Desasosiego ilógico
Por fin se ha roto.
No sé si tan casualmente como debiera, la verdad. Porque he de admitir que en los últimos días, en las últimos horas, y casi de un modo instintivo... yo misma había contribuido a su desgaste. A deshilacharla, sutilmente.
En los últimos días, iba encontrándome briznas de su verde intenso en la ropa, en la tapicería azul del sofá. Imagino que habrá alguna en la cama, incluso en la alfombra. Poco a poco, y por fin, se iba deshaciendo...
Me estoy refiriendo a la cinta verde que, en forma de pulsera, llevaba en la muñeca izquierda.
Veinticinco centímetros de cinta de raso verde, atada con tres nudos, uno sobre otro. Hablé de ello y del porqué de tan extraño adorno:
http://www.espacioblog.com/bruxana/post/2007/03/03/cintas-verdes-versus-sentido-comun-2
Lo até, sabiendo que realmente estas cosas no pasan de ser supersticiones, pero agarrándome a ella como una suele estar dispuesta a agarrarse a un clavo ardiendo si con eso se evita la caida a algo que se desconoce y que se imagina puede ser el infierno. Lo até hace cuatro años y medio, en septiembre de 2003.
Ha vivido conmigo, de forma ininterrumpida, todo este tiempo. Un día me servirá para poder "fechar" algunas fotos que no tenga claro de qué momento pueden ser: si aparece la cinta verde, serán posteriores a septiembre del 2003. Si no, se hicieron después del 29 de marzo de 2008...
A veces, estuve tentada de quitármela. Cortar, y punto. Pero... No sé, las supersticiones a veces son más fuertes que la lógica. Porque sé que esto no servía, no sirve, para nada. Porque hoy estoy (casi) segura de no querer ya lo que pedí al atármela. Incluso, durante aquellos meses en que mi corazón luchaba por demostrar a mi cerebro que sentía algo por otra persona ("K"), que se hubiese roto la cinta... y funcionado el sortilegio, habría sido una catástrofe...
Hoy tenía que hablar de "K". Y, de pronto, como rebelándose, celosa de quien más cerca estuvo de ser una razón para eliminar su presencia en mi vida...va la cinta y se rompe.
He de confesar que no ha sido la primera vez que se ha desprendido de mi muñeca. Se desató (en la ducha) al día siguiente de atarla (por lo que muchas veces pensé que, realmente, no funcionaría. Incluso si el "hechizo" era efectivo contra toda ley de la lógica, a mí esta vez no me funcionaría...). Otra vez se desató, no sé bien cuando, quizá hará un año, tal vez más. La volví a atar: el ritual habla de "romperse"...
Hoy se ha roto. Y he intentado atarla de nuevo (de hecho, algunas tiras dehilachadas ya estaban anudadas a la propia cinta). Pero ese nuevo y fragilísimo nudo no ha durado más que un rato... se ha vuelto a romper y la he dejado, enredada en las pulseras de plata que casi tampoco me quito nunca, hasta que se ha caido sola...
Cuatro años y medio.
Cuando la até, aún no había nacido mi sobrino.
Aún no había cerrado mi empresa.
Aun no había conocido el apasionante mundo de los cursos del inem.
Aún ni intuía (ó sí, intuir sí, pero no era consciente) la existencia de "K".
Aún no me había conectado jamás a Internet. Creo que aún no había recibido el ordenador (ó igual sí, pero desde hacía pocos días).
Cuando la até, deseaba aquello que pedía por encima de tantas cosas, tantas..
Ahora..., mejor dicho: y ahora... ¿qué?
Pues no lo sé. Pero cuando, al estar enredando con ella, en ese gesto casi instintivo de deshilacharla... he visto cómo se rompía... si he intentado volver a atarla es porque de pronto me ha invadido un enorme sentimiento de desazón. De pérdida. De orfandad.
Un sentimiento tan inevitable como absurdo.
Porque absurdo era que alguien como yo, tan lógico, llevase en la muñeca una cinta verde como reclamo, como exvoto, como promesa... para que regresase a mí alguien a quien no debo, ni quiero realmente, estar unida. Pero también me era inevitable tenerla ahí.
Igual porque me daba miedo que, si la quitaba voluntariamente... estuviese rompiendo más cosas que una simple cinta de raso verde. No sé. Ya digo que esto no tiene sentido alguno... y a mí, además, me siguen rehuyendo las palabras exactas.
Cuando até esa cinta a mi muñeca izquierda, nunca habría imaginado terminar relatando en un diario virtual en un sitio llamado "lacoctelera"...que se rompería el último sábado de marzo de un año bisiesto, casi sobre el teclado de un ordenador que más ó menos coincidió con su llegada a mi vida.
Hoy empieza mi vida sin cinta verde en la muñeca izquierda.
Qué extraña conclusión.
Qué rara llega a ser la vida normal.













arori dijo
Yo nunca he sido de supersticiones, ni rituales ni sortilegios... alguna vez de pequeña, con 15 años o así, quizás si que hice alguna cosa, como poner una cinta debajo de la almohada un día de luna llena... pero después nada, y claro, es que llevo desde los 18 años con el mismo, por lo que tampoco he tenido la "necesidad" de hacer ninguno desde entonces.
Ahora sin cinta a ver cómo te va todo, no? Supongo que tampoco cambiará mucho, o a lo mejor ahora encuentras a alguien especial... quién sabe.
Un beso y feliz sábado.
29 Marzo 2008 | 06:26 PM