El alma de los lugares y los objetos (superpegamento I)
Asunto súperpegamento: introducción y primera parte.
Tengo que reconocer que la escena en sí daría para un gag estupendo tipo Pepe Viyuela ( genial "payaso" al que admiro sin matices ni reservas). Y es que casi todas las escenas cómicas lo son... cuando no pertenecen al momento y la vida real de uno mismo...
Todo empezó hará unos diez años. En verano tenía apenas 10 días de vacaciones, y siempre empleaba uno, una tarde siquiera, en ir al centro comercial La Vaguada. Y es que durante años, algo que hoy nos parece de lo más común y que es un centro comercial (con su híper, su zona de restauración/hostelería, sus tiendas de temas diversos, todo bajo techado, con asientos en algunas zonas...) era una completa rareza. La Vaguada fue el primero que se abrió en Madrid, a principios/medidados de los 80'. Además, era un centro comercial "de autor": César Manrique. Y el resultado fue una auténtica obra de arte... Hasta venían autocares con gente de otras provincias a visitarlo.
Con el paso de los años, y "gracias" a la despreocupación/cooperación del Ayuntamiento de Madrid, decidieron que el edificio necesitaba una "restauración"... y el resultado es que a fecha de hoy es un centro comercial idéntico a los otros tropecientos centros comerciales. Con razonamientos absurdos, terminaron por quitar todas las señas de identidad de La Vaguada: las rocas basálticas que aparecían aleatoriamente en el suelo de mármol blanco y en los bordes de los miradores de una planta a otra, las plantas naturales que caían en cascada desde el techo y que se autoregaban, proporcionando una agradable humedad en verano, las lonas-vela que daban al centro su peculiar aspecto de velero en mitad de la ciudad, el sistema de iluminación que no dañaba la vista, el magnífico conjunto de sistemas de subida-bajada (ascensor, rampas, escaleras mecánicas, escalera de caracol para subir a pie) que estaba todo junto... En fin, que espero que el espíritu de Manrique persiga toda la eternidad a los "ideólogos" de semejantes estropicio. Porque aunque se intentó parar el desastre (y por tanto, la obra) bien que se dieron prisa. No fuese a cumplir los años necesarios para que el edificio tuviese la protección urbanística necesaria que impediría esa "reforma" que seguro tan bien vino a las empresas concesionaria y adjudicatarias...
En fin. En La Vaguada también la mayor parte de las tiendas primigenias eran diferentes (hoy no: están todas las marcas de tienda de ropa que hay en todos los centros comerciales, todas las franquicias de bares y fastfood, todo lo que uno espera encontrar en un centro comercial). Una zona era la llamada "calle de los artesanos". Era un recoveco del centro, solado con losetas de "calle", con sus farolas... y cuyas tiendas tenían eso, artesanía. De calidad.
Había tres ó cuatro platerías. Hasta hace pocos años, encontrar sitios donde se vendiera joyería en plata y piedras era tarea casi imposible. Para mí, tan aficionada a las piedras, encontrar esas joyerías de artesanos... fue el gran descubrimiento. Y una de las razones por las que, cuando económicamente me lo pude empezar a permitir, iba a La Vaguada. A comprar algún collar, un anillo, pulseras... Objetos no sólo originales y bonitos, sino con "alma". El alma de las piedras.
Por supuesto, la "remodelación" terminó por llevarse por delante la "calle de los artesanos". Supongo que porque ya que no hay tiendas similares en el resto de los megacentros comeciales, era cosa de quitarlas en éste en vez de ponerlas en otros... A pesar de que muchos fuimos a firmar para intentar parar el desastre. Dió igual: hoy está allí una megatienda de ropa de origen sueco...
Como digo, la historia del pegamento empieza hace unos diez años y en La Vaguada. Había comprado... qué sé yo, quizá alguna gargantilla de onix, un anillo de granates, unas pulseras de malaquita... Entonces, la ví. Y decidí que la quería. Era una pulsera con una piedra de un curioso tono verde agua, mate. Pregunté, cuando me la sacaron de la vitrina, qué piedra era:
-"Es una turquesa".
Nunca había visto ninguna de ese tono. Se lo dije al joyero.
-"Claro. Es que debe tener muchos años. Las turquesas son piedras vivas: con el tiempo, envejecen e incluso se mueren. Y se van volviendo verdes".
Me llevé mi pulsera de turquesa envejecida. Era claramente una joya "reconstruida": el centro era la turquesa, y una cuentas de plata antigua. El resto era una cadena de piezas casi rígidas y distinto brillo. Me la puse poco: aún teniendo unas manos y unas muñecas finitas, tuve que añadir otro cierre para poder darla de sí unos milímetros.
Poco tiempo después, estuve a punto de perderla: se me cayó por una ventana (de una vivienda en que terminó viviendo alguien que luego fue dueño de un local de ocio con muerto en reyerta...pero eso es otra historia). Y, ante la posibilidad de que fuese una de esas piedras que están con nosotros "de paso", decidí guardarla...
Hasta el otro día.
(Continuará... claro)





selenedenebulae dijo
Es verdad que la vaguada es ahora mismo como cualquier centro comercial. Es una pena lo que hicieron. Por otra parte, comparto la pasión por las piedras.
Veo por dónde va a ir la cosa del pegamento, pero esperaré al desenlace...
Muchos besos
30 Julio 2008 | 05:29 PM