La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

23 Julio 2008

Un botón de nácar perdido. El tacto de su piel. Y tantos aniversarios...

Durante años, he llevado un botón de nácar en el monedero. Pequeño, del tamaño de una peseta antigua de aluminio, de una moneda de un céntimo de euro. Blanco. Se cayó de su sitio, mi vestido de aire ibicenco, tal día como hoy hace doce años. Lo guardé en el bolso, esa noche, y al día siguiente repuse en su lugar el que el vestido llevaba "de más", cosido en la etiqueta. No fue algo premeditado: quizá cuando ví la falta del botón, ni siquiera reparé en buscarlo dentro del bolso...

Aquella noche era la consecuencia de algo inesperado que pasó, contra todo pronóstico, doce días antes. Algo que fue consecuencia de aquella llamada que hice un quince de mayo en que me encontré sola y sin nadie más a quien llamar, en la oficina.... Ese fue el primer "factor irregular" de toda aquella cadena. El segundo fue el mensaje que terminé dejando en su contestador: el municipio donde trabajaba era festivo ese día, y yo no lo sabía. Y fue irregular que me devolviera la llamada días después y que me encontrase excepcionalmente sola esa tarde, y lo que en otro caso habría sido una cortés y educada conversación profesional de apenas dos minutos fue más ó casi una hora hablando. Tras tantos meses de apenas algún saludo cortés en encuentros inevitables. De evitar el encuentro. De, quizá, también buscarlo alguna vez... y no coincidir con el deseo del otro. Una larga conversación que terminó con un cortés "a ver si un día nos vemos y nos tomamos un café" por mi parte... que él transformó rápidamente en un comienzo de futura cita... Y que desembocó en aquella última llamada mía un miércoles de julio, tras docenas de llamadas suyas en que no pude atenderle, en que colgué fingiendo que se había equivocado, en frases que no venían al caso en la relación que manteníamos. Pero esa última llamada mía viró en su pregunta "¿a qué hora coges el autobús a mediodía?" y se transformó en su coche esperándome en la parada...

Nos bastaron apenas quince minutos de conversación trivial. La única conversación que podían mantener dos personas que desde hacía más de dos años y medio, y más allá de la charla de aquella tarde de mediados de mayo, no habían intercambiado más palabras que tres ó cuatro saludos de cortesía en algún encuentro casual e inevitable de unos segundos. Nos bastaron quince minutos, y el cruce de nuestras miradas. Y, de pronto, su petición de "¿no me vas a dar un beso?" dió la vuelta a la historia, porque sí me acerqué a besarle.

Y mi vida casi encauzada se puso del revés.

Nos bastaron quince minutos para volver a estar juntos. Más de tres años después de la última vez. Algunos lo llaman "hacer el amor". Entre nosotros..., en fin, creo que si hubo amor no fue en ese encuentro. En algo que pudo ser un encuentro trivial y sin más consecuencias... ó transformarse en el principio de la segunda parte de nuestra relación.
Fue eso último.

Ese lunes, veintidós de julio, creo que fuí yo quien le llamó. Y me respondió. Y tal vez fue él quien fijó la cita para esa noche: pasaría a recogerme a la salida de mi trabajo.

No hacía falta planificar nada más. Los dos sabiámos que el "quedamos para tomar algo" quería decir otra cosa...

Creo que el botón de nácar se soltó al desabrocharme él el vestido, tras muchos besos y antes de muchos más. Creo que estrené el vestido, uno de tipo ibicenco que llevaba toda la vida soñando con tener, esa tarde/noche y para él. Un vestido blanco, yo, que tanto vestí siempre de negro. Recuerdo esa tarde tan, tan calurosa, que pasé haciendo gestiones en la calle. Recuerdo que busqué el modo de, por una vez, salir a mi hora: las nueve. E inventar algo para ir a coger el autobús, y desviarme a la calle donde él me esperaba con el coche...

