Instinto básico. Pero que muy, muy, básico...
Zulema era, más ó menos, normal.
El problema surgía cuando se ponía en celo....
¿A que este sería un buen comienzo para una novela? Bueno, para atraer posibles lectores a un post supongo que tampoco estará mal...
"Zulema" era el nombre de la madre de "Sigurny", la mini gatita del post anterior.
El nombre le tocó en el reparto porque fue a la última de la camada a la que le identifiqué el género (no había la confianza ni el manoseo que luego hubo con el resto de los gatitos nacidos por allí). Su hermana melliza se llamó "Soraya" porque salió con ojazos verdes, una rareza en una familia de ojos amarillos. Al padre lo llamamos "Omar" (sí, por Omar Sharif. Sí, por los ojos verdes... que heredó la hija). El único "chico" se llamó "Emilio"... porque tenía las patitas blancas, cual botines... y porque, a decir de todo el mundo !!!!era tan rico... !!!!Y quién más rico entonces que Botín, Emilio Botín. Y a la otra hermana, la paranoica, la llamé "Alexis" que era un nombre neutro...
A ésta le tocó el "Zulema".
Hasta no ver a una gata en celo...no se puede entender qué es exactamente la coquetería...
"Zulema" era guapa. Pero muy, muy guapa. La verdad es que se supone que eso a los gatos les dará igual... así que imagino que venían a verla porque era joven, estaba sana... y !!!tenía un carácter....!!!!! A los gatos les gustan las hembras con carácter. Y son ellas quienes seleccionan con quien quieren y con quien no (ahí queda eso). Y mejor no cuento la que montan cuando no les gusta un gato y él se pone pesado...
Cuando "Zulema" se ponía en celo... empezaba el espectáculo.
Yo llegaba a la oficina a las diez. Una docena de gatos, macho, de todo pelaje y condición se medio escondía en el jardín. "Zulema" aparecía de no sé dónde, meneando el trasero. Todos los gatos levantaban las orejas, a la vez: no se acercaban porque estaba yo y no había confianza. "Zulema" entraba conmigo...
... porque prefería tenerla en la oficina, controlada, a tener una peli porno felina en sesión contínua en la puerta de la oficina. Que no era plan.
Las gatas son de un coqueto natural... que abruma. No digamos cuando están en celo. Y no digamos ya cuando se saben deseadas... porque era cerrar la puerta... y dos docenas de ojos codiciosos al otro lado del cristal.
"Zulema" me ronroneaba, la rascaba, le daba agua, me acompañaba haciendo ruiditos mientras terminaba de abrir. A veces iba abriendo puertas y subiendo persianas con ella en brazos, para que no me hiciese tropezar. Igual lo que ella me contaba eran sus hazañas nocturnas, los saltamontes cazados, chismorreos de otras gatas. En ocasiones, aparecían por allí los gatos de su familia, y los dejaba entrar un rato, ó no. "Zulema" sólo era un felino comunicativo a esas horas de la mañana: tenía ganas de juegos y carantoñas. Luego, se calmaba..., y, en circunstancias normales, le abría la puerta y no le dejaba volver a entrar (que no era plan tener el local lleno de gatos). Pero el celo de "Zulema" no era una situación normal.
"Zulema" se acomodaba en una silla. Pero no en una cualquiera, al azar, como en otros momentos. No. Ella elegía justo la silla desde la que veía la calle...y la veían a ella. La docena de gatos expectantes. Y fingía dormir...
Porque yo sé que fingía.
A ratos, parece que los gatos se aburrían: allí no pasaba nada. Y se alejaban del cristal.
Entonces, como el que no se da cuenta... "Zulema" se estiraba, como quien se va a levantar...
... los gatos, como con un resorte, saltaban hasta la puerta.
"Zulema" volvía a acomodarse. Y yo sabía que estaba controlando la situación: seguía siendo el punto de atención.
Otra hora más. El teléfono sonaba. Yo me movía por allí. Pasaba por su lado, le rascaba la cabeza, se dejaba hacer...
(Los gatos debían odiarme: !!!esa gata era suya!!!!!)
Descendía la atención felina.
"Zulema" alargaba una mano. La lamía, como a cámara lenta. Slup, slup, slup...
Paroxismo felino fuera. !!!Miau...!!! !Miauuuu!!!!
A todo esto, no se molestaba, ni una sola vez, en dirigir sus ojazos amarillos fosforescentes hacia la calle. No he visto a hembra alguna tal indiferencia (fingida) hacia la pasión que despertaba. Era perversa: disfrutaba con el espectáculo. Pero no lo iba a demostrar.
Así, como tres mañanas.
Al cabo de las cuales, y supongo que tras tres noches moviditas (gatos peleándose entre ellos: cada día había más con heridas en las orejas, que es como se atacan entre ellos), una mañana ya no había gatos fuera...
... y supongo que la "Zule" tenía el cuerpo satisfecho y venían de camino una nueva colección de gatitos de diseño.
Pero es que, cuando se tiene este aspecto:
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a ver qué gato es el guapo que resiste la tentación de intentar llevársela a su propio huerto.










lascosasdepepe dijo
ningun gato es capaz de resistirse.
un abrazo.
22 Octubre 2007 | 11:33 PM