Día post-pólvora
Ocho de septiembre. Segundo lunes de mes.
Y yo con estos pelos. Ó, lo que es igual, sin hacer nada de provecho. Dejándome llevar por la corriente, si acaso oponiendo algo de resistencia para no irme tan lejos que luego me dé pereza, ó peor, miedo, tener que volver sola.
Tal día como hoy, es festivo en el municipio madrileño donde me crié y he vivido más de media vida. Lo que significa que la noche anterior eran los fuegos artificiales. "La pólvora" ó "los cohetes", que solíamos llamarle casi todos. Raro era el año en que no amenazaba lluvia todo el día para luego no caer ni una gota. Salía más de medio municipio a la calle para verlo (lo que venían a ser unas 80.000 personas: el resto, ó "pasaba" de fuegos, ó tenia la suerte de verlos desde casa). Riadas de gente hacia las afueras. Cuarto de hora mirando al cielo. Regreso comentando la jugada si "tal modelo era nuevo"; si "los del año pasado fueron más largos"...
Durante años, el lanzamiento de los fuegos artificiales marcaba el comienzo de temporada. De mí temporada, al menos. Un año tuve clarísimo que fijaría un antes y un después en mi vida: el mismo día siete anuncié en mi trabajo de los dos últimos años y pico que me iba (lo retrasé del día uno a ese siete, que era sábado, porque aún no nos habían pagado) y el día nueve, lunes, empezaría a trabajar para "M". Tres años antes también esas fechas me marcarían la vida, aunque eso no lo supe hasta algo después: un seis de septiembre ví un anuncio en un periódico de esos de búsqueda de empleo (aunque no lo estaba buscando claramente, tampoco estaba segura de querer seguir donde estaba) y llamé. Un día siete no me presenté a la entrevista donde estaba citada. El día ocho obvié ir por deducir que tendrían cerrado al ser festivo. Así que aparecí el día nueve. Dos días tarde, cuando ya tenían elegido a la persona a quien iban a contratar, casi a la hora en que cerraban, no estando allí quien hacía las entrevistas y, encima, poniendo condiciones...
Si a todo esto le añadimos que buscaban un chico, mayor de veinte años (preferible, de veinticinco), con coche propio, experiencia en el sector y que se pudiera incorporar al día siguiente... y que yo no reunía ni una sola de las condiciones (pero ni una)... habrá que aplicar esa lógica paralela que a veces irrumpe en mi vida para entender porqué me contrataron a mí...
El caso es que fue así. Y me cambió la vida, para siempre.
Y tal vez por eso, mi vida tenía un ante de los fuegos artificiales, después de éstos, cada año...
Dejé de ir cuando me vine a vivir sola. El primer año, porque no sé si me dolía la cabeza, ó quizá estos virus raros que me vienen a ver por estas fechas... El segundo las cosas en mi casa ya se habían complicado y tampoco mis padres fueron a verlos. Y después..., bueno, la verdad es que llega un momento en que lo que fue "tradición" deja de serlo, no sé...
A veces, pienso que igual debería recuperar ese hábito. Que lo mismo tiene un componente mágico que desconozco. Que no es un hábito sino un ritual. Porque otros muchos años ese día marcaba el comienzo de algo... ó, tal vez, yo me empeñaba en verlo así.
Y porque me sigo agarrando a esta última frase, no voy.
En fin. El caso es que ayer seguro que tiraron "la pólvora" y no fuí a verlo. Que hoy es festivo (como en un tercio de España, por otra parte) y yo estoy aquí, escribiendo. Y que mañana será nueve de septiembre, nueve del nueve, y...
Y no pasará nada. Este año, no. Pasará, simplemente, sin pena ni gloria.
Y seguiré escribiendo.
Edito: los enlaces a post anteriores, alguno ajeno a este blog, que aparecen aquí abajo no los he añadido yo. De todos modos, como veo que, al menos alguno de los que reconducen a post antiguos de mi blog, sí están relacionados con el tema (es más, lo amplían...) los dejó ahí.







lascosasdepepe dijo
seguro que no pasa sin pena ni sin gloria......
un abrazo
8 Septiembre 2008 | 04:56 PM