La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

11 Marzo 2008

El infierno, que no el caos

En aquellos días, por la noche, no tenía teléfono.

En casa no había instalado una línea "fija" (apenas estaba, y en la oficina tenía tres para mí solita... hubo otro tiempo de hasta cinco), aún no tenía internet y me parecía un gasto innecesario (por mucho que tuviese otros muchos gastos totalmente innecesarios que no me importaba pagar).

El móvil no estaba encendido mientras yo dormía. Lo apagaba sobre las doce, una, de la noche... y lo re-encendía al levantarme. En ocasiones, casi al irme a trabajar (poco antes de las diez). En ocasiones, amigos y conocidos me recriminaban esa actitud "mira que como un día tengan que localizarte urgentemente... a ver cómo". Tenían razón, lo admito. Pero como a poco de comprarlo me despertaron antes de las ocho de la mañana, para intentar venderme (una grabación) acciones de la empresa propietaria de la línea..., pues me habitué a apagarlo de noche. Además, las baterías no eran de tan larguísima duración como ahora. Mi familia estaba bien, más ó menos. Y, en última instancia... siempre podrían llamar a mi jefe, y que éste viniera a avisarme (vivíamos a escasos diez minutos de paseo, cinco a buen paso).

Recuerdo que por esas fechas aún con más motivo solía tenerlo apagado, porque la batería ya estaba en sus últimos meses de vida.

Pero...

Llevaba varios días muy inquieta. Soñaba con la fecha. También porque otros años, el mismo día, no dormí. Asuntos personales que me quitaron el sueño. Un trabajo anterior. La empresa en que trabajé con Pedro. "M".

El once de marzo no era una buena fecha en mi vida.

La noche anterior, en uno de esos programas absurdos, para hacer tiempo antes del prime-time de la tele, en una imagen rodada en la calle... reconocí el sitio. Sólo había estado allí una vez, como 11 años atrás. Haciendo uno de esos recados que debía hacer "M", que me mandaba a mí... y que luego se apuntaba como propio mérito.

Reconocí el Pozo del Tio Raimundo, en Vallecas. Y me dejó una sensación muy, muy desasosegante. Lo atribuí al recuerdo de "M", de aquella época que fue la última que pasé trabajando para él.

Dormí mal. A trompicones. Quizá por eso olvidé apagar el móvil.

Sé que escuché el primer pitido de aviso de "mensaje entrante", allá sobre las siete y media de la mañana. Lo escuché mezclado aún con el sueño.

El segundo aviso, apenas cinco minutos más tarde, me hizo reaccionar: uno podría ser un aviso meramente publicitario. Dos... a esas horas, no. Salté de la cama, hasta el comedor, donde el teléfono reposaba dentro del bolso.

En el interior de su memoria empezaban a almacenarse las primeras noticias del horror.

Ambos mensajes eran de uno de mis hermanos: "Atentado en las vías de AVE", en el primero. "Bombas en dos trenes en Atocha", el siguiente.

El horror con mayúsculas. Pero aún no había empezado a desatarse.

Le devolví como mensaje: "Hijos de puta", simplemente. Porque en ese momento todos pensábamos en los mismos de siempre...

Puse la radio. Ya se hablaba de víctimas. Pero sólo de Atocha. Un tren en la vía. Otro, llegando a la estación. Puse la televisión. Lo intenté (pura lógica) con la cadena autonómica, Telemadrid. Creo que la primera donde conseguí alguna imagen fue Telecinco. La estación de Atocha al amanecer, enfocada desde lejos, con teleobjetivo, obviamente. Humo. Humo junto a la cúpula de la entrada de Cercanias. A esas alturas, no se hablaba de las vías del AVE, sino de la conocidísima, por todos los que vivimos en los alrededores de la capital, estación de Cercanías.

Al tiempo, el horror iba creciendo. No era una bomba en un tren estacionado en Atocha: eran dos. Y otra en Santa Eugenia, apenas dos estaciones más allá. Y otra el El Pozo, ese barrio donde sólo estuve una mañana y que reconocí unas horas antes.

