Punto de partida sin ganas
Como he dicho alguna vez, los jueves no suelo estar en casa más que a primera hora (ni los domingos). Así que lo que pase en lacocte se me acumula para la noche ó para el día siguiente...
Igual por eso aprovecho. Y escribo este post.
No me gusta quejarme. A veces lo hago, sí, y más de lo que quisiera. En el mundo real, poco. En este blog algo más. También porque lo abrí con ese fin, el del desahogo. Un sitio donde volcar y volcarme. Quizá si lacoctelera, como emplazamiento de blogs, tuviese otro formato... este blog llevaría tiempo abandonado. Me habría servido al principio, en que fue el lugar donde contar lo que no existía en mi mundo real de cara a lo demás. Y habría terminado cuando decidí que algunas cosas no podían tener "alas", vida propia. Cuando algunas heridas se convirtieron en cicatrices... ó, tal vez, cuando reconocí que ni siquiera habían pasado de imaginarios rasguños.
Pero no: lacoctelera tiene como diferencia el "intercambio". El hecho de que nos avisen de las actualizaciones de otros, de sus comentarios, que podamos entrar en amigos de amigos... Eso hace que los blogs no se reduzcan al diario personal que, ó comunicas que existe a los amigos, ó ahí queda, casi escondido entre millones de páginas personales... Por eso este blog siguió, creció... llegó a las cincuenta mil visitas registradas. Por eso sigue aquí.
Desde que empecé este proyecto, en el otoño del 2006, no había estado tan desanimada como estoy ahora. No, no por el funcionamiento del blog. Es... no sé. Es mi vida, que se empezó a torcer demasiado pronto, pero a cuyo desnivel me fuí adaptando. Mi vida nunca fue como se suponía que debía haber sido. Mi vida siempre estuvo llena de renuncias, de no querer ser egoista (ignoro el porqué de ese afán: ¿cultura judeocristiana?), de dejar el puesto a los demás... No, no me arrepiento. No me arrepentí en su momento y ahora sería absurdo. Pero reconozco y admito que soy la consecuencia de mis propios errores, de unos errores que al tomar algunas decisiones sabía estar cometiendo, pero...
Pero he llegado hasta aquí. Y miro hacia atrás. Y veo que apenas tengo nada y que llevo más de media vida "perdiendo el tiempo", perdiendo ocasiones de ésas que sólo se presentan una vez.
Hace... muchos años, casi veinte, y por estas mismas fechas, mi vida era como es ahora. De pronto, me encontré sin trabajo al comienzo de un verano que se antojaba demasiado largo, y por eso sé que es el peor momento para ponerme a buscar. Me encontré con que no podía recuperar a una persona de quien me había dado cuenta de cuánto la necesitaba cuando ya era demasiado tarde. Me encontré con que había perdido el contacto con demasiada gente. Y con que necesitaba trabajar, siquiera por razones obvias de supervivencia... y no sabía por dónde empezar a tirar...
En aquellos momentos, la solución fue ir a echar una mano, sin sueldo, a un antiguo compañero de trabajo. Porque aunque podría ponerme a buscar en otros sitios (de hecho, lo hice: creo que fuí a una reunión para aprender a "promocionar" en stands de grandes almacenes; estuve un día ó dos acompañando a repartir catálogos para venta de enciclopedias; volví a la empresa donde había trabajado para tener ese mes un sueldo... bajo, pero sueldo, que eran sólo comisiones) lo que quería no estaba allí. Así que trabajé sin sueldo para mi medioamigo casi dos meses... y al tercero, ya sí me pagaron. Y pasaron dos años y pico. Y coloqué a aquella empresa, por un sueldo ridículo y sin asegurar, y con unos jefes mucho menos ambiciosos que yo, en un lugar destacado en nuestro sector. Y allí la dejé, y conocí a "M"... y el resto es historia (la empresa cayó a gran velocidad antes de un año, por cierto: resulta que no "funcionaba sola", como llegué a saber que decían mis jefes mientras pasaban el día en el bar de abajo).
Pero tenía casi 20 años menos. Y muchas, muchas ganas de aprender, de hacer cosas. De recuperar otras que creía por derecho merecer (muchas sí, las recobré. Otras supe por el camino que no me eran tan vitales: entre ellas, algunas personas).
Y ahora...
No sé. Lo cierto es que nunca pensé que pasado el tiempo, estuviera en el mismo punto. Sin nada más que pequeñas propiedades que no me son imprescindibles. Sin casa propia (cuando podría tenerla casi pagada de haberme organizado de otro modo, más sensato. Cómo seré tan sensata para los demás y tan poco para mí. Tan poco egoista). Sin pareja. Sin hijos. Sin trabajo. Camino de los cuarenta.
Cada fallida entrevista de trabajo me produce un cansancio atroz. Cada vez que veo como no hay respuesta a mis CV, me desanimo un poco más. La inactividad me produce tal fatiga que me hace estar aún más inactiva...
Y encima, el calor.
Sé que terminaré por encontrar un trabajo "de supervivencia". Que, igual, termino por encontrar algo "en lo mío" y a la altura de mis facultades/posibilidades (es tremendo que en un posible trabajo te digan que no, porque estás muy por encima de lo que te pueden ofrecer. Ó, peor, que te lo den a entender... y tengas que dar la respuesta de que necesitas trabajar). Pero se me está haciendo muy largo todo este tiempo. Toda esta travesía que no sé si va a algún sitio.
Y, lo peor, que estoy tomando clara conciencia del tiempo y las oportunidades que he perdido.
No, hay cosas que no se deben hacer. No se puede condicionar la vida profesional, no se puede poner como meta el hacer ó no hacer algunas cosas "por amor". Y yo lo he hecho demasiadas veces. Y, al final... qué más da.
Al final, simplemente estoy en el mismo punto de partida de toda esta aventura. Y sin ganas.











mixcelaneas dijo
Lo que perdimos, lo que no hicimos, ya está, es pasado, quedó atrás y no se puede recuperar pero queda todo el camino por delante, y hay que seguir avanzando porque no se puede retroceder.
Yo sé que no te quedarás ahí lamentándote sino que saldrás a buscar tu futuro (de hecho lo estás haciendo). Y todo va a salir bien, Brux.
Un abrazo.
26 Junio 2008 | 01:58 PM