A mi disco duro mental se le ha perdido un día
Uno de mis "defectos de fabrica" es la memoria.
Así que cuando tuve que responder un horrorizado "ay, no me he acordado... pero para nada", el jueves pasado, a aquello que no era sino una pregunga retórica, pues....
Resulta que durante años y años, estaba más que segura de que no era nada especial. Que todo el mundo, seguro, se acordaba perfectamente de las fechas y hasta del día de la semana de determinados acontecimientos. Que a todo el mundo le bastaba leerse la lección (leerla como se lee un post ó un tebeo) para sabérsela. Bien: no al pie de la letra (que para eso ya habría que leerla dos ó tres veces) pero lo suficiente...
Con los años fuí descubriendo que no, que la gente no es una grabadora/reproductora andante. Y que hay información de "usar y tirar": no es normal almacenarlo todo en el disco duro, que se llena. Vamos, que la rara era yo... que me acuerdo de todo. Pero de todo/todo, de cosas que no sirven absolutamente para nada, también...
Cada año, me compro una agenda, como mínimo. Normalmente, en septiembre, claro, de las escolares. Aparte, en la oficina tenía un calendario de mesa, de los de hojitas en un soporte anillado de baquelita negra. ¿Qué pasa con mi agenda? Que termina la temporada con poquísimas anotaciones... Teléfonos, alguna dirección, algún dato inmediato que luego tendré que pasar a un contrato ó similar. ¿Anotar en la agenda las "tareas pendientes", que es para lo que sirven...creo...? No, para qué: si no se me olvidaba nada!!!!
El envío de la publicidad a los medios en que nos anunciábamos (varios) tenía días determinados y distintos, y diferentes horarios comerciales. Bien: los responsables no tenían que llamarme... salvo que se adelantase el cierre de edición ó hubiese alguna incidencia. Las liquidaciones de impuestos se presentaban en fecha: dos días antes del tope (para esperar cuadre contable con todas las facturas recibidas y pagada en Banco...y porque mejor tener nosotros el dinero que tenerlo Hacienda, claro). Recordar de memoria no sé cuantos teléfonos e identificar unos 500 simplemente con verlos escritos es algo que nunca pensé que fuese anormal (sigo sin pensarlo). Claro que recordar la fecha de nacimiento de gente con quien el trato había sido poco más que fotografiar su DNI igual ya no resulta tan normal. Ni saberse ese número (aún lo sé) de todos los jefes que he tenido...
Bueno. Pues alguna vez tenía que fallarme el disco duro. Y fue el jueves. Y aún sigo inquieta por ello.
La verdad es que era una tontería. Algo que se podía arreglar (de hecho, se arregló). Ni siquiera tenía que ver conmigo, sino con esas obligaciones que me "echo encima". Resulta que los Bancos, en su afan por facilitarnos la vida, limitan el pago de facturas... a martes y jueves, de nueve a diez y media, y entre los días diez y veinte de cada mes (esto no ha sido así, de golpe: se empezó con lo del horario... y se fue cerrando el círculo de requisitos. Terminarán diciendo que sólo en la propia sucursal, que sólo vestidos con el color corporativo de la Entidad, que sólo..., al tiempo). Bueno, pues dije que me acercaba yo. Porque ó iba yo... ó la otra persona que podía hacerlo tendría que madrugar (no se levanta antes de las 11 y media, doce...). Total, tengo una sucursal justo frente a casa, tenía el original de la factura que debían sellarme, tengo cuenta en la Entidad para que lo cargasen allí mismo..., lo he hecho muchas veces.
Aun no sé como... pero se me olvidó. Del todo.
Y no por quedarme dormida (aunque el miércoles me dieron las 3 de la mañana frente al ordenador, terminando unas cosas). No, a las nueve ya estaba despierta. A las nueve y pico, hablando por teléfono con una clienta de Valencia. Y sin acordarme, pero para nada, de la dichosa facturita...
La verdad es que se concatenaron varios factores. Dejé la factura sobre mi desordenada mesa de comedor... pero la noche anterior amenazaba lluvia. Salí a la terraza a recoger unas camisetas.... y las dejé encima de la mesa. Y se deslizaron sobre la factura... Suelo ir a comer a casa paterna los jueves: como se iban de viaje, me acerqué el miércoles por la tarde.
En resumen: el jueves por la mañana me desperté a las nueve. Miré el reloj, miré el cielo despejado... y me dije "a la hora en que te acostaste anoche... ¿qué prisa por levantarte tenías hoy... que es viernes y no hay nada pendiente???"
Creo que ahí empezó todo a fallar.
Y cuando me llamaron, a las doce y pico, para preguntar si era yo quien había llamado antes de las diez "porque ya habías pagado eso"... se me cayó la evidencia del jueves encima. Era jueves... y yo me había olvidado. Y, con ese olvido, todo lo relacionado con posibles tareas que hacer ese día. Había sido como si hubiese arrancado la página de la agenda...
Pasé todo el día "viviendo en viernes". Me extrañaba la programación televisiva... que no era de viernes. El suplemento del periódico. El que al día siguiente no fuese sábado...
No me preocupa el olvido de la obligación (para eso apliqué el "tráfico de influencias" y se resolvió a la una y media). Me preocupa el que sea la primera vez que me pasa...
Y me preocupa no saber qué pude hacer ese jueves fantasma que seguro que viví antes de el viernes que era para mí ese día... porque seguro que ese jueves existió...
No sé. De un modo ú otro, es para preocuparse.
La demencia senil acecha.
Está ahí.





isabel61 dijo
¿Cuántos cafeses te has tomado hoy?. Porque hacer doblete a estas horas, es de hiperactividad ¿o estás viendo Cuarto Milenio como yo?. A mí es que estas cosas tipo...Palacio de Linares o Diputación de Granada...me desvelan que da gusto.
Del jueves ni te preocupes, de demencia senil nada.Sería una abducción, un bucle espacio-temporal o una teletransportación, como verás todas, situaciones domésticas o de muy andar por casa y perfectamente explicables, que la gente se asusta por cualquier cosa ¡oye!.
24 Septiembre 2007 | 01:26 AM