Creo que fue la primera vez en que su indumentaria, siempre tan clásico, cambió la camisa eternamente blanca, variando si acaso en un ténue color pastel, por una estampada en tonos inconcretos. No sé porqué recuerdo eso. Quizá porque también yo desabroché los botones de su camisa esa noche y porque él me pidió que lo hiciera.

Aquella noche, habían pasado doce días desde aquel encuentro en que supe que seguía existiendo entre nosotros algo más, algo que yo daba por finalizado hacía años y que sus labios y sus manos y el resto de su cuerpo me demostró que no, que seguía muy vivo. Aquella noche era la primera vez, doce días después, y más de tres años, también, para qué negarlo, después. Tres años desde que decidí que se había terminado, aunque la relación laboral aún duró casi medio año.

Hoy, han pasado también doce, pero doce años, de aquella noche. De una noche que quizá él no recuerde, ó finja no recordar. Pero sí sé que nunca olvidará algo: mi respuesta a una pregunta. Porque, según él, había sido la respuesta más rara que le habían dado nunca.
Para mí, era la única posible.

No voy a describir lo que pudiera considerarse una noche de amor, y que simplemente fueron dos, casi tres, horas de sexo. En realidad, entre nosotros no hubo amor, ni entonces, ni nunca. Aunque también esa noche fuese la primera en que me dijera "Te quiero".

La primera y creo que la única. Pero que no tomo en consideración, porque en algunas circunstancias las palabras carecen de sentido real y de cualquier significado.

Qué rara habría sido antes nuestra relación. Aquel más de año y medio "personal" en una relación laboral de poco más de dos. Qué rara había sido, que aquella noche de hace doce años me sorprendió que tras todo, me acercase con el coche a casa...

Que raro fue todo. Que empeño mío, a veces, de verlo todo normal... De ocultar aquello que, de conocerse, sólo le habría perjudicado a él, y de ver normal lo que no lo era. Nunca lo fue.

Aquella noche, como digo, habían pasado doce días de nuestro rápido e inesperado reencuentro físico y sexual.
Hoy, han pasado doce años de aquella noche.

Aquella noche, yo me negué a imaginar un futuro. No quise pensar si aquello se repetiría. Si sería la primera vez de muchas otras ó si no era sino un"punto y aparte" más. Algo surgido de una serie de factores casi casuales y circunstanciales: su familia de vacaciones en el pueblo, el calor, mi predisposición inesperada, el mayor tiempo libre, una atracción física que igual no se repetía más. Un nuevo episodio en lo que él una vez definió como "una simple aventura. ¿O creias que eras algo más para mí?" Cuando me dijo eso, él no lo sabía... pero yo decidí que la "simple aventura" acababa de terminar. Y cumplí mi promesa. Y pasaron más de tres años.

Hasta ese mes de julio. Casi, hasta esa noche.
Me negué a imaginar un futuro.

Antes de dejarme en casa, volvió a ser él. La persona que yo había conocido y que, creí, se había quedado olvidada en algún recoveco de esos más de tres años sin contacto físico. Pero regresó. Y me dió esas recomendaciones tan suyas..., eso de "ya sabes que mañana, por ejemplo, no nos podremos volver a ver. Y es mejor que no me llames".
Qué vanidoso era a veces. Creyendo que yo querría llamarle y verle.

Qué acostumbrada estaba yo, tras la primera parte de nuestra relación, a obedecer ordenes y encontrar normal lo que no era.
Y qué poco podía imaginar cómo sería el futuro...

Esa noche, me preguntó, en una pausa entre besos y caricias y todo eso que compone y conlleva el sexo, qué era lo que más me gustaba de él. No podía responderle otra cosa:"tu piel". A él le sorprendió: quizá muchos años de amantes hablándole de sus ojos, de sus pestañas, del hoyuelo de su barbilla. Incluso de eso que a los hombres les gusta tanto que sus amantes les alaben... Pero yo no podía darle otra respuesta.

