Otoño en Madrid
No sé cómo pasará, cómo será en otros sitios...
Llega un día y, con precisión de neurocirujano,nos avisan de que el otoño "entra" (¿desde dónde, digo yo?) a exactamente tal minuto y segundo de tal hora. Sin ningún margen de error ni género de dudas: un segundo antes, es aún verano. De pronto, sin que notemos nada, zas, otoño...
Luego, miramos el horóscopo y no, si el primer signo del otoño es Libra... pues que no "entra" en el primer día del otoño (ó sí, que no es exacto). Para más inri, se puede dar el caso de que uno sea Libra por haber nacido el 21 de septiembre... y que este año los nacidos ese día sigan siendo Virgo: el zodiaco es lo que tiene, que no es una ciencia exacta. Ó igual lo que tiene es que sí lo es, porque no se debe confundir astrología con astronomía... y la posición de los astros en el cielo es lo último, y las constelaciones zodiacales no son sino estrellas y similares.
El caso es que el otoño meteorológico y el astrológico no suelen coincidir exactamente... pero el margen de distancia apenas es de una horas, un par de días a lo sumo. El otoño "entra" entorno al 22 de septiembre.
... Sin embargo...
Toda la semana hemos tenido un calor de agosto. Ese calor pegajoso que hace lucir dedos de los pies y dormir con la ventana abierta. Más calor que en agosto, ese mes que este año ha parecido mayo, por lo que, visto lo visto, hace pensar que igual en diciembre tenemos que sacar el bañador y obligar al alcalde a abrir las piscinas municipales. Sería otoño... pero sólo en los bonitos anuncios de "Elcorteinglés".
...Y, de pronto...
Es "esa" luz especial. Una luz que, de repente, no es la de ayer: ésa que era deslumbradora y "quemada", ése blanco que reberveraba en amarillos. De pronto hoy nos asomamos a la ventana, son las nueve de la mañana, han regado la calle como cada día... pero este septiembre ha dejado de ser agosto.
No es ya que a la sombra refresque, porque a mediodía el termómetro sigue en sus treinta y... No son esas hojas amarillas caidas por azar en la acera, porque más había en agosto algunos días. No es el olor a jazmín de los jardines de la urbanización, ni las enredaderas de flores moradas que no se abren en pleno verano. Es... esa luz.
Esa luz que lo llena todo. Esa luz que hoy no es blanca ni amarilla: que es naranja y es azul, aunque eso parezca una contradicción y parezca increible. Que hace que todo parezca tener más relieve.
Esa luz que ilumina la pared del edificio toda la mañana y que, a media tarde, parece seguir ahí, donde ya es sombra y de donde parece salir un calor físico, de caricia, de rubor, recogido durante horas.
Esa luz que deja sombras largas, oblícuas, que ayer no estaban ahí, en mitad de la calle, surgiendo desde ese árbol, aquella farola, yo misma, si me atrevo a cruzar. Sombras que ya no son moradas, como en verano, sino de un gris algodonoso...
Todo, todo el día, he disfrutado de esa luz absolutamente mágica. Porque esta mañana, de pronto, el otoño ha llegado a Madrid.
No sé cómo lo sabrán en otros sitios: en Madrid, hoy ya sí es otoño.
...Quizá sea más fácil saberlo...porque Madrid es una ciudad de otoño.








Oli dijo
Hola Preciosa,
aunque septiembre ha sido muy bueno, hoy si que ha aperecido un dia tipicamente otoñal, por ahora no llueve, pero parece como si estuviese a punto!
Por cierto, te he dejado un premio en mi casa, pasa a buscarlo cuando quieras, espero que te guste!!!!
MUCHOS BESOS Y FELIZ SABADO!!!!
29 Septiembre 2007 | 10:25 AM