Los cumpleaños en mi familia ya no son lo que eran
Como tengo buena memoría, sé que hubo un momento en que fuimos una familia relativamente normal. Al menos, en lo que a celebrar cosas juntos se refiere...
No fue así "desde siempre". Pero sí que hubo una época... ¿diez años, quince? No sé. Quizás algo más. Ó no.
Si el cumpleaños caía en día laborable, pero inmediato a un domingo ó un festivo, se "pasaba" la comida ó cena para ese día en que nos fuese más cómodo a todos reunirnos. En mi caso, como siempre es día festivo, no había problemas (por contra, nunca he celebrado mi cumpleaños con amigos. Ni de pequeña ni de adulta. Ni creo que lo llegue a celebrar, al menos, no en el día que es).
Hoy es el cumpleaños de mi hermano.
En circunstancias normales, ayer habríamos comido en su casa. Ó cenado. Ó el sábado cualquiera de las dos cosas. Incluso hoy mismo: para sacar un café y la sempiterna tarta tampoco hace falta más que quedar a las ocho de la tarde. Y cualquier ama de casa (la madre de mi sobrino en teoría es eso, "ama de casa". En la práctica es alguien que ve tropecientas horas de televisión yendo del sofá a la cama y que va acumulando porquería en los rincones y que come lo que su marido prepare un día para que le dure varios..., no sé a qué sabrán los macarrones a los tres días de cocerlos. Ni quiero saberlo), pues eso, prepara una cena informal para seis, ocho personas, sin demasiado esfuerzo: ensalada, embutidos, un segundo plato ligerito y de postre la tarta mencionada. Pero ya digo que no es el caso...
Y como las circunstancias dejaron de ser normales hace años (como cinco años), pues ahora, que son casi las siete de la tarde, no sé si acercarme a felicitarle, llevarle la cámara de fotos digital que le terminé comprando el sábado (ya, ya sé que gasto en regalos más de lo que recibiré ni sumando los de varios años..., pero hay cosas que son parte de mi carácter. Digamos que ella se compra el pintauñas en el chino, donde por un euro te dan cinco cuadernos, y yo compro cuadernos de cinco euros. Y el esmalte es de Chanel. Y no, no es un tema de situación económica... que la mía es infinitamente peor) ó dejarlo para cuando terminemos coincidiendo, que las Navidades es lo que tienen: tendremos que vernos...
Es que la idea de encontrarme con esa inútil que ha convertido en un niño no precisamente normal a mi único sobrino, al nazi que la crió y que está casado con talmente la abuela de la Barby (lo juro), pues... por mucho que quiera a mi hermano, igual no es lo mejor para mi salud mental.
E igual tampoco es lo mejor para su salud e integridad físicas... porque cualquier día termino dándole a ella las dos bofetadas que no le dieron de pequeña. Al próximo comentario racista, mismamente. Y tampoco me iba a suponer mucho esfuerzo, ya metida en harina, decirle a la supuesta madre que, eso, que si la Barby tiene abuela, y puesto que es a los abuelos a quienes nos parecemos, está claro en quién la inspiraron. Y lo del nazi del padre adoptivo..., en fin, no sigo, que me cabreo.
En resumen, que los cumpleaños en mi familia ya no son lo que eran, porque ni existen... pero siguen ahí, latentes. Que no sé qué es peor.
Menos mal que en el carril-bici bajo mi casa, donde ya no hay mariposas, están saliendo plantas como ésta. Que no sé que es, pero hay que ver lo mona y navideña que sale en las fotos.














giverny dijo
Las situaciones familiares van cambiando y a medida que van legando nuevos miembros la cosa se agiliza:-( También los que van muriendo dejan tal vacío que un@ se va dejando poco a poco de reuniones amiliares. No se que decirte ¿ir ho? ¿esperar a Navidad? lo que te apetezca, lo que te pida el cuerpo, si no vas puedes llamarle por teléfono para felicitarle y ya le darás el regalo cualquier día...
Ya contarás guapa.
Un abrazo
3 Diciembre 2007 | 07:57 PM