Reconocería su piel, sólo por el tacto, a ciegas y entre un millón. Entonces y hoy. Y creo que siempre. Como las propias huellas dactilares, le llevo en la yema, en el tacto de mis dedos.

Aquella noche no podía imaginarlo. Pero acababa de empezar la cuenta atrás.
Una cuenta de siete años y siete días. Los que faltaban para el veintinueve de julio de dos mil tres. El mes siete del año, de nuevo. Y hasta hace apenas unos días no he reparado en tantos detalles. En tantos recuerdos que me devuelven al mes de julio.

Siete años y siete días después de aquella noche y aquel botón caido. Veintinueve de julio de dos mil tres.

La última vez que le ví. Que nos vimos. En el mismo coche en que aquella noche de hace doce años me dijo, por primera y única vez, que me quería. Aunque fuese, ya sé, mentira.
En el mismo en que me dijo, hace casi cinco, que volvería unos días, semanas, acaso meses después, a verme. Y yo supe de inmediato que era también mentira. Pero esa vez quise creerle.
Qué tontería.

Han pasado doce años. Y dentro de siete días, habrán pasado cinco.
Hace doce años, yo no podría haber imaginado que tenía por delante sólo siete años y siete días para poder considerar que aquello era una relación porque era compartida. Que me quedaba sólo ese tiempo. Y que no sabría aprovecharlo. Pero hoy, a falta de apenas una semana para esa media década de ausencia, ya sí he asimilado que fue la última vez. Y que será para siempre.

No sé dónde está, hoy, ese botón blanco de nácar que se me desprendió esa noche del vestido. Pero tampoco me importa: tengo los otros, todos los demás. Conservo el vestido.
Como conservaré y relataré los recuerdos buenos, y conservaré y callaré los malos. Quizá a mi pesar.
Como conservaré, como algo inevitable, como esas cicatrices que nos acompañarán toda la vida, el recuerdo de su piel en mis dedos. Las cosas inevitables, simplemente, son eso. Sin más.
Igual un día el botón perdido reaparece. Y lo guardaré entonces en el monedero. Pero no lo buscaré si sigue perdido. Tengo otros. Tengo el vestido completo.

Y, aunque la última vez que me lo puse fue también la penúltima vez que nos vimos, esa tarde en que me confirmó que sí, que se iba y era para siempre, igual un día vuelvo a ponérmelo. Quién sabe cuando. Quién sabe para quién.

Supongo que sobra decir de quién he estado hablando.
Tengo su recuerdo y tengo tantos años por delante. Sin él. Pero conmigo misma. Por fin.
Y, quizá, a pesar de él mismo. Aunque eso ya nunca lo sabré porque nunca me lo dirá.

Y creo que ya, definitivamente, no me importa.

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20 comentarios · Escribe aquí tu comentario

calalola

calalola dijo

caray... que memorión, o mejor... que huella más profunda...

besos

23 Julio 2008 | 09:12 AM

Kilifa

Kilifa dijo

Eso es amor y lo demás tonterias.
Jo Brux, me descolocas!!!
Para mí quisiera esa memoria. Tengo muchos recuerdos, entre ellos su piel tambien, es una sensacion que no puedo explicar, pero que sigue viva. Espero que no por doce años...o quizás si.
Sobra que digas de quien hablas...

besitos guapa

23 Julio 2008 | 09:44 AM

abril-ale

abril-ale dijo

Brux, con cuanta intensidad amaste y amás, porque aún lo amás. Bueno, eso es lo que cree esta loquita de Abril.

A medida que iba leyendo, me iba situando en esos momentos, y no sé, sentí...miedo, angustia, tristeza, todo ello mezclado con amor. Muchos dicen que esos amores matan, pero yo soy de las que piensa que el amor jamás mata, al contrarío deja esas huella imborrables que al recordarlas te hacen vivir.

