Ciento setenta y tres vidas y un avión.
La verdad es que hay días a los que les debería estar prohibidos existir. Deberían pasar en el calendario sin que nos percatásemos...
Pero está claro que la realidad "se empeña". Y que cuando a algo "le toca" pasar, pues pasa...
No sé. Si algo tengo claro es que mi estado de ánimos no está hoy como para frivolidades. Y bien que me gustaría... Pero no.
La puñetera empatía esta que "padezco" de nacimiento. Y esa capacidad rara de "presentir" cosas...
La ampliación de Barajas, la T4, es una de mis asignaturas pendientes. Tenía unas ganas locas de que la inaugurasen (sobre todo tras ver las fotos de cómo iba a ser) para ir con la cámara y fotografiarla. Pero entre mi falta habitual de tiempo, mi cada vez menor facilidad para gestionarme el que tengo, y eso de que cuanto menos cosas hay que hacer y mayor es la posibilidad de poder hacerlas, sin otras obligaciones, menos se hacen... pues ahí sigue: en asignatura pendiente...
Y eso que desde que la inauguraron cada vez es más fácil poder ir a conocerla: que hasta el metro de Madrid se ha prolongado hasta allí...
No puedo asegurar si fue anteayer, si fue hace más días. Si, siquiera, fue ayer mismo. Sí recuerdo dónde fue: la cocina de mi casa, mientras manipulaba los mandos del microondas, que últimamente está rarito y se atasca. De pronto, me sorprendí a mí misma diciéndome: "como te pongas a trabajar, otra cosa que vas a aplazar es ir a conocer la T4".
No sé a cuento de qué.
Ó..., no sé. Ahora mismo, y desde las 3 de la tarde, ya no estoy segura de nada.
Hace años, algunas mañanas, me despertaba y no me hacía falta casi poner la radio: sabía que había habido un accidente de aviación. No sé porqué lo sabía. He intentado encontrar una explicación lógica (y probable): en el baño teníamos un aparato de radio que se activaba por presencia humana. Terminé deduciendo que alguna de las noticias que "intuía" simplemente las había escuchado entre sueños: alguien fue al baño y, aunque el volumen de la radio a partir de las 11 de la noche era bajísimo... quizá yo sí lo escuchaba...
Quise creer esa explicación y no oir que no, que nadie más de mi familia sabía esa noticia.
Pero con los aviones siempre he tenido esa relación rara, íntima, podriamos decir...
Madrid es una ciudad habituada a grandes atentados (uno, inmenso, que provocó una herida general que seguirá siempre ahí, también en quienes no perdimos nada ni a nadie). De incendios de incalculables proporciones en edificios (la discoteca "Alcala20", el siniestro total con derrumbamiento de "Almacenes Arias" ). Madrid es una ciudad caótica que funciona como el mejor reloj suizo en situaciones extremas. A veces pienso que realmente siempre estamos en situación de alerta máxima, y por eso estamos siempre celebrando, las 24 horas del día, que no pasa nada. Madrid no duerme nunca. Y, cuando pasa algo malo... todo es tan rápido, tan eficaz...
En la zona donde vivo, sur de la Comunidad, hay dos aeropuertos. Uno es el Aeródromo de Cuatro Vientos, entre Alcorcón y Madrid-capital. Me crié en el punto más alto del municipio, viendo avionetas, escuchándolas. La verdad es que no, no molestaban... Recuerdo una anécdota, siendo yo muy cría: una noche en que el aeródromo estuvo con toda la iluminación encendida..., y luego supimos que se esperaba el aterrizaje de no sé qué personalidad estadounidense, en pleno conflicto diplomático y militar con Libia. El otro aeropuerto es militar, y es el de Getafe. De ése escucho de vez en cuanto algún avión: sobre todo, cuando hay previsto un desfile de exhibición y tienen que sacar los aviones a "darles el aire" días antes...
Entre lo uno y lo otro, la verdad es que por el sonido diferencio el ruido: "eso es un avión del ejército", "una avioneta comercial", "un helicóptero: inconfundible", "un helicóptero de esos grandes de militares". En esta zona, como digo, se oyen pero no molestan.
Tras la inauguración de la T4, la novedad fue empezar a ver aviones... de Iberia. No hacen ruido, no: deben volar muy altos. Ó de algún modo no se escuchan, no sé. Pero lo cierto es que se ven perfectamente: el logo de la empresa, hasta la numeración... Hace gracia.