Hay momentos en que el corazón late por puro instinto, pero se siente sin sangre. Creo que en ese momento el mío estaba así. Sobreviviendo.

Mis padres tenían que estar, antes de las nueve, en Carabanchel. En el Hospital General de la Defensa (el "Gómez Ulla" que conoce todo Madrid... por fuera, porque es militar). Por un extraño convenio entre hospitales, mi padre, civil, estaba recibiendo allí parte del tratamiento para su enfermedad.

Era imposible hablar con ellos. Por pura lógica, ni habían salido de casa... ni tenían que coger el tren. Pero se estaba desaconsejando la asistencia a los hospitales, imaginando un colapso de heridos.

Tardé en poder hablar. Aún avisándoles, mi madre (a quién sacaré yo la tozudez... en fin) dijo que iba. Ella ya había hablado con mi otro hermano: por tanto, ambas supimos que todos estábamos bien.

Es muy complicado explicar lo que fue esa mañana. Esos teléfonos que no dejaban de comunicar. Esos datos escalofriantes: diez, treinta y cuatro, setenta muertos confirmados. El infierno más absoluto en el paisaje más conocido. El simple cálculo de que, cinco minutos, sólo cinco más tarde, las explosiones habrían sido bajo tierra (esa línea deja de ir por superficie al llegar a Atocha... y avanza por el llamado "túnel de la risa" hasta Chamartín, donde vuelve fugazmente a la superficie). En ese caso, los daños habrían superado cualquier previsión...

Setenta. Ochenta y dos. Se habilita el IFEMA, el mayor recinto ferial de Europa, como tanatorio.

El horror.

Madrid es una ciudad caótica. Nos movemos a velocidades inesperadas: siempre con prisa, parándonos cuando menos viene a cuento. No miramos a nadie, aparentemente, nada nos llama la atención. Dicen que nos hemos vuelto egoistas...

En Sol, el centro figurado de España, se agolparon las personas deseosas de donar sangre.

Todos los taxistas se presentaron, ordenadamente y sin avisarse unos a otros, en Atocha. A recoger desinteresadamente heridos, gente totalmente perdida, y trasladarlos a toda velocidad al hospital más cercano.

La gente, por la calle, acompañaba a otros, y les cedían sus móviles para que intentasen hablar con los suyos (las ondas expansivas destrozaron muchos teléfonos y demasiados tímpanos).

En la calle Téllez, a la entrada de la estación, los vecinos lanzaban mantas, para dar los primeros auxilios a los heridos. La gente se lanzó a la calle a ayudar, sin saber bien qué había pasado ni qué podría seguir pasando.

Gran parte de los fallecidos de Atocha eran pasajeros de otro tren que, en la primera explosión, se lanzaron a la vía para ayudar... y les sorprendió la segunda detonación. La mayoría eran vecinos del sur de Madrid.

En el caótico Madrid, todo funcionó con la precisión del mejor reloj suizo. Las emergencias se coordinaron hasta extremos insospechados (nada que ver con los simulacros: esto era una situación real). No hubo colapsos en los hospitales, ni atascos en las carreteras...

Por desgracia, no hizo falta, apenas, sangre. Los cientos de heridos esperados no llegaban.

La cifra de muertos no dejaba de aumentar.

Ochenta y dos. Cien. Ciento tres.

Docenas de personas se personaron en el IFEMA. No eran quienes buscaban a sus familiares, sino voluntarios que iban a prestar ayuda psicológica. A repartir comida y bebida. A ayudar a desesperados que ya habían agotado cada lista de hospital, e iban allí esperando lo peor.

Personas de ésas que vemos en la televisión, en las revistas de colorines, esos días estuvieron en IFEMA, ayudando. Sin fotos, sin cámaras, sin maquillaje.

Por la tarde, ya era consciente de que nadie próximo estaba en Atocha a esas horas. Por pura casualidad. Uno de mis hermanos hizo el viaje en sentido contrario. El otro estuvo en la estación media hora antes y le recogieron en coche. Vieron desde la carretera, camino al Corredor del Henares, las ambulancias.