Un besito.

23 Julio 2008 | 10:30 AM

bruxana

bruxana dijo

Hola Lola:))
Memoria. Simplemente.
Que también recuerdo cada uno de los expedientes de las empresas en que he trabajado (con muy poco margen de error: nombres, fechas, bancos, circunstancias personales de cada cual...). Ya digo: lo de mi memoria es un "defecto de fábrica"...
Un beso grande, guapetona:))

23 Julio 2008 | 12:14 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Kilifa:))
Quizá lo peor es que nunca fue amor. Ó sí. Ó tenemos muy idealizado el amor y pensamos que es otra cosa.
Y, como decía, la memoria la tengo para todo (un incordio, no creas). Aunque una de las cosas que teníamos éste y yo en común era la facilidad para fingir que no recordábamos (es que alguna vez me dejó secretamente sorprendida por recordar algunos detalles... en algo que según él no había tenido ninguna importancia ni ninguna "marca" en su vida).
Quizá lo mejor que te pueda pasar y que pueda desear que te pase es olvidar. Pero olvidar poco a poco, sin dolor. Sin darte cuenta de que olvidas...
Aunque soy consciente de que algunas cosas que no pertenecen al apartado de lo "descriptible" no se llegan a olvidar nunca, incluso cuando ya no recordamos. Y que de pronto hay un olor fugaz que cruza el aire, un ligero acento en una voz que ni siquiera sabemos de quién ha procedido, una luz concreta, y volvemos a recordar.
Los mejores recuerdos son los que ya no duelen.
Y en ello estoy. Aunque, como recuerdo toda la historia, también soy consciente de que en cualquier momento puede volver. E igual por eso, también, estoy preparada y "recuerdo". Para no seguir tropezando en las mismas piedras...

Sí, sobra decir nombres. Total, lo tengo como "categoría" propia en el blog...;)
Muchos besos, guapísima:))

23 Julio 2008 | 12:24 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Abril:))
Lo bueno, quizá lo único bueno de aquella historia que nunca sabré si fue amor... es que sobreviví a ella. Dos veces. Y luego he sobrevivido a cinco años sin él y, quizá, sin dejar de esperarle. Pero ya no duele. Algunas cosas, incluso en los últimos tiempos juntos, habían dejado de doler. Sólo quedaban las cicatrices...;)
Como he dicho algunas veces, igual un año de éstos me decido y cuento toda la historia seguida, en forma de novela. Pero sé que para eso aún me falta tiempo y distancia. Y tal vez no lo llegue a hacer nunca. No sé.
Las historias que, al final, más marcan nuestras vidas suelen empezar como algo casual... y es con el tiempo cuando nos damos cuenta real de su dimensión... Aunque, en realidad, la historia de la humanidad no esté sino hecha de pequeñas historias personales, tantas veces secretas...
Un beso grande, preciosa:))

23 Julio 2008 | 12:29 PM

lebiram

lebiram dijo

Como me gusta tu forma de escribir! Esta es de las historias que me gustan; llámalo amor, atracción o como quieras, pero puedo imaginar como saltaban chispas entre vosotros. Si bien es cierto que su actitud no me gusta ni un pelo. Pero, c'est la vi y da gracias a Dios que tienes una memoria como la que tienes, aunque coincido en que los recuerdos no deberían causar dolor. Cuestión de cambiar el chip, pero ¿cómo? Buen día guapa.
Besos.

