Cuando un derecho debe ser obligación
Aunque mi blog, esta página personal, no tiene una línea definida, ni hay temas "tabú" (ni en él, ni, por supuesto, en mi vida) hay temas que conscientemente no trato.
Temas que sí comento, opino, en otros sitios. "Blog's Amigos" ó sitios donde entro eventualmente, atraida por un título, por una frase de inicio, por un/una tag.
No he querido hablar de política. Aunque soy de las que piensa que "la política" está en todo, que nos importa a todos, y que precisamente quienes proclaman que no es un tema de su interés... son los que más implicados, a veces, están. Porque son los que saltan cuando alguien habla de un político ó unas ideas que no son "las suyas"...
Hoy iba a publicar un post alusivo. No sabía bien en qué línea... pero alusivo al día de hoy.
La jornada de reflexión.
Los desgraciados acontecimientos de ayer (mejor dicho, el hecho que unos desgraciados convirtieron en el precipitado fin de campaña, en noticia de portada de todos los periódicos de hoy: el asesinato a sangre fría de un ser humano, sin más razón ni motivo que ése, matarlo para dinamitar el final de la campaña y que los cinco disparos se escucharan en medio mundo) hacen este post, para mí y por coherencia, de redacción imprescindible.
No voy a "hacer campaña" ni "apología" de nada ni a favor de nadie. Quienes me conocen saben quién soy, qué soy, desde cuando lo soy y porqué. Precisamente elijo la "jornada de reflexión" con plena conciencia de que hoy no está permitido hacer ningún tipo de campaña partidista.
Simplemente, quiero decir, repetir, que mañana TODOS TENEMOS QUE VOTAR.
El derecho al voto es, como su propio nombre indica, un derecho. Algo que costó conquistar un día, y reconquistar tras muchos años de censuras, de silencios, de miedo.
Un derecho de voluntario ejercicio.
Mañana, uno puede levartarse tarde. Como parece que va a hacer buen tiempo, preparar las bicicletas, los tappers con la ensalada de bolsa que sólo precisa aliño, las croquetas del congelador rápidamente fritas, los yugures que no necesitan frío e irse al campo. Y, como ya anochece tarde, volver a casa a las ocho, a sentarse ante la tele tras la ducha, a protestar porque no está la programación habitual, ó ésta se interrumpe una y otra vez con resultados de sondeos, con porcentajes y estadísticas.
Pero también es posible levantarse tarde, ir a por el periódico y los croissanes del opencor, ó los churros de esa tienda casi arcaica que sólo abre los fines de semana. Y, entre trámite y trámite, entrar en el correspondiente colegio electoral... y ejercer el derecho al voto. Derecho, repito.
(Y, luego, si se quiere: bici, tappers...)
Y también es posible convertir el trámite en fiesta: ir antes de comer a votar, y, luego, pasar por el bar favorito que tan pocas veces visitamos ya al mediodía, y tomar el vermut y los berberechos dominicales. Incluso, ir luego a comer, ó a merendar si salimos por la tarde, a cualquier sitio de "comida rápida". Llevar a los niños al colegio electoral, que seguro les gustará ver ese aspecto tan distinto al que tiene en su día a día. Explicarles, al margen de propagandas y del bombardeo en medios que les ha hecho despertar la curiosidad, hacerse ideas extrañas ó cambiar de canal estos últimos días, en qué consiste este mínimo gesto de introducir dos papelitos, uno blanco, otro sepia, en dos sobres de colores idénticos, acercarse a la urna, entregar el DNI a una de las personas que están tras ella, que anote nuestro nombre e introduzca, ó nos deje introducir, los sobres en cada una de las urnas. Las que ya tienen otros sobres de idénticos colores, blanco y sepia, donde están las decisiones personales de otros.
Explicar que ése es uno de los privilegios que tendrán, y quizá el más importante, cuando cumplan los 18 años. Porque alcanzar la mayoría de edad no es poder conducir, poder abrir una cuenta en el banco con sus tarjetas de crédito y todo, sin permiso paterno. No es poder entrar en cualquier discoteca sin más problemas que el derecho de admisión del local.
Alcanzar la mayoría de edad es poder decidir, en las urnas, qué opción nos parece mejor para nosotros y para todos, a la hora de gobernar el país donde vivimos.
En días como mañana, y más tras los acontecimientos de ayer, el derecho al voto se convierte en obligación.
Mañana hay que ir a votar. Sin perezas. Sin excusas. Porque somos un pueblo mayor de edad, desde hace mucho.
Porque algunos han hecho campaña para que no votemos. Sí, "ésos".
Porque hay una persona a quien, ayer a mediodía, impidieron para siempre que ejerciera su derecho.
Porque quien no vota, pierde el derecho moral de poder quejarse durante los próximos cuatro años.
Todos tenemos, por muy atareados que juremos estar, media hora para hacer el trámite completo. Y si en vez de media hora tardamos una hora, será la mejor de las noticias: será que el colegio electoral está lleno de otras personas que también han entendido la importancia de un gesto que parecería ser tan intranscendente, por ser tan fácil.
Mañana, nueve de marzo, es jornada electoral.
Este año, y por desgracia no por vez primera, el DERECHO al voto, que sigue siendo no obligatorio legalmente, sí se convierte en OBLIGACIÓN.
Por los que no podrán hacerlo, porque otros les quitaron la vida.
Porque somos más y somos mejores y no necesitamos la fuerza bruta de las armas para decir cuales son nuestras ideas.
Porque, sólo así, se conquistará la libertad. Sea ésta del color que cada cual quiera verla.

Al margen de tanta palabrería de los últimos días, ahora nosotros tenemos la última palabra.
La fuerza de la palabra.













kilifa dijo
Mañana todos a votar, porque no solo es un derecho, para mí tambien una obligación.
Con nuestros votos diremos mucho más.....
Besitos guapa
8 Marzo 2008 | 12:55 PM