Mariposas urbanas
Este año está siendo raro. Y aquí me estoy refiriendo al tema principal de las "conversaciones de ascensor": el tiempo meteorológico.
El pasado invierno no hizo frío. Ni siquiera en febrero, que es el mes frío por excelencia en Madrid. Tampoco es que en enero saliéramos a la calle con manguita corta... pero nada que ver con las heladas de casi todos los años. Junio se pasó sin sofocos y casi sin guardar del todo las camisetas de manga larg. Y julio, mes caluroso puesto que Madrid es casi estepario... pues pasó, sin más entusiasmo y pudiendo dormir por las noches (salvo días sueltos). Así que si eliminamos esa semana de calor sofocante que tuvimos en agosto, casi podríamos decir que no tuvimos el verano a que estamos habituados.
Y, claro, si julio parecía mayo... es normal que ahora sea octubre y parezca junio.
No creo que esto sea el tan carareado "cambio climático"... pero sí que nos tiene despistados este clima. A todos.
En agosto-septiembre llegaron los patos a una gran fuente con cascadas (y casetas para patos) que tengo localizada, en pleno casco urbano. El año pasado llegó a haber overbooking de patos: cuatro niveles de agua tiene la fuente, cuatro niveles abarrotados de patos. Era muy llamativo, sobre todo porque durante días, semanas, apenas hay media docena...
Durante años, me hacía la pregunta "y cuando el ayuntamiento vacía la fuente para limpiar el fondo...¿dónde meten a los patos ?", porque la verdad es que la limpian a menudo.
Un día, esperando el autobús, dos enormes pájaros sobrevolaron la marquesina. Y de pronto lo entendí todo (inclusive lo tonta que puedo llegara ser): no los meten en ningún sitio. Como no hay agua... se largan volando.
Se vé que el Pato Donald nos trastornó la realidad y que se nos olvida que no pasa de ser un animal con hábitos migratorios.
Las lluvias torrenciales y el viento de finales de septiembre hizo que los patos adelantasen su viaje: en tres días, la fuente se quedó con la media docena habitual. Y, otro año más, me quedé con las ganas de fotografiar a las malvasías...
El año pasado fue un año de setas. Con las lluvias de septiembre y el calor de agosto, brotaron setas por todas partes. En mitad de los jardines. En la base de los árboles. En las copas. Entre el cesped. Setas y más setas de todo tamaño y color. Cosa totalmente anormal en un sitio como Madrid, donde las setas sólo se dan en el mercado: sección frutas y verduras, champiñones.
Pero lo de este año está superando mis perspectivas...
Mariposas.
En Madrid, las únicas mariposas que se podían ver eran las que salían en los bollitos industriales como cromo, cuando yo era muy pequeña, y las polillas que insistían en darse golpes contra la bombilla de la terraza, en pleno verano. Nada más. En los jardines había avispas, gusanos, muchas hormigas, cientos de moscas..., ¿mariposas? Ni una.
Bien. Pues en pleno mes de octubre, en pleno centro contaminado de una ruidosa ciudad dormitorio de la periferia, sin ríos, sobrevolando el seto de aligustre del carrilbici... mariposas de colores. Blancas con dibujitos verdes. Amarillas. Marrones con arabescos dorados. Tan movidas ellas. Tan animadas. Tan anormalmente tropicales en plena estepa.
Mariposas urbanas.
A este paso, no va a ser aplicable ese dicho de "aquí vamos a acabar todos cazando moscas", que se menciona para definir que cada día estamos más pirados porque cada vez la gente hace cosas más raras... Lo que vamos a acabar cazando son, evidentemente, mariposas.










istra dijo
¡Qué bonito te ha quedado el post! El año pasado, por estas fechas, empecé a coleccionar recortes de los periódicos que decían que el otoño no llegaba... Pero no supe escribir algo como esto! Gracias por hacerlo tú por mí. Muak
20 Octubre 2007 | 06:55 PM