23 Julio 2008 | 12:40 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Lebiram:))
Gracias!!!
Creo que nací con dos "dones": la memoria (me viene por el lado materno, aunque me consta que con el paso de los años y/ó la falta de ejercicio se pierden facultades) y la capacidad de contar historias (otra cosa que se va perdiendo. Que yo cuando de veras escribía bien era a los 16, 17...)
Con el tiempo, en mi historia con "M" deduje que lo que nos unía era una mezcla de atracción física (pelín inexplicable a ratos), de esa cabezonería femenina del "yo le cambiaré", del "sé que realmente no es así, que le conozco y he visto otros detalles" y de su propia naturaleza, que era (es, seguro) de los que se van detrás de cualquier cosa con faldas y sólo le limita el que huela bien a la hora de acostarse con ella... Lo que pasa es que a veces tampoco hacen falta más mimbres para tejer algunas historias...;)
Con el tiempo, los recuerdos dejan de doler. Igual porque pasan a ser eso, recuerdos. Parte de un pasado que fue una evidencia pero que no nos va a condicionar el futuro. Y escribir es también una forma de hacer terapia...
Un beso grande, guapa:))

23 Julio 2008 | 01:20 PM

www-lacoctelera-com-inaki

www-lacoctelera-com-inaki dijo

Uff, me has emocionado, Brux. Lo cuentas tan bien que se me han puesto los pelos de punta. Un besazo.

Iñakito.

23 Julio 2008 | 06:12 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Iñakito:))
A mí es que el que algunos, leido lo leido en vuestras casitas, me digais algunas cosas... ya digo, me daría casi vergüenza si la tuviese...;)
Un beso grande, guapetón:))

23 Julio 2008 | 07:01 PM

X

X dijo

Estimada Bruxana, entiéndeme!
De donde provengo, ya al mamar nos enchufan a la vaca y mientras crecemos nos alimentan con ella, y para colmo, uno se recibe de adulto no cuando cumple 21 años sino cuando sabe como cocinarla!!
De pasar mas de 25 años comiendo exclusivamente vacas, de pronto me entero que habia toda una fauna distinta para ingerir!
Despues de mucho meditarlo, he llegado a la conclusión que en mi estadía con Theo no salíamos a comer a restaurantes sino a zoológicos!
Que aquí, todo lo que en España comen, desde la cabeza, con lengua incluida hasta el mismísimo rabo del toro (plato que hicieron en mi honor O_o) se lo damos de comer a los perros! (Es decir, tenemos el mejor rango de natalidad y estimación de vida perruna del mundo)

Fue muy difícil.... tan traumada he quedado que terminé regalando todos mis dvds de Disney a mis sobrinos porque ya no cantaba las canciones sino que pensaba en lo rico que estaban los personajes cuando me los comí!

... ay dió...

Mi terapeuta se construirá una piscina nueva cuando se entere de esto xD

(Gracias por el espacio! Y un gusto conocerte! Hace rato leo tus post y siempre me parecen ingeniosos y divertidos (de otra forma, no vendría a tu casa a molestarte, eso lo hago ya con Theo XDDDDD)

Un abrazo y que tengas un excelente día!

X

23 Julio 2008 | 08:01 PM

lluna

lluna dijo

Hola Bruxana,

Que forma de relatar pasión, impresionante.

A mí modo de ver, opino que cuando una historia deja una huella así, es porque ha habido algo más que atracción. Creo que somos nosotras las que nos autoengañamos, siendo conscientes desde un principio de que no quieres enamorarte de esa persona porque sabes que puedes salir "escaldada" e inevitablemente y sin quererlo caemos en la trampa ( del amor?), creemos tener la historia bajo control y no es así. Seguro que te quería, pero a su manera y tal vez cuando el se dio cuenta de que se le iba el control de los sentimientos, simplemente se retiró.

Ya te digo, es mi forma de ver la historia.

Memoria, yo también peco de eso, y con la desgracia de que no sea selectiva, se queda todo guardadito, a veces inutilmente.

Besos guapa!!!

23 Julio 2008 | 08:16 PM

sobreviviendoenpareja

sobreviviendoenpareja dijo

Pues chica, Bruxana, tienes una memoria que ya la quisiera yo para mis oposiciones, a las que últimamente tengo más que abandonadas. Me engaño pensando que es el calor y la falta de tiempo, pero lo que me faltan son las ganas de ponerme a ello, jejeje

Me encantó este post, si, si, y eso que decías que las musas te habían abandonado, jeje

¡Besucos guapetona!

