Bruxana carnavalera
Martes de carnaval.
La verdad es que, por carácter, por forma de ver la vida...yo tendría que ser muy "carnavalera". Mejor me explico: tendría que ser de los que adoran estas fechas, que cuentan los días que faltan en cuanto pasa la navidad, que preparan sus disfraces (pregón, desfiles, entierro de la sardina) con mimo y detalle...
Pues..., tengo que admitir que no. Es más: estos días me pillan casi siempre muy "a trasmano". No voy a fiestas de disfraces, ni me suelo enterar de quién da el pregón. Hace unos días me enteré que el mejor desfile de carnaval de la CAM y uno de los más logrados de Europa se celebra en el municipio donde vivo y he estado muchos años trabajando... y era la primera noticia que tenía al respecto. Vale: sé que tanto este asunto como la Cabalgata de Reyes se los "curran" (la Cabalgata, lo aseguro, es una maravilla). Pero, no sé, tanto como para que vengan de televisiones europeas a ver el Desfile del Domingo de Carnaval... me pareció un tanto exagerado.
A lo que iba: no soy muy "de carnaval".
Posiblemente la culpa la tenga precisamente mi carácter "carnavalero". Se supone que la esencia de estas fechas es "romper" con lo establecido. Transgredir. Ser lo que no se es el resto del año... Bueno: siempre he sido transgresora, en el sentido de no ser exactamente lo que se esperaba de mí (con lo que yo podría haber... si hubiese querido). Me gusta disfrazarme: no tanto ponerme un traje de princesa ó de simio, sino eso de cubrir lo que se "es" cada mañana ó no cada mañana, a voluntad. Cubrir las pestañas de un rimel que impida saber si se ha llorado. Perfilar los labios para que no se intuya que apenas unos minutos antes besaron tanto que se podrían haber desdibujado... ó que esos besos marcaron su color como ninguna barra de carmín podría hacerlo. Jugar a que no se sospeche que bajo la falda bien planchada y la camisa impoluta y la chaqueta... espera el sostén de seda y el liguero. Vestir de niña buena, para que nadie sospeche qué cosas será capaz de hacer ó decir, sin apenas cambiar el gesto. Vestir de niña mala, sin que realmente se vaya a dar un paso más allá de lo convencionalmente establecido.
Jugar. Disfrazarse y jugar, en suma.
Pero sí me he disfrazado, a veces. De hecho, bastantes veces. Como en esta foto...

... que no es de carnaval. Es más, que me consta que es de finales de noviembre, principios de diciembre, de hace muchos años. Un domingo. Sin más motivo y razón que disfrazarme porque sí, porque me apetecía hacerlo. Porque me sentía "carnavalera".
Como digo, quizá no "participo" en el carnaval oficial por simple espíritu carnavalesco.
Por saltarme las reglas establecidas, también en lo de poner fecha fija a la fiesta, al disfraz, a la transgresión, al juego de seducción, al fingir que se está fingiendo, al actuar con libertad bajo la máscara...
Para poder decidir, libre y anticonvencional, cómo y cuando quiero celebrar mi carnaval.
(Luego, ó mañana, más)









lascosasdepepe dijo
es bonito el disfraz. un abrazo.
5 Febrero 2008 | 08:25 PM