Durante años, muchos días a esa misma hora, tanto mi padre como mis hermanos estaban en Atocha, como parte de su rutina.

Yo, que tengo otra, por horario, que cuando voy a Atocha es a media mañana, por la tarde... apenas cinco días antes estuve allí, a poco más de las ocho de la mañana. Como absoluta excepción.

Muchos muertos de ese día lo fueron por demasiadas fatalidadades juntas. Otros salvaron la vida por simples detalles: un tren que se pierde con el consiguiente cabreo, un olvido de algo en casa que hace que se salga un minuto más tarde, un molesto dolor de cabeza, entrar corriendo en la estación y no montar en el vagón habitual...

La macabra ruleta ese día funcionó a pleno rendimiento.

Ciento tres. Ciento veintiocho.

Creo que la frase "Todos íbamos en ese tren" de la manifestación del día siguiente sólo la entendíamos, de verdad, los que conocemos esa estación. Los que tenemos en nuestra cotidianidad esos trenes de cercanías, que tanto gustaban en el resto del mundo (hay que reconocer que son, eran, muy bonitos: blancos, con detalles rojos, silenciosos, cómodos, con sus luces halógenas).

Todos íbamos en esos trenes.

Nos salvamos porque no fue "el nuestro", simplemente.

Durante días, sobre todo los primeros, sé que fuí una autómata. Existe algo inexplicable: el sentimiento de haber sobrevivido... y sentirse culpable por ello. Y no entender porqué ese sentimiento...

Al día siguiente, compré el periódico, que aún hoy no he conseguido leer. Guardo todos los periódicos de esos días. No fuí a esa manifestación, la única que de veras tuvo la participación que se declaró "en números", donde hasta el cielo de Madrid se puso de acuerdo en llorar. En una ciudad tan seca como es Madrid, suele llover en los grandes acontecimientos.

No fuí. Tampoco quise verlo en televisión, en la oficina.

Aquel atentado no era como el de las Torres Gemelas: algo tan lejano que parecía un espectáculo. Un fascinante espectáculo: dentro del horror y del dolor supuesto, no era posible dejar de mirar...

Este era diferente. Este era nuestro.

Desde ese día, desde ese momento, los madrileños (igual no todos) tenemos una herida ahí, que aunque parezca cicatrizada y curada... duele tremendamente en algunos momentos. Es una herida independiente a la autoría de los atentados. Una herida que no sabe de nacionalidades ni de luchas políticas. De pronto, algo hace que se reabra... y vuelve el olor de los cientos de velas. Vuelve ese olor que encontré, en una estación siempre ruidosa y esa tarde extrañamente callada, cuando el martes de la siguiente semana tuve que ir a Madrid y me obligué a ir a Atocha. Un olor que no se parece a nada....

Era el olor de la sangre, de los explosivos, de la muerte. Se quedó adherido a las paredes y el suelo y las vigas de cemento, muchos días.

Tengo demasiados recuerdos, sueltos, inconexos, de esos días.

El día en que se desató el infierno, pero no el caos.

El día en que Madrid demostró, nos demostró a todos, que puede ser la ciudad que mejor funcione del mundo.

(Anécdota personal, chiste privado: en la boda de cada una de las Infantas, se les obsequió con una exhibición de algo típico del lugar: un coro rociero a una, un castellet a la otra. Mi chiste privado familiar decía que, el día que se casase el Principe... como no le hiciera una demostración el SAMUR, a ver qué típico tenía Madrid... Me gustaría que nadie hubiese tenido que presenciar la maestría que el SAMUR madrileño, buque insignia del caótico Ayuntamiento, derrochó ese día. Apenas dos meses antes de la boda real).


El lugar de nacimiento es algo trivial: cada uno nace donde le toca. Yo nací en Madrid, y en mis recuerdos más lejanos (anteriores a los 20 meses de edad) mi paisaje son las vías donde estallaron esos trenes. Vivía junto a lo que hoy es la estación "Entrevías/Asamblea de Madrid", el punto intermedio entre Atocha y las demás estaciones atacadas. Luego, me trasladaron a un municipio donde el tren tardó en llegar. Ahora, vivo en otro desde donde veo las vías, y esos trenes de cercanías (ahora blancos y magenta), con solo asomarme a la terraza.

