Señales (ó algo así)
No sé si afirmar que hay días en que recibimos señales extrañas ó que hay días en que tenemos la sensibilidad más a "flor de piel" y nos damos cuenta de algunas cosas que igual siempre están ahí y las interpretamos como señales...
Hoy es uno de esos días.
Últimamente, me despierto pronto, con independencia a la hora en que me haya acostado. Es raro el día en que sobre las seis, siete de la mañana no me despierto. De inmediato recuerdo que no tengo que madrugar y sigo entre sueños hasta las ocho y media, las nueve... Intento prolongar el duermevela hasta las diez (más que nada, porque tampoco tengo tanto que hacer y no es plan ir acumulando cansancio ó dedicarme a dar vueltas por la casa como una zombi), pero raro es el día en que me dan más de las nueve y media en la cama. Luego desayuno tarde: de hecho, esta mañana me he ido a hacer varias gestiones a varios sitios (entre ellos, uno de esos Bancos que no atienden determinadas cosas más allá de las diez... y donde no tengo "enchufe" que me haga el favor a deshoras), y a la vuelta, cerca de las once, es cuando me he tomado un café con leche cargadito y con un puñado de cereales integrales, que viene a ser una de mis opciones para desayunar...
A lo que iba: me voy del tema.
El caso es que se diría que el cuerpo se me está "entrenando" para cuando por fin encuentre un trabajo y no me pueda permitir ese remoloneo sin despertador. Es curioso. Se vé que mi cuerpo sigue funcionando por su cuenta. Ó debería culpar a mi mente...
Esa misma que muchas mañanas, en el primer despertar, no recuerda claramente en qué día de la semana vive. En ocasiones, siquiera en qué mes... No sé, imagino que también puede ser un recurso de defensa...
Señales.
Esta mañana no recordaba claramente qué día era, pero me ha asaltado una frase. De una canción ( Joaquín Sabina cantado por Ana Belén ): "...al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". La canción es "Peces de ciudad". Es la primera que recuerdo haber puesto como "banda sonora" en un post de este mismo blog (a finales del 06) y con cuya letra, por circunstancias, me siento muy identificada. Esa canción tiene un "antes": el mismo autor, años atrás compuso "El Blues de la soledad", que cantó Miguel Ríos. Esa canción me persiguió años... esos años en que ó tenías el disco ó determinadas canciones no existían más que en el recuerdo: no había este elemento mágico que es internet y que nos facilita recuperar algunos recuerdos... Compré un recopilatorio en cassette, allá por el verano, quizá ya otoño, del 89. Casi, por esa canción. Que tenía otra versión de la misma frase: "... al lugar donde has sido feliz es mejor que no trates nunca de regresar...".
Bueno. Un día supe que la frase igual era cierta. Y no sé si el sitio había sido "el lugar donde fuí feliz", ó sí, sí que lo sé. Fuí feliz y fuí desgraciada. El lugar fue el paraiso y luego..., en fin, igual no dejó de serlo. Igual simplemente se me expulsó del Paraiso y no tenia una copia de la llave para volver. Ó quizá todo fue una idealización, y nunca fue como lo recuerdo... El caso es que volví, una sola vez, y cuando ya no era ni la sombra de lo que había sido...
Y a partir de ese día se desencadenaron muchas cosas. Fue como abrir una compuerta: la vida de pronto se me puso del revés, y del derecho otra vez, y volvió a girar... Y achaco el comienzo de todo aquello a esa visita, esa última visita a un lugar donde fuí feliz porque todo empezó, y donde creí que jamás volvería.
Tras esa visita, no hubo más. Pero ya no importaba.
Esta mañana, como digo, me he despertado con esa frase dándome vueltas en la cabeza.
Al repasar el correo virtual, me he encontrado con un mensaje. Alguien me había dejado un comentario, el primero en muchos meses, en un sitio donde cuelgo canciones para luego poner en el blog. ¿En qué canción? Exacto: el "Blues de la Soledad".
Pero...
Hay personas, creo que eso sí que nos pasa a todos, que podemos estar semanas, meses sin verlas ni recordarlas para nada. Son elementos que pertenecen a nuestra vida cotidiana en algún momento, pero que tampoco son tan importantes. Estuvieron, ó están, pero como algo accesorio. Por poner un ejemplo: el taquillero de la estación que vemos cada mañana al coger el tren, durante años, y con quien intercambiamos a veces una frase. La camarera del bar donde durante meses hemos ido a desayunar. Un compañero de trabajo que un día se va, ó de un trabajo donde nos vamos nosotros. Personas que tienen su importancia en su día, pero como algo cotidiano: no nos son imprescindibles...
Y, de pronto, nos acordabamos de alguien así.
Y, de pronto, nos lo encontramos poco después. Ó alguien nos habla de esa persona.
En mi vida hay varias personas así. Una de ellas lleva apareciendo/desapareciendo años. Casi 20. Durante etapas, fue importante más que para mí, para las empresas en que he ido trabajando. Luego desapareció, y no le dimos mayor importancia (al menos yo, que ya estaba bastante desligada de la razón por la que un día fue importante). Luego, apareció de nuevo. Apareció llamándome por teléfono. Desapareció nuevamente al no fijar yo siquiera una cita para tomar café. Reapareció al tiempo.