Como digo, deben ir muy altos y la acústica de las nubes impiden que molesten. Y se ven... porque un avión de pasajeros es muy grande. Enorme.
Por eso, cuando en las imágenes de la televisión, esta tarde, ya una hora, dos, tras el accidente... por fin se han distinguido con suficiente claridad el sitio donde se terminaba de apagar el incendio..., no sé, aún siento el escalofrío.
Un avión de pasajeros es muy, muy grande. Enorme.
En esos momentos, las cifras más pesimistas y exageradas hablaban de 20 fallecidos. Las más optimistas habían pasado de dos a siete.
Un avión es algo enorme. Incluso partido en dos, en cuatro. Mucho más grande que una moto de la guardia civil, que una ambulancia, que una UVI móvil, que un autobomba contraincendios. En esa explanada se podían contar bastantes unidades de cada uno de esos vehículos.
En esa explanada no se veía nada que pareciera un avión. En ese momento he tenido claro que no eran "solo" veinte fallecidos. No. Allí no había avión. Allí no podía haber nada con vida.
Dos, siete, veinte, cuarenta y cinco.
Más de cincuenta. Cerca de cien.
Y en cada cifra, era como revivir algo. Y enseguida he sabido que esa sensación, la misma, la pasé la mañana del once de marzo de 2004.
Y cada número, por separado, era una persona que un rato antes estuvo viva. Que tenía una piel que le recubría el esqueleto blanco, los organos brillantes, el entramado de venas y arterias que viraban del carmesí al gris. Un corazón que latía. Unas piernas que le hicieron subir a ese avión. Con miedo a volar. Con la ilusión de llegar al destino. Con la pena de dejar a alguien querido en Madrid. Con la curiosidad de ver el paisaje desde lo alto. Con la indolencia de quien lleva tantas horas de vuelo. Con la gracia de "perder" una hora en el trayecto...ó, mejor dicho, "ganarla" al llegar a un lugar donde el tiempo es "una hora menos"...
Cada número en esa estadística del terror era un ser vivo. Una persona. Alguien como yo misma, que veo pasar los aviones desde el portal de mi casa y me hace tanta gracia esa sensación de parecer que son globos flotando que, con alargar la mano, se puedan espantar... algunos días claros en este cielo extraño de Madrid.
Esta tarde noté que no pasaban. Más allá de saberlo, lo notaba...
Y a media tarde, entre estadísticas, entre anuncios de extinciones de incendio, entre imágenes en que el humo negro había pasado al blanco casi difuso, otra noticia. Una de ésas que casi parecen una frase sin importancia: "El ayuntamiento de Madrid cede el uso del IFEMA para la gestión de la catástrofe".
IFEMA. Otra vez.
IFEMA no es otra cosa que el recinto ferial de Madrid. IFEMA fue, en esos días tremendos de marzo del 2004, el sitio desde donde se coordinó la llegada de cadáveres, para su posterior identificación por parte de los familiares.
De qué cifras podíamos estar hablando... para volver a convertir en morgue el mayor recinto ferial de Europa...
Ciento setenta y tres personas dentro de un avión. Ciento setenta y tres historias personales, propias, únicas. Ciento setenta y tres personas con sus amores, sus fobias, que eran esperadas por otras, despedidas minutos antes. Que planificaban unos días de descanso ó una vuelta a casa tras una escapada a Madrid. Que hacían trasbordo de un avión a otro como yo lo hago de una línea a otra de metro en Madrid.
¿Cuántas lágrimas caben en ciento setenta y tres personas? ¿Cuántas en quienes las van a llorar... quizá el resto de sus vidas?
En estos momentos, no hay cifras definitivas. Pero eran ciento setenta y tres personas dentro de un avión. Que ha desaparecido, como si no hubiese sido nunca algo tan grande, tan enorme como es un avión de pasajeros. Y si un avión es una máquina tan grande, tan perfecta, que hace algo que nosotros hemos deseado desde que existimos como especie, que es volar..., si un avión que es tan grande y tan poderoso ha quedado reducido a cenizas... ¿qué otra cosa puedo pensar, temer, de esas vidas humanas pequeñas que iban en su interior?
Definitivamente, no, hay días que no deberían pasar. Que no deberían pasarnos.


















abril-ale dijo
Brux, me enteré hace poco del accidente aereo. Mi solidaridad con tu país, con su gente, con las familias de las victimas, con vos como española.
Estaré atenta a las noticias y oraré por todos.
Un abrazo fraterno amiga.
20 Agosto 2008 | 10:21 PM