Cuchillo
Como contaba en el anterior post, tengo una serie de "costumbres/manías" de ésas que, en el fondo, tenemos todos... y que componen esos gestos cotidianos que a veces hacemos casi sin darnos cuenta... y otras, porque nos aportan seguridad.
Cuando alquilé el piso donde vivo, cambié la cerradura principal. Un cerrojo tipo "fac", nuevo, con cuatro vueltas de llave. No era desconfianza hacia el dueño (al que conocí hace años... y si veo, ahora no conocería. Es que eso de conocer el piso donde se termina viviendo muchos años antes... la verdad es que tiene su aquel. Y ése es mi caso. Un día igual cuento que una de las discusiones más sonadas que tuve con "M" en la última etapa de mi relación laboral con él fue por culpa de este piso y su contrato de la luz). A lo que iba. Cambié la cerradura porque no tenía claro, ni yo ni nadie, quién podría tener llaves: en poco tiempo habían pasado por él varios inquilinos. Y, ante la duda...
La verdad es que poco tiempo después supe que un día intentó venir el dueño y entrar... a no sé qué del contrato del gas (que tuve que hacer yo). Me consta que no lo hizo con otra intención que la que me llegó: posiblemente, de haberle pedido que contratase el gas lo habría hecho. Pero..., no sé. En ese momento ya tenía cosas mías en la vivienda. Y eso de que cualquiera pueda entrar, siendo un desconocido... inquieta.
La cerradura, como digo, es de las que provoca el comentario jocoso de "ésta es ideal para volver de juerga a las cuatro de la mañana: se entera todo el barrio". Las cuatro vueltas hacen ruido. Y durante años... las he echado cada vez que he salido de casa. No diré que hasta para bajar la basura... pero casi.
Cuatro vueltas de cerrojo. Una de "resbalón". Las dos cerraduras.
Y por las noches, me "encerraba" con una cadena/pasador que me colocó no sé si mi padre ó uno de mis hermanos. Cuando llegaba a casa por las noches, del trabajo... cierre del cerrojo, palanquita de seguridad (que impide abrir desde fuera hasta con llaves: vamos, como para una urgencia) y cadena. No: no es paranoia. Es simple costumbre, arrastrada desde pequeña en casa... Que la puerta blindada se puso cuando yo tenía 16 años, lo que quiere decir que me crié con cerrojo fac y cadena de seguridad... y echandola por las noches.
Nunca sentí miedo a dormir sola. Creo que no lo hice hasta venirme a vivir aquí: siempre había alguien más en casa. De hecho, hasta por el día era raro que no hubiese nadie (además, nunca tuve llaves de casa de mis padres... lo que dificultaba las opciones de encontrarme sola). Pero ya la primera noche en mi nueva vivienda dormí como si tal cosa... y hasta hoy. En ese sentido, soy muy lógica y muy coherente: no hay fantasmas, ni mostruos bajo la cama, ni va a entrar nadie a quien yo no abra voluntariamente... Cierto que en su día podría haber entrado por la terraza, desde el piso de al lado, donde vivía una señora muy mayor y bastante sorda. Pero no entró. Y hoy, que los dueños tienen una hembra de pastor alemán tamaño pony, que ladra si escucha algo anormal hasta en mi casa... estoy de lo más segura.
Llegó un dia en que dejé de echar la cadena de seguridad por las noches: supongo que pensé que si un día me pasaba algo y tenían que entrar a la fuerza... mejor no ponérselo más difícil. La cadena está para abrir sin abrir del todo si no se conoce a quien llama... ó si nos dice que es un inspector del seguro de arriba: primero, que nos enseñe la identificación: luego, se abre ó no.
Y llegó otro día en que consideré que con dos vueltas de cerrojo cuando me iba... bastaba y sobraba. Así que sólo si no voy a pasar la noche aquí, cierro "del todo". Para bajar la basura... basta con la vuelta de la cerradura pequeña. Total, es sólo un rato...
Cuando salgo de casa, el "ritual" es siempre el mismo: las llaves están colgadas en la propia palanca del cerrojo, por dentro. Por lo que sólo si las descuelgo puedo abrir, lo que hace que no sea posible dejármelas dentro. De inmediato, ya fuera, tiro de la puerta y voy al ascensor, a llamarlo para que vaya subiendo. Si es de noche, doy la luz de la escalera. Vuelvo a la puerta y echo las dos vueltas de cerrojo y la vuelta de la cerradura "resbalón". Y guardo las llaves en el bolso ó en un bolsillo, dependiendo de la época del año (en verano, en el bolso...por falta de bolsillos, más que nada).
Si salgo de casa acompañada y no he sido yo quien a abierto la puerta para salir, lo de "¿las llaves?" se pregunta siempre antes de tirar de ella. Sé que es imposible dejarlas puestas por dentro... pero se podían quedar encima de algo. Con el consiguiente trastorno: ir a casa de mis padres a por un juego... Eso, si no están en la segunda residencia manchega, claro...
Bueno. Pues estoy segura, ó lo estaba, de haber hecho ese ritual cada día, desde hace casi siete años. Con la única variable de echar dos ó cuatro vueltas al cerrojo...
