El otoño pasado...
Qué selectiva es la memoria...
Sé que el otoño pasado llovió mucho. Que fue uno de los otoños más lluviosos del siglo. Que los embalses madrileños, que pasaron todo el verano en unos límites alarmantemente bajos (aunque en Madrid nunca nos "moriríamos de sed": tenemos esa carta bajo la manga que son los acuíferos) alcanzaron cotas más que aceptables. Sé que fue un otoño húmedo, pero lo sé por lo mismo que se sabe que si el reloj marca las doce del mediodía, tiene que haber luz solar en la calle... por mucho que estemos en el metro y no lo podamos comprobar...
Curiosamente, pienso en el pasado otoño... y no recuerdo la lluvia. Al menos, no la recuerdo continuada, torrencial, molesta... casi aburrida. Recuerdo otros otoños lluviosos: el pasado, sé que lo fue, pero...¿tanto llovió? ¿Dónde estuve yo para no acordarme...?
Sí recuerdo una mañana en que empezó a llover por sorpresa. Recuerdo haberle dejado el paraguas (¿yo... con paraguas...???) a una compañera del curso que tenía que cruzar la calle no recuerdo para hacer qué. Sí recuerdo haber hecho, una mañana lluviosa, el comentario de "no, si a mí me gusta mojarme: así se me riza el pelo". Recuerdo la sonrisa cómplice, y sorprendida quizá,de "K", que estaba presente y que, quizá, no me había visto aún con el pelo rizado por la humedad.
Recuerdo las manchas de las paredes de la academia donde dí dos de mis cursos de INEM: salieron humedades por todos lados. Cuando volvimos en septiembre, tras el paréntesis agosteño que nos partió el curso en dos, el aula estaba lleno de manchas de humedad. Y así estuvo todo lo que restó de curso, dos meses más... Debió llover, por tanto, mucho ya en agosto...
Recuerdo una tarde-noche de repentina lluvia torrencial. Me recuerdo hablando por teléfono, junto a la puerta de una discoteca que lleva cerrada mil años, resguardándome bajo el precario techo de las terrazas de los pisos superiores. Recuerdo otra tarde, esperando a que amainase para poder salir de la academia: por descontado, ni paraguas ni calzado apropiado...
Pero apenas nada más. Apenas más lluvia.
A "K" no le gustaba la lluvia. Hablo en pasado porque quizá sea una de las pocas evidencias que conserva mi mente de que ese otoño lluvioso existió: sus comentarios al respecto.
El pasado otoño fue la mirada de "K". Fue un otoño donde salieron setas por todas partes: en todos los jardines, entre el cesped; junto a las raices de todos los árboles, entre las ramas de algunos. Recuerdo unas setas horrorosas, negras, goteantes: las veía todas las tardes camino del tren. A veces, se desprendían trozos. Una tarde talaron el árbol seco, viejo y grande, donde estaba la mayor seta de todas.
El pasado otoño fue lluvioso y fue la piel de "K". Fue el otoño en que empecé este blog como "desahogo", para poder contar en algún sitio lo que no podía comentar en mi entorno. Fue buscar el esmalte de uñas negro de Chanel que estaba agotado. Fueron ejercicios de Excel por la mañana y de Word en silencio casi tenso, y de Access y Power Point entre conversaciones y confidencias, por las tardes.
Que selectiva es la memoria.
Creo que necesito que llueva, que vuelva a llover otra vez. A mí sí me gusta la lluvia...
Qué especial y selectiva es la memoria... que hoy me vuelve a traer, sin saber porqué ni para qué, el recuerdo de aquel regalo que me puso delantela vida... y al que el sentido común me hizo renunciar.
Cómo me apetecería, algunos días, dar marcha atrás al reloj... ó, simplemente, volverle a llamar.






isabel61 dijo
No hace falta que hagas prácticas, para ver si te falta algún archivo en la memoria que un Jueves perdido lo tenemos todos. ¡Bueno!, yo tengo jueves, miércoles, meses y hasta años.
A mí no me preguntes si llovió mucho o poco el invierno pasado que no me acuerdo. Hace tiempo, me hice un propósito. Como tenía que "encajonar" muchos datos como ahora aprendí a tener una memoria muy selectiva. De tal forma que todo lo que no quiero que se archive no lo hace.
Así que no me preguntes que me regalaron por Reyes el año pasado porque me costaría un montón, tendría que buscar en el disco duro y ahora mismo tengo una ampliación de memoria con lo cual, me puede llevar horas.
Pero es verdad que tenemos una memoria que funciona por sinestesias; olores, sabores, temperaturas, tacto...que nos llevan sin querer a recordar momentos, personas y lugares.
Besitos muchos.
28 Septiembre 2007 | 02:07 AM