Viaje (fallido) a General Mola
Me descoloca mucho planificar cosas, cosas a veces muy simples y muy básicas, pero que hay que planificar (lo que suele conllevar dejar de hacer otras) y que en el último momento se descabale lo planificado...
La verdad es que el hecho puntual que me lleva a hacer, hoy, esta afirmación no deja de ser una tontería. Tenía que ir a Madrid, a la otra punta de Madrid, para ser más concretos. A recoger una documentación que hacía como dos, tres meses, tenía que estar ya recogida. Lo que pasa es que no es algo mío: es derivado de la empresa donde he trabajado los últimos muchos años, y derivado, más en concreto, del trabajo este "sí-pero-no" de los últimos dos años y pico. En fin. Llamaron a mi ex-jefe y medio socio hace eso, dos ó tres meses para indicarle que ya tenían esos documentos y el sobrante de una provisión de fondos para gastos que se había dejado. Él les respondió que, vale, que le ingresaran ese sobrante en determinado número de cuenta, y que podían tirar la documentación. Así, tal cual.
A mí me lo contó días después, quizá porque yo planteé que cuanto estaban tardando en esta ocasión en formalizar aquel trámite... Puse el grito en el cielo. Le dije que NUNCA le habían ingresado nada ni hecho ninguna trasferencia desde esa gestoría en concreto, con la que habíamos tratado bastante, y que SIEMPRE habíamos ido a retirar allí la documentación. Pues bien: discusión. Que no lo iba a saber él, que le ingresaban las devoluciones en su cuenta.
No. No lo iba a saber yo, que era quien siempre pasaba por allí a retirar los documentos y los talones a su favor (ó abonar las diferencias a favor de la gestoría). Vamos, que si conoceré la zona que hace poco salieron en la televisión las imágenes de un accidente en el centro de Madrid, muy aparatoso... y dije "eso es el cruce de María de Molina con Principe de Vergara. Casi bajo el puente de Avenida de América". Y apenas serían diez segundos de imágenes...
Es más: tengo cosas compradas en una tienda que hace esquina entre ambas calles: un mini buda de márfil que duerme en mi mesita de noche, alguna de mis tortugas de colección...
Pues no: seguía discutiéndomelo. Lo dejé por imposible: tiene 74 años y de un tiempo a esta parte se le va, pero mucho mucho, la cabeza.
Bien. Resulta que hace unos dias volvió a llamar a la gestoría, y, claro, le respondieron lo que yo ya había dicho: no envían documentación, no envían talones ni cheques, no hacen ingresos en cuentas. Normal: hay que firmarles un "retiré" y llevarse las cosas.
A todo esto, yo sí le había comentado alguna vez más que "tenía que haber ido por Principe de Vergara", que "a ver si te va a hacer falta", que... Como quien oye llover.
El caso es que esta vez, como ha sido la gestoría quien le ha repetido mis mismas palabras, pues le ha entrado subítamente la prisa. Y ayer decidió que hoy íbamos por allí...
Hoy. Justo hoy.
Como he dicho en alguna ocasión, vivo en un municipio del sur de Madrid, lo que quiere decir que me pilla más cerca la provincia de Toledo que algunos barrios de la capital. Además, me muevo por el mundo con transporte público. Pero, por suerte, ni me asusta madrugar... ni necesito más preparación que lavarme la cara, darme una hidratante, tomarme un café, vestirme, lavarme los dientes y ponerme botas y abrigo para salir a lo que sea.
No suele ser el caso cuando se trata de alguien con más de 70 años, que considera madrugar a todo lo que pase antes de las once de la mañana y que convive con una loca (su hija) que algunas noches los despierta simplemente porque no puede dormir y quiere conversación (le debo un post. Ó varios).
Así que, vale, ayer a mediodía el plan era ir hoy a Madrid..., quedando por confirmar ruta y hora. En cualquier caso, me ofrecí para ir yo sola (como siempre, por otra parte). Por la tarde, el plan viraba en que iría yo sola (como siempre), por lo que preparé autorizaciones y le hice la lista de documentos que me tenía que facilitar (como... siempre).
Bueno, pues no me alargaré: no he ido.
He dormido fatal: sueños raros, desemplanza a pesar de la calefacción. A las siete ya estaba escuchando gorgojear al canario, pero yo soñaba con ranas. Me ha costado levantarme a las diez. Salir de casa, bien abrigada, a las once. Luchar contra el viento hasta llegar a la estación de cercanías. Esperar allí más de media hora, sin trenes ni explicaciones...