Todos los muertos, 191 al final, 192 pasados unos días, eran madrileños. Por mucho que algunos documentos de identidad dijesen con razón que nacieron en Polonia, en Sevilla, en Ecuador, en Toledo, en Francia, en Rumanía, en Marruecos...

Nací en Madrid, pero para ser madrileño eso es algo accesorio.

Nací en Madrid y espero, un día, sentirme de veras merecedora de la ciudad solidaria y generosa que descubrí ese día que se escondía tras su aparente aspecto de caos, de gente que no se mira, de obras, de tópicos... Creo que, desde hace cuatro años, es lo menos que le debo al sitio donde, casualmente, me tocó nacer.

servido por bruxana 13 comentarios compártelo

13 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lascosasdepepe

lascosasdepepe dijo

nací en...... estupendo post.
un abrazo.

11 Marzo 2008 | 09:54 PM

giverny

giverny dijo

Te he leído con el corazón encogido, sabes tan bien plasmar "al papel" las vivencias, los sentimientos. Pone los pelos de punta saber que somos juguetes del destino....
Un abrazo muy fuerte

11 Marzo 2008 | 10:00 PM

kilifa

kilifa dijo

Se me han puesto los pelos de punta al leerte, al recordar como ese día todos estuvimos pendiente de ese cruel atentado.

Estoy contigo en algo, todos los que allí murieron, eran madrileños.

Besitos

11 Marzo 2008 | 10:06 PM

arori

arori dijo

Totalmente deacuerdo con Mar. Escribes fenomenal, me has puesto todos los vellos de punta, con los ojos enlagrimados... de verdad. Estas cosas me pueden.
Esta gentuza, además contra trabajadores... es que no tienen perdón, es algo que nunca olvidaremos.
Hoy hablaban en la tele del tema y decía una mujer que la policía no supo actuar, que era un caos, cuando yo creo que desde fuera se vio todo lo contrario, que lo hicieron fenomenal, y todos esos voluntarios... todos los madrileños, fueron una muestra de valentía y humanidad para todos, para estar orgullosos de todos, sin duda. Para todo lo que pasó, demasiado bien funcionó todo.

Un beso grande Brux.

11 Marzo 2008 | 10:24 PM

meblas

meblas dijo

Allí estaba y allí sigo, cada día tomo el cercanías y hoy también, según subí ya me acordé del día de hoy y recé durante el trayecto.

11 Marzo 2008 | 10:39 PM

Lidia, va de incógnito... :-)

Lidia, va de incógnito... :-) dijo

Caray, entre el Adaggio y tu forma de relatarlo... Parece que lo he vuelto a sentir como aquel día.
Me encanta como escribes y como expresas las ideas, creo que ya te lo he dicho en alguna otra ocasión, pero aquí, Has echado el resto, y es que, cuando son los sentimientos lo que sale por la punta de los dedos que teclean, se transmite y se nota.

Un besazo guapa

11 Marzo 2008 | 10:51 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Pepe, Mar, Kilifa, Arori, Meblas, Lidia (de incognito;) ) :))
Mil gracias a todos por vuestras palabras.

Sigo "en baja forma" escribiendo (me lo noto yo: estoy cansada y dispersa). En principio pensaba no escribir este post: no tenía nada preparado... y es un tema que me toca muy de cerca... aun no habiendo sido afectada "en persona". Me habría gustado añadir alguna foto (la del monumento que se erigió en Fuenlabrada, por ejemplo, que me gusta bastante) pero no tenía nada preparado tampoco en ese sentido...
Así que sois vosotr@s, que me leeis con buenos ojos... y con mejor corazón.

