido).
El informativo de la radio, que puse a las diez y cinco, tras constatar que no me podía volver a dormir, me confirmó que el temblor no había sido imaginario, sino de tierra y en Ciudad Real. Mi estado mental, por tanto, seguía igual. No sé asegurar si igual de bien ó de mal, pero sin imaginar terremotos.
Pero, vamos, que ni se ha caido nada ni ha pasado nada. Un terremoto inocuo en un fin de semana con lluvia de estrellas (de esas que en Madrid es difícil ver).
Ojalá todos los terremotos fuesen así de inofensivos. Ó no.
El otro terremoto me lo ha provocado un libro. Un librito de casi 1000 páginas (sí, novecientas y pico), letra menuda, sin ilustraciones. Sin apenas divisiones "clásicas" en capítulos de las que dejan páginas en blanco. Tamaño libro: esto es, más ó menos como una cuartilla.
Lo compré en abril, eso sí lo recuerdo por coincidir con la feria del libro. Lo reservé para el verano porque soy de las que cuando está leyendo algo, lo echa en el bolso para leer en buses y trenes... y éste me parecía pesado (por las páginas, digo) y porque me apetecía leerlo con calma, disfrutando de él...
El jueves, cuando fuí a la Delegación de Tráfico a renovar el carnet de conducir, cogí uno de mis bolsos grandes y lo eché dentro: esperaba colas y pensé que así me entretendría... Luego el proceso fue bastante rápido y ni lo saqué del bolso. Por tanto, no lo empecé hasta esa tarde/noche, volviendo a casa desde la de mis padres...
... lo he terminado hoy a media tarde.
Jueves por la noche. Viernes, todo lo que pude aguantar leyendo. Sábado, idem proceso. Primera hora de la mañana y noche de domingo, hasta las tres y media de nuevo. Esta mañana, hasta que he terminado. Casi mil páginas.
Cortando para las cosas cotidianas, claro: arreglo de casa, aseo personal, plantas, canario, compra de la semana, compromisos personales y profesionales en calle.
Llorar.
Llorar. Llorar mucho, pero quizá menos de lo que lo que estaba leyendo merecía. Llorar de forma inevitable e inexplicable, cada veinte páginas. Tener que dejar de leer porque algunas cosas eran más duras y más fuertes que yo misma y mi proverbial resistencia. Y no siempre por lo leido: también por lo que rodeaba a la historia que no podía dejar de leer. Por toda la verdad que encerraba y por todos los años de silencio.
Porque es una novela y es ficción... y no lo es. Porque es otra cosa. Porque hay verdades incómodas y hay silencios que lo son más aunque se creen buscando la comodidad del desconocimiento. Porque hay gente que se empeña en repetir, como un mantra, que hay que dejar las cosas como están. Algunas cosas. Que los muertos que metieron en los armarios están bien ahí...
Porque contaba la historia de todos, y porque la contaba magistralmente. Porque hablaba de guerras y no era una novela bélica. Porque hablaba de política, y no era farragosa, ni panfletaria. Porque contaba una tremenda historia de amor y de venganza... y no sólo no era un folletín, sino que era tan, tan real... y me hacía recordar cosas que había decidido olvidar. Cosas que no tienen realmente relación con lo leido, es cierto... pero que..., en fin, a veces el amor y la venganza van juntos, y da lo mismo el contexto. Al final, nadie sale ganador en algunas guerras y todos salen heridos...
Casi mil páginas para ser "leidas con calma, que es un libro muy gordo", y que he devorado en tres días. Leyendo cuando mi sentido común me pedía que lo dejase y descansase, que algunas cosas me estaban haciendo daño, y no pudiendo dejar de leer más que para lo más elemental. Y para secarme las lágrimas. Y ahora que he teminado, las personalidades que me componen y me acompañan no pueden hacer otra cosa, en este momento, que recomendar su lectura, más que encarecidamente.
La novela es "El corazón helado", de Almudena Grandes. Uno de esos libros que, una vez leidos, hacen preguntarse cómo se ha podido estar tan seguro de tantas cosas... y cómo ha podido ser posible llegar hasta donde sea antes de su lectura.
Un terremoto imprescindible.




bruxana dijo
Me autocomento, en vez de editar el post:))
Ayer Lacoctelera estuvo dando p...roblemas toda la tarde. No sé si también por la mañana ni si también el domingo (cosa que he deducido por los pocos post publicados en blogs amigos), pero lo de ayer fue "histórico".
El comentario es por dos temas:
a).- Cuando publico un post en periodo de "problemas cocteleros", lo etiqueto con el/la tag: "fallos de la coctelera". Lo digo por si alguien quiere apuntarse al/ la tag y ver si así unificamos post con quejas... No van a servir de nada, pero igual algunos "cocteleros" tienen soluciones de emergencia para problemas puntuales, y así los compartimos. Personalmente, cuando envío un comentario y sale el "error"... doy a "actualizar" (el F5 de toda la vida). Si no lo hago así, el comentario se pierde. Si lo hago... creo que siempre se ha publicado...
b).-Otra idea al publicar este post que ahora comento era proponer que hablásemos sobre el terremoto. Una especie de "post común" etiquetado como "terremoto". Igual expongo esto en post propio..., sino, aquí queda.
Besos:))
14 Agosto 2007 | 06:13 PM