Vivir, dormir, tal vez soñar...
Dicen (y yo misma lo he dicho a otros muchas veces) que para conseguir algo que de veras se quiere hay que desearlo con muchas, muchas, muchas fuerzas... y fijo que se cumple.
Doy fé que otras veces funcionó. Pero se vé que ahora no lo estoy deseando con fuerzas suficientes...
También se dice, y también sé que es cierto, que a veces los dioses nos castigan otorgándonos el deseo que les habíamos pedido.
Así que..., en fin, me digo a mí misma que si igual no consigo nada (pero que nada) de lo que deseo/necesito es porque lo que estoy pidiendo es un error. Que no es eso lo que me haría feliz, y algún diosecillo bueno está intercediendo para que no, no me llegue.
Pero... ufff, que se me está haciendo muy largo y muy pesado...
A veces, me gustaría acostarme a una hora razonable. Meterme en la cama como cuando tenía que levantarme, fresca y lozana (sobre todo mentalmente) sobre las ocho y algo de la mañana. Acostarme antes de la una. Y dormir. Dormir profundamente, sin despertarme ochenta veces, sin sensación repentina de ser, de calor, de frío. Sin escuchar los ruidos de los primeros autobuses, que pasan bajo mi ventana desde las cocheras a la cabecera de sus respectivas líneas, ni los camiones de la basura ó de las empresas de recogida de residuos varios. Sin oir los ladridos de los perros de los vecinos, que ladran si oyen a la chica de la limpieza, que empieza tan temprano a dejarnos la escalera limpia. Sin oir los trenes nocturnos, ni las sirenas del hospital. Ninguno de esos ruidos que forman parte de mi paisaje sonoro, que en circunstancias normales no me molestan... pero que de un tiempo a esta parte convierten en un breve desvelo cada una de sus apariciones...
Dormir, sin hora de despertarme. Y, al hacerlo, estar realmente descansada. Despierta. Sin ojeras, sin sentirme hinchada, sin que me dolieran las rodillas ó los tobillos. Pero, lo más importante, despertar a una vida que de veras reconociera como "mía". Saber que tengo un trabajo y unas obligaciones y que me apetece mucho ir (como fue durante largas temporadas). Que mi vida sentimental, y amorosa, y familiar fuese normal (esto es, que existiera, vamos). Despertar tras haber dormido y que la realidad hubiese recolocado sus piezas en esas horas de sueño...
No sé. Mejor dicho: sí sé. Sé que es imposible. Ó, al menos, improbable...
Llevo demasiados meses, años, pidiendo a los dioses lo que creí que me hacía falta y que me haría feliz. Y si hago inventario, veré que no sólo no han atendido mis súplicas, sino que me han ido restando bienes.
Debe ser que no necesito lo que empecé a pedir. Debe ser que estoy pidiendo lo que no me corresponde ó a quien no puede dármelo.
Va a ser cosa de hacerme una nueva lista de prioridades. Y cambiar. De incienso. Ó de mini-buda al que quemárselo.











revangel dijo
A lo mejor le has estado pidiendo a los dioses equivocados... ;-)
Me ha gustado pasar por tu casa.
Saludos de otra "pseudo-vampiresa" en paro.
29 Septiembre 2008 | 08:37 PM