Nueve del nueve. Como cada año, pero no igual que aquellos
He dicho/escrito muchas veces que el número nueve me persigue. Mi vida está llena de nueves.
Septiembre, pese a su nombre, es el noveno mes del año. Hoy es nueve de septiembre. Además, el año "suma nueve". Menos mal que es domingo... un día en que como no hago nada, nada me puede pasar...
Toda mi vida está condicionada a dos nueves de septiembre. En uno conocí a Pedro (bueno, "nos encontramos", cosa que ya relaté en el correspondiente post
http://www.espacioblog.com/bruxana/post/2006/11/23/el-dia-que-pedro-y-yo-nos-encontramos-
), y eso marcó mi profesión, además de otras cosas... como el que trabaje en el municipio donde lo hago desde hace siglos, como tantas y tantas cosas... que sé tengo a medio contar.
El siguiente nueve de septiembre empecé a trabajar para "M". Y ese detalle tan nimio... terminó de marcar el rumbo de mi futuro.
Tengo una imagen muy, muy gráfica en la mente. Y muy clara: tanto, como si hubiese pasado ayer. Me veo a mí misma, el siete de septiembre, sentada en la cama. Piernas cruzadas en la posición de loto, semiapoyada en la almohada. Quizá estoy escribiendo en mi diario (de los de "candadito": en aquellos días sé que tenía uno actualizado). Es sábado. Posiblemente, acabo de llegar de ver el castillo de fuegos artificiales conmemorativo de las fiestas patronales del municipio donde vivo... Esa misma mañana me he "despedido" de la empresa donde he trabajado los últimos dos años y algo. Aún no he cobrado el mes de agosto... pero no podía alargar más el tema: tenía dada mi palabra a "M" desde junio. Tras las vacaciones de agosto, empezaría a trabajar para él. Mi proyecto era empezar la primera semana del mes, en cuanto cobrase... pero las cosas..., en fin, se estaba alargando el tema, y él, en nuestra última conversaciòn, empezaba a ponerse nervioso...
Tengo fijada esa imagen.Y esa sensación, que nunca se me quitó. El lunes siguiente empezaba a trabajar con "M". Empezaba una nueva etapa en mi vida. Algo que yo había buscado y querido. Algo que me hacía ilusión: mi relación con "M" era rara (estaba muy claro que él buscaba y pretendía algo más que una relación profesional... pero no era la primera vez que me pasaba, y yo controlaba mi vida), pero agradable. Estaba bien empezar a trabajar con alguien con quien había "feeling", que me llamaba un mínimo de dos veces al día para recordarme las ganas que tenía de que trabajásemos juntos... y las ganas que tenía de otras cosas conmigo...
Es curioso. Hice todo lo posible para que nuestra relaciòn profesional empezase lo antes que pudiera ser... pero se vé que el destino tenía decidido que no, que tenía que ser nuevamente el nueve de septiembre el que marcase el comienzo...
Ese nueve de septiembre, en que yo llegué puntual, pero la oficina estaba cerrada. Que bajé a esperar... y que cuando "M" llegó, casi le sorprendió mi presencia. Que ya llegase para trabajar con él. Ese nueve de septiembre en que seguro que pasaron más cosas y que hice e hicimos más cosas, pero del que recuerdo detalles sueltos: las visitas de Pedro, que trabajaba en otra oficina apenas 30 metros más allá y al que le dije que hacía 3 años que nos conocíamos; las salidas y entradas de la recepcionista, que era hermana de "M" y que se casaba apenas 15 días más tarde; el calor de ese septiembre; mi camiseta negra de cuerdas marineras a la espalda, que Pedro me tuvo que ayudar a anudar (y no le pude explicar porqué se había soltado); la fotocopiadora tras mi silla, mi despacho provisional de muebles horrorosos de poliester y un cuadro infumable en la pared frente a mí, las vistas a un patio común y un techo de uralita, y un edificio interior donde habia terrazas y niños negros jugando en las del primero... Seguro que pasaron muchas más cosas, pero mi recuerdo se empeña en repetirme que ese día aun estaba a tiempo, a las diez de la mañana. Y luego dejé de estarlo. Porque "M" pasó todo el día entrando a mi despacho para besarme... y yo intentando aclararme en qué sentía hacia él. Porque desde esa misma mañana, el tipo simpático que tonteaba conmigo por teléfono y me proponía cosas, y yo sabía que quería algo más conmigo que la relación profesional que yo buscaba... había pasado a ser mi jefe. Y, además, me sentía rara no deseando, ni rechazando, sus besos...
Entraba, se sentaba frente a mí, me decía cosas sobre mi mirada. Me miraba a los labios, pintados de rojo. Me miraba el escote, las piernas si estaba de pie.Y me besaba. Creo que llegó un momento en que ya le daba igual si su hermana volvía de pronto (la mandó a hacer recados a la calle, casi contínuamente... tiempo después yo sería la recadera cuando él quería hablar con otras "pretendidas" sin testigos), si se presentaba Pedro por sorpresa... Creo que en mi vida no me han besado tanto en tan poco tiempo... como lo hizo "M" entre el nueve y el doce de aquel septiembre...
Tengo fija esa imagen de mi misma. Me veo desde fuera, desde enfrente. Estoy sentada en la cama, las piernas en la posiciòn de loto, quizá el diario de piel roja en las rodillas. Mi nueva vida empieza el lunes, lo sé, lo he buscado yo, me ilusiona como nada me ha ilusionado nunca...
... y en ese momento, de forma tan y tan clara... tengo la absoluta certeza de estar a punto de cometer el mayor error de mi vida. Algo me dice que aún estoy a tiempo de pararlo...
Pero no lo hago: a veces, la atracción del abismo es más fuerte que el vértigo ó el miedo a la caida. Y me tiré.






Agar dijo
si nunca te tiras, nunca cometerás errores ni aprenderás, y lo que es peor, siempre pensarás "que pudo haber sido y no fue". A mi me ha ocurrido alguna vez, pero he escarmentado y ahora pienso "que me quiten lo bailao", jeje.
El nueve es un número bonito...
besos
9 Septiembre 2007 | 06:52 PM