Curiosamente, sin tener ni idea de qué ruta de viaje iba a seguir, a qué hora regresar, cuando irme luego otra vez (duermo en casa paterna, para no tener que madrugar mañana, que tengo que acompañarles a unos temas de rutina médica). Sintiéndome como aún dentro del sueño...
A las doce menos cuarto he llamado a mi ex-jefe diciéndole que no pasaba el tren y que ya iría a Madrid por la tarde: casi más fácil. Y luego ya me quedaba en casa de mis padres sin necesidad de volver por la mía. No le ha hecho gracia... pero he decidido que me daba igual.
No sé porqué, he estado andando y luchando contra el viento más frío y más veloz que recuerdo haber padecido desde hace casi 19 años: he recordado una tarde, cerca del cementerio, donde tuve que ir agarrándome a las columnas que conformaban los soportales de unos edificios para que el aire no me tirase. Hoy era casi igual: me sobrevolaban bolsas que parecían medusas, ramas finas de sauce, vainas secas de acacia, trozos de tela. No sé porqué, pero no me recogí el pelo al salir de casa, y, peor aún, no se me ocurría sacar del bolso una pinza, una goma, ó comprarla en cualquier sitio y evitar que siguiera enredándose y entorpeciéndome la visión. A ratos, el sol salía de entre las nubes, y su reflejo en las lunas de los coches y los cristales de las ventanas me cegaba: también había olvidado las gafas de sol. Quizá porque a las once estaba nublado...
Pero todo tenía el aspecto de un sueño. Y quizá por eso he andado durante más de una hora sin ir a ningún sitio concreto, cargando con el peso de la carpeta, el bolso, el abrigo, las botas. Un peso que, unido a la resistencia del viento, hacía aún mayor esa sensacion de irrealidad.
Finalmente, he decidido que tampoco esta tarde iba a Madrid. Y nuevamente a mi ex-jefe no le ha hecho gracia, claro. Pero me consta que no va a decir nada, entre otras cosas, porque nunca le rebatí una orden cuando trabajé con él, y porque si este trámite sigue pendiente, es por su cabezonería en que "no se hacía nunca así".
Imagino que iré mañana por la tarde, el viernes por la mañana... ya veré.
A mediodía, estaba cansada como si hubiera corrido por el monte, cuesta arriba, durante toda la mañana. Me dolían los ojos, he tardado un rato en desenredarme el pelo. También he confirmado que los estrógenos tenían bastante culpa en mi estado anímico, tanto el de hoy como el de la pasada semana (que, con independencia a lo escrito aquí, en el borrador tenía otro post, menos optimista, que dejé reposar).
Me fatigan los días así, como hoy. Días que rompen la rutina pero que, al final, tampoco satisfacen las expectativas. Días que dejan la sensación de pérdida de tiempo. Porque eso es lo que en el fondo sentía mientras esperaba el tren que no pasaba: que en ese momento, seguro, tenía cosas más importantes, mejores, más interesantes que hacer... Pero cuando he decidido "no voy", tampoco he regresado a casa a hacer esas cosas "interesantes". Ni he aprovechado la mañana haciendo compras, recados, fotos...
Mañana rara perdida. Tarde que tampoco he aprovechado en condiciones.
Dentro de un rato me voy a pasar la noche fuera. Por lo que hasta mañana por la noche, el viernes por la mañana, no actualizaré. Ni podré visitar blog's amigos, claro, que tengo pendientes... pero en los que prefiero estar más lúcida para comentar.
En este momento, se ha calmado el viento. Al menos, eso parece.
Ah: el título del post viene de que, cuando se tienen 74 años, y hace 32 no se decidió aprender el nombre nuevo de las calles, debe ser difícil de hacer ahora. Porque para mi ex-jefe, el viaje/trámite pendiente para hacer hoy era a General Mola. Yo ya he desisitido en lo de repetir cómo se llaman las calles de Madrid, desde hace tres décadas... pero hay que imaginar la cara de algunos veinteañeros cuando aún las llama por tan arcaicos nombres, connotaciones políticas aparte...
Igual también por detalles de ese tipo es por lo que no tengo capacidad, apenas, para la nostalgia.

















julien dijo
Asi pasa cuando sucede, saludos
16 Enero 2008 | 06:40 PM