Meses vacíos
Como ya he comentado más de una vez, yo los años no los empiezo el día uno de enero, sino en un momento impreciso entre finales de agosto y primeros de octubre. Digamos que septiembre sería mi Nochevieja y mi Año Nuevo, siendo los fuegos artificiales de las fiestas de la mayor parte de los municipios del sur de Madrid el equivalente a los cada vez más extendidos del instante en que cambia el año, tras las uvas. Y siendo ese guardar el bañador y los bronceadores, ese repasar la ropa de manga larga, esa compra de material de oficina y retorno de los amigos y conocidos que se fueron a pasar el verano a otros sitios, el conjunto que marca mi comienzo real de año...
Sin embargo, soy consciente de que igual este año sí será determinante el comienzo "oficial" de año... porque enero de 2008 tiene que ser un mes de tomas de decisiones en mi vida.
Irremediablemente.
Según se cumplen años, la velocidad a que pasa el tiempo cambia. Si miro hacia atrás y repaso qué pudo pasar en mi vida entre, por ejemplo, los trece y los quince años, ó los catorce y los dieciocho... veo que el cúmulo de cambios fue tremendo. Fin del colegio: compañeros y algún amigo a quien no volví nunca a ver. Comienzo del instituto, con todo lo que eso conllevó. Nuevas relaciones, nuevas experiencias, paso del calcetín hasta la rodilla al panty, del olor a Nenuco a desear ese perfume que anuncian en la tele, que sé que no puedo permitirme y que aunque pudiese tampoco sería real lo que "promete" . Primer dinero ganado por una misma. Primer beso sin esa inocencia infantil de labios entreabiertos que se rozan en un juego. Ropa que no vale porque las caderas se ensanchan. Pasar de ser casi invisible entre la multitud de la calle más ó menos concurrida a ser objeto de atención: esos coches que reducían la velocidad y cuyos ocupantes me decían cosas, ese conductor del autobús que me miraba desde el retrovisor, esa consciencia del propio cuerpo, de reconocerse en una imagen que no era la de la niña de apenas unos meses antes...
Si comparo aquella vorágine con los últimos años..., no sé, parece increible que la duración real del tiempo sea medible y comprobable y de igual duración en distintos periodos.
El otro día, calculando cuando pasó tal cosa... me dí cuenta de que no era tan "inmediatamente hace nada" como yo sentía. Que no fue hace dos años, como en un principio creí y calculé, sino hace tres.
Hace tres años ya que el cierre de la que había sido mi empresa, mi lugar de trabajo durante años, era un proyecto a corto plazo. Las Navidades del 2004 al 2005 fueron un sucesivo destruir documentación guardada minuciosamente durante años, un trasladar cosas que llevaban años provisionalmente en un cajón ó una caja de la oficina, y traérmelas a casa. Un notificar el cierre a empresas de suministro telefónico, de luz, propietarios del local, bancos, gestoría habitual...
Tres años. Dos y muchos meses que el cierre fue algo real y efectivo.
Es curioso. Con "M", pasé dos años y casi un mes trabajando. Casi veinticinco meses. Sin embargo, podría llegar folios y folios relatando aquellos días. Operaciones comerciales concretas, con direcciones, nombres, apellidos, resultados económicos. Largas conversaciones. Inmensos silencios. Discusiones. Alguna canción. Relaciones con otras personas más ó menos duraderas. Él jugando a echarme clips entre la ropa. Yo reponiendo las revistas cada tanto tiempo. Semanas en que me llevaba en el coche hasta la parada del bus que luego me llevaría a casa. Días en que apenas le veía. Meses en que ni se me ocurría pedirle que me acercase a ningún sitio, porque sabía que no iba a hacerlo. Una relación de tres septiembres. Una travesía en un desierto con algún oasis y muchos espejismos.
Mucho menos tiempo del que, ahora, llevo "desempleada". Es curioso. Aunque no he dejado, en realidad, de trabajar... es curiosa la memoria. Es curiosa la percepción del tiempo, que me dice que estamos llegando a finales de 2007 y que hace tres años que estaba arreglado los papeles para poder cobrar el paro..., y que sí, que claro que creo que haya pasado tanto tiempo... pero que me parece tan poco y tan rápido.
Quizá, tan vacío.
Enero de 2008 tiene que ser un principio de año, porque tiene que ser el comienzo de un nuevo trabajo.
Ya, definitivamente.
No puedo seguir dándole largas al tema. No puedo dejar que el tiempo pase a su ritmo: necesito que el próximo diciembre mire hacia atrás... y el año transcurrido esté lleno de anécdotas, de pequeños desastres, de proyectos fallidos y proyectos en mente.
Necesito volver a trabajar con normalidad. No quiero más meses vacíos.











furtivo dijo
Te deso mucha suerte. Se que la tendrás. Piensa que al doblar la esquina de cualquier sábado te está esperando algo positivo. Muy positivo.
7 Diciembre 2007 | 11:38 PM