"No tengo otra moneda en que pagarte"
Aquel día amaneció nublado. Un día nublado tras días de una primavera precoz. Nubes en una ciudad donde la lluvia es anecdota, donde llega a ser acontecimiento.
Al día siguiente llovió. Llovió y llovió en la ciudad donde apenas llueve. Llovió en solidaridad con el sentir general. Para que el mundo entero entendiera que aquellas imágenes se correspondían a la ciudad más solidaria del planeta.
Hoy, el cielo es de un azul profundo. El término "cian " no se entiende si no se conoce cúal es el color habitual del cielo en Madrid.
De aquel día, aquellos dos días, se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo. Pero nunca nadie podrá explicarle a quien no estaba en Madrid qué se sintió.
Por eso entiendo que no se puede describir una catástrofe de forma que el lector, el oyente, el espectador...pueda entender qué pasó en realidad.
Los sentimientos, algunos sentimientos, no son descriptibles. Como no es descriptible el silencio en el tren que me llevó de Nuevos Ministerios a Chamartín cuando yo tenía que volver a Atocha. Es la única vez que me he equivocado al coger un tren. No, no tenía miedo. Pero quizás algo dentro de mí no sabía si debía ó no ir tan pronto a un sitio que es parte de mi paisaje vital.
Como nunca habrá palabras para comparar el olor del aire en aquella estación donde, casi inexplicablemente, no había apenas marcas visibles. Unas columnas dañadas. Unas papeleras que ya no estaban. Unas manchas de rápida pintura en la pared.
El olor dulzón. El silencio de la multitud en vez del bullicio. Las velas. Los sollozos contenidos.
Era casi increible que sólo hubiesen pasado cinco días.
Se taparon las marcas. El cielo lloró en solidaridad. Pasaron los días.
Las cicatrices están ahí.
Para quienes ese día estábamos en Madrid, para quienes con cerrar los ojos podemos ver esa estación, conocemos esa ruta, miramos por la ventana y vemos pasar trenes idénticos a aquellos... no, no tendremos nunca las palabras justas para explicar a otros qué se sentía, que se sintió.
No nos hizo falta ir en ese momento en esos trenes: para algunos, son parte de nuestra memoria más profunda, de nuestro código genético. Llevo Atocha en la piel desde antes de nacer.
Si pienso en aquello, quizá el sentimiento predominante es que nunca me he sentido tan orgullosa de algo tan vano y tan casual y tan circunstancial como haber nacido en Madrid.
Y, no, no voy a hablar de aquello. No voy a valorar nada, porque no es el sitio ni el lugar.
Igual el día en que pueda escuchar esta canción sin volver a llorar será el día en que recupere un proyecto literario en que sí van incluidos mis sentimientos esos días.
Hoy el cielo es, nuevamente pero como si fuese la primera vez, "azul Madrid".








mixcelaneas dijo
Entiendo tu sentimiento. Nosotros aquí tuvimos lo de la bomba en la sede de la AMIA. En un lugar, casi pleno centro de Bs.As., donde miles de personas circulan por día... Hay historias terribles. Es un recuerdo muy triste y las cicatrices siempre quedan, aún más para los que lo han padecido de cerca porque han perdido seres queridos que trabajaban allí o simplemente, pasaban por ahí en ese momento.
Besosss y un abrazo fuerte.
31 Octubre 2007 | 05:13 PM