Ya digo: aparece y desaparece. Como tanta gente.
¿Qué tiene de particular? Que antes de cada aparición, siempre, me he acordado de él. Sin venir a cuento. A veces, hasta adiviné que era quien llamaba al teléfono (en esos años en que no se identificaban los números antes de descolgar el auricular). De pronto, por asociación de ideas, lo recordaba... y poco tiempo después, a veces pocas horas, aparecía...
En estos años, pasaron entre nosotros muchas cosas y nunca pasó nada. Malentendidos. Comentarios. Amigos comunes. Algún negocio. Insinuaciones (muchas). Un indisimulado interés por mí que nunca permití "fuera a más". Y, curiosamente, la sensación de que la vida me protegía a ese respecto: nunca se dieron las circunstancias favorables para algo tan simple, tan común, como quedar para tomar café los dos solos. Como para que me acercase en coche a casa. La verdad es que siempre me negué a tomármelo en serio. Me negué a ver lo que mucha gente sí veía y me tomé a guasa algunas insinuaciones...
La última vez que nos vimos fue en una de los locales en que mi empresa tuvo la oficina. Vino... lo cierto es que no sé a qué. Hablamos un buen rato. Me pidió que saliéramos a tomar un refresco. Quizá habría aceptado...Pero llegaron unos clientes. Quedé en llamarle. Me llamó él un par de dias más tarde, a ver si quedábamos: yo andaba tanteando el tema de irme a vivir sola y él sabía algo de un alquiler asequible, quizá una compra... Le respondí que echase un vistazo por mí y ya hablaríamos...
No le llamé, como tantas otras veces antes. Lo fuí demorando... Y pasaron los años.
Creo que la última vez que lo ví, sin verme, fue de pasada, y evité encontrármelo. De nuevo, la vida se puso de mi parte y alguien lo llamó por la calle y entró a un bar...
No le he vuelto a ver. Y, a decir verdad, tampoco me ha preocupado. Es más, podría jurar que no lo he recordado. Sé que la última vez que nos vimos fue a finales del año 99. Que esa otra vez que le ví sin verme él sería a primeros del 2002, quizá finales del 2001. También sé que "M" me lo nombró algún tiempo después: habían quedado, no recuerdo para qué... "M" siempre tuvo la morbosa sospecha de que mi relación con esa persona pudiese tener un componente sexual. No, al menos por mi parte, no, ni siquiera interés. ¿Por la suya? Indudablemente. Pero no más allá de una "muesca en la culata del arma"...
No sé. Hoy, de pronto, me he acordado de él. Sin venir a cuento.
Y, aún no sé bien porqué, he hecho eso tan tonto de teclear su nombre y apellidos en google (los apellidos no son muy comunes).
Bingo.
Sólo hay una reseña. Sólo una. Un comentario (anónimo) en un foro. Donde le acusan de una estafa (a todas luces increible. Vamos, no porque no le crea capaz: no sería de las personas por quien pondría la mano en el fuego. Pero la historia no es creible). El comentario tiene muy pocos días. Pero lo que más me llama la atención... es que lo que cuenta es que ha trabajado en una empresa a la que, poco antes de esas fechas, estuve a punto de mandar mi currículum... y aún no sé qué me hizo convencerme que no, que "no era el momento".
Curiosamente, eso mismo fue lo que hizo que empezase a trabajar en la primera empresa de"lo mío". No hacer una llamada como respuesta a un anuncio de búsqueda de empleo, pensando que "no era el momento". El momento fue meses después. En esa empresa fue donde conocí, por circunstancias, a esa persona. Pero... lo cierto es que ya nos conocíamos de antes, siquiera de vista. Y nos conocimos "de vista" precisamente en esas fechas en que "no era el momento de responder esa oferta de trabajo"....
Últimamente, varias veces he estado a punto de irme a dar una vuelta por la zona mencionada... y es como si algo me hubiera frenado. La última, el pasado sábado. Cosa rara: es un sitio por el que desde que me acuerdo me he movido mucho. Es más: todas las semanas durante meses, años, fuí allí a comprar música. Increiblemente, la empresa está, estaba, justo encima de la tienda de discos... La misma tienda donde compré los discos que contienen las dos canciones mencionadas, claro.
Al parecer, todo el tiempo ha estado dando vueltas por el mismo sitio... y no nos hemos encontrado. Es más: nadie me lo ha nombrado.
Y, de pronto hoy, le recuerdo sin venir a cuento...
No sé. Seguramente nada de esto tiene el menor sentido. Ha vuelto el calor y cada vez me pone más paranoica...
Pero: ¿y si es un mensaje... y no estoy entendiéndolo...?






risasylagrimas dijo
Suele pasar a veces cuando piensas mucho en alguien , que hace tiempo que no ves, però que en tu interior lo recuerdas, es como si huviera una fuerza ,no se como explicarme ,algo superior a nosotros que hace que se produzca ese encuentro. però yo siempre pienso que si tienes ganas de encontrar a una persona debes ir a por ella, sea para bien o para mal.
un saludo.
18 Agosto 2008 | 07:33 PM