Gremlims, rituales, CSI...: fiebre, en definitiva
Qué raras son las enfermedades sin demasiada importancia...
Rectifico ó matizo: qué raro reacciona nuestro cuerpo ante esas enfermedades de poca importancia...
Esos síntomas casi aislados, pero que de pronto nos asaltan. Y nos damos cuenta de que no, eso que de pronto sentimos no es "habitual". Y, supongo que porque el cuerpo tiene memoria, lo relacionamos con el recuerdo de síntomas similares en un pasado. Y sabemos entonces que debe ser tal ó cual cosa.
Así, sin necesidad de ir al médico, de consultar guías de salud. Sabemos que estamos malos.
Y, para terminar de completar el cuadro de cosas raras que nos parecen de lo más normal, vamos y nos tomamos una aspirina. Esa especie de luna diminuta que, misteriosamente, sabe lo que nos duele... y va ahí, lanzada. Porque si nos duele un dedo del pie, la aspirina nos quita el dolor. Pero si es la garganta, pues también, imagino que para demostrar que ella va lo mismo al dedo del pie que al fondo de la garganta. Aunque su preferencia sea la cabeza: ¿dolor de cabeza?=Aspirina. Vamos, que hasta ha protagonizado películas de 30 segundos con argumento: su planteamiento, su nudo, su resolución. Películas de ésas que ponen en los intermedios de la tele, y que llaman "spots publicitarios", pero películas al fin y al cabo, con la aspirina de protagonista absoluta... En plan super-heroe. Blanca, diminuta y con tendencia a disolverse en agua si se cae...
Una especie de mezcla entre super-heroe y gremlim, ahora que caigo. Que pasadas por agua, mutan.
Yo las tomo esfervescentes. Con sabor a limón. ¿Razones? Pues nada en especial: que son mejores para el constipado y que tienen vitamina C (que se supone viene bien para eso, el constipado). Y más divertidas de tomar, supongo. De todos modos, soy poco de medicamentos, yo... Si tomaré pocos, que las aspirinas esfesvescentes de los últimos días llevan "caducadas" desde julio... Claro, eso me pasa por llevarme una caja de 20 unidades: debí pensar que cómo iba a no tomármelas en dos años (que viene a ser la antelación con que se fabrican y se venden, con respecto a la fecha de consumo máximo). En cualquier caso, me las estoy tomando igual: en el peor de los casos, que no me hagan todo el bien que debieran... (intoxicarme ya sé que no, que no me van a intoxicar. Salvo que me las tomase todas a la vez, que no es el caso).
Por cierto que una aspirina esfervescente es aún más gremlim que las normales: es echarlas al agua, y, uff....
En fin. Que sigo con esto que no sé bien si es enfriamiento ó si es un virus, y que por una parte casi preferiría fuese lo segundo (así ya estoy inmunizada para el resto de la temporada) pero, por otra, casi es mejor que sea lo primero. Que pasado mañana me toca ir a casa de mis padres a pasar el día (con paso por el médico a buscar recetas, dicho sea de paso) y las enfermedades con opción de ser contagiadas, en casa paterna, son un serio problema...
Anoche, sobre las diez, cerré la ventana de mi dormitorio. Esa que se suele abrir a mediados de junio y no se cierra hasta octubre, prácticamente (algunos años, hasta noviembre. Que, encima, con la orientación sur es ahora cuando empieza a dar el sol en la fachada por las tardes). También cerré la terraza. Y busqué una camiseta de media manguita, de las que me pongo para dormir en invierno (otra cosa igual: solo si viene algún día fresco antes del uno de noviembre o tras el uno de mayo me pongo ropa de invierno para dormir. Que las calefacciones centrales es lo que conllevan). A mitad del segundo capítulo de CSI, esto es, antes de las doce, ya estaba adormilada en el sofá. Consciente de tener fiebre. Y de que ya había visto ese episodio, claro, no era la sensación de dejà vu propia de la fiebre.
A más de la una, con el CSI de Miami en la tele, decidí que ya era hora de irme a la cama... en condiciones de enfermita. Porque en ese momento, además, me sentía francamente mal. Ó sea: griposa de veras.
Pero, aunque me apetecía trasladarme sin más... me lo tomé en serio. Y me molesté en ir a la cocina, llenar medio vasito de agua y echar mi gremlim con vitamina C a disolver. Llenar media taza de leche y meterla al microondas a dar vueltas. Buscar el termómetro (tarde ó temprano tenía que estrenarlo... que nunca he tenido y éste tendrá como 3 años, que lo compré por si acaso alguien de mi familia lo necesitase en mi casa). Echarle miel a la leche y, mientras la tomaba (con la aspirina e iluminada por la luz del aseo, la tele ya apagada) ponerme el termómetro: 37.8. Nada: me temí algo peor...
Es curiosa la sensación de fiebre. Eso de que el suelo parezca inseguro, de que el pasillo sea un tunel de apariencia más estrecha y larga. Que las luces sean aún más brillantes. Que todo tenga apariencia de estar blando: que si lo tocamos ó nos apoyamos en ello, lo vamos a romper..., pero luego, no: las paredes están frías y son estables. Tan estables como nuestros sentido común sabe de antes que son...
Y si a mí estos días pre me suelen dar por limpiar (como ya conté y difundió la newsletter coctelera), en esta ocasión, al juntarse con la fiebre... me dió un arrebato casi militar, de organización. Mi célebre autodisciplina. Así que a casi la una y media de la madrugada estaba buscando por la mesa del comedor una crema que, de pascuas a ramos, me doy en las pestañas (y que recordaba estaría ahí... porque no hace ni un mes que la compré. Y no sé si la empleé ese día y ya está), pero que de pronto sentía la necesidad de aplicarme ( ¿por? ¿por si se me caían las pestañas...justo anoche? ). Y. con el mismo ímpetú absurdo, untarme de la crema hidratante que durante años era un ritual nocturno imperdonable ( vamos, que yo podía quedarme a dormir en cualquier sitio sin llevar camisón... pero, plantearme hacerlo sin mi crema... quía!!!!...) y que no sé en qué momento fuí relajando esa costumbre. Y, por descontado, volver a lavarme los dientes ( bien, eso lo hago 3 veces al día. Lo había hecho antes del CSI )... pero porque tenía que enjuagarme con Oraldine... Debe ser la fiebre, sin duda, pero me dolían las encías... A ratos, me duelen también hoy...
Y con todo eso (menos mal que no me dió por, no sé, dejar la cocina recogida ó el salón ordenado) por fin me dejé caer en la cama...
...que daba vueltas, y vueltas, y hacía tanto calor, y...
Y he dormido (ó algo parecido) más de nueve horas.
Y el termómetro ha marcado durante el día los 36.5 que dicen es nuestra temperatura normal.
Y esta noche... volveré a hacer el ritual (no sé si cremas y mejunges incluidos). A ver si esto se me pasa. Que mis planes para septiembre, lo aseguro, no eran empezarlo de esta forma tan estúpida...
... ni con estos post tan surrealistas.
Le echaré la culpa a la fiebre. Que a Dalí le hacía pintar maravillas y a mí escribir estupideces.









kilifa dijo
A mí la fiebre me deja medio tonta. Me pongo el termómetro creyendo que tengo casi cuarenta y....menos de 38º...y siempre pienso igual, como puede mi hijo muchas veces con más de 39º estar en el sofá y levantarse sin problemas? el ibuprofeno es el gremlim de mi hijo, es mano de santo, aunque a mí la fiebre me mata.
cuidate y descansa, el resfriado quiere cama, sin más.
besitos guapa
3 Septiembre 2008 | 10:39 AM