Me consta que el funcionamiento de las instituciones de "emergencia" en Madrid, ese día, fue impecable en todos los sentidos. Igual porque no se actuó "conforme a protocolo" sino ante un problema real. También los responsables del Ayuntamiento de Madrid "respondieron". Otra cosa es el trato que posteriormente se haya dado a los afectados, a las víctimas y sus familiares... por parte de los responsables de la CAM. Porque al final resulta que hay "afectados de primera, de segunda y de tercera"... dependiendo de las afiliaciones políticas. Muy triste, en algo tan serio.
No he querido mencionarlo, pero desde ese día hay una víctima nº 193. Una casi "no muerta/no viva". Se llama Laura, y lleva casi 4 años en un precioso hospital para terminales en Leganés. Las heridas fueron tan grandes y tan fuertes... que desde entonces simplemente sobrevive, como un vegetal. O igual no, igual es peor, porque igual siente, sufre... nadie puede asegurarlo. No he querido mencionarla, porque hace unos meses (tal vez ya un año) un periodista se infiltró en plan "visita" y publicó un reportaje sin el permiso de la familia... cosa que me hace sentir auténtico asco, para qué engañarnos.
Hay sabandijas que actuan en nombre de la "libertad de expresión". Igual en aquel caso el/la periodista actuó de buena fé, pensando que hacía bien difundiendo la noticia, pero... No sé: no sé cómo calificar al director de su periódico, ó a quien vió normal que no se pidiera permiso a nadie para publicar algo tan delicado, con tantos detalles...

En fin. Gracias de nuevo a tod@s por vuestras palabras. Besos :))

11 Marzo 2008 | 11:08 PM

catalaneta

catalaneta dijo

Hola Bruxana,

Menos mal que se trata de teclear porque te aseguro que de tener que expresar mi sentir de palabra, no me seria posible en estos momentos,

Tengo otra vez el nudo en la garganta, como lo tuve al ver como se volcó toda España, que yo lo vivi desde fuera...... que orgullo de gente, nuestra gente.

Como las personas sin querer darse cuenta del peligro insistian una y otra vez en ayudar a los heridos.

Y como me saltan las lagrimas cuando veo esas manifestaciones llenas de manos blancas..... yo estuve en la de Barcelona y la multitud no podia ni gritar PAZ, por ese nudo immenso en la garganta.

Es en estos momentos, cuando todos sin importarnos la raza, el color ni la nacionalidad nos unimos en ayudar, es cuando sale la estirpe que llevamos los españoles dentro.

Siempre quedará en mi memória esta tragedia. Pero siempre me acordaré con orgullo de que en los peores momentos somos el pais mas solidario de la tierra.

Un fuerte abrazo amiga.

12 Marzo 2008 | 12:28 AM

lamandragora

lamandragora dijo

Cuanto lloré al ver las noticias, que espanto y que horror. Yo lo senti tanto como si hubiese sido madrileña, que al final es lo que menos importa. Porque si algo bueno tiene España es que es solidaria.

12 Marzo 2008 | 12:35 AM

bruxana

bruxana dijo

Hola Catalaneta y Mandrágora:))
Es que, como digo, para ser madrileño no es necesario ni nacer en Madrid (eso es circunstancial, como todo lugar de nacimiento) ni siquiera vivir aquí...;)
Cierto: fue una muestra de solidaridad sin precedentes. Y una pena que, luego, se tiñese de oportunismos, de mentiras a sabiendas que lo eran, de rumores infundados...
Por eso no hago caso cuando algunos "predicadores agoreros" dicen tonterías sobre las "rupturas de España", sobre los "vientos de guerra civil". Estupideces. La gente, el pueblo "de verdad" es mucho más inteligente, mucho más solidario... y sabe diferenciar la película de la realidad.
Y, en los momentos de la verdad, todos somos seres humanos.
Gracias por vuestros comentarios:))
Muchos besos:))