23 Julio 2008 | 08:39 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola X: bienvenida a mi blog y gracias por tu comentario:))
Qué bien..., que sería totalmente incapaz de dudar de Theo, por supuesto... pero qué bien que "existas" y que vengas a saludarme!!!
Tienes razón: lo comemos todo. Lo aprovechamos todo, más bien... Pero es que no hay que ver el conejo con arroz como, eso, un tierno conejito, con sus orejitas, su pelito suave... y no digamos ya como el Tambor de Bambi, porque entiendo que no te lo comas. Que yo para comerme las chuletitas de cordero en Navidad tengo que olvidarme de lo que es un corderito... que sino, no puedo. En estos casos, es carne, y ya está.
Y, sí, complejo el asunto "vaca". Que muy rica ella, sus filetes, su lomo picadito para hacer albóndigas, el queso que se saca de la leche... pero igual alimentarse solo de vacas... Claro que peor es tenerlas por todas partes y no comérselas por un tema religioso...;)
De todos modos, el grado de sibaritismo de tu chico tampoco es general...;). Que la mayoría nos conformamos con el pollo/ternera/cerdo... Así que disfruta de esas delicatessem... sin pensar en Disney.
(Y mejor no se lo cuentes a tu terapeuta. Lo de ver ahora un buen estofado al mirar al Bambi, me refiero...)
Gracias por tu visita, insisto. Un gusto conocerte.
Besos:))

23 Julio 2008 | 09:02 PM

milagobios

milagobios dijo

Yo también me he emocionada e incluso mi imaginación se ha dejado llevar por esos momentos de botones de camisas y vestidos ibicencos. Debe de ser por eso que me ha dolido como una puñalada esa frase de: "una simple aventura. ¿O creias que eras algo más para mí?"

Es lo malo de la monogamia impuesta a quien no es capaz de mantenerla. Puede que sintiese mas de lo que se atrevía a admitir pero había razones sociales de peso para no dejarse llevar. Este tipo de historias suele terminar así.

Por lo que ya sabes... busca siempre a quien este libre como un pájaro o sea mas sincero con su incapacidad de ser monógamo.

De todos modos te quedan esos recuerdos de su piel y de esa pasión como algo que, gracias al tiempo, ya no causa el dolor que en su día te debió de provocar.

Es mal de much@s eso de sentirse atraid@ por lo difícil, por los amores complicados. Aunque espero que nunca dejes que te pase lo que a la amiga de Chavela (víctima total de una pasión destructiva): http://www.lacoctelera.com/chavela/post/2008/07/23/mal-amores

Besitos alabando tu buena memoria y repitiendo casi al completo el comentario de sobreviviendoenpareja (que podría ser perfectamente el mio)

23 Julio 2008 | 09:36 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Lluna:))
A veces me pregunto qué pasará el día en que se me llene del todo el disco duro que debo llevar en el coco. Porque, como dices, hay que ver el problema que supone no tener una memoria selectiva, como la de todo el mundo... y acumularlo todo-todo. En estos casos, recuerdo una postal/viñeta del genial Guillermo Fesser, en que se quejaba (su personaje) de buena memoria... y se preguntaba para qué demonios servía recordar cosas como la letra de "Torito guapo" del Fary...;)

