La educación espartana tiene sus ventajas... creo
El día de ayer (sábado) fue desastroso... pero digamos que era el digno colofón a una semana muy completita... y bastante descorazonadora. De ésas que se empiezan con una actividad del tipo "alguien tiene que hacerlo", pero se sabe de antemano que será algo ni agradecido, ni pagado... ni siquiera apreciado mínimamente. Que continúan entre la rutina y las obligaciones que tampoco parecen ir a aportar nada. Y que concluyen, claro, con sábados como el de ayer: casi todo el día en la calle, con la casa patas arriba (como preveía un día más ó menos tranquilo, decidí hacer limpieza..., ya digo, todo en medio).
El problema es que no se decir que no. Que me educaron para que todo lo demás sea más importante que yo... cosa, ese tipo de educación, que tampoco lamento: nunca supe lo que es un regalo de fin de curso por aprobar ó sacar buenas notas... pero sí "castigos", verbales, básicamente, si éstas bajaban del 8... que eran el equivalente a un aprobado raspadito de los que no se podían repetir. Tampoco supe qué era levantarse más allá de las 10 de la mañana, me hubiese acostado a la hora que fuera. A la calle una se iba cuando las obligaciones domésticas estaban hechas, no antes. Dolor de cabeza ó de cualquier otra cosa no era excusa para nada: la cama sólo la guardaban los niños muy pequeños y los vagos. No recuerdo cuándo dejaron de tratarme como a una niña: supongo que a los dos años y medio, que es cuando pasé a ser "la mayor". Nunca se me ocultó la realidad de las cosas: si habia problemas familiares, los había, y punto (afortunadamente, en aquella época no había psicólogos infantiles). Entre semana, las diez era la hora máxima para estar levantado por las noches: si había que estudiar, se hacía antes. Tampoco ví demasiado la televisión... y tampoco me hizo falta. Y como tampoco fuí niña de jugar con muñecas... pues tiempo que me dedicaba a cosas más útiles: leer por ejemplo (bueno, una época tocó "aprender a coser"... y a los 12 años había aborrecido las agujas para el resto de mi vida.
A esas alturas bordaba, hacía cenefas, bodoques, punto de cruz, vainica sencilla, vainica doble, ojales, zurcidos, poner cremalleras, arreglar bajos..., lo que se dice una preparación para ser una "mujer de mi casa". Dos mantelerías, un juego de sábanas y unos 40 pañuelitos bordados después, dije que sólo volvería a coser en caso de extrema necesidad. Y así ha sido: de vez en cuanto mi madre me pilla desprevenida y me veo haciendo dobladillos a paños de cristales que eran antes sábanas de algodón... pero procuro que sean cosas excepcionales.
Pero no lamento, para nada, esta disciplina espartana: gracias a eso, a estar acostumbrada a vivir con lo más elemental, a no recibir caprichos ni halagos, a tener siempre cosas que hacer... creo que sobreviví en las más adversas situaciones laborales/personales.
Y, quizá también por eso... cuando me pude empezar a permitir determinadas cosas, decidí no dejar de probar nada nuevo que saliera al mercado. No negarme a mí misma el "premio" de un capricho por el trabajo bien hecho...
Y por eso días como el de ayer, suelen terminar en jornada de compras. De caprichos. Ayer toco vivero... y en la terraza están mis nuevos cáctus.
Que verlos crecer son una satisfacción que me recuerda, también, que el trabajo bien hecho al final tiene recopensas.
La pena es lo que, muchas veces, esa justa recompensa tarda en llegar...







isabel61 dijo
Hola Bruxi
Menudas mantelerías me hacía yo con trece años y pañitos y a las diez en la cama y jugar en la calle (poco) que yo represento el modelo de educación espartana-tirana.Ahora, me pierdo en un parque, porque en casa, eso de conocimiento del Medio, cuanto menos mejor.
Ahora que disfrutan lo muchachos de mayor libertad, se encierran en casa delante de la consola y el medio es su habitación, las relaciones personales se evaporan, para crear una generación de autistas.
Se aprende, no sólo en la calle sino de las frustraciones y desengaños. Esto se evita a toda costa y los niños se vuelven tiranos, sólo hay que ver el incremento de padres maltratados por el fruto de sus entretelas o esa madre asturiana que pidió que el Estado se hiciera cargo de su hija porque no podía con ella.
Besazos
23 Septiembre 2007 | 11:39 PM