Ayer aproveché la tarde para ir a cumplir con unos encargos rebajiles a un mega centro comercial. Fue ir/descartar/comprar/volver: cosa de un par de horas. Ropa cómoda, espardeñas de cuadritos rojos atadas al tobillo, megabolso, gafas de sol.
Regresé a poco más de las nueve. Ya digo: bolsa de compra, paquetito en el bolso. Comprobar el buzón mientras baja el ascensor (qué raro es que esté abajo cuando llegamos. Qué raro que no lo esté cuando lo llamamos desde arriba para bajar). Seis plantas. Llaves que llevo en la mano desde la entrada al portal. Cerradura del cerrojo.
Y no gira.
La saco. La miro: sí, es ésa. Vuelvo a intentarlo. Giro hacia la derecha. Nada: no gira.
De pronto, pienso que... Pero no, no es posible.
Pero, por probar...
Cojo la otra llave, la de la cerradura de "resbalón" y la meto en su sitio. Giro a la derecha... y la puerta se abre.
Exactamente lo que pasa cuando he bajado un momento a la calle y alguien se ha quedado en casa. Ó cuando mis padres han venido a comer y han llegado no estando yo (tienen llaves. Y no echan el cerrojo por dentro).
Lo que pasa es que no es hora de visitas. Ni es posible que mis padres hayan venido a verme (imposible del todo). Aparte, la casa está en silencio.
Me asomo al comedor. Por supuesto, no hay nadie (quièn iba a haber). Dejo la bolsa de la compra en el suelo y el bolso colgado de una silla...
...Y, no sé bien porqué, vuelvo sobre mis pasos. Entro en la cocina y cojo un cuchillo. De los grandes. Tras dudar entre eso y las tijeras... que descarto porque están recubiertas de plástico. Un arma menos segura, pienso.
Y, sintiéndome de lo más tonta, recorro la casa. Donde, por supuesto, no hay nadie. Aún así, miro tras las puertas y cortinas (considerando que éstas son mayormente visillos... como para no ver a un posible "camuflado" ). Miro en la terraza. En el tendedero de la cocina. En los armarios (absurdo: ahí no cabe nadie, tal y como están de ropa). Ya en el baño, me acuerdo del espacio que hay bajo mi cama (que es muy alta) y, absurda de mí, voy a asomarme...
No. Claro que no hay nadie. Ni lo ha habido: basta con ver la evidencia de la cámara de fotos sobre la mesa, la cadena de música en su sitio (la tele no se la iban a llevar, que es antigua y pesa). También los joyeros donde guardo mi plata están en sus vistosos sitios. No. No hay ladrones.
Y yo, casi a oscuras (las persianas las dejo más bien bajas) y con un mega cuchillo de cocina deslizándome por la casa. Creo que la imagen debió ser patética, más que cómica...
Menos mal que no había sido ningún conocido querièndome dar una sorpresa en plan"ahora se encienden las luces y cantamos" como en las películas.... porque se habrían muerto del susto. Por el cuchillo, digo.
Aun no consigo explicarme cómo, pero me fuí a la calle sin echar ni una sola vuelta de ninguna de las cerraduras. "Tirando" de la puerta, simplemente. Una puerta que en días de aire cuesta abrir ó cerrar. Que se puede abrir sola, en definitiva...
Probablemente, lo he olvidado. Pero igual mientras esperaba el ascensor volví a entrar para coger las gafas de sol, me paré antes de cerrar para tirar de la puerta del comedor y evitar que un soplo de viento rompa los cristales...No sé bien.
El caso es que me dejé la puerta casi abierta... y terminé recorriendo la casa con un cuchillo en la mano. Absurdo.
Igual esto va siendo cosa de la edad... que una no se quiere dar cuenta y está perdiendo facultades...
(Ah: asunto "televisor encendido en una cadena donde no se dejó". La única explicación que con el tiempo he querido darme a mí misma es que aquel día le dí al apagado en "stanby" del mando a distancia. El botoncito en cuestión está en la parte izquierda superior. Bajo éste hay una hilera de botones... y, bajo el correspondiente inferior de esa hilera, el que activaría La Primera cadena de TVE. Vamos, que igual pensé que había apagado la tele... y lo que hice es dar al encendido de La Primera. Aunque sea una autojustificación rara y retorcida... casi mejor pensar eso que el que tengo un fastasma en casa a quien le gusta "España Directo" ó algo así...)
(Y casi mejor pensar que no me dí cuenta y dejé la casa casi abierta y no entró nadie... a la alternativa de que sí entrase... y, qué sé yo, tenga ahora la casa llena de cámaras... Es que si nos ponemos paranoicos, en fin...)








isabel61 dijo
JAJAJA
Me alegro de encontrarte despierta. Me aburro.
Menos mal, que al final se impone la lógica y encontramos explicación a lo que consideramos paranormal, de lo contrario nos volveríamos locos o por lo menos paranoicos.
Siempre busco el lado racional de las cosas. Digamos que mi vena romántica o esotérica se me fue apagando con la edad. La magia siempre existe, pero cada vez menos. Nos volvemos racionales y pragmáticos en todos los aspectos de nuestra vida y no estoy segura de si eso es malo o bueno.
Besos Brux
10 Julio 2008 | 02:51 AM