12 Marzo 2008 | 12:41 AM

lluna

lluna dijo

Hola Bruxana,
Ahora que escribo esto ya es día 12, pero esta mañana cuando he cambiado el día en el calendario (curiosamente es un calendario de madera con una "bruja" y los números estan en dos dados que hay que girar cada día para poner el día correspondiente) me he acordado de la fecha que era, porque yo no estaba en Madrid, estaba a más de 500 Km. de distancia, en pleno corazón de la Costa Brava. Aquel día yo no trabajaba, pero me levanté temprano como de costumbre y puse los titulares de la CNN a las 6 de la mañana, luego, como solía hacer en aquella época hacía el recorrido por todas las cadenas, Antena 3, el canal autónomico y fue en Tele 5 al despedir el noticiero de las 7h. que anunciaron como última hora que se había producido un atentado en una estación de tren de Madrid. Aquellos días estaba el ambiente muy caldeado ya que estaban proximas las elecciones. Mientras daban esta noticia y los datos eran confusos se anunciaba la explosión de otra bomba. Iba zapeando de canal en canal para obtener más información y empezarón a anunciar el número de muertos, al principio dijeron cinco, más tarde veinte, treinta y pico... y así durante todo el día.

Yo he sido una mujer trabajadora y me he desplazado durante muchos años en trenes de cercanias, aquí, en la provincia de Barcelona. Cogía el tren de las 7'15 de la mañana y sé como van cargados los trenes a esa hora, de "currantes" y estudiantes que acuden a la Universidad, mayoritariamente
Estuve todo el día viendo las noticias, creo que ni comí, solo estaba pendiente del televisor , entre lágrimas y continuamente en mi cabeza se taladraba la misma pregunta ¿Quién ha podido hacer esto? Si esas personas iban a trabajar, a estudiar...

Aquella noche tampoco dormí y creeme que aún estando a 500 Km. de distancia, aquel día yo estuve en Madrid las 24 horas. A través de las imágenes, a veces escabrosas, vi como llegaban las urgencias en los diferentes hospitales, los médicos y enfermeras en la calle esperando las ambulancias. Como se montaban los hospitales de campaña en las cercanias de la estación de Atocha, como se habilitaba un pavellón para poder atender a las víctimas, como colocaban mantas para tapar las escenas dantesas que provocó la masacre...y te aseguro que todo esto que vi, que me mantuvo más de 24 horas frente al televisor, no era morbo, sino para convencerme de que aquello había ocurrido, de encontrar una respuesta, un motivo del por qué...y una sensación de que estando lejos, yo desde allí, podía hacer algo ante tanta barbarie.

En fin, un "horror" para no olvidar nunca, como bien dices un infierno.

Besos.

12 Marzo 2008 | 01:02 AM

Crazy Mary

Crazy Mary dijo

Y los corazones siguen llorando. No puedo decir nada más de tu emotivo post, sólo un "gracias" por haberlo escrito.
Muchos besos

12 Marzo 2008 | 11:03 AM

CIVIS

CIVIS dijo

Realmente, con el tiempo que ha pasado, y lo débiles que somos ante aquella masacre.
Yo, aún estudiante universitaria de periodismo, lo viví en la facultad. Los televisores de las aulas, las de alguna sala, y las de las áreas de descanso de los pasillos encendidas en las noticias. Todos con la radio, el móvil en mano,... Durísimo. Todos estábamos allí, aunque no fuesemos madrileños, y aunque no hubieramos pisado nunca las estaciones afectadas, al menos yo estaba más allí que aquí. Impotente, pensando qué haría, lo que les haría falta, con la profesión por dentro (además del periodismo, soy socorrista). Y también fijándonos, y atendiendo a cómo trabajaron cada uno de los medios de comunicación.

Lo plasmas todo realmente bien, y sí, todos (madrileños o no) los que vivimos como propia aquella catástrofe, íbamos en ese tren, pero justamente ese día no era el mismo nuestro tren de la vida.

Tiempo después pasó aquí en Valencia algo trágico también. Y las primeras alarmas saltaron pensando que pudiera ser similar a lo ocurrido aquel jueves 11 de marzo, pero fue diferente. También lo viví como propio, aunque con mucho más sufrimiento psicológico y físico por estar tan cerca y tan vinculada a aquella catástrove valenciana.

Este post debería haber sido publicado en los medios, tan bien redactado y reflejando lo que aquello fue. Mejor que muchos otros artículos de profesionales periodistas.

Un beso._

17 Junio 2009 | 11:28 PM

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Diario de una vampiresa en paro

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...



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INTERNET no significa, en ningún idioma, IMPUNIDAD.

Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"



Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.


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