Entre "M" y yo hubo muchas cosas. Quizá más de las debidas, siendo como somos. Ó siendo como soy yo... La peor etapa fueron los dos años en que además trabajábamos juntos: a mí jamás se me habría ocurrido aprovecharme de nuestra relación "personal" como él decía para tener mejores condiciones laborales (la verdad es que fue el peor jefe, con mucha diferencia, que he tenido), y procuré que el tema se quedase en lo profesional todo lo más que pude... porque en casos así me conozco, y aun sabiendo que mi trabajo era fundamental para la empresa, y que trabajaba por tres (la puñetera hiperactividad) tenía miedo de que en un momento dado me asaltase la duda de si no me estaría pagando, además de por mi trabajo, por acostarse conmigo... Es una tontería y sé que nunca sería así... pero temí que en un momento dado sí me asaltase la duda...
Fue la peor etapa porque, en su afán por negarse a sí mismo que yo siquier le gustaba... me trataba fatal. Como empleada. Desde malas contestaciones en privado a escenitas fuera de lugar ante conocidos comunes, a no hablarme sin que hubiese razones que lo justificaran, a recargarme de trabajo hasta límites absurdos (obviamente, buscando que me equivocase ó que no fuera capaz, para así tener razones para enfadarse). Siempre gané yo. Pero...
Al final, los últimos años, nuestra relación era tal cual la letra de "No me importa nada" de Luz. Totalmente. Llegué a rechazar 24 llamadas suyas un día... simplemente porque no me apetecía hablar con él...
Sin embargo, me dolió infinitamente saber que se iba...
Qué raras son las relaciones humanas. Y qué rara soy yo...;)

Un beso grande, preciosa:))

23 Julio 2008 | 10:30 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Julieta:))
Nada, lo de la memoria no es ninguna suerte... Que sirve para acordarme de todo. Y todo es TODO: incluida una de información absurda que tira para atrás... Encima, nunca le he sacado provecho real al asunto (debe ser que como es "defecto de fábrica" por vía materna y, por tanto, no tiene mérito, pues me parece casi un fraude aprovecharlo. Y es que soy tonta).
Las musas no volvieron. El post lo escribí a ratitos, entre intermedios de OT (si me hubiese puesto en serio estoy segura de que me habría salido como más... no sé, comprimido. Que divago mucho). Además, lo redacté en bloc de notas, porque llevaba como un párrafo largo...y no sé si lacocte ó mi pc, pero se lo tragaron. Y no era plan. Y como estoy habituada al formato "redactar nuevo post" de lacoctelera... no controlo los tamaños si salgo de ahí...

Híncale el diente a la oposición y el codo a la mesa... y verás como es mejor tener que esforzarse que la "buena memoria" de serie... que, ya digo, nunca me sirvió para mucho más qeu contar historias...;)
Besos, guapetona:))

23 Julio 2008 | 10:38 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Milagobios:))
Tras la frase de "sólo has sido una aventura", le dejé. Una hora después, más ó menos. Aunque seguí trabajando con él cinco meses más... De todos modos, a esas alturas de la película ya había pasado por que, a los dos meses de empezar a trabajar con él, me dijera delante de su familia lo de "quédate con las niñas, a ver si para eso sirves ya que no sirves para otras cosas" (supuestamente en tono de broma), que tras preguntarle qué tal los resultados de unos análisis (sólo falto que publicase en la prensa que se los había hecho y estaba preocupado. Eso sí, a mí no me dijo nada) me respondiera que "eso era asunto suyo", por lo que no volví a preguntar por su salud hasta muuuuchos años después...
Quizá lo dentro de los post que hablan de nuestra relación, sea éste el que mejor resume/describe nuestra relación:
http://www.espacioblog.com/bruxana/post/2007/11/23/diccionario-su...
(si no funciona el enlace, es el post de "Escandinavia", de 23 de noviembre pasado)
Entre junio del año que le conocí y agosto del siguiente, escribí un diario. De los de tapita dura y candado. No he vuelto a releerlo ni creo que lo haga nunca. Un día sí lo hizo él (forzando la cerradura) y me pidió enfadadísimo que lo destruyera. Por supuesto, me negué. Y dejé de trabajar con él (era la alternativa). Pero regresé a los dos días. Y aunque él no lo sabía, ese fin de semana decidí que aquello se había terminado.
A veces, pienso que escribir este blog tiene algo de venganza... A él, que tanto le asustaba que "lo nuestro" lo supiera alguien... no sé qué pensaría de que lo pueda leer cualquiera...
La relación sí fue bastante destructiva. En poco más de un año adelgacé 15 kilos largos. Menos mal que me sobraban (pasé de 63 a 48) porque si me llega a pillar con un peso "normal" de poco más de 50... me habría muerto.
Algunos hombres, directamente, no deberían casarse. Lo tengo clarísimo. Al fin y al cabo, yo salí de aquella relación (aparte que durante todo el tiempo tuve claro qeu no engañaba a su mujer conmigo: simplemente, la engañaba y punto. Cuando no estaba conmigo estaba con otras. A algunas hasta las conocí) pero ella no podía salir. Al menos, entonces: treinta y pocos, dos niñas pequeñas, nula formación académica, escasa experiencia laboral... y un marido bastante machista. Ojalá con los años haya conseguido cambiar su situación (me consta que luego se sacó el graduado, estudió algunas cosas, aprendió a conducir...).
En fin: lo bueno es poder contar las cosas. Y todo lo "malo" que también pasó... que siga en el diario de tapas duras...;)
Un beso grande, guapísima:))

23 Julio 2008 | 11:39 PM

gwenda

gwenda dijo

Tu forma de expresarte hace que me transporte hasta esos momentos, incluso os estaba viendo a los 2 en el coche...

Vaya situaciones, vaya momentos... y supongo que hay relaciones qe más que de amor son de esas pasionales, yo hace muchooo tiempo tuve una relación así, la verdad aunque me sigo acordando de muchas cosas, creo que nunca funcionan porque son más bien destructivas con una misma, al menos así la viví yo, claro que en el momento te engañas pensando en que lo quieres, que eres feliz, que es tu elección, la mejor elección, pero con el paso del tiempo cada cosa se pone en su sitio y todo se ve con otra óptica, joe, tan diferente a la que vivimos.

Por cierto, ya te lo he dicho alguna vez, ¡vaya memoria!

Besitos, dobles.

24 Julio 2008 | 10:14 AM

Manolo

Manolo dijo

Hola Bruxana.

Me permito la licencia de entrar en tu casa yo tambien. La puerta está abierta y percibo un aroma agradable que fluye desde el interior.

"Que raras son las relaciones humanas" curioso. O tal vez lo curioso y raro sean las "no" relaciones humanas. Escapadas, deseos, aventuras furtivas, miradas, proyecciones inviables de relacion estable.... que se yo!

La voragine del dia a dia en la gran ciudad nos lleva a interpretaciones inexactas sobre lo recomendable para nuestra felicidad, nos provoca una ausencia total de coherencia, y nos arroja al precipicio con una mezcla de placer por la dimension desconocida, y la sensación de libertad que nos da el volar en caida libre. Solo es una experiencia mas. Algo distinto a la rutina diaria. que nos permite por instantes sentirnos bien. No importa lo que dure el viaje, mientras lo vivimos, aceptamos el riesgo simplemente.

Solo al final del recorrido, en el aterrizaje no previsto, es cuando hacemos una valoración de todo el proceso reconociendo el error y llegando a algunas conclusiones como que: "En esta vida, no debemos confundir la necesidad con el amor"

Pienso que tal vez sea lo que le sucedió a M.

Gracias por escribirlo. Saludos desde BCN

29 Julio 2008 | 09:56 AM

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Diario de una vampiresa en paro

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...



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INTERNET no significa, en ningún idioma, IMPUNIDAD.

Esta foto de la Luna es de la noche del eclipse de principios de marzo del 2007... aquí ya casi está "deseclipsada"



Nota: Todas las imágenes (fotografías) que aparecen en este blog, son propiedad de la que aquí escribe, bien por haber sido hechas por ella, bien por ser imágenes donde aparece fotografiada.


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